Melanie conoció a Brandon. Un hombre brillante, intenso, imposible de ignorar, se enamoró de él sin medir consecuencias. Él la miraba, la deseaba, la tenía… pero nunca la eligió. le daba un amor a cuotas largas
Porque hay amores que no se olvidan.
Y secretos que tarde o temprano tocan la puerta.
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capitulo 4
Dominic
Pasaron cuatro días. Cuatro días intentando convencer a mi propio cerebro de que lo del domingo había sido una ridiculez. Una anécdota de fin de semana con una tipa extravagante que tiró diez mil dólares a la basura por tres minutos de atención. Una mujer que, si tenía un mínimo de suerte, no me cruzaría nunca más.
Pero la mente juega sucio
Su nombre se me colaba en los momentos menos pensados. Firmando licitaciones, escuchando a los auditores hablar de márgenes de ganancia o simplemente mirando el horizonte gris de la ciudad desde el ventanal de mi despacho.
Melanie
Un fastidio absoluto
El jueves por la mañana no me quedo de otra que cumplir con el almuerzo familiar obligatorio. Mi madre, Carlota, había decretado que era imperativo que nos sentáramos los cuatro a la mesa en su residencia. Como si fuéramos una familia normal y no un elenco repasando el libreto antes del show
Llegué a la hora exacta. El servicio me abrió la puerta principal y el olor a estofado de la casa me recibió de golpe. Mi madre salió al recibidor impecable, como siempre, con esa sonrisa calculada al milímetro
— Dominic, querido. Puntual como de costumbre. Así me gusta
Me dio un beso rozándome apenas la mejilla y me tomó del brazo para llevarme al comedor. Carmina ya estaba ahí, echada en una de las sillas y pegada al teléfono. Levantó la vista al verme y se le ablandó la cara. Mi hermana es la única persona transparente en esa casa.
— Hola, hermano
me dijo, guardando el celular
— Hola, Carma
— Roma viene retrasada unos minutos
anunció mi madre sirviéndose agua
— Ya saben cómo es su agenda en la fundación. Es bueno que una mujer se mantenga ocupada, la disciplina le sienta bien a alguien de su nivel
Carmina y yo nos cruzamos una mirada rápida. Ninguno dijo nada. No hacía falta
Roma Francinelli apareció quince minutos más tarde. Cabello impecable, vestido de diseñador y una sonrisa ensayada que no se le desarmaba con nada. Se acercó a mi silla y me dio un beso de compromiso en la mejilla
— Hola, amor. Perdonen la demora, se me extendió la junta
dijo, acomodándose a mi lado
— Tranquila querida. No pasa nada
— Te veo tenso, Dominic
comentó mientras se servía la ensalada con movimientos milimétricos
— Deberías soltar un poco el trabajo
— Dominic hace lo que le corresponde
intervino mi madre de inmediato
— Es la responsabilidad que le toca por su apellido. Pero me alegra que estés pendiente de él, Roma. Tienes la serenidad exacta para este ritmo de vida
Carmina puso los ojos en blanco, lo justo para que solo yo me diera cuenta
— Y en la constructora cómo van las cosas?
preguntó Roma, cortando la carne en trozos exactos
— Avanzando. Cerrando contratos para la nueva etapa
— Me alegra mucho. Tu padre estaría orgulloso de ver dónde está la firma
Mi padre. La carta que Roma saca a relucir cada vez que necesita marcar el terreno. El hombre que murió hace ocho años dejándome a cargo de un imperio, un apellido pesado y una vida trazada sin margen de error
— Seguro que sí
respondí, dándole un trago a la bebida
El almuerzo siguió con el guion habitual, mi madre hablando de beneficencia, de la próxima gala y de la importancia de mantener las formas. Roma asentía a todo con la docilidad esperada. Carmina comía en silencio, respondiendo con monosílabos cuando la obligaban. Y yo… yo tenía la cabeza a kilómetros de ahí
Específicamente en una mujer de cabello cobrizo que me había llamado Feote sin despeinarse
— Dominic, me estás escuchando?
La voz de mi madre me trajo de vuelta a la mesa
— Perdón. Tenía la cabeza en una licitación. Qué decías?
— Decía que con Roma estuvimos mirando el calendario. Sería bueno ir definiendo una fecha para la boda. Ya llevan un tiempo prudente de novios
Roma me miró con una mezcla de expectativa y frialdad calculada. Sentí que la corbata me apretaba el cuello más de la cuenta
— Todavía no es momento para eso
dije seco
— Y cuándo lo va a ser?
intervino mi madre, arqueando una ceja
— Tienes 28 años, Dominic. Roma es la mujer adecuada y este compromiso consolidaría alianzas clave para la familia. No puedes postergarlo de forma indefinida
— Madre, no voy a discutir esto en la mesa
— Nadie está discutiendo, querido. Solo pido que empiecen a coordinar. Roma se merece un evento a la altura, y quiero nietos, ya es hora
— Yo no tengo apuro
agregó Roma con tono comprensivo, aunque la mirada decía otra cosa
— Dominic sabe que lo espero y para todo hay tiempo suegra
La quedé mirando un segundo. Roma, impecable, educada, de la sociedad correcta. La mujer perfecta en el papel. La mujer que no me sacaba de quicio, que no me hacía sonreír sin querer y que jamás me obligaría a romper una sola regla
— Lo vemos después
corté la conversación de raíz y cambié de tema