Durante días, las hermanas Caroline y Estefany Richi mantenían un romance secreto y prohibido, con los que se supone que son sus enemigos Marco y Fabián Rossi, desafiando el odio ancestral entre sus familias. Sin embargo, cuando un ataque brutal de la Bratva rusa destruye el hogar de los Richi, lo que era un pecado oculto se convierte en la única vía de salvación: un matrimonio oficial para unir a los dos clanes más poderosos de Chicago
Sin embargo, la unión estalla cuando descubren que el patriarca de los Rossi, Dante, fue el autor intelectual del asesinato de Elena, madre de las Richi. Ante la traición, los hermanos Rossi eligen a sus prometidas por sobre su padre, convirtiéndose en fugitivos. Ahora, los cuatro luchan desde las sombras para derrocar a Dante, eliminar a los rusos y reclamar el trono de Chicago.
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Caroline …
El eco de las palabras de Marco en el teléfono todavía vibraba en mi pecho como una descarga eléctrica. La tregua con Dante Rossi era un alivio amargo, sabíamos que su "paz" era tan estable como una granada sin seguro, pero al menos nos daba el oxígeno necesario para dejar de mirar nuestras propias sombras y enfocarnos en el verdadero enemigo
La Fortaleza de Hierro se había convertido en un recuerdo tóxico. No podíamos volver a la mansión Rossi, y mi propio hogar era solo una montaña de escombros de mármol. Estábamos en medio de la noche de Chicago, con el tanque lleno de gasolina y un destino que no figuraba en ningún mapa de la mafia
— No podemos quedarnos en hoteles, y el taller de Lorenzo es demasiado obvio si la Bratva decide hacer un barrido masivo — dijo Marco, mientras conducía por las calles desiertas del South Side después de haber pasado a recoger a Pixelin. Su rostro estaba marcado por el cansancio de no haber dormido y de haber enfrentado a su creador, pero sus manos en el volante seguían firmes
— Hay un lugar — dije, mirando el reflejo de las luces de la ciudad en el cristal — Un edificio que mi madre compró bajo un nombre falso antes de morir. Ni siquiera mi padre lo recuerda. Era una antigua fábrica de pianos en el Distrito Industrial de Pilsen. Ella decía que sería nuestro "seguro de vida" si alguna vez el mundo se volvía contra nosotros
Fabián y Estefany, que nos seguían en el coche de atrás, asintieron por la radio cuando les dimos las coordenadas. Llegamos a una zona donde el ladrillo rojo y el grafiti dictaban las leyes. El edificio era una estructura imponente de cinco plantas, con ventanas reforzadas y una fachada que gritaba decadencia, ocultando el búnker de lujo que mi madre había diseñado en el ático
Al entrar, el olor a madera vieja y a polvo nos recibió. Subimos por el montacargas industrial. Cuando las puertas se abrieron en la planta superior, las luces automáticas se encendieron, revelando un espacio diáfano, con suelos de madera pulida, paredes de ladrillo visto y una cocina profesional que contrastaba con la crudeza del exterior
— Mamá siempre tuvo buen gusto para los escondites — murmuró Estefany, dejando caer su bolsa de armas sobre un sofá de cuero desgastado. Su rostro estaba pálido, pero por primera vez en días, sus hombros no estaban tensos
— Este lugar tiene su propia red eléctrica independiente y un sistema de filtrado de agua — expliqué, caminando hacia el ventanal que ofrecía una vista panorámica de las vías del tren y el horizonte de Chicago — Pero lo más importante es que no hay rastro de los Rossi ni de los Richi aquí. Para el mundo, este lugar es una ruina propiedad de una corporación fantasma en las Islas Caimán
Marco se acercó a mí, rodeándome con sus brazos por la espalda. Apoyó su barbilla en mi hombro, y sentí el peso de su cuerpo relajándose contra el mío
— Es perfecto, mí amor — susurró — Aquí podemos respirar. Aquí podemos ser nosotros antes de volver a ser soldados
Pero la paz era una droga peligrosa. Mientras Fabián ayudaba a Estefany a revisar el perímetro del edificio, Marco y yo nos sentamos en la inmensa mesa de roble que dominaba el salón. Pixelín, que se había instalado en un rincón con sus portátiles y sus ordenadores salvados del loft, empezó a teclear con una energía renovada
— Dante ha cumplido su palabra, al menos en la superficie — anunció Pixelín, sin apartar la vista de la pantalla — Las unidades de élite de los Rossi se han replegado a Lake Forest. El Sastre ha desaparecido del radar, lo cual es bueno y malo a la vez. Pero la red de la Bratva... está hirviendo. Sergei Volkov podrá estar muerto, pero su segundo al mando, un tal Yuri "El Carnicero" Sokolov, ha llegado a la ciudad. Y no viene a negociar
— Yuri es un animal — intervino Fabián, acercándose con un mapa de la ciudad — No tiene la visión estratégica de Volkov, pero tiene una brutalidad que compensa su falta de cerebro. Si Dante se ha quitado de en medio, Yuri va a intentar quemar Chicago para encontrarnos
— Que lo intente — dije, sintiendo cómo el frío de mi apellido regresaba a mis venas — Ya no estamos protegiendo una mansión ni el orgullo de un patriarca. Ahora estamos protegiendo nuestra vida
Pasamos las siguientes horas organizando el Santuario. Dividimos las tareas: Marco y Fabián se encargarían de la seguridad física y de contactar con los informantes que aún les eran leales a ellos y no a su padre. Estefany y yo nos encargaríamos de reorganizar lo que quedaba de la logística de los Richi. Sabíamos que, tarde o temprano, tendríamos que salir de este agujero para golpear a Yuri, pero por ahora, el silencio era nuestra mejor arma
— Necesitamos suministros — dijo Estefany, revisando la despensa vacía — Y munición pesada. Las pistolas no van a ser suficientes si los rusos deciden asaltar este edificio con blindados
— Mañana nos encargaremos de eso — sentenció Marco, tomándome de la mano y guiándome hacia la habitación principal, un espacio enorme con una cama que parecía un oasis en medio del desierto de hormigón — Esta noche, el mundo puede esperar
Me quedé mirando el techo de vigas de madera, escuchando el lejano traqueteo del tren. Estábamos juntos, las dos parejas, unidas por una sangre que no era solo la de la herencia, sino la de la supervivencia
Dante Rossi era una amenaza latente, una herida abierta que tendríamos que cerrar algún día, pero por ahora, el enemigo tenía acento ruso y olía a vodka y pólvora
— No voy a dejar que nos encuentren, Caroline — prometió Marco en la oscuridad, su voz cargada de una determinación que me hacía creer en imposibles — Vamos a ganar esta guerra, y luego... luego decidiremos qué hacer con el trono de esta ciudad
— No me interesa el trono de la ciudad Marco, solo quiero vivir tranquila una vez en mí vida — le digo bostezando por el cansancio que tenía, habíamos pasado más de 24 hs sin dormir y necesitábamos un descanso urgente. Necesitábamos estar fuertes y descansados para cuando tuviéramos que enfrentarnos a los rusos
Me quedé dormida con esa promesa bailando en mi mente. Sabía que la calma solo era el ojo del huracán. Pero en ese momento, en la vieja fábrica de pianos de mi madre, me permití soñar que, quizás, las cenizas podrían dar paso a algo nuevo.