⚠️🔞🚫Un detective, hombre de acción, serio y dedicado. Su matrimonio con su esposa es más una sociedad de convivencia que una relación romántica. Él se siente vacío, pero es leal. La falta de hijos y de sexo ha convertido su hogar en una oficina más.
Un mafioso que no es el típico villano que quiere dinero. Quiere el control total sobre la única persona que se atrevió a perseguirlo. Su obsesión es física y psicológica. Al descubrir que el detective es un hombre insatisfecho, usa eso para tentarlo y quebrarlo.
Esto contiene maltrato físico y psicológico.🚫🔞⚠️
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...murió siendo un extraño para mí
El sudor empapaba las sábanas negra. El policía jadeaba, retorciéndose contra las cadenas que sujetaban sus muñecas. El efecto de la droga catalizadora estaba alcanzando su punto máximo. No era solo un dolor físico, era un incendio interno, una picazón profunda en los huesos que pedía a gritos ser aplacada. Su cuerpo, entrenado para la resistencia, estaba perdiendo la guerra contra sus propios instintos.
La puerta se abrió. Lantz entró, pero esta vez no traía comida. Vestía solo un pantalón negro, dejando su torso marcado y poderoso al descubierto. El aroma que desprendía era ahora una maza que golpeaba los sentidos de Ethan. Era un olor a sangre caliente y a dominio absoluto.
-Maldito…- Logró gruñir Ethan, aunque su voz sonó más como un ruego que como un insulto -¿Qué… qué me hiciste?-
El mafioso se acercó con la parsimonia de un depredador que sabe que su presa no tiene a dónde ir. Se sentó a horcajadas sobre los muslos de Ethan, atrapándolo bajo su peso. El detective intentó levantarse, pero las cadenas se tensaron con un chasquido metálico, dejándolo vulnerable.
-Te estoy liberando.- Susurró Lantz, inclinándose hasta que sus rostros quedaron a milímetros -Tu cuerpo ha estado hambriento por años. Esa mujer con la que duermes no sabe qué hacer con un hombre como tú. Yo sí. Por eso te transformo en omega.-
El mafioso bajó la cabeza y hundió los dientes en el lóbulo de la oreja de Ethan, succionando con fuerza antes de lamer el rastro de saliva. El detective soltó un gemido que intentó ahogar, pero su espalda se arqueó involuntariamente hacia el calor del mafioso.
-Mírame- Ordenó, apretando la mandíbula de Ethan con una mano -Mírame mientras te destruyo.-
Lantz capturó los labios de Ethan en un beso que no tuvo nada de romántico. Fue una invasión. Sus lenguas chocaron como espadas, con un sabor a hierro y desesperación. Lantz mordió el labio inferior de Ethan hasta que brotó una gota de sangre, la cual lamió con una devoción enferma. El beso era rudo, cargado de una urgencia carnal que el policía nunca había experimentado en la pulcritud de su matrimonio. Con Ari los besos eran suaves, casi secos... con el alfa, sentía que se estaba ahogando en pura lujuria.
-¡Suéltame!- Gritó, cuando Lantz separó los labios para bajar hacia su cuello.
-No quieres que te suelte.- Respondió el alfa con voz ronca -Tu sangre está hirviendo. Puedo oír tu corazón pidiendo más.-
Lantz comenzó a dejar un rastro de besos húmedos y mordiscos profundos por toda la línea de la mandíbula del detective, descendiendo hacia su garganta. Con cada contacto, la piel de Ethan se encendía. El mafioso usó su mano libre para recorrer el pecho firme del policía, pellizcando con crueldad sus pezones hasta que soltó un grito que se perdió en el techo de la habitación.
