Renata Solis tenía la vida que siempre soñó: un matrimonio estable de veinticinco años con Fernando Lavallée, un próspero ejecutivo, y dos hijos a los que adoraba. Ella era la esposa abnegada que cuidaba del hogar mientras su marido aseguraba el futuro familiar. Sin embargo, una llamada a la una de la madrugada destruye su mundo para siempre.
Tras correr al hospital, Renata no solo recibe la devastadora noticia de que Fernando ha muerto en un accidente de tránsito, sino que descubre que no iba solo: la mujer que viajaba a su lado en el copiloto tampoco sobrevivió. El día del entierro, la verdad sale a la luz de la forma más cruel cuando una compañera de trabajo le confiesa la pesadilla: Fernando llevaba más de tres años manteniéndole una doble vida a su amante, con quien además tenía una hija de año y medio.
Por si la traición no fuera suficiente, Renata descubre que su esposo hipotecó la casa familiar y entregó todo a su amante.
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Capítulo 7: En Busca De Una Oportunidad
Renata intentó una vez más. Caminó durante semanas tocando puertas, enviando hojas de vida y haciendo entrevistas en las que solo recibía miradas de rechazo. Nada. El tiempo voló de manera implacable. En los pocos empleos que había conseguido en esos meses, como un puesto temporal en una panadería local, el salario era ridículamente bajo; no alcanzaba para cubrir los servicios básicos, mucho menos las colegiaturas o la cuota exorbitante de la hipoteca.
Y el día inevitable llegó.
A los tres meses, el banco no esperó más. Una notificación oficial de desalojo fue entregada en la puerta de la casa. Tenían un plazo de pocos días para abandonar la propiedad antes de que las autoridades ejecutaran el embargo definitivo.
Renata estaba sentada en la sala, con el papel temblándole en las manos, cuando Mateo se le acercó por la espalda. El joven de diecinueve años se inclinó y la abrazó con fuerza por los hombros.
—Ma, lo mejor es que yo también me ponga a trabajar —le dijo Mateo con voz firme y madura.
—No, hijo... —respondió Renata entre sollozos, negando con la cabeza—. Tienes que terminar tus estudios. Apenas estás empezando tu carrera universitaria, no puedes dejarla.
—Mamá, yo veré cómo termino, puedo estudiar en la noche o buscar otra modalidad, no lo sé —insistió Mateo, sentándose a su lado y tomándole las manos—. Ahora lo importante es que me ponga a trabajar. Ya no podemos hacer nada por esta casa. El pago de la hipoteca es demasiado alto, no vamos a poder cubrirlo de ninguna manera. Por las colegiaturas de Sergio no te preocupes.
Renata lo miró confundida, secándose las lágrimas.
—¿Cómo que no me preocupe por el colegio de tu hermano?
—Vendí mi computadora y mi guitarra —confesó Mateo con una leve sonrisa de orgullo—. Con eso pude pagar dos meses de la colegiatura de Sergio, así que en la escuela me dieron tiempo para ponerme al día con el resto.
—Mateo... ¡¿por qué hiciste eso?! —exclamó Renata con el corazón encogido—. Tu computadora la necesitas para la universidad y esa guitarra era lo que más querías.
—Porque necesito ayudarte, mamá —respondió Mateo, mirándola con profundo amor y determinación—. No te he visto estos meses tranquila, solo te veo llorar y vivir preocupada. Yo ya soy un hombre, así que déjame ayudarte. Como te dije, ya pagué dos meses de la colegiatura de Sergio, así que si consigo un empleo, me pondré al día con lo que falte. Mamá, no te preocupes, vamos a salir de esta. Ahora buscaremos un lugar donde vivir... no sé, algo económico.
—¿Algo económico? —interrumpió la voz de Sergio, que venía bajando despacio por las escaleras, mirando los bolsos de lona acomodados cerca de la puerta.
—Sí, Sergio, algo económico —contestó Mateo, girándose hacia su hermano menor con gravedad—. Esta casa tenemos que entregarla, ya nos llegó la notificación de desalojo.
Sergio se detuvo en el último escalón, con los ojos bien abiertos.
—¿Pero por qué? —preguntó el muchacho con la voz quebrada.
—Porque papá nos dejó en la ruina, Sergio. ¿Sí recuerdas eso? —respondió Mateo con amargura contenida—. Nos dejó sin nada. Pero estamos juntos y vamos a salir adelante.
Renata abrazó a sus dos hijos contra su pecho. El dolor de perder el hogar donde los había criado era inmenso, pero ver la fortaleza de Mateo y la lealtad de Sergio le dio el último aliento que necesitaba para no dejarse vencer. Armarían sus maletas y dejarían las ruinas atrás; la lucha penas comenzaba.
Renata y sus hijos le dijeron adiós a la casa donde vivieron por tantos años y a la que jamás volverían. Gracias a Fernando, a quien le importó más su amante y su hija que Renata y sus dos hijos, ahora se encontraban en la calle. Un pequeño apartamento de piso de cemento y paredes frías los esperaba.
El lugar era diminuto y humilde, muy lejos de la comodidad a la que estaban acostumbrados, pero era lo único que el poco dinero alcanzaba a pagar. Acomodaron sus maletas en el suelo mientras el silencio de la incertidumbre llenaba cada rincón.
—Mañana mismo salgo a buscar trabajo —dijo Mateo, rompiendo la tensión mientras dejaba los bolsos sobre una mesa vieja—. En lo que sea, mamá. No me voy a quedar de brazos cruzados.
—Yo también voy a salir, hijo —respondió Renata, mirándolo con orgullo y dolor al mismo tiempo—. No me voy a rendir. Un empleo tiene que salir para mí.
Al día siguiente, Renata volvió a recorrer las calles con su hoja de vida en la mano. Las horas pasaban bajo un sol agotador mientras recibía las mismas respuestas evasivas y miradas de rechazo de siempre. Exhausta y con los pies dolidos de tanto caminar, se detuvo frente a un imponente centro empresarial en el sector financiero.
Miró la gigantesca torre de cristal y acero. En la entrada, letras doradas anunciaban el nombre del edificio: Compañías Del Solar.
Renata respiró hondo, se arregló la blusa y cruzó las puertas automáticas de cristal.
Ricardo con fuegos artificiales hizo su propuesta de pedirle matrimonio a Renata y por supuesto fue un si rotundo.
Todo muy bien Ricardo pero ya tu familia y tu hija lo saben 🤔🤔🤔❓❓❓❓❓❓
Definitivamente no se que haría con Sergio porque es un rebelde sin causa que provoca sacarlo de la casa y dejarlo pasar carencias en la calle para que aprenda a ser más humilde, valorar a su madre y hermano que están haciendo lo imposible para que el pueda seguir estudiando mal agradecido.