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Destinados Por Accidente

Destinados Por Accidente

Status: En proceso
Genre:Romance / Pareja destinada / Familias enemistadas
Popularitas:2.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Yajaira MG

Dos haciendas. Dos familias. Una rivalidad que ha sobrevivido durante generaciones.

Lara Dávila nunca imaginó que el hombre que la observaba a escondidas junto al arroyo terminaría convirtiéndose en el hombre que cambiaría su vida. Mucho menos que, después de golpearlo con una piedra y huir, él juraría encontrarla y hacerla su esposa.

Izan Orellana ha regresado a la hacienda familiar para hacerse cargo del legado de sus padres. Lo último que esperaba era enamorarse a primera vista de la hija de sus eternos enemigos.

NovelToon tiene autorización de Yajaira MG para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 18

Selina estaba sentada en el borde de su cama, con el teléfono entre las manos y una sonrisa que no había conseguido borrar desde que comenzó a conversar con Adriel.

Adriel: Entonces, ¿no te molesta que sea primo de Izan?

Selina: ¿Por qué habría de molestarme?

Adriel: Porque tu familia y la mía llevan años enfrentadas. Después de lo que pasó entre Lara e Izan, pensé que quizá preferirías mantenerte alejada de nosotros.

Selina puso los ojos en blanco.

Selina: No confundas las cosas. Yo no soy Lara y tú no eres Izan. No me importa que seas su primo.

Adriel: Me alegra saberlo. Aunque, técnicamente, mi apellido es Nájera, no Orellana.

Selina: Eso no cambia que seas parte de su familia.

Adriel: Lo sé, pero nunca he entendido esa disputa. Nuestras familias llevan tantos años peleando por el arroyo que parece que se les ha olvidado que hay cosas mucho más importantes en la vida.

Selina sonrió al leerlo. Aquello era exactamente lo que pensaba.

Selina: Es absurdo que tengamos que odiarnos por algo que ocurrió antes de que naciéramos.

Adriel: Coincido contigo. No pienso juzgarte por ser una Dávila, así que espero que tú tampoco me juzgues por mi relación con los Orellana.

Selina: Trato hecho.

Adriel se quedó contemplando la pantalla con una sonrisa. Le gustaba la manera en que Selina decía las cosas sin rodeos. Había algo en su espontaneidad que lo atraía, y no tenía intención de ocultarlo.

Adriel: Ya que estamos de acuerdo en tantas cosas, ¿qué te parece si nos vemos?

Selina abrió los ojos con entusiasmo, aunque se tomó unos segundos antes de responder para no parecer demasiado ansiosa.

Selina: ¿Eso es una invitación?

Adriel: Una cita, si aceptas.

Selina: En ese caso, acepto. ¿Cuándo?

Acordaron verse al día siguiente en una cafetería del pueblo. Adriel le prometió que pasaría a buscarla, y Selina se despidió con la satisfacción de quien acaba de conseguir exactamente lo que quería.

Sin embargo, la conversación no había pasado desapercibida para alguien más.

—¿Qué tanto miras el teléfono?

Adriel levantó la cabeza al escuchar la voz de Izan. Su primo acababa de entrar en la sala y lo observaba con una expresión sospechosa.

—¿Ahora tampoco puedo usar mi teléfono en paz? —respondió Adriel.

—Puedes hacer lo que quieras. Pero llevas un buen rato sonriendo como un idiota.

—Será porque estoy hablando con alguien interesante.

Izan se sentó a su lado.

—¿Selina Dávila?

—La misma.

Izan guardó silencio un instante. Después de todo lo ocurrido, le sorprendía que su primo estuviera dispuesto a acercarse a una Dávila, aunque él no era precisamente la persona indicada para criticarlo.

—Parece que te gusta de verdad.

—Eso no es asunto tuyo.

—Está bien, no preguntaré más.

Adriel volvió a mirar su teléfono, pero Izan no tardó en inclinarse ligeramente hacia él.

—¿Y Lara?

La expresión de Adriel cambió de inmediato.

—¿Qué pasa con ella?

—Necesito hablarle.

—¿No escuchaste lo que te dijo? No quiere volver a saber de ti.

—Lo sé. No pretendo presentarme en su casa ni obligarla a escucharme. Solo quiero disculparme por mensaje.

—Ya te disculpaste por lo ocurrido.

—Pero no con ella en las condiciones adecuadas. Quiero que sepa que reconozco que estuve mal y que no voy a justificarme.

Adriel suspiró. Conocía a su primo y sabía que, cuando se le metía algo en la cabeza, resultaba difícil hacerlo desistir. Sin embargo, no iba a facilitarle las cosas sin estar seguro de sus intenciones.

