NovelToon NovelToon
MI ESPOSA ME OLVIDO

MI ESPOSA ME OLVIDO

Status: En proceso
Genre:Embarazada fugitiva / Malentendidos / Traiciones y engaños / Salvar al hijo enfermo
Popularitas:27.7k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

Valentina tenía una sola cosa que proteger: a su familia.

Hasta que una noche, frente a todos, un video destruyó su matrimonio.

Su esposo, Rodrigo, creyó que lo había traicionado. Su suegra se encargó de humillarla y convertirla en la culpable perfecta. Y cuando Valentina dio a luz, Rodrigo le arrebató a su hijo y la obligó a firmar el divorcio mientras ella apenas podía mantenerse con vida.

Después de aquella noche, Valentina desapareció.

Diez años más tarde, vive bajo otro nombre y criando a un hijo que guarda un secreto que nadie puede descubrir.

Porque hay otro niño en el mundo que tiene su misma sangre.

Y cuando los dos hermanos se encuentran por casualidad, comienzan a hacer preguntas que alguien lleva diez años intentando mantener enterradas.

Rodrigo también ha seguido adelante… o eso intenta creer.

Hasta que una mujer aparece en su vida.

No recuerda haberla conocido.

No sabe quién es.

Pero cada vez que está cerca de ella, algo dentro de él se

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 5

Valentina miró el techo veinte minutos antes de aceptar que no iba a dormir.

Simón roncaba en la otra cama con esa capacidad suya de apagarse en treinta segundos que ella siempre le había envidiado. Dio vueltas, miró el teléfono, lo dejó, y se quedó sentada en el borde de la cama con el pulso que no terminaba de bajar y una imagen que no tenía ningún derecho a seguir instalada en su cabeza.

El hombre del ascensor.

No era que fuera guapo, aunque lo era. Era esa otra cosa, la que no tenía nombre, la que le había llegado antes que cualquier pensamiento cuando las puertas se abrieron y lo encontró ahí. Diez años sin sentir nada parecido, y tenía que ser esta noche, en un hotel extraño, con su hijo durmiendo a dos metros.

Se puso los zapatos y salió antes de seguir pensándolo.

El bar estaba casi vacío. Una pareja en una esquina, el barman secando vasos, luz baja, música que no molestaba. Valentina se sentó en la barra y pidió algo que nunca pedía, porque Simón dormía y porque tenía diez años de noches tranquilas acumuladas y una sola no iba a matarla.

Había dado el primer sorbo cuando lo sintió antes de verlo.

Rodrigo la había visto desde la entrada. Bajó porque no pudo quedarse en la habitación, porque después de ampliar esa cara tres veces en la pantalla del teléfono el cuarto se le había vuelto pequeño, y se dijo que bajaba por una copa, y se mintió con la naturalidad de quien lleva diez años mintiéndose sobre lo mismo. Y entonces la vio en la barra, sola, y supo que no había bajado por una copa.

Se acercó. Cada paso le confirmaba lo del ascensor y le confirmaba también lo otro, eso que lo había hecho sentar a mirar un video de seguridad como un loco. No la conocía. Estaba seguro de que no la conocía. Y el cuerpo le decía que sí con una insistencia que no había sentido en una década.

Se sentó a su lado.

—El ascensor —dijo.

—El ascensor —confirmó ella.

Ninguno dijo que era casualidad. Decirlo en voz alta habría sido demasiado honesto para dos desconocidos que llevaban cuarenta segundos de conocerse.

El barman les sirvió sin que pidieran nada concreto.

Hablaron de poco durante un rato, que es la única forma de empezar cuando uno no sabe el nombre del otro, pero el cuerpo ya tomó posición. El torneo. El hotel. Lo absurdo de estar en un país ajeno acompañando a un hijo en un deporte que ninguno de los dos practicaba.

—¿Su hijo compite? —preguntó ella.

—Quedó segundo hoy. —Levantó la copa con una mueca—. Perdió con un chico que, según él, peleaba igual que él.

Valentina abrió la boca para decir algo y no encontró nada, así que no dijo nada, y por alguna razón eso también funcionó.

—¿Casada? —preguntó él, sin rodeos.

—Viuda. —Lo dijo con la naturalidad de quien lleva años practicando esa palabra hasta que dejó de pesar—. ¿Usted?

—Divorciado. —Algo le cruzó la cara un segundo, se cerró por dentro, y volvió a quedar neutral antes de que ella pudiera leerlo entero.

Valentina no preguntó más. Reconoció esa cara porque era la suya cuando alguien se acercaba demasiado a ciertos temas.

