NovelToon NovelToon
La Niñera De La Mafia

La Niñera De La Mafia

Status: Terminada
Genre:Mafia / Posesivo / Enfermizo / Completas
Popularitas:8.4k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

La niñera de la mafia

Su esposo la envió a trabajar a una mansión con la esperanza de que muriera y así cobrar su seguro de vida. Pero el destino tenía otros planes para ella.

Contratada como cuidadora personal de un mafioso ciego, malhumorado y temido por todos, pronto descubrirá que convivir con ese hombre será mucho más peligroso de lo que imaginaba.

Él no puede verla, pero ella está a punto de convertirse en su mayor obsesión.

Y cuando la mafia descubra quién se atrevió a ponerle las manos encima a su mujer, será demasiado tarde para arrepentirse.

NovelToon tiene autorización de valeria isabel leguizamon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 21

Después del desayuno en el jardín, Valeria acompañó a Damián de regreso a la mansión. Él insistió en que podía caminar solo, aunque terminó aceptando su brazo cuando ella le recordó que tropezarse delante de Nicolás sería una humillación difícil de superar.

—No sé por qué sigo permitiéndote hablarme así —murmuró él.

—Porque me adoras.

Damián se detuvo.

—¿Qué?

—Que me toleras. He dicho que me toleras.

—Eso escuché.

—Entonces, ¿por qué preguntas?

—Porque estoy considerando despedirte.

Valeria soltó una carcajada y lo ayudó a llegar hasta el salón.

Una vez allí, una joven del servicio se acercó a ella.

—Valeria, la Doña quiere verte.

La sonrisa de Valeria desapareció lentamente.

—¿La Doña?

—La madre del señor Damián.

Valeria tragó saliva.

¡La madre de Damián quería verla!

¿Habría hecho algo malo? ¿Se habría enterado de que había obligado a su hijo a desayunar fuera de su habitación? ¿O quizá no le agradaba que una empleada durmiera en el mismo cuarto que él?

Su imaginación empezó a trabajar a una velocidad alarmante.

—¿Sabes para qué me necesita? —preguntó con cautela.

—No, señorita. Solo me pidió que la llevara hasta ella.

Valeria miró hacia donde había dejado a Damián.

—¿Y si me despide?

—¿Quién va a despedirte? —preguntó él desde su sillón.

Ella dio un respingo.

—¡No escuches conversaciones ajenas!

—Estás hablando lo suficientemente alto como para que te escuche toda la mansión.

—¡Qué carácter!

—Valeria.

—¿Qué?

—Ve con mi madre. No te hará daño.

Ella apretó los labios.

—Eso espero. Tu familia tiene una manera bastante peculiar de demostrar afecto.

Nicolás, que estaba cerca, tosió para disimular una risa.

Damián negó con la cabeza.

—Vete antes de que cambie de opinión sobre conservarte como empleada.

Valeria le sacó la lengua discretamente antes de seguir a la joven.

Damián escuchó sus pasos alejarse y esbozó una pequeña sonrisa.

Luego volvió a su expresión habitual, como si nada hubiera ocurrido.

La madre de Damián la esperaba en una habitación luminosa, decorada con flores frescas y muebles elegantes.

Valeria entró con cierta inseguridad. Había imaginado encontrarse con una mujer severa, quizá una versión femenina de Damián, capaz de intimidarla con una sola palabra.

Sin embargo, la mujer que se levantó para recibirla tenía una expresión dulce y una sonrisa cálida.

—Ven, querida. Acércate.

Valeria obedeció, todavía confundida.

La mujer le tomó las manos y la examinó con evidente cariño.

—¡Pero qué hermosa eres!

Valeria parpadeó.

—¿Yo?

—¿A quién más estoy mirando, querida?

La joven soltó una risita nerviosa.

—Bueno… gracias, señora.

—Nada de señora. Siéntate conmigo.

La madre de Damián la condujo hasta un sofá y se sentó a su lado.

—Dime una cosa, ¿mi hijo te ha causado problemas?

Valeria abrió los ojos.

Por un momento recordó las amenazas de muerte, las sábanas utilizadas para inmovilizarlo y las discusiones por los medicamentos.

No sabía por dónde empezar.