—No conseguiré su número, Izan.

—Entonces tendré que pedírselo a Selina.

—¿Y cómo piensas hacerlo? ¿Le vas a pedir el número de su hermana después de que ambas dejaron claro que no quieren problemas contigo?

Izan no respondió. La idea ya comenzaba a tomar forma en su cabeza.

Selina estaba a punto de dejar el teléfono cuando recibió una llamada de un número que no tenía registrado.

Frunció el ceño, pero contestó.

—¿Sí?

—Hola, Selina. Soy Izan.

La joven se incorporó de inmediato.

—¿Qué quieres?

—Necesito pedirte un favor.

—Si tiene que ver con mi hermana, olvídalo.

Izan cerró los ojos un instante. Aquella muchacha no se andaba con rodeos, algo que empezaba a parecerle una característica común entre las hermanas Dávila.

—Precisamente tiene que ver con ella. Quiero disculparme por todo lo que pasó, me gustaría escribirle. No quiero presentarme delante de ella ni incomodarla. Solo necesito su número.

—¿Estás loco? Lara me mataría si supiera que te lo di.

—Entonces no me lo des.

La respuesta la tomó por sorpresa.

—¿Qué?

—Si crees que está mal, no tienes que hacerlo.

Selina guardó silencio. Aquello no sonaba a la arrogancia que esperaba de él, aunque tampoco estaba dispuesta a confiar demasiado rápido.

—Escucha, Izan, mi hermana no quiere saber nada de ti. Te lo advierto porque la conozco. Si te dice que no vuelvas a escribirle, tendrás que respetarlo.

—Lo haré. Te doy mi palabra.

Selina dudó unos segundos. Sabía que Lara se enfadaría si descubría lo que estaba haciendo, pero también comprendía que una disculpa sincera no tenía por qué ser algo malo. Finalmente, decidió darle una oportunidad, aunque con una condición.

—Está bien. Te enviaré su número, pero no quiero que la molestes ni que interpretes esto como una invitación para perseguirla.

—Entendido. Gracias, Selina.

—No me las des todavía. Si haces que mi hermana se enoje más, no volverás a tener noticias mías.

Después de despedirse, Selina envió el contacto de Lara. Izan lo guardó inmediatamente, aunque no escribió de inmediato. Se quedó contemplando la pantalla, consciente de que aquella podía ser su única oportunidad para disculparse directamente con ella.

...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...

Lara estaba en su habitación, cuando el teléfono vibró.

Al ver que se trataba de un número desconocido, estuvo a punto de ignorarlo. Sin embargo, abrió el mensaje por curiosidad.

Izan: Hola, Lara. Soy Izan Orellana.

Su expresión se endureció.

—¿Y ahora qué quiere este hombre?

El siguiente mensaje apareció antes de que pudiera cerrar la conversación.

Izan: Sé que no quieres saber de mi y entiendo tus razones. No debí verte en el arroyo ni besarte sin tu permiso. Fue una falta de respeto y no tengo ninguna excusa para justificar lo que hice. Quiero pedirte perdón, de verdad. No espero que olvides lo ocurrido ni que cambies de opinión sobre mí. Solo quería reconocer mi error y decirte que lo siento.

Lara se quedó mirando la pantalla.

Había esperado una provocación, una frase arrogante o cualquier intento de justificar su comportamiento. Pero Izan no estaba buscando excusas. Estaba reconociendo que se había equivocado.

Eso no borraba lo ocurrido, ni mucho menos.

Sin embargo, algo se movió dentro de ella.

El teléfono vibró otra vez.

Izan: También quiero ser sincero contigo. Me gustas, Lara. Desde que te vi junto en el arroyo no he podido dejar de pensar en ti. Sé que apenas nos conocemos y que, después de lo que hice, no tengo derecho a pedirte nada. Pero no quería mentirte sobre lo que siento.

Lara apartó el teléfono y se llevó una mano al rostro.

—No puede ser…

No iba a negar que Izan era atractivo. Tampoco podía fingir que aquel beso no había despertado algo en ella, aunque le molestara admitirlo. Durante aquel instante, antes de apartarlo, una parte de ella había respondido a sus labios.

Y ese recuerdo era precisamente lo que más la confundía.

Pero la atracción no significaba que tuviera que darle una oportunidad. Mucho menos cuando él pertenecía a la familia con la que los Dávila llevaban años enfrentados, aunque ella consideraba que el arroyo es suficiente para ambas haciendas.

...

1
Maya
Que bueno otra historia con imagenes
Yadira Alvarez
vamos con esta también que locura 🤦
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