Pidieron otra copa. Y la conversación se fue sola hacia lo verdadero, como pasa cuando dos personas toman de noche y creen que no van a volver a verse. Él dijo que criar solo era más duro de lo que la gente suponía. Ella dijo que sí, que todos hablaban de rutinas y nadie mencionaba que a veces uno solo quería cinco minutos de no ser responsable de nada, y que esos cinco minutos no llegaban nunca.

Rodrigo la miró cuando dijo eso. La miró de verdad, de frente, y Valentina sintió el peso de esa mirada en algún punto entre el pecho y el estómago.

—Diez, si hay suerte —dijo él.

—Exacto.

Se rió. Una risa real, sin protocolo, que la sorprendió a ella misma. Rodrigo la vio reírse y pensó que era peligroso, que esta mujer con esa risa sin capas era peligrosa, y siguió mirándola igual. Hacía años que una conversación no le pesaba tan poco. Y eso, sin saber por qué, era lo más inquietante de la noche: que con la única desconocida que le había disparado todas las alarmas fuera con la que más cómodo se sentía.

El barman se acercó con la sonrisa que es básicamente una despedida educada.

—Disculpen. Cerramos en diez.

Rodrigo miró la copa. Miró a Valentina. Valentina miró la copa y no lo miró a él, pero era consciente de cada centímetro que los separaba en esa barra, que no era mucho, y de que esa distancia llevaba un rato siendo un problema.

—Es tarde —dijo ella.

No se movió.

—Sí —dijo él.

Tampoco se movió.

El barman empezó a apagar luces con la paciencia de quien ya dio el aviso y no piensa repetirlo. Se levantaron. Caminaron hacia los ascensores sin discutirlo, porque era la dirección obvia y los dos lo sabían y ninguno buscaba una razón para que la noche terminara todavía. Las puertas se abrieron. Entraron. Se cerraron.

Y el silencio fue distinto al de la primera vez. Más denso. Cargado de todo lo que no se había dicho, pero llevaba dos horas armándose solo entre copa y copa.

—¿Siempre te asustan los ascensores? —dijo él, en voz baja.

—Solo cuando se va la luz —dijo ella, igual de bajo.

Rodrigo la miró. Ella ya lo estaba mirando.

Ninguno se movió durante dos segundos largos de esa forma específica que se siente en el pecho justo antes de hacer algo que cambia el tono de todo lo que viene después. Rodrigo levantó la mano despacio y le apartó un mechón de la cara. Solo eso. Sin prisa.

—Lo siento —dijo él, en voz baja—. Llevo queriendo hacer esto desde esta tarde.

Y la besó.

Valentina se dejó. No lo decidió; simplemente cuando la boca de él encontró la suya el cuerpo contestó por ella, y le agarró la solapa sin pensarlo, y dejó que él le pusiera una mano en la cintura con una firmeza tranquila que era peor que la urgencia, porque sugería que tenía tiempo y pensaba usarlo.

Él se separó apenas, lo justo para mirarla.

—Son más dulces de lo que pensé —dijo—. Tus labios.

Valentina soltó una risa baja, sorprendida de sí misma.

—Besas bien para estar tan desconcertado.

—Estoy desconcertado por eso. —Y volvió a besarla.

El segundo beso no fue como el primero. El primero fue una pregunta. Este ya tenía respuesta, y los dos la conocían, y por un momento ella no recordó su nombre, ni el número de su habitación, ni una sola de las razones por las que esto era una pésima idea.

Las puertas se abrieron en el piso ocho.

Salieron al pasillo todavía demasiado cerca, la respiración de los dos sin acomodar.

—¿Quieres terminar esto? —dijo él.

—Sí. —Le salió sin pensar, honesto, y se asustó de lo rápido que lo había dicho—. Pero no podemos. Los niños. Tu hijo, el mío. Las habitaciones están ocupadas.

Rodrigo asintió, y no soltó la idea, porque no era hombre que soltara las ideas.

—Entonces consigo otra.

Se dio la vuelta, y volvió a entrar al ascensor, apretó el botón del lobby para bajar a recepción a pedir un cuarto.

Y fue ahí, en el segundo en que las puertas empezaron a cerrarse sobre él —de espaldas a ella, seguro, resolviendo el problema como resolvía todos—, cuando a Valentina recupero la cordura.

La misma alarma del ascensor de antes, pero más alta, subiéndole desde un lugar que no usaba normalmente y que no sabía nombrar. Esto ya pasó. Este hombre. Esta forma de resolverlo todo sin preguntar. Esto ya lo viví y terminó mal. No tenía imagen. No tenía recuerdo. Solo la certeza física, intratable, de que, si esperaba a que ese ascensor volviera con él adentro, iba a romperse algo que llevaba diez años manteniéndose entero.

*******************************************

Rodrigo abrió la puerta de un cuarto vacío que ya no iba a usar.