—Bueno… es un poco gruñón.

La mujer suspiró con resignación.

—Eso no me sorprende.

—Pero está bien conmigo. En realidad, es muy bueno conmigo.

La expresión de la madre se suavizó.

—¿De verdad lo crees?

—Sí. Aunque a veces amenaza con despedirme, creo que ya forma parte de su manera de saludar.

La mujer soltó una carcajada.

—¡Damián siempre ha tenido un carácter terrible! Incluso de niño podía enfadarse porque alguien movía sus juguetes de lugar. Pero tiene buen corazón, aunque ahora le cueste demostrarlo.

Valeria sonrió.

Era extraño escuchar a alguien hablar de Damián con tanta familiaridad. Hasta ese momento, para ella había sido el hombre orgulloso que se escondía detrás de sus amenazas y fingía que no necesitaba a nadie.

Pero aquella mujer hablaba de un hijo al que conocía desde mucho antes de que la vida le arrebatara tantas cosas.

De pronto, la madre de Damián volvió a sujetarle las manos.

—Ay, querida, mañana mismo mandaré a que te compren ropa.

Valeria se quedó desconcertada.

—¿Ropa?

—Por supuesto. No puedes pasarte la vida con las mismas prendas. Necesitas ropa bonita, zapatos, vestidos… ¡De todo un poco!

—Pero no hace falta que…

—Claro que hace falta.

La mujer le apretó las manos con cariño.

—Y no te preocupes por el dinero. Yo me encargaré.

Valeria no supo qué responder.

Estaba acostumbrada a que las personas le exigieran cosas, a que le recordaran lo que debía hacer y a que cada favor llevara una deuda escondida.

Aquella mujer, en cambio, parecía querer darle algo simplemente porque sí.

La observaba con una dulzura que Valeria apenas recordaba haber recibido alguna vez.

—Sabes —continuó la madre de Damián—, escuché que últimamente desayunan juntos en el jardín.

Valeria asintió.

—Sí. Hoy también desayunamos allí.

—Eso es maravilloso.

La mujer sonrió, aunque sus ojos se humedecieron ligeramente.

—Damián ni siquiera salía al jardín cuando todavía estaba bien de salud. Le gustaba encerrarse en su despacho y trabajar durante horas. Siempre tenía alguna obligación pendiente. Pero desde que enfermó… dejó de interesarse por todo.

Valeria bajó la mirada.

—Lo siento mucho.

—No tienes que disculparte, cariño. No es culpa tuya.

La madre le acarició el cabello con delicadeza.

—Mi hijo es bueno. Lo conozco mejor que nadie. Solo está pasando por un momento muy complicado y no sabe cómo enfrentarlo. Ha perdido muchas cosas, y algunas de ellas le importaban más de lo que estaba dispuesto a admitir.

Valeria recordó la forma en que Damián se había tensado al salir al jardín, temeroso de las miradas ajenas.

También recordó sus manos recorriendo su rostro aquella mañana, cuando ella le había pedido que comprobara por sí mismo que era hermosa.

Quizá su comportamiento no se debía únicamente a su carácter.

Quizá había mucho dolor detrás de aquel hombre que siempre parecía estar preparado para luchar contra el mundo.

—Lo sé —respondió ella con suavidad—. Lo entiendo.

—Gracias a ti está tomando sus medicamentos, está saliendo a tomar el sol y ha vuelto a comer con regularidad. Para nosotros, eso significa muchísimo.

Valeria sintió que las mejillas se le calentaban.

—Yo solo hago mi trabajo.

—No, querida. Estás haciendo mucho más que eso.

La mujer negó con la cabeza.

—No sabes cuánto hemos intentado ayudarlo. Médicos, terapeutas, empleados que se marchaban después de unos días… Nada parecía funcionar. Damián no quería recibir a nadie. Ni siquiera soportaba que nos quedáramos demasiado tiempo en su habitación.

Hizo una pausa antes de continuar.

—Y entonces llegaste tú, una muchacha que apenas lo conocía, y conseguiste que te permitiera quedarte a su lado.

Valeria apretó los labios, sin saber qué decir.

