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ARE YOU CRAZY MEN? Esta Villana No Acepta Su Destino

ARE YOU CRAZY MEN? Esta Villana No Acepta Su Destino

Status: Terminada
Genre:Villana / Mujer poderosa / Mundo de fantasía / Completas
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Lía jamás imaginó que terminaría dentro de su novela. Después de llorar por la trágica muerte del Clan Licano, despierta en el cuerpo de Elara Licano, la hija menor de la familia y una de las primeras víctimas de la historia.

Ahora conoce el futuro: las traiciones, las conspiraciones y la guerra que destruirán al clan hasta borrar su nombre.

Pero esta vez, Elara no piensa seguir el guion.

Con sus recuerdos y conocimiento de cada acontecimiento, decide cambiar el destino de su familia antes de que sea tarde. Lo que nadie sabe es que alterar una historia puede despertar peligros que jamás existieron en el libro… y ponerla frente a enemigos mucho más poderosos de lo que recuerda.

Para salvar a los Licano, Elara tendrá que desafiar al Imperio, descubrir quién los traicionará y luchar por la supervivencia del clan.

Esta vez, la historia terminará de otra manera.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La sombra de la traición que se acerca

El sol empezó a descender, pero la calma no llegó. Desde que Rian partió, Elara no había dejado de caminar de un lado a otro de la sala, con el pecho oprimido. Sabía que la emboscada del Valle Oscuro había sido el primer golpe del Imperio, y aunque su hermano había cambiado de ruta, la sensación de alerta no la abandonaba. El destino original ya no seguía su curso… pero la traición seguía acechando, solo que ahora de forma distinta, más oscura, más peligrosa.

Se detuvo junto a la ventana, mirando el patio donde la guardia cambiaba. Y entonces lo notó: algo estaba fuera de lugar.

En el libro, el espía era alguien que nadie sospechaba: un sirviente de confianza, que llevaba años en la fortaleza, que sabía los horarios de las guardias, las rutas de los mensajeros, los momentos en que Lord Kael estaba solo. Su nombre era Toren, el mayordomo auxiliar, un hombre de mediana edad, siempre amable, siempre atento, que en la historia original entregó los planos de la fortaleza al Imperio a cambio de monedas y la promesa de que su familia sería perdonada.

Elara lo vio cruzar el patio, llevando un fardo de provisiones hacia la puerta oeste. Pero no iba hacia la cocina, como debía. Se detuvo un instante junto a la torre norte, miró a su alrededor con rapidez, y dejó caer algo pequeño y brillante entre las piedras: una moneda de oro imperial.

El corazón de Elara dio un vuelco. Era la señal. En el libro, cada vez que enviaba información, dejaba una moneda en un punto acordado para que un mensajero la recogiera de noche.

—Ahí estás… —susurró ella, sintiendo cómo el miedo y la determinación se mezclaban en su pecho.

No podía acusarlo sin pruebas. Si lo hacía y se equivocaba, sembraría la desconfianza entre los suyos, justo lo que el enemigo quería. Si acertaba pero no tenía pruebas, nadie la creería. Y si él descubría que lo sabían… podría acelerar sus planes y destruirlos desde dentro antes de que Rian regresara.

Salió de la habitación con paso firme, buscando a Zora. La encontró en el salón de hechicería, limpiando su bastón con aceites aromáticos. Al ver la expresión de su hermana, Zora se puso de pie de inmediato.

—Lo has encontrado —dijo, no como pregunta, sino como afirmación.

—Creo que sí —respondió Elara, con voz baja y tensa—. Toren. Dejó una moneda imperial junto a la torre norte. Es su señal. Alguien vendrá esta noche a recogerla. Si lo interceptamos, tendremos la prueba que necesitamos. Pero si nos descubren antes… él puede destruir documentos, envenenar agua, abrir las puertas al enemigo. La traición no espera, hermana. Y ahora que sabemos que existe, cada minuto cuenta.

Zora apretó el bastón con fuerza.

—No podemos decírselo a padre todavía. Si no hay pruebas, algunos dirán que son imaginaciones tuyas, que estás volviéndote contra los nuestros. Eso dividiría el clan justo cuando más unidos debemos estar.

—Tienes razón —asintió Elara, con el nudo en la garganta—. En la historia original, nadie sospechó de él hasta que fue demasiado tarde. Cuando las puertas se abrieron de golpe y el ejército enemigo entró sin resistencia. No voy a dejar que eso pase. Pero necesitamos hacerlo bien, sin levantar sospechas.