Se sentó en el borde de la cama sin prender la luz. Sacó el teléfono. Volvió a abrir la imagen del registro de seguridad —la cara ampliada, los ojos— y la miró como quien revisa una cuenta que no le cuadra.

Diez años. Diez años desde que una mujer lo había dejado así, con esto instalado en el pecho que no era solo deseo sino algo más viejo y más difícil de ignorar. Y acababa de besar a una desconocida que tenía los ojos de la única mujer que había pasado una década tratando de olvidar, y la desconocida había dicho que sí y después había desaparecido en el pasillo sin dejarle siquiera el nombre.

Levantó la vista hacia el cuarto a oscuras.

—¿Quién eres? —dijo, en voz baja, para nadie.

No sabía que acababa de besar la respuesta.

*********************************************

Valentina abrió la puerta de la habitación en silencio.

Demasiado silencio, se quitó los zapatos y respiró hondo hasta que lo vio, dio un respingo.

—¿Qué haces despierto?

Simón estaba sentado en la otra cama.

La Tablet sobre las piernas.

Mirándola.

—No podía dormir.

Valentina intentó sonreír.

Le salió horrible.

—Bueno, ya puedes dormir.

—Mamá.

Ella se quedó quieta porque conocía ese tono. Era el tono que usaba cuando ya sabía algo y solo estaba decidiendo cuánto decir.

—¿Qué?

Simón inclinó ligeramente la cabeza.

La observó unos segundos.

El pelo desordenado.

La respiración rara.

La boca todavía enrojecida y esa expresión que jamás le había visto.

—Mamá...

Hizo una pausa.

—¿Te besaste con un hombre?

Silencio.

Valentina sintió que el corazón se le detenía.

Porque la pregunta era incómoda.

Pero no era eso lo que daba miedo.

Lo que daba miedo era que Simón acababa de hacer la misma pregunta que ella estaba haciéndose, pero.

¿Por qué se había sentido como si ya lo hubiera besado antes?

1
Titisx
somo dos
Maigualida Ramirez
escritora busca la forma de que Carla quede con Damian
Limaesfra🍾🥂🌟
sera que la Lucia es tsn buenita xoko dicen xq tiwne como.un faro para interrumpir cualquier aclaracion.entre Damian y Carla
Maigualida Ramirez
que lastima lo cierto en todo esto es que ellos dos se aman y no es justo que no queden juntos porque se ve que es un amor bonito
Maigualida Ramirez
esa malvada Isabella me cae más mal
Maigualida Ramirez
por lo menos la pido rescatar ojala llegue con bien a casa
Maigualida Ramirez
bueno es la trama de la novela que coños
Maigualida Ramirez
si Rodrigo sabe que es una malvada vieja mal nacida porqué no le puso escolta con tanto dinero que tiene
mariela
Pobre Carla dejo a su amor se sacrificó para que no le pasará nada y el estuvo 10 años odiandola y con una verdad se dió cuenta de cuánto la ama pero Lucia una mujer dulce e inocente de todo se casará con él como dijo ella la verdad llegó demasiado tarde.
mariela
Pregunto si ella se enteró porque no confronto a Carla 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Si tiene a los niños no le ha preguntado como se conocieron y que hicieron 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Porque Rodrigo si es tan poderoso no se ha enfrentado a Estela su madre🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓❓
mariela
Llegó Isabela con su maldad y todavía Rodrigo confiado que la protegía y dentro hay traidores que le hicieron llegar el sobre con la verdad y ahora que le dirás como enfrentarás esa verdad y Carla no se salvará por habérselo ocultado todo.
mariela
Damián reconoció entre líneas donde tenían a Valentina ahora vendrán los enfrentamientos entre madre e hijo porque Rodrigo no se quedará de brazos cruzados otra vez.
mariela
Estela un viejo plan te dió resultado por ahora porque lo que menos te imaginas es que te enfrentarás a tu hijo y está vez tienes las de perder todo e igual Isabela te queda grande decir mi Rodrigo.
Nancy romero
autora q pena por lucia pero carla merece ser feliz
Betty Saavedra Alvarado
Estela estás dando los últimos manotazos de ahogado Rodrigo no dejará que le hagas daño a vale o Elena
Betty Saavedra Alvarado
Rodri la encontrará todos trabajan para encontrarla
Betty Saavedra Alvarado
En las historias pasa de todo sin darnos cuenta Rodri si que te llegó la noche
Betty Saavedra Alvarado
Damián no te cases no amas a Lucia no conviertas tu vida en un infierno
Betty Saavedra Alvarado
Rodrigo te va a dar una neumonía
Maigualida Ramirez: te vas a enfermar hombre
total 1 replies
valeska garay campos
ahora vamos a ver que pasa con la bruja 🧙‍♀️
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play