—No sé qué habría sido de nosotros si las cosas hubieran seguido así —confesó la mujer—. Por eso quiero que sepas que siempre podrás contar conmigo. ¿De acuerdo?

Valeria asintió lentamente.

—De acuerdo.

La madre de Damián le sonrió y volvió a acariciarle el cabello.

—Hay algo más que quiero contarte.

Valeria levantó la mirada.

—Cuando mi hijo enfermó, tenía una prometida.

La joven abrió los ojos con sorpresa.

—¿Una prometida?

No sabía absolutamente nada de aquello.

Damián nunca le había hablado de una mujer que hubiera formado parte de su vida. Y, desde luego, tampoco había mencionado que estuvo a punto de casarse.

—Sí. Llevaban un tiempo juntos y todos pensábamos que terminarían casándose. Pero cuando ocurrió el accidente y los médicos confirmaron que Damián había perdido la vista, ella rompió el compromiso.

Valeria sintió una punzada de indignación.

—¿Lo abandonó por eso?

—No quiso quedarse con un hombre al que consideraba incapaz de llevar la vida que ella deseaba.

La mujer intentó mantener la compostura, pero la tristeza se reflejó en su rostro.

—Aquello le rompió el corazón. Damián nunca fue un hombre que hablara demasiado de sus sentimientos, pero la quería. Después de que ella se marchara, se encerró en sí mismo y cayó en una depresión profunda. Pasó ocho meses sin querer saber nada del mundo.

Valeria permaneció en silencio.

De repente, muchas cosas empezaban a tener sentido.

Su rechazo a salir de la habitación. Su irritación cuando alguien intentaba ayudarlo. La manera en que se enfadaba si percibía lástima en la voz de los demás.

No era solo la pérdida de la vista.

También había tenido que enfrentarse al abandono de una persona a la que amaba.

—No sabía que había sufrido tanto —murmuró.

—Él no te lo contará fácilmente. Mi hijo prefiere tragarse el dolor antes que permitir que alguien lo vea vulnerable.

La mujer le acarició la mejilla.

—Pero desde que llegaste, las cosas han empezado a cambiar. Vuelve a comer, sale al jardín y hasta se permite reír de vez en cuando. No sabes cuánto necesitaba volver a escuchar esa risa.

Valeria sintió que algo se apretaba dentro de su pecho.

Ella también conocía el abandono.

Sabía lo que significaba quedarse sola cuando más necesitabas que alguien te tendiera una mano. Sabía lo que era querer creer en una persona y descubrir que esa misma persona podía hacerte daño.

Quizá por eso le resultaba tan difícil ignorar el sufrimiento de Damián.

No quería que él tuviera que pasar por lo mismo que ella.

—Gracias por ayudar a mi hijo —susurró la mujer—. Eres mi esperanza, querida. Siempre estaré eternamente agradecida contigo.

Valeria bajó la mirada, avergonzada por las lágrimas que empezaban a acumularse en sus ojos.

Entonces la madre de Damián tomó su rostro entre las manos.

—Y quiero que, a partir de hoy, me llames madre. ¿De acuerdo?

Valeria dejó de respirar por un instante.

La palabra quedó suspendida entre las dos.

Madre.

Era una palabra sencilla. Una que había escuchado miles de veces, pero que llevaba años sin poder dirigir a alguien.

Desde que sus padres murieron, había deseado volver a sentir aquella seguridad. Tener a alguien que se preocupara por ella sin pedirle nada a cambio, alguien que la defendiera cuando tuviera miedo, alguien a quien acudir cuando el mundo se volviera demasiado cruel.

Había esperado encontrar algo parecido en su matrimonio.

Se había equivocado.

Y ahora, frente a una mujer que apenas empezaba a conocerla, sentía que una parte de su corazón que llevaba mucho tiempo cerrada estaba a punto de abrirse.

—¿De verdad? —preguntó Valeria con la voz temblorosa.

La mujer sonrió y le secó una lágrima con el pulgar.

—De verdad, cariño.

Valeria intentó contener el llanto, pero no pudo evitar que otra lágrima resbalara por su mejilla.

—Gracias… madre.

La mujer la abrazó de inmediato.

Valeria se quedó inmóvil durante un segundo, sorprendida por la calidez de aquel gesto. Después rodeó su cintura con los brazos y escondió el rostro en su hombro.

