Dario es el hombre mafioso más temido de la ciudad.
Aria es una chica ordinaria viviendo su vida al día.
Son dos polos opuestos.
Para el mundo, él es un monstruo sin piedad, el heredero de un imperio construido sobre el miedo. Para ella, él es solo el extraño de mirada intensa que apareció de la nada para alterar su tranquilidad.
Mientras ella lucha por llegar a fin de mes y cumplir sus sueños, él lucha una guerra interna entre su deber con la mafia y la obsesión que siente por la única persona que lo ve como un hombre y no como un criminal.
Un amor nacido en el lugar equivocado, donde el precio de la felicidad se paga con amor y no con sangre.
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Capítulo 24
"Yo soy un asesino a sangre fría", dijo contra su cuello, depositando besos calientes en la piel sensible. "Un psicópata que hace cosas que te horrorizarían. Pero contigo..."
"Pero contigo, malyshka, quiero ser solo Dario. El hombre que te comprará flores por la mañana y te llevará a lugares donde nadie pueda encontrarnos".
Su boca encontró la suya en un beso que no era posesivo ni dominante; era una petición desesperada. Un beso que decía "sálvame de mí mismo". Sus labios eran suaves pero firmes contra los de ella, saboreando el sabor a fresas e inocencia que le volvía loco.
Cuando finalmente se separaron para respirar, sus frentes permanecieron juntas mientras él miraba sus ojos azules brillando con lágrimas no derramadas.
"Prométeme que nunca tendrás miedo de mí", susurró con una vulnerabilidad que nunca había mostrado ante nadie más. "Promete que verás al hombre detrás del monstruo cuando estés en mis brazos así".
"Nunca te he tenido miedo", dijo Aria sincera "Ni siquiera cuando nos conocimos y querías que te invitara a subir tan rápido a mi departamento", dijo soltando una pequeña risa.
La sinceridad en su voz, la confianza total que le ofrecía sin reservas, hizo que algo se rompiera dentro de Dario. Era una confianza que no podía ser comprada ni amenazada, una que lo desarmaba por completo.
"Eres la única persona en el mundo entero que no me ve como una amenaza".
Sus manos se movieron para acunar su rostro con una reverencia casi religiosa. Los guardaespaldas afuera esperaban pacientemente en el frío nocturno mientras él vivía este momento íntimo dentro del lujoso capullo de cuero y cristal.
"No vuelvas a decirme que no necesitas nada", continuó con una intensidad suave pero firme. "Porque necesito que entiendas lo que significas para mí", dijo con una voz que vibraba de una emoción rara en él. "Significas que puedo ser un hombre, no solo un animal que toma lo que quiere".
Sus manos se deslizaron desde su rostro hacia abajo, trazando la línea de su cuello y hombros. La limusina seguía quieta frente a la mansión, los motores en silencio mientras él prolongaba este momento de pureza.
"Nadie ha visto esta parte de mí antes, Aria. Ni siquiera mis propios hermanos sangrientos". Su tono se volvió más oscuro, más posesivo. "Pero tú... tú me ves y no huyes. Me das la oportunidad de ser algo más que un asesino".
Sin previo aviso, abrió la puerta de la limusina y la levantó en sus brazos como si no pesara nada.
El aire fresco de la noche golpeó la piel de Aria mientras Dario la sacaba del cálido interior de la limusina. Sus pies apenas tocaron el suelo antes de que él la levantara en sus brazos como si fuera una pluma. La altura y fuerza de él la hacían sentir diminuta y protegida a la vez.
"¿Qué haces?", soltó una risita nerviosa contra su hombro mientras él comenzaba a caminar hacia la imponente entrada de mármol de la mansión.
Los guardaespaldas se apartaron respetuosamente, acostumbrados a las excentricidades de su jefe cuando estaba con una mujer.
