Stellan Von Krause, fue el villano en una historia romántica, pero, también fue el príncipe heredero, aquel que se ganó su puesto siendo el héroe del imperio, aquel que desde joven lucho en las guerras para proteger su imperio, solo para finalmente morir en manos del "protagonista ", porque amo tontamente a una mujer que nunca supo apreciar su amor. Pero ahora, el rey de las sombras ha renacido en su cuerpo, y a ahora, lo que menos le importa es el amor de esa mujer, lo único que desea es mantener su puesto de príncipe heredero y aplastar a quien se interponga en su camino.
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Capitulo 04. La hija del Duque.
Durante la noche, se desato una gran tormenta, en el campamento todos corrían a asegurar los víveres y caballos, al igual que la armería, por suerte, al ser la base principal del ducado, esta contaba con pequeñas cabañas lo suficientemente resistentes. Dentro, Stellan observa desde la ventana todo el caos que se desarrollaba fuera.
—lamentablemente contra la naturaleza, no se puede pelear.— comenta el Duque.
—mientras no se tengan grandes pérdidas, estaremos bien. Y agradezco su hospitalidad en este momento.— responde Stellan.
En esa cabaña, Stellan se quedo dormido en un viejo sofá, mientras que afuera, el viento chocaba contra puertas y ventanas volando todo lo que podía y rompía ramas que quedaban tiradas por todos lados.
Al amanecer, todo parecía mas calmado, solo había una ligera llovizna, los soldados limpiaban el lugar y revisaban provisiones, también se aseguraban que las caballerizas hayan resistido y no hubieran perdido ningún caballo. Stellan seguía en la cabaña, escuchando al duque decir que, al atardecer probablemente llegaría la ayuda para reponer lo perdido, ya que algunas provisiones quedaron arruinadas.
—por seguridad, es mejor esperar hasta mañana antes de dirigirse a las montañas, con las lluvia reciente podría ser peligroso.— le menciona el duque.
—lo sé, la ruta principal esta al pie de la montaña.— señala el mapa.— un deslave podría causarme bajas.
Por ahora necesita a la mayoría de sus soldados en pie, en lo que recupera su mana completo para usar su magia sin perder energía.
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Justo al atardecer, una caravana de cuatro carruajes escoltado por caballeros del ducado, llegaba a las puertas de la fortaleza, las rejas se abren dejando pasar la caravana. El duque ha salido personalmente a recibirlos, mientras que Stellan observa desde no muy lejos.
Y, un precioso caballo blanco se abre paso entre los soldados, llevando sobre el lomo a aquella hermosa joven albina de ojos grises. Esta lleva puesta una ropa adecuada para la montura, y se ve en su cintura una espada.
Stellan al verla, sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, la presencia de esa mujer era imponente, su mana era incluso más fuerte que la del duque. Pero, lo que importa no era eso, era obvió que ella tendría esa clase de mana al descender de demonios, pero, la razón por la que Stellan se sorprendió al verla, es porque ella, es parte de la historia, una villana para ser exactos, pues fue, la prometida del Marqués Harry Roman, el cual la dejo por Agnes, la dulce protagonista. Aunque, la albina no precisamente se volvió una villana por eso, ya que su odio hacía ellos se debía a otra cosa.
—Cordelia querida, sabía que vendrías.— habla el Duque con los brazos extendidos.
La joven albina baja del caballo, aceptando el abrazo del Duque y este se aparta aun con una sonrisa en los labios.
—padre.— hace una leve reverencia.— sabía que, después de la tormenta el campamento necesitaría abastecerse de nuevo.
—tan intuitiva como tu madre.— le hace seña para que lo siga.— ven, quiero presentarte a alguien.
Ambos caminan hasta detenerse ante Stellan, quien, no deja de mirar a la albina, y esta al ver al príncipe, parece tensar su cuerpo. Así como Stellan sintió el mana de la albina, ella también sentía ese abrumadora energía oscura alrededor del hombre.
—Cordelia, hija, este es su alteza, el príncipe heredero Stellan Von Krausse.—
—su alteza.— hace una reverencia.— Cordelia Von Kleist se presenta ante usted. Es una honor estar en su presencia.
Stellan sonríe brevemente.— por el contrario, es un honor para mi estar ante, tan maravillosa belleza, mi lady.
Stella levanto la mano, y la albina no dudo en colocar la suya sobre esta, aceptando así que el príncipe le diera un beso en el dorso de la mano, mientras sus miradas estaban fijas en los ojos.
El Duque, quien estaba observando, conoce perfectamente esa clase de mirada que hay entre ambos jóvenes, pero, finge toser un poco para llamar su atención.
—su alteza, mi hija a venido a rehabastecer el campamento, pero, ya que esta aquí, si ella esta dispuesta, puede guiarlo a la montaña.— asegura el Duque.
Cordelia reacciona ante las palabras de su padre.—¿la montaña?, ¿por qué su alteza desea ir a ese lugar?
—creemos que los rebeldes pueden estarse escondiendo en las cuevas de esa zona.— responde el Duque.
—entiendo, de ser así, puedo ser su guía, el lugar puede ser confuso para quien no lo conoce.— responde la joven.
—agradezco su ayuda, pero, duque, ¿no sería poner en riesgo a la señorita?— pregunta Stellan.
—no debe preocuparse alteza, mi hija esta muy bien entrenada, y es quien mejor conoce el territorio.— asegura el duque.
—entonces, de ser así, con gusto aceptó que sea mi guía, su compañía será agradable.— Stellan mantiene la mirada en la albina.
Cordelia hace una reverencia ante la aprobación de Stellan a que ella lo guíe por la montaña, pero, levanta la vista hacía su padre, quien le da un guiño. La forma en la que su hija se comporta ante el príncipe y en como lo mira, le hace saber que ella muestra cierto interés en él, y era obvió que el príncipe no le es indiferente.
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