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Sangre De Dos Imperios : Bisturí Y Plomo

Sangre De Dos Imperios : Bisturí Y Plomo

Status: Terminada
Genre:Embarazo no planeado / Reencuentro / Mafia / Completas
Popularitas:9.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Laura Perez

Aleksandra es una brillante residente de neurocirugía que creció en un orfanato creyendo que sus padres murieron en un accidente común. Desconoce que su padre fue un desertor de la mafia rusa que la entrenó en combate y manejo de armas antes de dejarle una fortuna oculta. Su ordenada vida da un vuelco la noche en que rescata de un callejón a Dante Moretti, el temido heredero de la mafia italiana, herido de muerte tras una emboscada.
Ella le salva la vida operándolo en secreto en su cocina y, entre la fiebre y el peligro, comparten una noche ardiente y desesperada. Al amanecer, él ha desaparecido. Descubriendo poco después que está embarazada, Aleksandra huye a Dubái con una beca médica para criar a su hijo lejos de la violencia.

NovelToon tiene autorización de Maria Laura Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15: Sangre de mi sangre

El cañón de la Glock 43 no temblaba. A tres metros de distancia, la boca de fuego de nueve milímetros estaba alineada con el centro geométrico del entrecejo de Dante Moretti. El dedo índice de Aleksandra mantenía la presión exacta en el primer descanso del disparador; un milímetro y medio más de tracción mecánica rompería el percutor contra el fulminante.

Dante no parpadeó.

A pesar del hematoma oscuro que le cubría la mandíbula y el vendaje blanco sobre su nariz quebrada, su presencia física llenaba la cabaña de piedra como una tormenta contenida. Sus ojos de plomo líquido no miraban el arma. Miraban la determinación asesina en el iris esmeralda de Aleksandra.

—Dispara —dijo él, y su voz no fue más que un susurro grave, áspero, que cortó el murmullo del oleaje contra los riscos—. Aprieta el gatillo, Aleksandra. Pero hazlo sabiendo que el estampido sónico dentro de estas cuatro paredes de piedra le va a reventar los tímpanos a nuestro hijo. Hazlo sabiendo que lo último que va a ver ese niño antes de que mis hombres derriben esa puerta será a su madre vaciándole el cráneo a su propio padre.

Una punzada de hielo le atravesó el pecho a la cirujana.

Detrás de sus piernas, el silencio se rompió no con un llanto ni con un grito de pánico, sino con un roce suave de tela. Dimitri dio medio paso hacia un costado, despegándose del refugio del cuerpo de su madre.

El niño sostenía su pequeña mochila escolar con una mano. No temblaba. Con la barbilla levantada y la espalda recta, clavó su mirada en el hombre alto que ocupaba el umbral.

Dante se quedó petrificado.

El aire se extinguió en sus pulmones con un impacto más demoledor que cualquier culatazo. Ver al niño a través de la lente de un teleobjetivo en una pantalla digital había sido una certeza biológica; tenerlo allí, a dos metros, respirando el mismo aire salino, fue un cataclismo.

Dimitri era él. Era la memoria viva de su infancia, pero despojada de la suciedad de la guerra. Tenía el mismo corte cuadrado en la mandíbula, los pómulos marcados y, sobre todo, esos ojos grises, afilados, profundos como el abismo del lago de Como en invierno. En la mirada de tres años y medio no había terror infantil; había un análisis frío, una evaluación instintiva del peligro que solo la sangre de dos estirpes letales podía engendrar.

—Dimitri, atrás —ordenó Aleksandra en ruso, sin desviar el cañón de la cabeza del capo—. Ahora mismo.

El niño no retrocedió de inmediato. Miró la pistola que sostenía su madre, luego el vendaje en la cara del desconocido y, finalmente, las manos grandes y vacías de Dante.

—¿Tú eres el hombre de la cocina? —preguntó Dimitri en italiano, con una pronunciación pausada y limpia que resonó con una claridad escalofriante entre las piedras húmedas.

Dante sintió que el suelo se inclinaba bajo sus pies. Aquellas palabras lo desarmaron con una violencia que ningún enemigo de la Cosa Nostra había logrado jamás.

Despacio, con una lentitud deliberada para no activar los reflejos de Aleksandra, el Don de Milán flexionó las rodillas. Apoyó una de ellas sobre el piso de tierra y piedra de la cabaña, bajando su metro noventa de estatura hasta quedar exactamente a la misma altura de los ojos del niño.

—Sí —respondió Dante. Su voz, habitualmente temida en los despachos y los muelles del norte de Italia, tembló apenas en un matiz casi imperceptible—. Soy el hombre de la cocina.

—Mamá te cosió —continuó Dimitri, ladeando apenas la cabeza, observando el vendaje—. Dijo que estabas muy roto pero que tenías que vivir.

Una lágrima seca de rabia quemó los párpados de Aleksandra. Sus nudillos crujieron alrededor de la empuñadura de la pistola.

—¡Cállate, Dante! —estalló ella, y por primera vez el temblor de la impotencia amenazó la firmeza de su voz—. No le hables. No te atrevas a ponerle tus manos encima.

