Luego de 10 años sin verse, Hanna se reencontró con un viejo compañero de la preparatoria. Pero para su sorpresa, aquella persona que estaba frente a ella era totalmente diferente al muchacho que había conocido. Hanna intentará descubrir qué le ocurrió durante todos esos años de ausencia y quizás ablandar ese duro corazón. ¿Podrá hacerle frente a su oscuro pasado?
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Jade
Ese mismo día, ya en la noche, el CEO regresó a la Clínica General del Este para buscar su billetera, la cual, había dejado en la oficina antes ir a hacer su diligencia fallida. Sin pedir permiso, entró a la oficina de Williams y se encontró con una escena un tanto caliente: una hermosa enfermera estaba sobre el escritorio acostada de una manera muy sensual, con los pechos al aire y más que lista para entrar en acción. Su amigo, estaba posicionado en su entrada, con el cabello revuelto y muy sudoroso, pero pronto se dió cuenta de su presencia, lo miraba con cara de pocos amigos, y la chica que lo acompañaba estaba más que avergonzada. El hombre no dijo nada. Solo se limitó a buscar su billetera para luego marcharse como si nada.
Realmente no esperaba encontrarse con tal espectáculo, pero necesitaba con urgencia su billetera, pues dentro había una invitación para una gala importante a la que debía asistir.
Un poco conmocionado, llegó al estacionamiento en busca de su auto para dirigirse a su próximo destino. Sin embargo, el auto que aguardaba al lado del suyo, bloqueaba la entrada del piloto.
—Qué problema con la gente—se quejó, y luego se acercó al otro auto para pedirle a la persona que se moviera. Ya había notado su presencia, pues podía percibir su silueta mas no identificar quién era.
Con algo de molestia, llamó su atención, esperando poder llegar a un acuerdo. Lo que no esperaba es que fuera la misma mujer que lo ha atormentado en todo el día. Estaba a la defensiva, por lo que se dirigió a ella de una forma un tanto grosera.
Como se lo imaginaba, las cosas no resultaron comunes y corrientes. Para empeorar la situación, la mujer le quitó un poco de pintura a la carrocería de su auto. Estoy lo enfureció aún más. Era uno de sus autos favoritos y al único que le había invertido gran cantidad de dinero.
Para vengarse de ella, le exigió pagar las reparaciones. Él tenía dinero suficiente para eso, simplemente quería molestarle un poco. En eso llegó un tipo que al principio no recordaba—ni recordó— Él muy entrometido, terminó pagando lo que le estaba pidiendo a la mujer. No era lo que esperaba, pero en fin no podía hacer nada más. Finalmente fue a su gala, en donde asistieron cualquier cantidad de celebridades, desde actores, cantantes, empresarios, diseñadores, etc. Muchos eran conocidos y otros apenas los había visto un par de veces. Todo el mundo le saludaba, pero no tenía interés en entablar una conversación o una amistad.
Todos iban acompañados por hermosas mujeres, algunas sus novias, amantes o esposas, y otras, eran simplemente damas de compañía con las que luego disfrutarían.
Él se mantenía ajeno a todo eso. Realmente no buscaba una relación, ni siquiera por placer, pues sabía que eso le traería problemas más adelante e incluso podían extorsionarlo.
Aunque pensara así, era muchas veces difícil no tener algún pensamiento sucio con tantas mujeres hermosas a su alrededor.
—Señor Fedrerich. Es un honor encontrármelo en esta gala—le comentó un hombre canoso que iba acompañado por una linda mujer rubia.
—Él honor es mío, señor Rodriguez. ¿Cómo le está yendo en sus nuevos negocios?—dijo por cortesía. Aunque sabía de que iba toda esta hipocresía.
—¡De maravilla, mi querido colega! Deberíamos realizar un proyecto juntos.
—¿Verdad que si?—respondió con ironía. Sabía perfectamente que aquel viejo estaba en problemas financieros y que lo único que quería era su bolsillo para salir de bancarrota.
—Me gustaría presentarle a mi hermosa nieta Jade—comentó señalando a la joven que iba tomada de su brazo.
—Muy buenas noches, señor Fedrerich. Que placer conocerle.
—Para mi también—respondió con una sonrisa forzada.
No había forma de deshacerse de aquella mujer. El viejo la dejó con él y ahora estaba más que irritado con su presencia. Era una mujer esbelta, pero muy idiota. No tenia ni el más remoto conocimiento sobre negocios o la bolsa de dinero. Solo hablaba sobre sus supuestas obras de caridad, en donde en realidad la mayoría de los fondos destinados a las fundaciones pasaban a ser el salario de sus trabajadores y por supuesto, el dinero con el que iba de compras los fines de semana.
—Eres realmente atractivo—le dijo Jade muy coqueta.
—Gracias, supongo—contestó indiferente
—Dentro de dos semanas, será mi cumpleaños y me organizarán una fiesta en mi casa. Me encantaría que asistieras.
—Lo siento. No creo poder ir. Estaré ocupado con mis proyectos.
—Vamos anímate. Así nos conocemos mejor.
—De verdad, no puedo—Dijo agotado de tanta insistencia.
—No me detendré hasta que no aceptes venir—se mostró muy decidida. Lo que él no esperaba es que aquellas palabras fueran muy literales.
La gala había acabado, ya estada de vuelta en casa. No había pasado ni una hora, y ya la chica había logrado conseguir su teléfono de trabajo. Tenía cinco llamadas perdidas, pero simplemente no iba a atender.