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La Extra Y El Demonio.

La Extra Y El Demonio.

Status: Terminada
Genre:Demonios / Reencarnación / Fantasía épica / Completas
Popularitas:5.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

En una era de antiguos reinos y secretos ancestrales, Astrid D'Avalon, heredera de un linaje con profundos lazos con lo místico, se encuentra en el umbral de un destino marcado por la reencarnación. Tras una muerte injusta, su alma renace en un mundo donde las sombras danzan y los demonios tejen intrigas. Decidida a reescribir su final y el de quienes la rodean, Astrid busca una vida alejada de las complicaciones que una vez la atraparon.

Sin embargo, el destino tiene otros planes. Su camino se cruza con el enigmático Mason Dryad, un ser con un poder formidable y un pasado envuelto en misterio

NovelToon tiene autorización de Leydis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11

Las cumbres nevadas albergaban a un ser solitario y poderoso: el Yeti, cuya furia podía congelar el alma.

Tras abandonar la Isla de las Brumas con el corazón pesado por la advertencia de Nimue, el grupo se dirigió hacia el norte extremo, hacia el Paso de los Lamentos Blancos. Según el mapa de los enanos, uno de los componentes necesarios para el ritual, el "Corazón de Escarcha", se encontraba en el dominio del Yeti, una criatura de la que incluso los demonios hablaban con cautela.

El ascenso fue una tortura física y mental. El aire era tan fino que cada respiración de Astrid se sentía como si estuviera tragando agujas de hielo. La nieve les llegaba a las rodillas y el viento aullaba con tal ferocidad que tenían que avanzar atados unos a otros para no perderse en la blancura total.

—¡No puedo seguir! —gritó Astrid, colapsando sobre la nieve. Su piel estaba azulada y el colgante de hierro frío que le dio Gloin parecía ser lo único que mantenía su conciencia ligada a su cuerpo—. Mason... déjame aquí. Sigue tú.

Mason se arrodilló a su lado, sus manos calientes a pesar del clima extremo envolviendo el rostro de la chica.

—No vas a morir aquí, Astrid. No después de todo lo que hemos pasado. —La miró a los ojos, y por primera vez, no hubo sarcasmo en él, solo una determinación feroz—. Si tengo que quemar este mundo entero para mantenerte caliente, lo haré.

Él la levantó en brazos como si no pesara nada, pero su esfuerzo se vio interrumpido por un rugido que hizo que la montaña misma temblara. No fue un sonido animal común; fue un grito de poder elemental que provocó una pequeña avalancha a pocos metros de ellos.

De entre el torbellino de nieve emergió una figura colosal. Medía más de cuatro metros, cubierto de un pelaje blanco espeso que parecía estar hecho de carámbanos. Sus ojos eran dos pozos de azul eléctrico y sus garras eran tan largas como espadas cortas. El Yeti no caminaba sobre la nieve; la nieve parecía fluir a su alrededor, obedeciéndole.

—¡Intrusos! —el pensamiento resonó en sus mentes como un golpe físico—. ¡Traéis el olor de la magia corrupta a mi santuario!

Faelan desenvainó su lanza, pero el metal se cubrió instantáneamente de una capa de hielo tan gruesa que no pudo blandirla.

—¡No venimos a pelear, Guardián de las Nieves! —gritó el guerrero de la marea—. ¡Buscamos el Corazón de Escarcha para detener la sombra!

El Yeti soltó otro rugido, y esta vez el aire se volvió tan denso que Astrid sintió que sus pulmones se bloqueaban. La criatura cargó con una velocidad imposible para su tamaño. Mason dejó a Astrid en el suelo y se interpuso entre ella y la bestia, su cuerpo rodeado de una pálida aura de fuego oscuro.

—¡Quédate atrás, Astrid! —rugió Mason.

El choque entre el demonio y el Yeti fue como el encuentro de dos tormentas. Mason lanzaba ráfagas de energía que derretían la nieve, pero el Yeti simplemente regeneraba su armadura de hielo con el aire circundante. La lucha fue brutal; cada golpe que el Yeti descargaba creaba cráteres en la roca sólida bajo la nieve.

Astrid, a pesar de su debilidad, comenzó a sentir algo extraño. No era solo frío; era la *tristeza* de la criatura. El Yeti no estaba atacando por maldad, sino por miedo. Podía sentir la "pureza mística" de Astrid y la interpretaba como una amenaza a su aislamiento sagrado.

—¡Para! —intentó gritar ella, pero su voz se perdió en el viento.

El Yeti, enfurecido por la resistencia de Mason, se irguió sobre sus patas traseras y golpeó el suelo con ambos puños. El impacto creó una grieta masiva que separó a Astrid del grupo. Antes de que Mason pudiera reaccionar, el Yeti levantó sus brazos hacia el cielo, invocando el poder total de la montaña.

—¡Si buscáis el frío, que el frío sea vuestro fin! —sentenció la bestia.

De repente, la visibilidad se redujo a cero. Una ventisca de proporciones apocalípticas se desató. No era solo nieve; eran cristales de hielo afilados que cortaban la piel y un frío tan absoluto que parecía detener el tiempo mismo. Astrid sintió que su calor corporal se desvanecía en cuestión de segundos. Escuchó a Mason gritar su nombre, una nota de pánico genuino que nunca antes había oído en él, pero el sonido se apagó rápidamente.

El mundo se volvió blanco, luego gris, y finalmente negro. La última sensación de Astrid fue la de ser sepultada por una montaña de nieve, sintiendo cómo el frío finalmente alcanzaba su alma, amenazando con apagar la chispa que Nimue tanto había valorado.

El Yeti, enfurecido por la intrusión, desató una ventisca helada que amenazó con sepultarlos bajo la nieve.

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Adrianis López
Que protagonista tan inútil y ridícula
Lelu 🇺🇾
maravillosa!!! 🥰🥰🥰 historia fantástica!! 👏👏 Redacción y ortografía impecables!! 😁 agradezco infinitamente el haber compartido tu trabajo 🥰🥰😍
Lelu 🇺🇾
🤣🤣🤣🤣🤣🤣 pobre Astrid!!! De Guate-mala a Guate-peor🤣🤣🤣🤣
Mónica Aulet
Que quería que los dejara vivos para tomar el té? todavía que la salva se queja porque los mato a todos
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