Verónica creé tener una vida de ensueño; dueña de una empresa más importante de la cuidad, una fortuna inmensa y un bebé en camino. Pero de eso nada le sirvió al descubrir la infidelidad de su marido con su empleada. Después de sufrir una depresión, decidió acabar con su vida sin esperarse a que regresará antes de casarse con Andrés.
Se vengara de él con su peor enemigo. Un mafioso que tiene una obsesión con la protagonista.
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Capitulo 23: Fantasma en los sueños.
El nombre de Andrés volvió a aparecer sin necesidad de que él estuviera presente; en reportes financieros que no pasaban desapercibidos.
Estaba sentada en su oficina, revisando un informe que Hego había dejado minutos antes.
Verónica pasó la página con calma.
—Así que te fuiste por ese camino… —murmuró, sin sorpresa.
La puerta se abrió.
Hego entró sin anunciarse.
—Ya lo viste.
Verónica no levantó la mirada.
—Sí.
Hego se acercó.
—Es una inversión grande, está moviendo capital que no suele tocar sin respaldo.
Verónica cerró el documento.
—Eso significa que está intentando recuperar terreno rápido.— se ríe—. Con todo lo que perdió, le toca ir por lo seguro.
Hego la observó.
—¿Intervenimos?
Verónica negó sin dudar.
—No.
Hego frunció levemente el ceño.
—Podríamos adelantarnos. Tú eres buena en eso.
Verónica lo miró directo.
—No me interesa. Ya le hice suficiente. Mientras que no se meta en mi camino, yo lo olvidaré.
Hego se apoyó en el escritorio.
—Es Andrés.
Verónica sostuvo su mirada.
—Precisamente por eso. Está lejos de mi radar por una razón —añadió ella—. Y quiero que se quede ahí.
Hego cruzó los brazos.
Verónica tomó el documento y lo dejó a un lado. Luego pensó.
“Confío en el miedo que le dejé"
Cuando la puerta se cerró, el silencio volvió.
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Esa misma tarde, cuando Verónica salía del edificio, alguien la llamó desde la acera.
—¿Vas a seguir ignorando a la gente que te quiere o ya terminaste de hacerte la importante?
Verónica giró la cabeza. Y sonrió apenas.
—Llegaste tarde —respondió Verónica—. Ya terminé de ser importante por hoy.
Laura caminó hacia ella con una sonrisa abierta, dejando caer su bolso sobre el hombro.
—Mentira —dijo—. Tú no descansas ni cuando dices que descansas.
Verónica la miró de arriba abajo.
—Te ves bien. Teníamos meses que no nos veíamos.
Laura giró sobre sí misma.
—Viajar me sienta bien, deberías intentarlo en vez de quedarte encerrada en oficinas.
Verónica soltó una leve risa.
—Alguien tiene que trabajar y sacar el futuro de la empresa a flote.
Laura se acercó más.
—Y alguien tiene que recordarte que eres humana.
Verónica no respondió de inmediato.
—¿Tienes tiempo? —preguntó Laura—. O tengo que pedir cita como todos los demás.
Verónica negó.
—Tengo tiempo.
Laura sonrió.
—Perfecto, porque tengo muchas cosas que contarte… y tú me vas a contar más.
…
Horas después, ambas estaban sentadas en un lugar tranquilo, lejos del ruido de las reuniones, de los negocios, de las decisiones.
Laura la observaba con atención.
—Has cambiado más de la última vez.
Verónica levantó la mirada de su taza.
—He tenido encuentros que me han hecho cambiar de opinión.
Laura la miro con atención.
—Oh. Ya veo. Cuéntame más. Pero antes, déjame adivinar. Es ese hombre, al que le quitaste el cigarrillo. ¿Dónde está él?
Verónica habló intentando sonar neutro.
—Está lejos.
Laura inclinó la cabeza.
—Pero no fuera de tu mente.
Verónica no respondió de inmediato.
—No —dijo finalmente—. No lo está.
Laura asintió.
—Se nota.
Verónica bajó la mirada un segundo.
—No es tan simple. No quiero enamorarme otra vez. Ya tuve suficiente con Andrés.
Laura se inclinó hacia adelante.
—Nunca lo es. Y menos cuando terminaste con ese patán.
Verónica respiró hondo.
—Ademas, no quiero que cambie lo que estoy construyendo. Prometí dejar las emociones a un lado de los negocios.
Laura no apartó la mirada.
—¿Y él lo cambia?
Verónica pensó un segundo.
—Lo complica de cierta manera. Me hace perder la cabeza. Por suerte puedo disimularlo, aunque no sé por cuánto.
Laura sonrió apenas.
—Eso si es interesante.
Verónica la miró. Laura apoyó el codo en la mesa.
—Entonces dime algo claro… ¿lo quieres en tu vida o no?
Verónica no respondió de inmediato. El silencio se extendió unos segundos.
—Le dije que cuando volviera… le daría una respuesta.
Laura arqueó una ceja.
—¿Y ya sabes cuál es?
Verónica negó levemente.
—Aún no. Pero, no dejo de pensar en él. Su forma de mantenerme segura, en como me mira. No me trata para conseguir un objetivo de interes.
Laura soltó una pequeña risa.
—En resumen es un sí.
Verónica la miró.
—Eso significa que lo estoy pensando.
—Y mientras más lo piensas, más te importa.
Verónica no discutió eso.
—No quiero decidir mal.
Laura la observó con más suavidad.
—No siempre puedes tener todo bajo control.
Verónica soltó una leve exhalación.
—Tienes razón. Pero tengo miedo a volver a... Olvídalo. Solo no quiero que me pase algo igual que Andrés.
—Pero entiende algo, él no es Andrés. Ve y búscalo. Porque te estarás haciendo un daño sin darte cuenta.
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La noche avanzó. Y el trabajo no esperaba. Verónica regresó a su oficina.
El edificio ya estaba casi vacío, las luces más bajas, el silencio igual; se quitó el abrigo, lo dejó sobre la silla, y volvió a su escritorio.
Abrió documentos. Pero no era lo mismo. El cansancio empezaba a notarse. Se recostó en la silla un momento, cerrando los ojos apenas unos segundos.
—Solo un momento… —murmuró.
El sonido de la puerta la hizo abrirlos. Se sobresalto porque Dominic estaba ahí.
Verónica se incorporó.
—Dominic... —dijo.
Dominic cerró la puerta detrás de él.
—Vero...
Verónica lo observó.
—Estabas de viaje. ¿Que haces aquí? Pensé que volverías en unos meses.
Dominic se acercó.
—Lo estaba. Pero rompí la promesa y te quería ver... sigues trabajando a estas horas —añadió él—. Típico de ti.
Verónica apoyó las manos sobre el escritorio.
—Es lo que quería. Trabajaré hasta que me canse y lo deje todo.
Dominic la miró con atención.
—¿Lo dejarías por mi? Yo te protegeré siempre. Ven conmigo, Verónica, yo jamás te voy a traicionar.— Le extiende la mano.
Verónica estaba a punto de tomarlo que cuando lo hace, despierta en su habitación sola.
Todo fue un sueño.
Dominic no ha regresado. Y no lo hará después de unos meses. Ella se pasó una mano en rostro. Agotada.
—Ya no puedo con esto. Iré a buscarlo yo misma.
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