Dante levantó la vista hacia ella sin ponerse de pie, manteniéndose de rodillas frente a su hijo.

—Míralo, Aleksandra —le suplicó él en voz baja, con una crudeza desgarradora—. Mírale los ojos. ¿De verdad crees que puedes seguir corriendo? ¿Vas a subirlo a un carguero destartalado rumbo a Chipre para vivir escondida en sótanos, cambiando de nombre cada seis meses, mirando por encima del hombro cada vez que el niño salga a jugar? ¿Esa es la vida limpia que juraste darle?

—¡Es mejor que tu infierno! —replicó ella, respirando con dificultad—. ¡Tú solo traes ataúdes!

—Yo soy su padre —sentenció Dante, y la autoridad regresó a su tono, inquebrantable, tallada en roca—. Y mientras yo respire, nadie en esta tierra va a tocarle un solo pelo. Ni a él, ni a ti.

Dante extendió la mano derecha hacia el niño, con la palma abierta hacia arriba, completamente desarmada. No intentó tocarlo a la fuerza; le ofreció el gesto como un igual que pide permiso para cruzar una frontera.

Dimitri miró la palma ancha, surcada por cicatrices blancas, y luego miró a su madre. Aleksandra sintió que el mundo se le derrumbaba bajo los pies.

Si disparaba, mataba a Dante. Pero afuera había ocho tiradores de élite con órdenes automáticas de respuesta. La cabaña se convertiría en un matadero en diez segundos y Dimitri quedaría huérfano en medio de una lluvia de plomo. Su cerebro de cirujana, entrenado para calcular el menor daño colateral en situaciones de vida o muerte, dictó el diagnóstico más amargo de su existencia: la partida estaba perdida. Correr se había terminado.

Con un movimiento amargo y seco, Aleksandra bajó el brazo. Activó el seguro de la Glock 43 con el pulgar y guardó el arma dentro de su chaqueta.

—No lo toques todavía —dijo ella, con una frialdad fúnebre que heló el ambiente—. Dimitri, ven aquí.

El niño obedeció sin dudar, caminando hacia su madre y tomando su mano libre. Aleksandra lo alzó en brazos, apretándolo contra su cadera como un escudo vivo, clavando sus ojos verdes en Dante mientras este se ponía de pie lentamente.

—Iremos contigo —soltó Aleksandra, cada sílaba cargada de un veneno mortal—. Pero escucha bien mis palabras, Don Moretti: no soy tu prisionera, no soy tu amante de una noche y no pienso arrodillarme ante tu corte. Si en algún momento pones en riesgo la integridad de mi hijo, si una sola bala roza el lugar donde él duerme... no necesitaré una pistola. Sé qué nervios cortar en el cuello mientras duermes para que tu corazón se detenga sin que puedas dar un solo grito.

Dante la observó en silencio. La furia en el rostro de Aleksandra no la disminuía; la convertía en una figura imponente, salvaje y fascinante. Lejos de ofenderlo, la amenaza encendió en el Don una devoción oscura que selló su destino.

—Un trato justo, dottoressa —respondió Dante, dando un paso al costado y señalando la puerta abierta hacia la noche de Fujairah—. El jet nos espera en la pista privada de Al-Ain. Volvemos a Italia.

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Dorkis Huerta
Buenas noches, muy linda.
Maria Laura Perez: Gracias 😘
total 1 replies
Marta Luisa Nebreda Escalante
porqué ella no instruye al hijo como su padre hizo con ella ? quedará a cargo de dos dinastías y el chico cero instrucción 🤔🤔🤔🤔🤔
Marta Luisa Nebreda Escalante
no sólo que lo abrió sino que ella se abrió de piernas a él 🤣
Marta Luisa Nebreda Escalante
ella es más mafiosa que él, porque viene de la mafia rusa 🤔🤦
Marta Luisa Nebreda Escalante
no quiere llevarlo hacia la mafia de su padre y qué lindo ejemplo le está dando al hijo con un arma en la mano.....va va vs🤔
Ana Cortes
felicidades me encantó tu novela fue fluida y no monótona lo único que al final las edades de los hermanos no coincidían ya que de principio se llevaban por tres años al final fueron por seis años todo lo demás lo disfrute al máximo éxito y bendiciones♥️♥️♥️
Marta Luisa Nebreda Escalante
jajaja jajaja 🤣, idiota e inconsciente dijo porque se fué y no pensó lo mismo cuando se encamo 😂😂😂😂😂😂
Ana Cortes
dios los libre
Mayra C Velez V
cuándo le dirá papá ☺️
Mayra C Velez V
madre mía 🤭
Ana Cortes
como dra puede irse sin pensar en sus pacientes de Dubai irse sin dar ninguna explicacion
Mayra C Velez V
mas de cuatro años... tres años y medio de Dimitri más el embarazo
Mayra C Velez V
/Toasted//Shy//Gosh/
Maria Gudiño
y el trabajo en Dubai 🤔🤔🤔?????
Mayra C Velez V
"en tú cama"
Mayra C Velez V
"en tu cocina" creo
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