Planearon en silencio, con la urgencia de quien sabe que el tiempo se les escapa. Zora pondría un hechizo de vigilancia cerca del lugar donde se dejó la moneda: una luz tenue que brillaría si alguien se acercaba, sin llamar la atención. Elara vigilaría desde la ventana de su alcoba, que daba justo a ese rincón. Y si alguien venía… lo atraparían con las manos en la masa.

Esa noche, la fortaleza quedó en silencio, sumida en una oscuridad pesada, como si el propio invierno ya estuviera respirando sobre ellos. Elara no durmió. Se mantuvo junto al cristal, con los ojos fijos en el rincón sombrío, sintiendo cómo la tensión crecía con cada minuto que pasaba.

Pensó en lo que significaba todo esto: el enemigo no solo estaba fuera. Estaba dentro. Conocía sus debilidades, sus secretos, sus miedos. Y cada palabra que decían, cada plan que trazaban, podía estar llegando a oídos del Imperio antes de que el sol saliera. La traición era el arma más cruel del destino original, porque no venía con espadas ni trompetas. Venía con una sonrisa, con un servicio atento, con una confianza que se ganaba poco a poco para apuñalar por la espalda cuando más importaba.

De pronto, una luz muy tenue, casi imperceptible, brilló en la oscuridad: el hechizo de Zora.

Elara contuvo el aliento. Una figura encapuchada se acercó con paso rápido y silencioso, mirando a todos lados. Se agachó, buscó entre las piedras… y se levantó con algo en la mano. En ese momento, dos sombras se abalanzaron sobre él: los guardias que Zora había colocado allí en secreto. Hubo un forcejeo, un grito ahogado, y todo volvió a quedar en silencio.

Elara salió corriendo hacia el lugar, con el corazón a punto de estallar. Cuando llegó, el mensajero estaba en el suelo, retenido por los guardias. Y en su mano… apretada con fuerza, estaba la moneda de oro imperial. Junto a él, sobre el suelo, había un pergamino enrollado, listo para ser entregado.

—¿Qué es esto? —preguntó una voz grave.

Elara se giró de golpe. Lord Kael estaba allí, de pie en la penumbra, con Lady Mira a su lado. Ambos miraban la escena con asombro y alarma.

—Es la prueba, padre —dijo Elara, señalando el pergamino—. La prueba de que alguien nos traiciona desde dentro. Y de que el Imperio no nos ataca solo con espadas. Nos ataca con mentiras, con secretos robados… con gente que debería ser leal.

Su padre tomó el pergamino, lo desplegó a la luz de una antorcha, y su rostro se endureció al leerlo. Allí estaban: los horarios de las guardias, la cantidad de grano acumulado, la ruta que Rian había tomado ese día. Todo lo que el enemigo necesitaba para destruirlos.

—¿Quién te dio esto? —preguntó Lord Kael al mensajero, con voz que helaba la sangre.

El hombre, temblando de miedo, señaló hacia la entrada de la torre.

—El mayordomo… Toren. Él me entrega la información cada vez. Me dijo que hoy cambiarían la ruta del hijo del señor… que debíamos avisar a los que esperaban en el bosque.

Elara sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Lo habían cambiado todo, pero el espía había informado del cambio de ruta. La emboscada seguía ahí, solo que ahora en otro lugar. Rian estaba en peligro, más que nunca.

—Padre —dijo, con urgencia—. Debemos enviar aviso a Rian ahora mismo. Saben que tomó el desvío. Lo esperan en el Bosque de los Pinos. Si no le decimos que cambie de rumbo… caerá en la trampa de todos modos.

Lord Kael miró a su hija, y en sus ojos se mezcló el orgullo y el terror. Ella había descubierto lo que nadie más vio. Había puesto al descubierto la traición que habría destruido a todos. Pero el precio era alto: el enemigo ya sabía que estaban avisados, y ajustaría sus planes con más crueldad.

—Enviad a los jinetes más rápidos —ordenó su padre, con voz tajante—. Que alcancen a Rian antes de que entre en el bosque. Y detened a Toren. Que sea encerrado bajo llave, sin hablar con nadie. Nadie entra ni sale de su celda.

Mientras los guardias se movían con rapidez, Elara miró hacia el norte, hacia la oscuridad donde su hermano cabalgaba. Habían evitado una traición… pero la guerra apenas empezaba. El destino original se estaba desmoronando, pero cada cambio traía consigo un peligro nuevo, más letal. Y ella sabía que esto no era más que el principio. La sombra de la traición se había alejado… pero la sombra de la guerra ya estaba sobre ellos.

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