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El Vuelo De La Libélula

El Vuelo De La Libélula

Status: Terminada
Genre:Posesivo / Matrimonio arreglado / Mujer poderosa / Completas
Popularitas:6.4k
Nilai: 5
nombre de autor: SherlyBlanco

​"El Vuelo de la Libélula"

​Un matrimonio por contrato. Un enemigo en la cama. Una venganza que no admite piedad.

​Cuando el prometido de Alessa Rossi huye horas antes de la boda, su destino queda en manos de un misterioso sustituto: Máximo. Atractivo, impecable y protector, parece el salvador que su familia mafiosa necesita para mantener el poder.

​Lo que Alessa no sabe es que ha dejado entrar al lobo en el redil. Máximo es el único superviviente de un clan que los Rossi exterminaron años atrás, y ha regresado con una sola misión: destruir a sus enemigos desde adentro. Su plan es perfecto: fingir ser el esposo ideal, ganar el corazón de la inocente Alessa y usar sus secretos para aniquilar su imperio.

​Pero el odio tiene un punto débil. Entre besos fingidos y manipulaciones crueles, Máximo empieza a dudar: ¿Podrá ejecutar su venganza cuando la mujer que debe destruir es la única que ha logrado darle paz?

​En este juego de traición y deseo, el amor es el arma más peligrosa de todo

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Capítulo 2: El Dulce Veneno de la Duda

​El sol de la mañana se filtraba por los ventanales de la mansión Rossi, pero para Alessa, la luz no traía calidez. Se despertó con el peso de la realidad sobre el pecho: estaba casada con un extraño. A su lado, la sábana estaba perfectamente estirada, fría. Máximo ya no estaba.

​Se levantó y caminó hacia el gran espejo de la habitación. Su reflejo le devolvía a una mujer que ya no reconocía; sus ojos, habitualmente brillantes, mostraban las sombras de una noche de confusión. Recordaba la frialdad de Máximo al darle la espalda, pero también la firmeza de su mano en el altar. ¿Quién era realmente Máximo Vanzetti? ¿Y por qué sentía que, a pesar de su desprecio, él era el único que le decía la verdad en una casa construida sobre mentiras?

​Abajo, en el gran comedor, el desayuno estaba servido con la opulencia habitual de los Rossi. Vittorio y Mariana presidían la mesa, conversando en susurros sobre los movimientos del mercado y la estabilidad de la alianza. Cuando Alessa entró, el silencio cayó como una guillotina.

​—Buenos días, querida —dijo Mariana, forzando una sonrisa que no llegaba a sus ojos—. ¿Cómo descansaste?

​—Bien, mamá —mintió Alessa, ocupando su lugar.

​—¿Dónde está tu esposo? —preguntó Vittorio, sin levantar la vista de sus documentos. No llamó a Máximo por su nombre; para él, seguía siendo una herramienta, un parche para el agujero que dejó la huida de Lorenzo.

​—Aquí estoy, Don Vittorio —la voz de Máximo resonó desde la entrada del comedor.

​Alessa se tensó. Máximo entró vestido con un traje gris marengo que acentuaba su porte atlético y autoritario. Se acercó a ella y, ante la mirada de sus padres, se inclinó para darle un beso en la sien. Fue un gesto tan tierno, tan perfectamente ensayado, que Alessa sintió un vuelco en el corazón.

​—Perdón por la tardanza, mi vida —le susurró al oído, lo suficientemente alto para que sus suegros lo oyeran—. Estaba cerrando unos detalles de nuestra nueva residencia.

​Se sentó a su lado y comenzó a desayunar con una elegancia impecable. Durante la comida, Máximo fue el yerno perfecto. Escuchaba a Vittorio con respeto, hacía comentarios inteligentes sobre la logística de los Vanzetti y halagaba la hospitalidad de los Rossi. Alessa lo observaba, confundida. ¿Dónde estaba el hombre frío de la noche anterior?

​Sin embargo, cuando Vittorio se retiró para atender una llamada, la máscara de Máximo se deslizó solo lo suficiente para que Alessa pudiera ver debajo.

​—Tu padre es un hombre muy ambicioso, Alessa —dijo él, cortando un trozo de fruta con precisión quirúrgica—. Es fascinante cómo cree que tiene el control de todo. Incluso de ti.

​—Él solo quiere lo mejor para la familia —defendió Alessa, aunque su voz carecía de convicción.

​Máximo soltó una risa seca, un sonido carente de alegría.

—Lo mejor para la familia... o lo mejor para su imperio. ¿Alguna vez te ha preguntado qué querías tú? ¿O simplemente te entregó al primer Vanzetti que estuvo dispuesto a poner un anillo en tu dedo?

​El maltrato emocional de Máximo no era un grito; era un susurro que sembraba la duda. Él no la insultaba, sino que atacaba los cimientos de su mundo. Quería que ella viera a su padre como el villano que él sabía que era.

​—Tú también aceptaste este contrato, Máximo —respondió ella, tratando de mantener la compostura—. ¿Qué ganas tú con esto?