No lloró por tristeza.

Lloró porque, por primera vez en muchos años, alguien le estaba ofreciendo un lugar al que pertenecer sin exigirle que se lo ganara.

—Ya está, mi niña —susurró la madre de Damián, acariciándole el cabello—. Ya no tienes que estar sola.

Valeria cerró los ojos y se aferró un poco más a ella.

No sabía cuánto duraría aquella felicidad ni qué problemas tendría que enfrentar en el futuro. Pero en ese instante se permitió disfrutar de algo que había deseado desde que era pequeña.

Una madre que la abrazara.

Una madre que la protegiera.

Una madre que la llamara su niña.

Al otro lado de la mansión, Damián permanecía sentado en su despacho mientras Nicolás revisaba unos documentos.

—¿Dónde está Valeria? —preguntó de pronto.

Nicolás levantó la cabeza.

—Con su madre, señor.

Damián frunció el ceño.

—¿Hace cuánto?

—Unos cuarenta minutos.

—¿Y por qué tarda tanto?

Nicolás lo miró durante unos segundos.

—Quizá estén conversando.

—Ya sé que están conversando.

—Entonces no entiendo cuál es el problema.

Damián apretó los labios.

—No hay ningún problema.

—Por supuesto, señor.

El silencio se prolongó.

Damián volvió a tocar los documentos, pero no consiguió concentrarse.

Su madre había pedido ver a Valeria. Eso era normal. Seguramente quería agradecerle por los cuidados que le estaba proporcionando o hacerle alguna recomendación.

No tenía motivos para preocuparse.

Sin embargo, cuando escuchó pasos en el pasillo, levantó la cabeza de inmediato.

—¿Es ella?

Nicolás miró hacia la puerta.

—No, señor. Es uno de los empleados.

Damián volvió a reclinarse en su asiento.

—No preguntes cosas absurdas.

—No he preguntado nada.

—Pero estabas pensando en hacerlo.

Nicolás sonrió discretamente.

Damián Montenegro podía engañarse todo lo que quisiera.

Él, por su parte, empezaba a sospechar que el verdadero problema de su jefe no era la pérdida de la vista.

Era que una mujer llamada Valeria estaba consiguiendo que olvidara, poco a poco, cómo vivir sin ella.

1
Herrera
Ahora sí es tu amor que conveniente para ella cuando lo dejo en sus peores momentos
Herrera
Está mujer si es cínica volver justo cuando el recupero la visión
Herrera
Bueno esperemos que ahora todo esté bien y ellos puedan disfrutar de su amor
Herrera
Ya deberían haber atado todos los puntos y darle de baja a ese imbécil
Herrera
Este hombre no tiene escapatoria Pero es demasiado lento el proceso
Herrera
Este hombre ya se ganó todos los escalones al infierno
Herrera
Ya el principe de las tinieblas me está dejando mal sabor este mafioso es muy lento
Herrera
Con ese esposo así no necesitas más enemigos
Herrera
Ver a su amada allí tendida le dió ganas de seguir adelante con el tratamiento para poder ver
Herrera
Damian estás jodido hermano Nicolás te contesta igual que Valeria 😂😂😂😂😂😂
Herrera
Nicolás estaba atento por qué si no hubiera sido un desastre
Herrera
aunque creo que es Iván con Teresa
Herrera
Tienen enemigos dentro de la gente que trabaja para ti y estás pudiendo que no acuses a nadie 😂😂😂
Herrera
Este mafioso es muy calmado quiere pruebas 😂😂😂 y así le dicen el principe de las tinieblas
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
Quien te diga que eres importante para ella eso ya es mucho
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
La doña y Nicolás son terribles quieren extorsionar al principe de las tinieblas😂😂😂😂😂
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
jajajajaja, eso es muy gracioso el hijo celoso de la madre por qué le quita el tiempo con su cuidadora 😂😂😂😂😂
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
Está doña es a todo terreno hasta quiere joder al hijo Pero a lo bien 😂😂😂😂
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
Para Damián es difícil aceptar lo que siente por todo lo que ha pasado en su vida
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
Que capítulo más bonito, si todas las suegras fueran así
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play