NovelToon NovelToon
Azúcar Amargo

Azúcar Amargo

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Reencuentro
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Sarita King

Samantha Torres solo quería salvar su pastelería y cuidar de su hermana menor; jamás imaginó que una bandeja de crema pastelera la llevaría directamente a los brazos del hombre más peligroso, arrogante y fascinante de la ciudad: Viktor D'Angelo.

NovelToon tiene autorización de Sarita King para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La Apuesta de Ian

Samantha Torres

Había algo sospechoso en Viktor D'Angelo.

No me refería a su fortuna.

Ni a su apellido.

Ni a esa extraña capacidad que tenía para aparecer en la pastelería exactamente cuando yo comenzaba a creer que no volvería.

No.

Me refería a aquella sonrisa.

La sonrisa que había aparecido después de anunciar su supuesta "dulce venganza".

Porque ningún hombre sonreía así cuando planeaba algo bueno.

Absolutamente ninguno.

—Estás pensando en él.

Levanté la vista del mostrador.

—¿Por qué todos están obsesionados con decirme eso?

Olivia mordió un trozo de brownie.

—Porque es verdad.

—No lo es.

—Lo es.

—No.

—Sí.

—Voy a despedirte.

—No puedes.

—¿Por qué?

—Porque esta ni siquiera es tu empresa.

Odiaba cuando tenía razón.

—Además —continuó—, llevas diez minutos mirando la puerta.

Miré inmediatamente hacia otro lado.

Maldita traidora.

—No estaba mirando la puerta.

—Claro.

—No estaba esperando a nadie.

—Por supuesto.

—Especialmente no a cierto multimillonario insoportable.

—Ajá.

—Y deja de decir ajá.

—Ajá.

Quise arrojarle una cuchara.

Otra vez.

Últimamente estaba desarrollando tendencias violentas.

No era una buena señal.

La mañana transcurrió relativamente tranquila.

Al menos hasta que la campanilla de la puerta sonó.

Y por alguna razón mi corazón dio un pequeño salto.

Lo cual fue completamente ridículo.

Porque podía ser cualquiera.

Un cliente.

Un repartidor.

Un anciano buscando café.

Un estudiante.

Un—

—Oh.

Olivia sonrió.

—Sí.

Maldición.

Era él.

Viktor entró con la misma tranquilidad de siempre.

Traje oscuro.

Expresión seria.

Aspecto impecable.

Y esa irritante seguridad de quien está acostumbrado a conseguir lo que quiere.

Lo peor era que varias clientas levantaron la cabeza para mirarlo.

Una incluso chocó contra una silla.

No las culpaba.

Era difícil ignorarlo.

Muy difícil.

—Buenos días.

—No.

—Otra vez empezamos así.

—¿Qué hace aquí?

—Quiero café.

—Mentira.

—Qué desconfiada eres.

—Qué insistente eres.

Olivia desapareció estratégicamente.

Cobarde.

Me dejó sola.

Otra vez.

—¿Dónde está tu amiga?

—Escapó.

—Inteligente.

—Mucho.

Viktor tomó asiento en una mesa cercana.

Como si el lugar le perteneciera.

Como si ya fuera parte del mobiliario.

Y eso era precisamente lo que me preocupaba.

Porque comenzaba a sentirse demasiado cómodo.

Y yo comenzaba a acostumbrarme demasiado a verlo.

Ninguna de las dos cosas era buena.

---

Dos horas después apareció un desconocido.

Alto.

Cabello castaño.

Sonrisa despreocupada.

Y una energía peligrosa.

La clase de energía que anunciaba problemas.

Grandes problemas.

—Así que tú eres Samantha.

Parpadeé.

—¿Perdón?

—La famosa Samantha.

—No soy famosa.

—Según Viktor sí.

Casi me atraganté con mi propio café.

—¿Qué?

El hombre sonrió.

—Mucho gusto.

Ian Moretti.

Me tendió la mano.

La estreché lentamente.

Porque algo me decía que debía desconfiar.

Mucho.

—¿Eres amigo de Viktor?

—Lamentablemente.

—Mis condolencias.

—Las acepto.

Inmediatamente me cayó bien.

Lo cual probablemente era un error.

Porque los amigos de Viktor debían ser igual de problemáticos.

Era una regla universal.

—¿Dónde está?

—Sentado ahí.

Ian giró la cabeza.

Y sonrió.

Una sonrisa enorme.

Demasiado enorme.