​Él dejó los cubiertos y se acercó a ella, invadiendo su espacio personal. El olor a sándalo y tabaco caro de su perfume la envolvió.

—Yo gano lo que he buscado toda mi vida, Alessa. Orden. Y tú eres la clave para que todo encaje en su sitio.

​El Primer Juego de Sombras

​Por la tarde, Máximo insistió en llevar a Alessa a dar un paseo por los jardines traseros de la propiedad, un lugar donde las cámaras de seguridad no podían captar cada palabra. Caminaron en silencio hasta llegar a la vieja fuente de piedra, un lugar que Alessa amaba desde niña.

​—Sabes, Lorenzo no huyó solo por cobardía —soltó Máximo de repente, rompiendo la paz del jardín.

​Alessa se detuvo, mirándolo con sorpresa. —¿A qué te refieres?

​—Lorenzo tenía miedo. Miedo de lo que tu padre le obligaría a hacer. Los Rossi no son los santos protectores que te han hecho creer, Alessa. Hace diez años, hubo un clan... los Valente. ¿Has oído hablar de ellos?

​Alessa negó con la cabeza. —No, mi padre nunca menciona nombres de antiguos socios.

​—Eran más que socios. Eran amigos. Hasta que tu padre decidió que su parte del pastel no era suficiente. —Máximo se acercó a un rosal y, con un movimiento rápido, arrancó una flor, clavándose una espina en el proceso. No se inmutó—. Los Valente desaparecieron en una sola noche. Casas quemadas, hombres ejecutados, mujeres desaparecidas. Y todo para que los Rossi pudieran construir este palacio sobre sus cenizas.

​—¡Eso es mentira! —exclamó Alessa, aunque el corazón le latía con fuerza—. Mi padre es un hombre de honor.

​—El honor en la mafia es un mito que se inventan los asesinos para poder dormir por las noches —dijo Máximo, mostrándole la gota de sangre que brotaba de su dedo—. Mira esta sangre, Alessa. Es roja, igual que la de los Valente. Igual que la tuya. Tu padre me dio tu mano porque cree que soy un subordinado útil, pero lo que ha hecho es meter al verdugo en su propia casa.

​Alessa retrocedió, asustada por la intensidad en su mirada. En ese momento, Máximo cambió su expresión por una de fingida preocupación. La tomó de los hombros con suavidad, un gesto que en apariencia era de consuelo, pero que la mantenía atrapada.

​—Lo siento, no quería asustarte. Es solo que me duele ver lo ciega que estás. —Le acarició el cabello—. Yo te protegeré de la verdad, aunque la verdad sea lo único que pueda liberarte.

​Esa noche, Alessa no pudo dormir. Las palabras de Máximo daban vueltas en su cabeza como buitres. Cada vez que cerraba los ojos, veía la cara de su padre y luego la de Máximo. Uno representaba la seguridad de toda su vida; el otro, una verdad oscura y seductora que amenazaba con destruirlo todo.

​Máximo, desde su despacho improvisado en la mansión, revisaba unos archivos que había extraído de la caja fuerte de Vittorio mientras todos dormían. Eran los registros de propiedad de los antiguos terrenos de los Valente. Sus dedos acariciaron el papel amarillento.

​—Ya casi, padre —susurró a la nada—. Primero les quitaré su orgullo, luego su fortuna, y al final... les quitaré lo único que aman.

​Miró hacia la puerta, sabiendo que Alessa estaba al otro lado del pasillo, sufriendo por las dudas que él mismo había plantado. Sentía una punzada de algo que no era odio, algo que se parecía peligrosamente a la lástima, pero la aplastó de inmediato. Alessa era una Rossi. Y en el mundo de los herederos del rencor, no había lugar para la compasión.

​Sin embargo, cuando pasó por delante de su habitación y escuchó un pequeño sollozo ahogado, Máximo se detuvo. Su mano se posó sobre el pomo de la puerta, dudando por primera vez en años. ¿Era ella realmente culpable de los pecados de su padre?

​Rápidamente, recuperó su frialdad. Si quería ganar esta guerra, Alessa tenía que romperse. Y él sería el encargado de recoger los pedazos... o de pisotearlos.

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Hola 😚👋! aquí vamos a una nueva aventura, espero te guste y la disfrutes y dejes muchos comentarios bonitos, tus votos y me gusta son de suma importancia.. Recuerda que puedes pasar por mi perfil y disfrutar de mis otras obras, bye 😍😚😚 y gracias por estar aquí 🫂

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Rocio
eso te pasa por desgraciado
Rocio
ahh me chocan esas historia donde harem llorar ala protagonista
Odiza Pimentel
excelente
Odiza Pimentel
megusta la novela super 👏🥰
Soledad Medina Torres
Muy buena novela de principio a fin
Sherly 💜: te invito a leer mis otras obras, te recomiendo una recién salida del horno 🤭🤭🤭, se llama migrar hacia mi una justita corta que te atrapará de principio a fin 🥰 te espero por allá... Me encanta que te haya gustado está historia 🥰🫂
total 1 replies
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