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Conoce más de ellos en el primer libro. Titulado: La esposa del duque.
Tras la muerte de Karelin, el emperador Will se convirtió en un hombre deseado.
Tras pasar un tiempo prudente, la corte solicitó nuevamente que el emperador contrajera matrimonio. Un emperador no debe gobernar solo, por lo tanto deberá contraer nupcias.
Pero eso no es todo. Tras una aventura con la duquesa Eliza, Will comenzó a sentir algo por ella, pero "por el que dirán" decidieron alejarse. Pero su atracción no terminó; tras la muerte de Karelin, Will y Eliza se volvieron a unir, pero esta vez el hijo de Eliza no acepta esa relación. Por amor a su hijo Eliza decide ponerle fin.
¿Podrán estar juntos o simplemente tendrán encuentros? ¿El emperador elegirá a la dama correcta para casarse? ¿Qué hará Eliza? ¿Reconocerá sus sentimientos o simplemente dejara ir a Will para siempre?
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Capítulo 8 La corte
Will
Han pasado dos semanas desde la última vez que nos vimos; al parecer no ha regresado del palacio de Eloíse.
Sello la carta y se la entrego al sirviente. Prometí no hacerlo, pero esta será su última oportunidad. Si no aparece en el lugar de nuestro encuentro... juro que no le volveré a escribir.
—Entrégala, ¡pero sé discreto! —le hablo a mi hombre de confianza.
—¡Como ordene, su majestad!
Asiento y se marcha.
Me voy a mi cuarto; el tiempo de descanso se terminó. Ahora regresaré a la corte; los asuntos políticos dependen también de mí. Decidí dejarlo por un tiempo, pero es hora de regresar; también debo organizar al ejército. Siempre debemos estar alertas ante invasiones o para reclamar territorio. Termino de colocarme mi vestimenta y salgo de mi dormitorio con dirección al carruaje.
—¡Su majestad, buenos días! —me habla el chófer del carruaje.
—¡Muy buenos días!
—¿A la corte? —pregunta.
—Correcto.
Me abre la puerta y me subo al carruaje; el camino no es tan largo. Observo hacia la ventana; dije que no le volvería a escribir y aquí estoy de idiota nuevamente, mandándole una carta. Ya me ha dejado en claro todo, pero solo deseo una vez más hablarle; quiero verla frente a frente.
Al poco tiempo el carruaje se detiene y el chófer me abre la puerta. Me bajo y le agradezco; ingreso a la corte, donde todos caminan de un lugar a otro.
—¡Buenos días, su majestad! Es un gusto verlo nuevamente por aquí —me habla un conde.
—¡Un gusto poder verlo nuevamente a usted también! —hablo estrechando su mano.
—¡Ya comenzará la reunión, así que vamos a tiempo! —me informa el conde.
Ingresamos al salón, donde se encuentran todos los nobles de más alto rango, todos aquellos que son de suma importancia y, entre esos, estoy yo.
—Un gusto tenerlo por acá, emperador. Me alegra que retomara sus obligaciones —habla el juez.
—¡Ya terminaron las horas de descanso!
—Pero es mejor así. Ya sabe... todo lo que pasó con su exesposa. Me alegra que ya se sienta mejor.
—Sí, nunca creí que fuera así, pero bueno... ya estamos de nuevo aquí.
—¡Me alegra, porque tocaremos temas importantes y debemos estar todos presentes!
Asiento y cada uno toma asiento.
—A todos los presentes, es un gusto tenerlos aquí de nuevo. Estaremos hablando sobre la organización de las tropas, protección de fronteras y leyes que debemos respetar dentro de la corte —habla el rey Carlos.
—¿Una pregunta, su majestad? Con respecto a las fronteras, algunos del sur, lejos de Inglaterra, intentaron ingresar sin ser vistos o registrados. Les llaman "los blancos" —habla un conde.
—¡Con eso debemos tener mucho cuidado! Estar alertas, porque los blancos tienen algunos enemigos que desean nuestras tierras.
—¡Con respecto a las tropas, yo las dirigiré! —hablo poniéndome de pie—. Debemos estar más que listos. Cuando hay mucho silencio es cuando más alerta debemos estar, ya que el enemigo espera con paciencia y va por sus rivales.
