Traída y reemplazada por la jefa de su propio marido, Helena ve cómo su vida se derrumba — pero elige empezar de nuevo con dignidad.
Lo que no imagina es que, en medio del dolor, encontrará a un hombre aparentemente normal que cambiará su destino.
A veces, la traición no es el final… es el comienzo de un cuento de hadas. 👑
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Capítulo 23
El miércoles amaneció claro y cálido en Campo Grande. Helena se despertó temprano, aún con el corazón acelerado por la ansiedad. Sofia ya estaba en la cocina, preparando el desayuno como de costumbre, pero hoy era diferente: era el día de la consulta. Helena sentía un frío en el estómago que no se explicaba.
— Buenos días, amiga — dijo Sofia, sirviendo la primera taza de café — Hoy es el gran día. ¿Lista para conocer al médico?
— Más nerviosa que lista — respondió Helena, suspirando — Siento que… algo va a cambiar hoy.
Sofia sonrió, intentando transmitir confianza:
— Todo va a salir bien, Helena. Él es uno de los mejores, ¿recuerdas? Y conseguí que te atendieran mañana temprano, o mejor dicho, hoy temprano, ¿no?
— Sí — Helena asintió, respirando hondo — Vamos allá.
Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, Gabriel también se preparaba. Otávio ya había llegado, trayendo la energía típica de quien gusta de comenzar el día temprano:
— ¡Buenos días, jefe! — dijo Otávio — ¿Listo para otra rutina?
— Buenos días — respondió Gabriel, ajustándose la bata — Hoy va a ser diferente… tengo la sensación de que algo importante va a suceder.
— ¿Ah, sí? — Otávio arqueó las cejas, divertido — Misterio en el aire, ¿eh?
— Exactamente — dijo Gabriel, sonriendo — Y no consigo identificar si es bueno o malo.
Poco después, Helena y Sofia llegaron al hospital. Helena sintió el corazón dispararse al entrar al consultorio de Gabriel, sin saber que él ya estaba esperando. Cuando sus ojos se encontraron, ambos quedaron estáticos por algunos segundos, sorpresa y choque simultáneos.
— Helena… — dijo Gabriel, con la voz contenida, pero intensa — Eres tú.
— Gabriel… — Helena respondió, sin conseguir desviar la mirada — Yo… no esperaba verte aquí.
Sofia, al lado, percibió la tensión y la intensidad del momento, pero quedó en silencio, permitiendo que los dos tuvieran aquel primer contacto.
Gabriel recuperó la postura rápidamente e hizo un gesto para que Helena se sentara:
— Vamos… siéntate. Hoy vas a pasar por todos los exámenes, y quiero garantizar que todo esté bien con el bebé.
— Gracias — dijo Helena, intentando controlar la emoción — Yo confié en que llegaría aquí, pero… confieso que no imaginaba encontrarte.
Gabriel esbozó una leve sonrisa, aproximándose a la mesa:
— Parece que el destino gusta de jugar bromas, ¿no es así?
— Parece que sí — Helena respondió, con los ojos brillando — Pero vamos a enfocarnos en el bebé ahora.
Mientras Gabriel comenzaba a organizar los documentos y exámenes, Helena sintió una extraña mezcla de alivio y ansiedad. El contacto inesperado con Gabriel removiera algo profundo dentro de ella, algo que no esperaba sentir nuevamente.
Sofia, percibiendo que la consulta comenzaría, comentó bajito:
— Amiga, solo tengo una cosa que decir… respira. Todo va a estar bien.
Helena asintió, pero su mirada volvió hacia Gabriel, que, por su parte, no conseguía apartar los ojos de ella. El encuentro que ambos no sabían que necesitaba acontecer, finalmente acontecía, y parecía que nada más en aquel día importaría además de aquel momento.
Gabriel apoyó los brazos sobre la mesa, mirando atentamente a Helena.
— Quiero que me respondas sinceramente — dijo, firme, pero con un tono gentil — ¿Te estás alimentando bien? ¿Te estás cuidando bien? Noté que la anemia mejoró un poco, pero necesita de más atención.
Helena sonrió, extrañando la preocupación intensa de él, pero respondió con animación:
— Estoy intentando, sí. Sofia me ayuda bastante, y estoy siguiendo todas las orientaciones de la médica del puesto. Aún no sé el sexo del bebé, pero… eso no importa ahora. Solo quiero que él o ella esté saludable.
Gabriel se inclinó un poco hacia adelante, analizando cada gesto de ella.
— Es importante que pienses en tu descanso también. Con un embarazo y esa anemia, necesitas cuidarte, Helena. No solo por el bebé, sino por ti.
Helena asintió, sintiendo una mezcla de gratitud y sorpresa.
— Gracias, Gabriel. Yo realmente estoy intentando. Y… gracias por preocuparte. No estoy acostumbrada a que alguien se preocupe tanto así.