Catalina solo conoció un amor, el de su padre. La única persona que la quiso se fue de éste mundo sabiendo todo lo que tendría que afrontar su pequeña.
Hay personas que nacen para sufrir, la protagonista es una de ellas 💔
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8 SON MIS HIJOS
Bajé del barco con el mismo presentimiento. Me sentía nervioso, hacía dos días que no podía dormir, me ofrecí de guardia nocturna.
Días antes había tenido varias pesadillas. Escuchaba el llanto de mis niños y me pedían ayuda.
Ahora caminaba casi corriendo a mi casa. Era la última y cada paso se me hacía infinito.
Alguien me saludo a la pasada y respondí por inercia. Nunca supe quien fue.
La puerta estaba cerrada, abrí con mi llave. Estaba todo en oscuridad, lo primero que sentí fue el olor nauseabundo a alcohol barato, y un olor raro. Diviso una sombra en el cuarto de los niños. Trata de pasar por mi lado corriendo. Lo sujeto del cuello y lo tiró al suelo.
Trató de levantarse, lo golpeó y queda inconsciente.
Siento quejidos en mi dormitorio, sabía que era. La puerta estaba cerrada, con ira la abro de una patada.
También la oscuridad llenaba el lugar. Enciendo la luz y ahí estaba Cecilia desnuda teniendo sexo con un hombre que no conocía.
La dejé ahí, no me importaba, mi matrimonio hacia tiempo que estaba muerto. Fui donde mis niños.
Enciendo las luces y abro las cortinas.
La escena era macabra.
Mi pequeña María estaba desnuda sobre la cama en un charco de sangre, mi Joaquín estaba en un rincón botado como un muñeco roto, su rostro estaba morado.
No sabía que hacer, lo levanté del suelo y lo puse en su cama. Tenía su rostro deformado, llevaba su pijama de osos todo sucio. Mi niña tenía su rostro tapado con su cabello.
Aún emanaba sangre de su cuerpecito. La tomé en mis brazos y grité.
No podía revivirlos.
Me acordé que el hombre estaba en la sala. La coloqué con cuidado en su cama.
Ahí estaba inconsciente aún. Tomé un vaso de licor que había en la mesa y se lo arrojé en su rostro. Quería que despertara y me viera.
Lo hizo, lo primero fue pedirme perdón. Lloraba, mientras me veía sacar mi cuchillo de pesca, regalo de mi abuelo. Se lo clavé en los genitales. Comenzó a gritar, le tapé la boca y le rebané el cuello.
Quería verlo sufrir y que sintiera lo que mi inocente María vivió
Lo dejé desangrándose. Me fui con la rabia misma al dormitorio, ella se estaba vistiendo, el amante, aún dormía.
Estaba como siempre ebria ese era siempre su disculpa.
--No llores, te juro que es la primera vez, no quería. --No llores mi amorcito. No lo volveré a hacer.
--Es el licor me vuelve loca y ardiente.
--¡Perdóname Ezequiel!
Mis lágrimas corrían por mi cara, también era culpable. Yo le había dado todo.
--No llores, si nos vamos de este lugar donde nadie me conozca te juro voy a cambiar.
La tomé del brazo y la arrastré a la pieza de los niños.
Gritó cuando vio al hombre aún vivo moverse.
--¡Manuel!
--¿Qué hiciste? ¿Lo mataste?
La tiré a los pies de la cama, vio los cuerpos de los niños. Empezó a gritar como una loca.
--¿Qué pasó?
--Tu amigo, violo a mi niña y la mató y Joaquín seguro trató de impedirlo y también lo asesinó.
--Todo es por tu culpa, Puta borracha.
Lloraba, y los tocaba, trató de acercarse a mí. La tiré lejos.
--Vamonos de aquí Ezequiel, es éste lugar maldito.
--Comencemos en otro lado, te prometo que cambiaré y te daré otros hijos.
--¡Cállate! Mis niños están tibios y tú hablas de una nueva vida.
--Me das asco maldita
--Te odio, y te aborrezco, maldigo el día que te conocí. Le escupí su cara.
--Te di un hogar, un techo, puse un anillo en tu dedo. Y no pudiste volverte decente.
--Por tu culpa mis hijos están muertos
--No hables estupideces. Se te olvidó decir que soy mentirosa.
--Nunca fueron tuyos. Ninguno de los dos. El padre de María fue un cliente frecuente que tuve por meses. Pero te tragaste el cuento y Joaquín fue un marino extranjero.
--Nunca fuiste su padre. Solo fuiste el tonto que usé.
--Ahora irás a la cárcel por matar a Manuel.
--Se lo merecía, pero yo. Tengo una vida por delante. Aún soy joven y estás caderas todavía conquistan
--Ahora seré una pobre mujer, sola, porque mi marido estará preso de por vida.
La miraba y estaba viendo a la mujer que me describió mi abuela. Cuánta razón tenía. Las mujeres como ella no cambian, evolucionan.