—¡Estoy de acuerdo contigo, Will! Y encantado de que dirijas las tropas.
—¡Es mi deber y ahí estaré! En mis viajes conquisté muchas tierras que estaban escondidas, pero eran de nosotros. Los blancos pasan la frontera de Inglaterra y se dispersan para pasar desapercibidos. Así que debemos cuidar mucho las fronteras. Propongo al barón Luis —termino de hablar.
—¡Es una excelente opción! —responde el rey y todos en la corte opinan que sí.
Seguimos con los temas de seguridad y las armas que están siendo fabricadas. Observo todo detenidamente, cada detalle; mi mirada recorre todo el lugar y... me detengo en un punto fijo. Vi a alguien moverse; intento ver hacia otro punto y de pronto regreso la mirada de golpe. ¿Es... una mujer en la corte? ¿Pero cómo? ¡Aquí no se permiten mujeres! Estoy por hablarle al juez, pero su voz calla a todos.
—¿Y qué hay del pueblo, de los mendigos y las viudas? —habla la mujer y todos murmuran.
—¡Estás aquí para redactar lo que se dice y en silencio! ¡No debes opinar ni mucho menos hablar sobre temas de la corte! —habla el juez.
—¡Pero es un tema impor...! —no la dejan terminar.
—¡Que no! Simplemente eres una confidente; observas y lo apuntas, ¡nada más! Tú no opinas, no hablas y haces como que no existieras. Ese es tu trabajo —le habla fuerte el juez.
—¡Perdonen mi atrevimiento, su majestad! —habla la mujer.
El rey la observa mal y luego se acomoda su ropa para continuar con la conversación. La reunión sigue y observo una vez más a la mujer.
—¡Luego se la presento, emperador, perdone su atrevimiento! —me habla el conde.
—¡No hay problema! —respondo.
La reunión sigue; los temas sobre las leyes continúan y se acuerda cómo se cuidarán las fronteras. Anuncian que el día de mañana comienzo a entrenar a todos los soldados.
—¡Cuando no me encuentre, el emperador Will está al mando! —habla el rey.
Asiento y todos hacen lo mismo.
—¡En la próxima reunión trataremos el tema de matrimonios por acuerdos políticos! Ya saben, un hombre no debe gobernar solo. Y anunciaremos el matrimonio del conde; él contraerá nupcias con la princesa de Inglaterra. Ya saben: entre más aliados, mucho mayor nuestro poder. —habla el rey
Todos volvemos a asentir. Al poco tiempo termina la reunión y todos se ponen de pie para seguir con sus labores. Salimos de la sala de reuniones de la corte y me dirijo al palacio donde se encuentra mi oficina, pero alguien corre detrás de mí.
—¡Emperador, emperador!
Volteo a ver y es el conde.
—¿Sucede algo? —pregunto acomodándome la ropa.
—Nada importante, pero sí le quería presentar a la mujer de la corte que se encontraba en el segundo nivel.
—Está bien —respondo viendo la hora.
Él se encamina hacia la puerta derecha y trae a la dama que vi en la segunda planta; es de cabello rubio y ojos azules.
—¡Emperador, ella es Diana!
—¡Un gusto poder conocerlo, emperador Will! —habla la rubia, a quien observo detenidamente.
Sin duda estás dejando todo claro con Diana si ella ilusiona es xq quiere
Will aquí hay muchas lectoras que quieren estar en el lugar de Eliza
No quiero ni imaginar que si como la piensa podría tomar pensar en tomar malas decisiones x despecho
Y usted solita está arrojando a Will a brazos de Diana
Que es multifuncional
Nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido.Pars poner en claro tus sentimientos no era necesario viajar con Fernando suerte x que la vas a necesitar
Es injusto que el padre de ella utilice cuentos viejos para darle más a 🪽 a don tonto que ya le dijieron que lo ven como amigo
El que no escucha consejos no llega a ser sabio después no te lamentes Eliza x no tomar buenas decisiones
gracias por el capítulo me gusta el personaje de la duquesa obvio de la madre muy centrada no tiene pelos en la 😛
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