—Perfecto.

—¿Perfecto qué?

—Nada.

Mentira.

Definitivamente mentira.

Lo observé acercarse a Viktor.

Los dos comenzaron a hablar.

O más bien Ian comenzó a hablar mientras Viktor parecía reconsiderar todas sus decisiones de vida.

Curiosamente familiar.

---

Media hora después.

Seguían discutiendo.

Y yo seguía observándolos.

Solo por curiosidad.

Nada más.

Definitivamente nada más.

—Te va a salir una contractura.

Casi salté del susto.

Olivia había aparecido detrás de mí.

—¿Qué?

—Tu cuello.

—¿Mi cuello?

—De tanto mirar.

—No estoy mirando.

—Claro.

—¿Por qué nadie me cree?

—Porque te conocemos.

Traidora.

Otra más.

Toda mi vida estaba rodeada de traidores.

—Mira.

Señaló discretamente hacia una mesa.

Ian acababa de sacar algo de su billetera.

Parecía dinero.

Mucho dinero.

—¿Qué están haciendo?

—No lo sé.

—Eso es sospechoso.

—Muy sospechoso.

Observamos durante varios segundos.

Entonces Ian extendió la mano.

Y Viktor pareció responder algo.

Después negó con la cabeza.

Finalmente estrecharon las manos.

Y sonrieron.

Oh no.

Oh, no.

Los hombres nunca estrechaban las manos sonriendo por algo bueno.

Nunca.

Jamás.

Era una ley universal.

—No me gusta eso.

—A mí tampoco.

—Están planeando algo.

—Definitivamente.

—Lo sabía.

Olivia suspiró.

—¿Por qué tengo la sensación de que tú eres el problema?

—Porque me conoces demasiado.

---

Cuando Ian finalmente se acercó al mostrador, parecía excesivamente feliz.

Eso aumentó mis sospechas.

—Necesito un pastel.

—¿Para qué?

—Una apuesta.

Parpadeé.

—¿Una apuesta?

—Sí.

—¿Con quién?

Ian señaló hacia Viktor.

—Con él.

Perfecto.

Absolutamente perfecto.

—¿Y puedo saber de qué se trata?

—No.

—¿Por qué?

—Porque entonces dejaría de ser divertido.

Lo observé.

Él sonrió.

Yo lo observé más.

Sonrió más.

Era insoportable.

Ahora entendía por qué eran amigos.

—Bien.

—Bien.

—Pero si esto termina causando problemas...

—Los causará.

—Eso no me tranquiliza.

—No era mi intención.

Por supuesto que no.

---

Más tarde, cuando Ian salió de la pastelería, Viktor permaneció sentado.

Trabajando.

O fingiendo trabajar.

Todavía no estaba segura.

Finalmente cerró la computadora.

Se acercó al mostrador.

Y dejó dinero sobre la mesa.

—¿Qué es esto?

—Mi cuenta.

—Compraste un café.

—Y un pastel.

—No compraste ningún pastel.

—Lo sé.

Entrecerré los ojos.

—¿Qué hiciste?

—Nada.

—Viktor.

—Samantha.

—¿Qué hiciste?

Una sonrisa apareció lentamente en sus labios.

Y en ese instante entendí algo.

La venganza había comenzado.

Y yo todavía no conocía las reglas del juego.

—Lo descubrirás pronto.

—Odio cuando dices eso.

—Lo sé.

—Eso también lo odias.

—Lo sé.

Tomó su saco.

Se dirigió hacia la puerta.

Y justo antes de salir se giró hacia mí.

—Por cierto.

—¿Qué?

—Te ves linda cuando intentas resolver un misterio.

Mi cerebro dejó de funcionar.

Completamente.

Absolutamente.

Totalmente.

Viktor salió de la pastelería.

La puerta se cerró.

Y Olivia apareció inmediatamente a mi lado.

—¿Acaba de coquetear contigo?

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

—No.

—Samantha.

—Olivia.

—Te estás poniendo roja.

Me cubrí la cara.

Porque desgraciadamente tenía razón.

Y porque por primera vez empecé a sospechar que Viktor D'Angelo no estaba jugando para ganar una discusión.

Estaba jugando para ganar algo mucho más peligroso.

Mi atención.

Y lo peor de todo...

Era que estaba funcionando.

Fin del capitulo 7...🍰

1
Dany 🇨🇱🥰
jajajaja 🤣🤣
Náyade
pobre Samantha 😅
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play