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Renací para Coronar al Príncipe que Todos Dieron por Muerto

Renací para Coronar al Príncipe que Todos Dieron por Muerto

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Multi-reencarnación / Amor tras matrimonio / Época / El Ascenso de la Reina / Completas
Popularitas:92k
Nilai: 5
nombre de autor: Liora Valcendra

Morí anciana, después de gobernar el reino cincuenta años como reina regente: la mujer más poderosa que ha visto esta corte. Y desperté de golpe con dieciséis, el día en que el rey lee el decreto de mi boda.
Lo recuerdo todo. En mi vida pasada tomé a un sexto príncipe sin nombre ni futuro y, con mis propias manos, lo convertí en rey. Me pagó con la traición. Así que lo enterré y goberné en su lugar medio siglo.
Mi hermana Rosalía también renació. Y cree que el secreto de mi poder fue el hombre. Por eso corre a arrodillarse ante el rey para quedárselo.
Pobre tonta. Nunca entendió nada. Al trono no lo hizo el príncipe. Lo hice yo.
A mí me casan con Adrián, el cuarto príncipe: el favorito del rey, envenenado en secreto por la reina, agonizando mientras toda la corte espera la noticia de su muerte. Me miran con lástima, como si me mandaran a un entierro.
No saben que acaban de entregar al príncipe moribundo a la única persona capaz de salvarlo. Sé de medicina. Sé de venenos. Y esta vez no pienso levantar a un traidor: voy a coronar al hombre que todos dieron por muerto.
Quédate con tu príncipe, hermana. Yo hago reyes.

NovelToon tiene autorización de Liora Valcendra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13

Capítulo 13 — El asesino

Marzo, principios de primavera. El calor apenas asoma y todavía queda frío en el aire.

El viento de la noche llega con filo. Dentro del Ala de Poniente arden todas las velas, la habitación huele espeso a hierbas medicinales y el vapor sube de la tina en volutas.

Adrián está sentado en el borde de la tina, desnudo hasta la cintura, apoyado hacia atrás. La cara pálida, la piel blanca como la porcelana, pero ni así logra disimular ese pecho enjuto y firme ni la línea limpia de la espalda.

Fuera de la tina hay una silla de madera oscura. Ahí estoy yo, sentada, cómoda, mirándolo.

—El príncipe vive en palacio desde niño —digo—. Débil, encerrado, sin libertad de moverse. ¿De dónde saca, entonces, un hombre en su situación un cuerpo entrenado de este modo?

Él tiene los ojos cerrados, como si descansara.

—No sé de qué me hablas —contesta, tranquilo.

Sonrío. Me inclino un poco y le apoyo un dedo en el pecho, sobre el músculo duro.

—Este es el cuerpo de alguien que se ha entrenado en silencio, año tras año. Los hechos no engañan, Adrián.

Abre los ojos. La mirada se le oscurece.

Y entonces, en la negrura del otro lado de la ventana, brota algo helado. Una intención de matar, cortante, que se cuela por las rendijas.

Los dos giramos la cabeza a la vez hacia la ventana. Se oye un roce apenas, un ruido leve, breve… y luego, silencio. Todo vuelve a la calma.

La puerta se abre. Nube entra y se queda al otro lado del cortinaje, con la voz baja.

—Señora, alguien se ha colado en el palacio. Ha intentado matarnos a Amaya y a mí.

—Vaya, qué curioso. —Arqueo una ceja y miro a Adrián, divertida—. Un asesino corriente viene a por ti o viene a por mí. ¿Quién manda a un asesino a matar a dos criadas?

—Puede que ella no lo tome por un asesinato —dice Adrián, sin inmutarse—, sino por una lección. Un correctivo, y en un solo sentido.

Lo entiendo perfectamente. La reina, con todo el poder en la mano, se ha sentido ofendida. Manda a uno de sus hombres a quitarle la vida a un par de criadas: para ella es lo más natural del mundo. Las criadas no pesan nada; a sus ojos valen menos que las hormigas.

