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ATEEZ: Ecos De Un Sueño.

ATEEZ: Ecos De Un Sueño.

Status: Terminada
Genre:Fanfic / Ídolo / ATEEZ / Completas
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

En un pequeño estudio, bajo el sudor y la luz tenue, comienza la historia de un grupo destinado a brillar con fuerza inigualable.

NovelToon tiene autorización de Leydis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 08

Los días previos al viaje a Los Ángeles fueron, paradójicamente, los más oscuros y agotadores que el grupo había vivido hasta la fecha. Si antes el entrenamiento era duro, ahora se había convertido en un régimen militar. La presión no venía solo de los instructores, sino de ellos mismos. Sabían que las cámaras los seguirían desde el momento en que pusieran un pie en el aeropuerto, y la idea de que sus debilidades quedaran registradas para siempre en video era una sombra constante.

El estudio estaba lleno de maletas a medio hacer y ropa de ensayo esparcida por todas partes. Eran las tres de la mañana del tercer día antes de la partida.

—¡No es suficiente! —gritó Hongjoong, deteniendo la música por décima vez en la hora—. San, tu ángulo en el salto es inconsistente. Si la cámara te toma desde el lado izquierdo, vas a parecer que estás tropezando.

San se detuvo, jadeando. Sus rodillas estaban cubiertas de moretones azules y amarillos por los constantes aterrizajes en el suelo duro. Se limpió el sudor de los ojos, sintiendo un ardor punzante.

—Estoy intentándolo, hyung —respondió San, con la voz entrecortada por la fatiga—. Es solo que... mi pierna izquierda ya no responde igual. Creo que me distendí algo ayer.

—Entonces haz que responda —replicó Hongjoong con una frialdad que sorprendió incluso a los demás—. En Los Ángeles no les importará si te duele la pierna. Habrá cincuenta bailarines en esa sala esperando que te equivoques para ocupar tu lugar. ¿Quieres ser el chico que se queja o el que debuta?

Wooyoung dio un paso adelante, colocándose entre ambos.

—Hongjoong, para un segundo. Llevamos dieciocho horas aquí. Ni siquiera hemos comido nada sólido hoy. San no se está quejando, está siendo honesto sobre su límite físico.

—¡No tenemos límites! —exclamó Hongjoong, golpeando la pared con la palma de la mano—. ¡Ese es el maldito problema! Los grupos de las "Big 3" tienen límites porque tienen redes de seguridad. Nosotros no tenemos nada. Si uno de nosotros tiene un límite, todo el grupo se detiene ahí. ¡Y yo no me voy a detener!

La tensión era tan espesa que Yeosang sintió náuseas. Se alejó del grupo y se sentó en un rincón, tapándose los oídos. Odiaba los conflictos, pero más odiaba ver cómo el sueño que tanto amaban se estaba convirtiendo en una tortura.

Mingi, que solía ser el que más bromeaba, estaba inusualmente callado. Se miraba en el espejo, pero no veía sus movimientos; veía la posibilidad del fracaso. La presión de ser el rapero principal y tener que escribir versos que estuvieran a la altura de la industria internacional lo estaba consumiendo. Sus libretas estaban llenas de tachaduras y hojas arrancadas.

—¿Y si llegamos y somos mediocres? —preguntó Mingi en voz baja, rompiendo la discusión entre Hongjoong y Wooyoung.

Todos se quedaron quietos. Era la pregunta que todos evitaban.

—¿Y si nos miran y se ríen? —continuó Mingi, mirando a sus compañeros—. Somos chicos de una empresa que nadie conoce. Ni siquiera tenemos un nombre de grupo oficial. Solo somos "los chicos de KQ". La presión de destacar... me está matando, hyung. Siento que tengo una piedra en el pecho cada vez que respiro.

Hongjoong bajó los brazos, su rabia evaporándose para dejar paso a una tristeza profunda. Se acercó a Mingi y luego miró a San, que seguía frotándose la pierna herida.

—Yo también la siento —admitió el líder, con la voz quebrada—. Siento esa piedra todas las noches. Siento que si no soy lo suficientemente duro con ustedes, los estoy condenando al fracaso. Pero... tienen razón. No podemos llegar a Estados Unidos si ya estamos rotos antes de subir al avión.

Seonghwa, que había estado observando todo desde el silencio de su papel como el mayor, se levantó y se puso en medio del estudio.

—Vayamos al dormitorio —ordenó con una autoridad que no solía usar—. Ahora mismo.

—Pero la coreografía... —empezó Yunho.

—La coreografía no servirá de nada si perdemos la cabeza —insistió Seonghwa—. Vamos a dormir seis horas. Mañana desayunaremos juntos, fuera de este edificio. Vamos a hablar de algo que no sea el baile o el debut. Necesitamos recordarnos por qué estamos haciendo esto.

Caminaron hacia el dormitorio en un silencio lúgubre. Las calles de Seúl estaban desiertas, bañadas por la luz azulada de las farolas. Cada paso les recordaba el peso de sus propios cuerpos. Al llegar, se amontonaron en la pequeña sala de estar. No había camas para todos, así que algunos dormían en colchones en el suelo.

Esa noche, la presión se manifestó en sueños inquietos. Jongho hablaba en sueños sobre notas que no alcanzaba; Yunho movía los pies rítmicamente bajo las mantas. Pero en medio de esa presión asfixiante, algo más estaba creciendo. Era una resistencia férrea, una terquedad que solo poseen aquellos que no tienen nada que perder.

A la mañana siguiente, tal como prometió Seonghwa, fueron a un pequeño parque cerca del río Han. Comieron kimbap barato y observaron a la gente caminar. Por unas horas, no fueron ídolos en potencia; fueron solo ocho amigos.

—Prometamos una cosa —dijo San, mirando el agua del río—. En Los Ángeles, pase lo que pase, no dejaremos que la presión nos rompa. Si uno se siente superado, los otros siete lo cubrirán. No importa si es en el baile, en el rap o en la vida.

—Lo prometo —dijo Yeosang, siendo el primero en poner su mano sobre la de San.

Uno a uno, unieron sus manos. El calor de sus palmas fue un bálsamo para la frialdad de los días anteriores. La presión seguía ahí —el mundo la pondría sobre ellos cada vez con más fuerza—, pero habían decidido que no dejarían que los aplastara. Usarían esa presión para pulirse, como el carbón que se convierte en diamante bajo la tierra.

—Diez días —dijo Hongjoong, mirando a sus hermanos con una sonrisa renovada—. Prepárense. Vamos a mostrarle al mundo de qué estamos hechos los desvalidos.

El camino hacia Los Ángeles ya no se sentía como una ejecución inminente, sino como el inicio de una guerra que estaban dispuestos a ganar, costara lo que costara. Sus sueños estaban bajo presión, sí, pero su voluntad era inquebrantable.

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A.B.🐨💜
Bello...una hermandad digna de ser.
A.B.🐨💜
¿Cómo decir que no estoy llorando en este momento? 😭

Simplemente es perfecto la manera en que estos chicos se apoyan.
A.B.🐨💜
😭😭😭.

Solo puedo decir que el comienzo siempre resulta difícil y doloroso, aunque el mañana podría ser mejor...no conozco al grupo, pero creo que todo resulta bastante realista.

Seguir un sueño que no sabes si se hará real es bastante inquietante y a la vez perturbador.
A.B.🐨💜
Esas palabras son hermosas...😭
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