-Eres tan sólido, tan fuerte…- Jadeó, bajando su mano hacia el abdomen tenso de Ethan -Pero por dentro estás pidiendo que te quiebre.-
Lantz desabrochó el pantalón de Ethan con un movimiento experto y brusco. Al liberar la erección dolorosa del detective, Ethan cerró los ojos, avergonzado de su propia reacción biológica. Lantz soltó una risa triunfal y envolvió el miembro de Ethan con su mano caliente y callosa, apretando con una firmeza que hizo que Ethan soltara un sollozo seco.
-Mírate.- Se burló, moviendo su mano con un ritmo lento y tortuoso -El gran detective de la ciudad, excitado por el hombre que lo encadenó. ¿Dime, tu esposa alguna vez te hizo sentir este tipo de agonía?-
-Cállate… por favor, cállate.- Suplicó, perdiendo el sentido de la realidad.
El alfa ignoró la súplica. Se inclinó y comenzó a lamer el pecho de Ethan, subiendo nuevamente hasta su cuello. Allí, justo en la unión entre el hombro y la nuca, Lantz abrió la boca y clavó sus colmillos con una fuerza brutal. No fue una marca definitiva todavía, pero el dolor hizo que Ethan viera estrellas. El alfa estaba reclamando el territorio, dejando un hematoma sangriento que recordaría a Ethan, cada vez que se mirara al espejo, a quién pertenecía ahora.
El placer y el dolor se mezclaron en la mente del policía. Mientras el mafioso lo estimulaba con una mano, con la otra le apretaba el cuello rítmicamente, limitando el oxígeno y aumentando la intensidad de cada sensación. El mundo de Ethan se redujo a la fricción de la piel del alfa, al peso de su cuerpo y al olor embriagador que lo envolvía todo.
Finalmente, con un gemido desgarrador, Ethan llegó al clímax, su cuerpo sacudiéndose violentamente contra las cadenas. Lantz no se detuvo, siguió apretando, obligándolo a sentir cada segundo del descenso, cada rastro de la vergüenza y el placer mezclados.
El alfa se separó lentamente, limpiándose la boca con el dorso de la mano. Miró a su prisionero, que yacía exhausto, con los ojos vidriosos y el pecho subiendo y bajando con dificultad. La marca en su cuello brillaba, roja y palpitante.
-Esto fue solo un aperitivo.- Dijo, levantándose y ajustándose el pantalón -Mañana, cuando la droga esté totalmente integrada en tu sistema, vendré por el resto. Prepárate. Porque mañana, no habrá cadenas que te protejan de lo que voy a hacerte.-
Salió de la habitación, dejando a Ethan en el silencio absoluto. El detective intentó mover las manos, pero el peso de la traición de su propio cuerpo era más pesado que el hierro de las esposas. En su mente, la imagen de Ari se desvanecía, reemplazada por la sensación de los labios del alfa y el dolor dulce de su mordida.
Mientras tanto, en la jefatura de policía, el ambiente era fúnebre.
-No lo creo.- decía Cecil, golpeando la mesa con furia -Ethan no es un traidor. Ese video de él aceptando dinero de Franz es falso, tiene que serlo.-
-La nota de suicidio coincide con su caligrafía.- Dijo Martin, aunque su voz sonaba muerta -Y el auto fue sacado del río esta tarde. No había cuerpo, pero había suficiente sangre de Ethan el asiento como para saber que no salió caminando.-
Ari estaba sentada en un rincón, pálida pero sin derramar una lágrima. Sus padres estaban a su lado, hablando de trámites legales y de cómo limpiar su nombre para que su carrera académica no se viera afectada. Ella miraba el vacío, sintiendo una culpa fría. No lloraba por amor perdido, sino por el vacío de no haber conocido realmente al hombre con el que compartió cinco años de su vida.
-Si está muerto...- Susurró Ari -murió siendo un extraño para mí.-
Martin la miró con lástima, pero luego sus ojos se tornaron duros. Sabía que los Schwarz estaban detrás de esto. Y si su amigo seguía vivo en algún lugar, Martin no descansaría hasta encontrarlo, aunque tuviera que quemar la ciudad entera.