Yo fui su blanco y lo consiguió, veía a mis niños y ella hablaba de comenzar una nueva vida.
--Eres un monstruo con rostro de mujer.
Se rió y me dijo.
--No Ezequiel, soy invencible, ellos ya están muertos, no puedo hacer nada. Puedo vivir con ello.
--Y tú irás a la cárcel. Y yo como siempre sobreviviré una vez más.
--Buscaré a otro estupido en otro puerto y seré feliz. No acabaré mi vida triste como tú.
--Sobran hombres en éste mundo querido. Se reía como una loca.
--Son mis hijos, yo los crié.....
La tomé del cuello y se lo empecé a apretar.
Me pegaba con sus brazos. No paré hasta que ya no se movió.
La dejé caer, no me importaba.
Los acomodé, a Joaquín lo tapé y lo besé. A María le puse su camisa de dormir, le arreglé su cabello
Me senté en la cama y les leí un cuento, luego otro y otro.
Nunca escuché nada, solo sentí que alguien me tocó. Levanté la mirada, era mi sargento Pérez.
--Vamos Ezequiel. Me dijo con pena.
--¿Pero quién les seguirá leyendo?
--Le diré a uno de tus compañeros.
Me levanté, me di cuenta de que Cecilia estaba tirada en el piso. No sé movía
Miré a mi sargento.
--No mires hijo, solo sígueme.
Así los recordaría por años, acostados cada uno en sus camas. Quería creer que estaban dormidos.
Lo trasladaron a los calabozos de la cárcel.
El amante de Cecilia cuando despertó de la borrachera, vio que estaba solo en la cama. La buscó y lo primero que se encontró fue el cadáver de su amigo. Escuchó una voz, fue despacio y con miedo a ver.
Era el esposo de Cecilia, él lo conocía por qué siempre estaba en las fiestas de ella. El marido les leía un cuento a los niños. Se notaba que estaban muertos. Ella estaba en el piso, por la posición, se dio cuenta de que ya estaba sin vida.
Salió despavorido, iba a medio vestir. El terror de lo que vio lo hizo salir así.
La policía naval lo tomó detenido también.
Su declaración fue clave para reconstruir lo que había sucedido.
Ezequiel seguía en shock. No hablaba.
El fiscal reconstruyó los crímenes
Había habido una fiesta como era cosa diaria en la casa de Ezequiel. La comida, música y licor duraron hasta la dos a.m.
. Los niños habían muerto en la noche. La autopsia determinó que el primero en morir fue el pequeño Joaquín entre las tres y cuatro a.m. Luego la pequeña María fue abusada y después asfixiada. Ell doctor determinó que había sido a las 6 a.m.
Según la línea del crimen se entiende que el Padre llega a la casa y se encuentra de frente con el autor del asesinato y violación de la hija María. Golpea al asesino y luego asesina de forma cruel.
Finalmente la esposa es llevada por las marcas del piso al dormitorio de los pequeños.
Dónde seguramente tuvieron una discusión lo que hace que el acusado le quite la vida a su esposa.
El fiscal naval recomendó pena de muerte.
Su defensa mostró la vida ejemplar de un joven pescador que soñaba con convertirse en un servidor de la patria, vestir de azul, ser un Marino.
Cecilia era diez años mayor y venía de una vida libertina. Era una alcohólica que convenció a un joven de casarse con ella por un embarazo
Pero había asesinado a dos personas y eso la ley no lo perdonada
Sus abuelos viajaron a verlo, no le había permitido las visitas. El hasta ese momento no había hablado ni una palabra. Habían transcurrido un mes desde los hechos.
Pero cuando vio a sus abuelos se desmoronó. Imágenes pasaron por su cabeza, la sangre, el rostro de los niños, la risa cruel de Cecilia.
Recordó todo y comenzó a llorar. Los viejitos se derrumbaron al ver a su orgullo de nieto así. Lo había perdido todo y ellos también.
No había nada que hacer, solo pedir clemencia y que no se le condenara a la pena capital. Ezequiel no pidió nada, su vida había terminado según él
Pesaron su hoja de vida como Marino impecable. La medalla al valor que recibió.
Y también lo que los doctores calificaron como un trastorno mental transitorio.
Fue dado de baja, y condenado a diez años en una prisión Naval.
Pero la vida no estaba dispuesto a perdonarle. Al año falleció su abuelo, no pudo soportar el dolor de ver a amado nieto tras las rejas, once meses después su abuela se fue con él.
Lo vino a visitar por última vez. Le explicó que su abuelo no estaba enojado, solo que él no quería seguir viviendo así.
Lo beso y fue la última vez que la vio. Con ella se fue lo único que lo mantenía aún vivo.
Todos los que lo habían amado se habían ido.
No era digno de seguir viviendo.
Pero eso sería su condena. Seguir viviendo con el corazón roto. Era un hombre maldito.
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Entre tú y yo, ¡qué mucho echaba de menos tus letras!