Doña Matilde, una mujer de setenta años, pasa sus noches viendo novelas y criticando a las protagonistas ingenuas que confían en las personas equivocadas. Mientras mira una historia donde la dulce Sonia será traicionada y asesinada por su propia prima, Matilde no puede evitar enfurecerse por tanta ingenuidad. Pero un repentino paro cardíaco cambia su destino.
Al despertar, descubre algo imposible: ya no es Doña Matilde. Ahora es Sonia, la protagonista de la novela Amor cruel, cruel destino.
Con todos los recuerdos de la historia y sabiendo que su prima Paula planea destruirla, Matilde tiene una ventaj noa que nadie más posee: conoce el final.
Y esta vez no piensa permitir que ocurra. Porque si el destino cree que Sonia debe morir… tendrá que enfrentarse a una mujer que no tiene miedo de cambiar la historia
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Noche de antro.
Ya era hora del almuerzo, en el comedor la comida ya estaba servida. Los empleados caminaban de un lado a otro colocando los últimos platos.
Sonia y Paula bajaron las escaleras casi al mismo tiempo.
Paula llevaba un vestido ajustado y caminaba con esa sonrisa dulce que ya empezaba a irritar a Sonia.
—Ay, por favor pensó Sonia. Si la hipocresía se vendiera, esta muchacha sería millonaria.
Cuando entraron al comedor, Doña Margarita las recibió con entusiasmo.
—¡Mis niñas! Justo a tiempo.
En la mesa había un plato que desprendía un aroma delicioso.
—Hoy preparé algo especial dijo Doña Margarita. Langosta al ajillo.
Paula dio unos brinquitos de la emoción.
—¡Tía Margarita! ¡Mi plato favorito!
Sonia retorció los ojos.
—Claro… pensó. Cómo no.
Doña Margarita sonrió satisfecha.
—Mis niñas, coman. Espero que lo disfruten.
Paula juntó las manos para agradecer al cielo por la comida.
—Gracias, tía. Usted siempre me consiente mucho.
Sonia volvió a torcer los ojos mientras tomaba su cubierto.
—Hipócrita se dijo para sí misma.
Paula empezó a comer con delicadeza mientras hablaba.
—La comida de esta casa siempre fue la mejor.
Sonia probó un poco de la langosta.
—Bueno… en eso sí tiene razón pensó. Está buenísima está langosta nunca pensé que iba a probar una, ya que en mi otra vida eran demasiada caras y no podía permitirme comer langosta.
Durante unos minutos comieron en silencio.
Pero Sonia sabía que Paula no podía quedarse callada mucho tiempo.
Y efectivamente…
Paula dejó el tenedor sobre el plato y miró a Sonia con una sonrisa.
—Prima…
Sonia levantó la mirada.
—¿Sí?
—¿Y si esta noche me llevas al antro para divertirnos?
—Ahí está pensó. Ya empezó.
—Claro respondió. Podemos ir.
Paula se mostró feliz.
—¡Qué bueno! Tengo tantas ganas de salir.
Sonia bajó la mirada hacia su plato mientras pensaba.
—Si mal no recuerdo…
Su mente empezó a reconstruir la historia.
—Esta es la parte donde todo empieza a torcerse.
Recordaba perfectamente lo que pasaba después.
Esa noche iban al antro.
Ahí Sonia conocía a Rogelio.
El hijo del secretario de su padre.
Un muchacho alegre que se acercaba haciéndose el galán.
Sonia lo rechazaba al principio.
Pero luego…
Sonia sintió una pequeña risa escaparse de sus labios.
Paula la miró.
—¿De qué te ríes?
—Nada respondió Sonia. Solo recordé algo gracioso.
Pero dentro de su mente todo estaba claro.
—La muy hija de su pepita me pone una pastilla para dormir en la bebida.
Recordaba la escena perfectamente.
Sonia se mareaba.
Y Paula fingía preocuparse.
Entonces Rogelio aparecía como un “caballero” ofreciéndose a llevarla a descansar.
En la novela original, Sonia creía que él la había llevado a su departamento.
Pero en realidad el muchacho no hacía nada malo.
Solo la dejó dormir y no se aprovecho de ella.
Aun así, desde ese momento Sonia empezaba a verlo con otros ojos.
Y poco a poco terminaba enamorándose de él.
Sonia cortó otro pedazo de langosta.
—Pero esta vez…
—Los papeles van a cambiar.
Paula seguía hablando emocionada.
—Dicen que hay un nuevo lugar en la ciudad. Música en vivo, baile, tragos…
Sonia asintió.
—Perfecto.
Luego levantó la mirada y sonrió.
—Esta noche vamos.
Paula parecía encantada.
Pero dentro de la cabeza de Sonia todo era cálculo.
—Esta vez no voy a beber nada que no haya visto preparar.
Tomó un sorbo de agua.
—Y si alguien intenta ponerme algo en la bebida…
Sonrió ligeramente.
—Va a terminar muy mal.
Doña Margarita observaba a las dos jóvenes feliz.
—Me alegra que se lleven bien.
Sonia casi se escupe la langosta.
—Sí… claro —dijo.
Paula tomó la mano de Sonia.
—Prima, estoy tan feliz de que podamos divertirnos juntas otra vez..
—Yo también.
Pero dentro de su mente estaba diciendo otra cosa.
—Te vas a divertir… pero no como tú crees.
La comida continuó.
Después de unos minutos Doña Margarita se levantó.
—Tengo que ir a la cocina a ver un pastel que estoy haciendo como postre .
Las dejó solas en la mesa.
Paula aprovechó inmediatamente.
—Prima, ¿vamos a ir muy elegantes esta noche?
—Claro —respondió Sonia.
Paula sonrió.
—Perfecto.
Sonia terminó su plato.Pero su mente ya estaba haciendo un plan para evitar esa escena.
—Esta noche conozco a Rogelio.
Recordaba perfectamente su rostro.
—Alto, traje elegante, pero era un aprovechado, galán de pacotilla.
Se limpió la boca con la servilleta.
—Nadie me va a ver la cara de pendenja tengo mis as bajo la manga..
Paula se levantó de la mesa.
—Voy a descansar un rato antes de la noche.
Sonia asintió.
—Hazlo.
Cuando Paula salió del comedor, Sonia se quedó sola unos segundos.
Entonces soltó una pequeña risa.
—Ay, Paula…
Apoyó el codo en la mesa.
—Tú crees que vas a arruinar.
Negó con la cabeza con picardía.
—Pero la historia cambió.
—Porque yo no soy Sonia.
Se levantó de la mesa lentamente.
—Pero ahora estás jugando con Doña Matilde.
Y Doña Matilde nunca perdía los juegos de mesa.
Mientras salía del comedor murmuró:
—Esta noche empieza mi plan.
Luego sonrió.
—Y va a ser un espectáculo.