Valeria Castillo tiene una vida clara y ordenada: es periodista deportiva, ama su trabajo y sabe perfectamente cómo manejar a los hombres arrogantes del mundo del boxeo. Al menos… eso creía.
Todo cambia cuando conoce a Adrián Vega, el boxeador más prometedor del campeonato nacional. Talentoso, peligroso dentro del ring, insoportablemente seguro de sí mismo fuera de él… y con una sonrisa capaz de arruinarle la paciencia a cualquiera.
Lo que empieza como simples entrevistas pronto se convierte en algo más complicado: miradas demasiado largas, discusiones cargadas de tensión y una atracción imposible de ignorar. Adrián está acostumbrado a ganar todas sus peleas, pero nunca ha tenido que luchar por el corazón de una mujer que no piensa caer fácilmente.
Entre entrenamientos brutales, campeonatos que pueden cambiar una carrera, celos inesperados y momentos tan caóticos como románticos, Valeria descubrirá que amar a un boxeador significa vivir al borde del nocaut emocional.
Porque Adrián Vega puede derrotar a cualquiera en el ring…
pero con Valeria Castillo cada día es una pelea nueva.
Y tal vez la más difícil de todas.
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Capítulo 11 El problema de gustarle
El gimnasio tardó casi diez minutos en volver a la normalidad.
Si es que podía llamarse normalidad.
La gente seguía murmurando.
Algunos periodistas revisaban sus grabaciones.
Otros reían mientras comentaban lo que acababan de ver.
Lucas estaba apoyado contra el ring mirando a Adrián con una sonrisa peligrosa.
—Bueno.
Adrián tomó una botella de agua.
—¿Qué?
—Eso fue increíble.
—No lo fue.
—Sí lo fue.
Lucas señaló la salida del gimnasio.
—Tu periodista acaba de destruir a Daniela frente a medio mundo.
Adrián bebió agua con calma.
—No es mi periodista.
Lucas levantó una ceja.
—Ajá.
—No lo es.
—Claro.
Adrián lanzó la botella vacía a una papelera cercana.
Encestó sin mirar.
—Lucas.
—Sí.
—Cállate.
Lucas sonrió.
—Te gusta.
Adrián suspiró.
—No.
—Te gusta mucho.
—Lucas.
—Adrián.
Los dos se miraron unos segundos.
Lucas fue el primero en hablar.
—Nunca te he visto mirar a alguien así.
Adrián frunció el ceño.
—¿Así cómo?
Lucas se encogió de hombros.
—Como si te estuviera retando todo el tiempo.
Adrián no respondió.
Lucas añadió:
—Y te encanta.
Adrián miró hacia la puerta por donde Valeria había salido.
—Es… interesante.
Lucas soltó una carcajada.
—Eso ya lo dijiste tres veces.
Adrián bajó del ring.
—Voy a ducharme.
Lucas levantó la voz mientras se alejaba.
—¡Le gustas!
Adrián levantó una mano sin mirar atrás.
—Cállate.
Pero una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
Mientras tanto…
Valeria caminaba por la acera frente al gimnasio.
Camila prácticamente saltaba a su lado.
—¡Eso fue épico!
Valeria siguió caminando.
—No fue nada.
—Valeria.
—¿Qué?
—La destruiste.
Valeria suspiró.
—No me gusta ese tipo de situaciones.
Camila la miró con incredulidad.
—Pero eres muy buena en ellas.
Valeria se detuvo.
—Escucha.
—¿Sí?
—No quiero más drama con ese hombre.
Camila sonrió lentamente.
—Demasiado tarde.
Valeria frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
Camila levantó su teléfono.
—Significa que alguien ya subió el video.
Valeria cerró los ojos.
—No.
Camila giró la pantalla.
El clip ya tenía miles de reproducciones.
Se escuchaba claramente la frase de Valeria:
“Tú pasaste meses con él… y nunca lograste distraerlo.”
Y luego:
“Mantén a tu noviecita lejos de mí.”
Los comentarios estaban explotando.
"La periodista volvió a ganar."
"Alguien dele un cinturón de campeón a esa mujer."
"Adrián Vega encontró su rival."
Valeria respiró profundamente.
—Perfecto.
Camila sonrió.
—Ahora sí estás oficialmente en esta historia.
Valeria siguió caminando.
—No quiero estar en esta historia.
—Pues el protagonista sí te quiere en ella.
Valeria no respondió.
Pero algo en su estómago hizo un pequeño giro incómodo.
Esa noche…
Adrián estaba en su apartamento.
El lugar era amplio.
Moderno.
Pero sencillo.
Estaba sentado en el sofá viendo el mismo video que todo el mundo estaba viendo.
La escena en el gimnasio.
Daniela furiosa.
Valeria tranquila.
Y luego su frase.
“Tú pasaste meses con él… y nunca lograste distraerlo.”
Adrián repitió esa parte.
Sonrió.
Lucas estaba sentado en la cocina comiendo algo.
—La estás viendo otra vez.
Adrián no respondió.
Lucas caminó hacia el sofá.
—Eso es la cuarta vez.
—No estoy contando.
—Yo sí.
Adrián dejó el teléfono sobre la mesa.
—Solo estaba viendo algo.
Lucas se sentó frente a él.
—Te gusta mucho.
Adrián suspiró.
—No empieces.
—Es verdad.
—Lucas.
—Nunca te interesan las mujeres que no te prestan atención.
Adrián pensó un momento.
—Ella me presta atención.
Lucas sonrió.
—Sí.
—¿Ves?
—Pero para insultarte.
Adrián levantó una ceja.
—Eso también cuenta.
Lucas se rió.
—Eres un caso perdido.
Adrián tomó su teléfono otra vez.
Miró el contacto.
Valeria Castillo.
Lucas lo observó.
—¿Vas a escribirle?
Adrián pensó unos segundos.
Luego comenzó a escribir.
Lucas se inclinó para ver.
—¿Qué pusiste?
Adrián leyó en voz alta:
—“Creo que acabas de ganar otra pelea.”
Lucas negó con la cabeza.
—Eso es terrible.
Adrián presionó enviar.
—Lo sé.
En su apartamento…
Valeria estaba sentada frente a su laptop terminando su artículo.
Su teléfono vibró.
Mensaje nuevo.
Ella lo abrió.
ADRIÁN:
"Creo que acabas de ganar otra pelea."
Valeria lo miró unos segundos.
Luego escribió una respuesta.
La leyó.
Y sonrió ligeramente antes de enviarla.
VALERIA:
"No fue una pelea."
Pausa.
Luego escribió otro mensaje.
VALERIA:
"Fue defensa propia."
Adrián leyó la respuesta en su sofá.
Y soltó una risa.
Lucas lo miró.
—¿Qué dijo?
Adrián apoyó la cabeza en el respaldo.
—Que fue defensa propia.
Lucas sonrió.
—Te gusta.
Adrián miró el techo.
Pensó en los ojos verdes de Valeria.
En su sarcasmo.
En la forma en que no parecía impresionada por nada.
Y murmuró:
—Sí.
Pausa.
—Creo que tengo un problema.
Lucas levantó una ceja.
—¿Por qué?
Adrián sonrió lentamente.
—Porque ella también lo sabe.