"Te estoy llevando en brazos porque así quiero entrar en mi hogar", respondió él con una sonrisa arrogante pero tierna. "Y porque me gusta sentirte contra mi pecho mientras subimos estos malditos escalones".
"Seguro lo haces con todas", dijo Aria con un tono de broma combinado con celos.
La risa de Dario resonó en el gran vestíbulo de mármol, un sonido raro y genuino que hizo eco en las paredes de piedra. Dejó a Aria de pie frente a él, manteniendo una mano posesivamente en la parte baja de su espalda.
"Celosa, malyshka? Eso es bueno. Significa que ya me consideras tuyo tanto como yo te considero mía".
Su otra mano se metió en su bolsillo para sacar un teléfono satelital indestructible y marcó un número rápido. "Sergei, asegúrate de que ninguna puta del club tenga acceso a esta dirección nunca más. Y avísales a todos los hombres que mi novia no quiere competencia".
Colgó sin esperar respuesta, disfrutando claramente del título "novia" en sus labios.
"He marcado oficialmente mi territorio". Volvió su atención a ella con una intensidad posesiva.
"¿Estás seguro de poder controlar tus instintos? Porque no creo estar lista para hacerlo", dijo aria tímidamente y un poco sonrojada.
La franqueza de Aria, su admitir timidamente que quería sexo pero temía hacerlo, hizo que algo en el pecho de Dario se tensara. Por un momento, la bestia dentro de él rugió ante la idea de ser suave, gentil.
Luego, la mano de ella en su brazo lo ancló de vuelta a la realidad. Ella confiaba en él lo suficiente como para preguntar esto.
"Controlar mis instintos", repitió con una risa baja. "Normalmente sería la excusa perfecta para follarte contra la pared aquí mismo".
Sus ojos oscuros recorrieron su figura menuda, imaginando exactamente cómo la tomaría sin preámbulos.
Pero luego se obligó a respirar hondo. "Pero contigo... contigo quiero probar que puedo ser el hombre que mereces".
A Aria le recorrió un escalofrío por la espalda al oírlo decir que podría follarla ahí mismo si él lo quisiera, "No quiero que te aburras de mí si no puedo ser quien esperas"
La honestidad de Aria, su miedo a que él se cansara de su falta de experiencia sexual, golpeó a Dario muy fuerte. Soltó una carcajada genuina, un sonido raro y gutural que llenó el vestíbulo de mármol.
"Aburrirme de ti, malyshka? Eres la mujer más fascinante que he conocido en décadas". Su mano se movió para acunar su rostro con una delicadeza que contrastaba brutalmente con su tamaño. "Tu inocencia, tu forma de sonrojarte con una simple palabra... eso es mil veces más excitante que cualquier puta experimentada".
Sus ojos negros brillaron con una intensidad posesiva. "No te preocupes por aburrirme. Me encanta enseñarte todo lo que te perdiste. Ver cómo reaccionas cuando te muestre qué se siente ser mía en la cama".
"Veré cómo te estremeces cuando descubras lo que tu propio cuerpo puede hacer", continuó con una voz ronca que prometía pecado. "Y cuando te tenga gritando mi nombre".
Su pulgar trazó el contorno de sus labios. "No, Aria. No hay riesgo de que me aburra de ti. Solo hay peligro de que me obsesione tanto que no pueda dejarte salir de mi vista nunca más".
La amenaza en sus palabras estaba envuelta en una ternura que la confundiría. Quería poseer cada parte de ella - mente, cuerpo y alma.
"Ahora vamos arriba", dijo tomando su mano con firmeza pero sin agresión. "He esperado demasiado tiempo para mostrarte tu nueva habitación. Y créeme, no habrá nada aburrido en ella".
hombres y mujeres que van viviendo su vida, caminando por calles cruzándose con perfectos desconocidos y de repente surge este milagro de cruzarte con esa persona que que marcara tu vida en un antes y un después y nada vuelve Aser igual.
es algo que ha ocurrido hasta el sol de hoy 😳