Lástima que esta vez la reina haya pisado hierro.

—Tienes razón —asiento—. La reina tiene diestros de sobra a su alrededor. Ayer Amaya y Nube la dejaron en ridículo. ¿Cómo no iba a querer devolvérselo?

—Solo que este correctivo no lo da quien quiere —dice él, seco.

—Apenas ha oscurecido. El asesino llegó demasiado pronto. —Echo una mirada a la ventana negra y pregunto sin darle importancia—: ¿Cómo está?

—Fuera de combate —responde Nube—. ¿Le dejamos con vida?

—Se coló en el palacio para matar. Eso es venir a buscar la muerte por su propio pie. ¿Para qué dejarlo vivo? —Mi tono es de lo más ligero—. Que muera lejos de aquí. Y de paso, limpia el palacio de sabandijas: estos días, cualquiera que se salga de su sitio, que desaparezca.

—Sí.

Adrián entrecierra los ojos y me clava la mirada sin apartarla.

—De verdad que no te preocupa nada ofender a la reina.

No es una pregunta. Es una constatación.

—¿Y qué habría de preocuparme? —Me encojo de hombros—. La reina no va a movilizar al ejército por mí.

Mientras no haya soldados de por medio, tengo con qué apañarme. Que el príncipe está delicado de salud es una excusa que sirve para todo.

La reina tiene un poder inmenso, cierto. Y el heredero será, un día, el rey. Cierto también.

Pero, por desgracia para ellos, por muy inmenso que sea ese poder, el rey todavía no ha muerto y el heredero todavía no ha subido al trono. Mientras eso siga así, la reina está obligada a andar con cuidado.

Yo lo tengo clarísimo: quien logre tener a este príncipe en la palma de la mano tendrá una carta ganadora, la mejor de todas. Con una condición, claro: que no dejes que Adrián se muera.

Me levanto y me acerco a la ventana. Fuera, la noche es un pozo negro.

El rey de Valoria pasa de los cincuenta. Si Adrián goza del favor real es porque heredó el rostro de su madre, Amara, y si Amara reinó en el corazón del rey, fue porque su belleza no tenía igual en todo el reino.

El rey nunca ha estado del todo sano. Le fallan las fuerzas, se cansa pronto, y por eso los grandes asuntos del reino los llevan casi siempre el canciller Lorenzo de Alba, el duque de Sandoval, don Ernesto de Godoy y el heredero.

De esos, don Ernesto es hermano de la reina; el duque de Sandoval es suegro del heredero. Ambos, gente del príncipe Teodoro, como es natural.

El único que puede plantarle cara al heredero es el canciller, Lorenzo de Alba.

Y este Lorenzo es un hombre de fondo insondable. La casa de Alba tiene raíces hondas; por ahora nadie es capaz de moverla. Dicen que el rey lo teme y, a la vez, confía en él como en nadie. La reina y su hijo sospechan desde hace años que Lorenzo guarda alguna baza contra el rey, pero lo han buscado hasta debajo de las piedras sin resultado.

Pero yo conozco su punto débil.

En mi otra vida me costó lo suyo lograr que Lorenzo de Alba accediera a apoyar a un príncipe. Esta vez, ganármelo será mucho más fácil. Porque Lorenzo amó en secreto a la difunta Amara, y esa devoción se ha trasladado, sin que él lo diga, al hijo de ella. A Adrián le tiene un cariño que no tiene a nadie más.

Con esto en la cabeza, giro y miro al hombre metido en el agua.

Es, sin duda, una criatura de belleza fría y contenida, de esas que se sostienen con orgullo callado. Su hermosura enfermiza, sobrecogedora, no pierde ni un ápice por lo pálido de su cara; al contrario, esa palidez le suma algo quebradizo que corta el aliento.

El día que Lorenzo de Alba vea a Adrián de pie, sano, delante de todos, se dejará la piel por él. No escatimará nada con tal de ayudarlo a pelear por el trono.

