Arabella murió quemando el manicomio donde la tenían encerrada y despertó en el cuerpo de una damisela que intentó envenenarse para no casarse con el temible Duque de Eisen.
Ahora, entre un matrimonio explosivo, una guerra en puerta y su obsesión con el fuego, Arabella demostrará que con ella nadie juega... o terminará ardiendo.
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Capitulo:03
ARABELLA:
Las velas casi gastadas iluminan la habitación mientras observo al duque dormir luego de secar su fuente de dar hijos... No sabía que un hombre podía tener tanta resistencia como el duque... Me gusta.
Con una sonrisa me pongo de pies y camino hacia el gran ventanal de la habitación y observo la hermosa luna brillante mientras a mente llegan los recuerdos de mi anterior vida.
Recuerdo que mis padres eran unos viciosos sin remedio y cuándo no tenían dinero para consumir sus sustancias acudían a golpearme o intentaban explotarme sexualmente para sus beneficios... Así que un día casi los asesino a ambos, pero salieron ilesos.
Un suspiro sale de mis labios sin arrepentimiento alguno.
—Si los hubiera atado bien con la cuerda, estarían bien carbonizados.
Murmuro mientras recuerdo como los malditos me encerraron en un maltrato manicomio.
Niego ligeramente con la cabeza dejando que la brisa nocturna me regrese al presente.
Todavía me cuesta asimilar que ahora estoy atrapada dentro de las páginas de esa novela que una chica me prestó justo antes de que todo terminara en mi mundo anterior.
Recuerdo los detalles con una claridad inquietante. En la trama original, el duque Eisen no era más que un peón irrelevante, un personaje sin importancia diseñado solo para servir de trasfondo político... Alguien del cual no se abundó mucho... Solo era una carne de cañón.
Según el libro... fijo la mirada en la silueta inmóvil del hombre sobre la cama, el duque debía ser envenenado discretamente durante la primera noche de bodas, él se marcharía tullido y debilitado a la frontera, donde una emboscada enemiga acabaría con su vida de forma miserable.
Una risa suave y calculadora se me escapa del pecho.
—Qué desperdicio de hombre habría sido...
Susurro girándome lentamente para observarlo desde la distancia.
—Por suerte para ti, querido duque yo he cambiado las reglas de tu historia y cambiaré tu destino.
Escucho el crujido de las sabanas y luego siento la pesada mirada del duque en mi espalda.
—¿Aún quiere continuar dónde quedamos esposo?
Me giro con sensualidad y sus ojos observan mi cuerpo desnudo por algunos segundos y la verdad es que no juzgo al duque. Arabella es hermosa... Bueno yo soy hermosa.
Sonrío recordando que ahora este cuerpo me pertenece.
—No deberías estar descalza sobre el mármol señorita.
La voz del duque suena rasposa por el sueño, pero mantiene ese mando natural que hace temblar a sus soldados.
—¿Señorita? Le recuerdo que de eso no queda nada duque.
Sonrío y él alza las cejas.
—Tienes razón... Solo fue por cortesía... La temperatura está muy fría, creo que deberías de cubrirte.
—El frío no me asusta, mi señor.
Camino hacia él con pasos lentos y felinos, deteniéndome justo al borde del colchón.
—No soy una débil damisela en apuro y si vas a ser mi esposo, necesito que estés a mi altura... Bueno en resumidas palabras ya eres mi esposo así que tienes que estar a mi altura cariño.
El duque se sienta en la cama, pasándose una mano por el cabello revuelto y observa las pequeñas quemaduras de las cortinas que sofocó hace unas horas y luego me mira a mí, deteniéndose en las marcas visibles que están en mi cuello.
—Mañana al amanecer la guardia querrá respuestas... Los rebeldes están a las puertas y no puedo posponer la marcha para siempre, es mi deber como el gran duque de Eisen estar al frente.
Dice aunque en sus ojos ya no veo al hombre que daba por cumplido un trámite sino a un depredador intrigado.
— ¿Qué pretendes hacer, Señora Eisen?
Me inclino sobre él apoyando ambas manos en sus rodillas desnudas y acerco mi rostro al suyo hasta que nuestros alientos vuelven a chocar.
—Pretendo que salgamos juntos al frente de guerra.
Le respondo con una risita suave y desquiciada que le eriza los vellos de los brazos.
—Si quieren guerra, les daremos un espectáculo de chispa y sangre... Me emociona saber con cuántos voy a acabar.
—Es una guerra, no es un cuento de hadas.
—Lo sé querido.
Le guiño un ojo
Arabella
Duque Kaelan Eisen
los dos son igual de locos y calientes posesivos me encanta
🤣😍😍😍😍
Con eso confirma la lealtad de su esposa 😅