Elena nunca imaginó que su libertad tendría un precio tan alto. Con su madre al borde de la muerte y las deudas asfixiándola, se ve obligada a aceptar la propuesta del hombre más poderoso y enigmático de la ciudad: Ernesto Blackwood.
El trato es sencillo: un año de matrimonio falso, una firma en un papel y ninguna pregunta. Ernesto necesita una esposa para cumplir con un legado familiar, y Elena necesita el dinero para salvar lo único que ama. Sin embargo, tras las puertas de la imponente mansión Blackwood, ella descubrirá que Ernesto es un hombre de secretos oscuros y una presencia letal.
Ahora, Elena se enfrenta a un desafío que no estaba en el contrato: sobrevivir a la intensidad de un hombre que no acepta un "no" por respuesta. En este juego de poder, ella aprenderá que no hay nada más letal que el peligro de amarlo.
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Fragmentos de una vida pasada
El sol se filtraba por los inmensos ventanales de la cabaña, recordándome que la noche de confesiones y besos reales en este refugio había terminado. Me desperté con los labios todavía sensibles y el corazón confundido. ¿Qué éramos ahora? ¿Seguíamos siendo dos extraños unidos por un papel, o el beso en la penumbra de la sala había cambiado las reglas del juego?
Me arreglé como pude, tratando de proyectar una seguridad que no sentía. Al bajar al comedor, encontré a Ernesto revisando unos documentos mientras hablaba por teléfono en un tono cortante y profesional. No levantó la vista cuando entré. No hubo un "buenos días", ni una mirada de complicidad.
—Sí, haz la transferencia hoy mismo. No acepto retrasos —sentenció antes de colgar.
Se hizo un silencio denso. Tomé un poco de fruta, esperando que él dijera algo sobre lo que pasó anoche, sobre su abuelo o sobre el beso. Pero Ernesto actuaba como si nada hubiera ocurrido.
—Ernesto... —empecé, pero él me cortó con una mirada gélida que me dolió más que cualquier insulto.
—Elena, tengo una agenda muy apretada hoy. Los eventos de anoche fueron... un desahogo necesario por el estrés de la gala y las provocaciones de Rossi. No permitas que tu imaginación vuele demasiado alto.
Sentí como si me hubieran lanzado un balde de agua helada. La humillación ardió en mis mejillas. Me puse de pie lentamente, sintiendo como la rabia reemplazaba al dolor. No podía creer que después de haberme tenido entre sus brazos, volver a levantar ese muro de acero entre nosotros con tanta facilidad.
—¿Un desahogo? —repetí con la voz temblorosa—. Me dijiste tenías miedo de que la verdad me destruyera. ahora pretendes que esas palabras se las lleve el viento de la montaña, como si mis sentimientos fueran un daño colateral en tu guerra contra Rossi.
Ernesto dejó caer la tableta sobre la mesa con un golpe seco. Se puso de pie, recuperando esa postura de CEO implacable que tanto me intimidaba. Sus ojos, que anoche brillaban con algo parecido al afecto, ahora eran dos piezas de metal sin rastro de humanidad.
—El alcohol y el cansancio dicen muchas tonterías, Elena. Olvida lo que viste y lo que escuchaste. Seguimos bajo los términos del contrato. Estás aquí para salvar a tu madre, no para salvarme a mí. No necesito una salvadora, necesito una esposa que no haga preguntas.
—Eres un cobarde —le espeté, poniéndome de pie también—. Tienes tanto miedo de sentir algo real que prefieres esconderte detrás de tus millones y tus amenazas. Pero te diré algo, Ernesto Blackwood: puedes fingir que no pasó nada, pero yo vi al hombre que se esconde detrás del monstruo, y ese hombre me besó como si fuera lo único que lo mantenía con vida.
Él dio un paso hacia mí, su mandíbula tensa y sus ojos brillando con una mezcla de furia y algo que parecía arrepentimiento reprimido.
Estaba a punto de decir algo cuando su teléfono volvió a sonar. Se acomodó el saco, cortando cualquier conexión emocional.
—Preparate. El coche está listo. Es hora de que vuelvas a tú papel de esposa perfecta en la ciudad.
Salió del comedor sin mirar atrás. me quedé sola apretando los cubiertos con tanta fuerza que me dolían los dedos. Ernesto quería jugar a la frialdad, pero yo ya había visto el fuego.
felicidades 👏