—¿En qué piensas? —Adrián levanta la cabeza y frunce el ceño al cruzar mi mirada—. ¿Tienes algo que decirme?

Niego con la cabeza.

—Mañana es el día de la visita a mi casa.

Se le tensa la cara.

—¿Y crees que, con el cuerpo que tengo, puedo acompañarte a hacer esa visita?

—El príncipe bromea. —Sonrío sin ganas—. Más que la visita, me importa tu salud. Cuanto más vivas tú, más tranquila viviré yo. Lo demás no cuenta.

Él sube el brazo, lo apoya en el borde de la tina, y una ironía extraña le cruza la cara.

—¿Y cuánto crees tú que voy a vivir?

—Un hombre se hace hombre a los treinta —digo, con calma—. Tú apenas has cumplido los veinte. Tienes que llegar, como mínimo, hasta los treinta.

Se detiene. Entrecierra los ojos despacio.

—¿Los treinta?

Asiento sin más.

Diez años. Diez años me bastan para ganarle el trono, sentarlo en él y darle un hijo. Cumplida esa tarea, cuándo se muera ya me da igual.

Le paso la mirada por la cara. Es más guapo que Damián; cuando esté recuperado, el hijo que tengamos no saldrá feo. Esta vez, mejor una niña: los hijos varones salen ingratos, no hay quien los críe.

Me acerco a la tina, pruebo la temperatura del agua con la mano y vuelvo a sentarme en la silla.

—En vez de darle vueltas al asunto de tu vida, más te valdría pensar cómo pasar de la defensa al ataque. Cómo colocarte donde no puedan tumbarte. Cómo encontrar el punto blando de tus enemigos, el sitio exacto donde apretar. Con qué armas frenarlos. Cómo hacer que no se atrevan a golpearte por miedo a lo que puedan perder. Y cómo ganarte el corazón de la gente. Eso es lo que debería estar pensando un príncipe.

Adrián frunce el ceño.

—No solo eres médica. ¿Ahora también pretendes ser mi consejera?

¿Consejera?

Le echo una mirada serena y no le respondo.

Si le dijera lo que quiero de verdad —un reino entero, el trono más alto—, no sé qué cara pondría este príncipe.

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Rose M
Felicidades!!
Olga Perez
así son muchos papás es que lo sabía , pero no podía hacer nada . se hacen güeros.
Olga Perez
nunca falta un roto para un descocido
Olga Perez
el mejor consejo jajaja jajaja jajajaja jajajaja
Maria Cantillo
Aquí comienza el ascenso de un joven moribundo y ojalá tengan poder para meterla presa y hacer justicia
Maria Cantillo
bueno excelente actitud para comenzar está novela aquí vamos por la vida de un futuro 👑
Pao
Excelente historia, 100% recomendada te mantiene entretenida de principio a fin, me encanto 😍
Pao
Hermosa historia no han regalado 😍
Pao
Ya lo sospechaba es ella Isabela😭
Pao
Lo que faltaba, recordo su primera vida en la que fue el rey y esposa de isabela
Pao
Esta princesa es la mera bestia 🤭 es la manda
Juany Barrientos
sospecho que Isabel es una princesa de Solterra
marb
está si es una mujer empodera carajo, la versión 2.0😂😈
marb
madre mía, q mujer, aquí estoy aprendiendo el arte de la guerra 😂🔱
marb
q miedo me da está mujer 😂
menos mal q no estoy en su lista negra 😂😂
Clotilde Diaz Chavez
Excelente historia de época, gŕacias escritora..!! Me gustó mucho los personajes de Isabela y Adrian.
Elba Lucia Gomez
linda y juguetona sta historia felicidades escritora🌟👏
Arely Vazquez
excelente novela!!!!
ampliamente recomendada
una verdaera joya!!!!👌🏻
Arely Vazquez
wey!!!! que emoción!!!!!!
no es la adoptada!! es la Reyna!!!!!
Meeseeks ✧
Él sabe, yo sé, tu sabes, todos sabemos jajaja
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