Cristani por fin tenía una vida normal. O eso creía. Hasta que se dio cuenta de que el poder en su cuerpo empezaba destruirla por dentro.
Al mismo tiempo que los problemas volvieron con sus amigos. Primero fue esa espada. La querían para mantener bajo control a Cristani.
Luego supieron del ser que entró a su mundo, un peligro para su plano. Debían eliminarlo.
Entonces llegó Carl Rowen. Decía conocerla y que podía ayudarla a contener esa energía ancestral.
Y la búsqueda comenzó.
Después, Cristani supo que todas las vidas que trataban de recordarle, no eran suyas. Sino de un fragmento más. Uno que vivía en otro plano.
Y un encuentro con una mujer le hizo darse cuenta que sin ese fragmento podría morir.
Pero eso implicaba que Carl pudiera encontrarse con quien deseaba.
La decisión era suya.
Elegir su vida o elegir la felicidad de Carl.
¿Vivir para verlo desaparecer o morir para verlo encontrarse con ella?
¿Ser el monstruo que tanto temía o ser la heroína que Carl necesitaba?
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Capítulo 8: Encuentro con un viejo amigo o ¿enemigo?
La mañana siguiente pronto llegó, el canto de los pájaros se escuchaba de fondo y yo apenas me acomodaba para dormir otro poco más.
Pero el golpeteo del pico de un pajarito sobre la ventana de cristal me hizo abrir los ojos con fuerza.
Parpadeé varias veces acostumbrándome a la luz que ya entraba en la habitación, con pereza me deshago de las cobijas y me acerco a la ventana la cual abro dejando entrar el viento frío de la mañana.
— Déjenme dormir un poco más —murmura Melanie acurrucándose más entre las cobijas al sentir el frío.
Volví a cerrar la ventana y busqué entre mi poco equipaje un abrigo para ponerme.
— Voy a dar una vuelta. No duermas mucho, tu madre debe estar esperándote. —le aviso a la chica quien asiente con desgana manteniendo los ojos cerrados, me pongo mis zapatos y salgo de la habitación en silencio.
Al salir del hotel siento el frío entrar a mis pulmones después de aspirar el aire.
Casi me atraganto.
Las calles aun están desiertas, una que otra tienda apenas abriendo y los dueños bien abrigados.
El cielo despejado, los pájaros todavía cantando y saltando de rama en rama.
Y los rayos pintando las primeras nubes en las montañas.
El camino fue silencioso mientras me perdía en la música que no dejaba de sonar en mis oídos desde que salí del hotel.
Las hojas de los árboles todavía goteando gotas de agua. Una vez estuve fuera del pueblo llené completamente mis pulmones de aire y lo dejé salir después de unos segundos.
Mantuve los ojos cerrados escuchando el ligero movimiento de las hojas con el viento, el suave canto de algún pájaro a lo lejos, el crujir de algunas ramas y las ardillas moviéndose en casi silencio por los troncos a varios metros de distancia; entonces lo escuché, una suave pisada entre las hojas secas del interior del bosque, tal vez intentando pasar desapercibido.
Y vuelvo a caminar en silencio por la fría carretera, las pisadas me siguen entre los árboles, escondido detrás de alguno.
Me detengo y se detiene, mi cabeza se gira a mi costado observando el interior lleno de grandes troncos, un pequeño sonido se escucha cuando ese desconocido se esconde.
Parpadeo por unos segundos dudando si seguir o no, luego lo hago pues no hay nada que temer. Los inmortales huyen de los cazadores ahora y si llegara a encontrarme con alguno, solo tendría que eliminarlo.
Las pisadas parecen cada vez más cerca, casi como si sus pasos sincronizaran con los míos.
Suelto un suspiro deteniéndome en seco, sintiendo esta situación frustrante.
Antes de poder lanzar un ataque sorpresa la voz de alguien me interrumpió.
— ¿Cristani?
— ¿Ryan? ¿Qué haces aquí a estas horas de la mañana? —Pregunto mirando al chico que se acerca, este sonríe.
— Debería preguntarte lo mismo.
— Solo quería dar un paseo por este lugar —explico y él asiente observando hacia los árboles por donde yo miraba.
— Cierto, este clima es perfecto para dar un paseo.
— Es temprano, ¿Ahora haces ejercicio? —Le cuestiono con una ceja levantada sacándole una risa avergonzada.
— Bueno, últimamente lo estoy tomando como una rutina para mantenerme saludable —responde cruzándose de brazos mientras se quita su otro audífono del oído.
— Estás igual que Melanie —agrego soltando un pequeño suspiro.
Un silencio casi familiar se instaló entre los dos y fue su risa nasal que lo rompió luego.
— Sigues siendo igual que Cristani.
Lo miré con el ceño fruncido y volvió a reír.
— Yo soy esa Cristani.
Asiente varias veces, luego da un paso acortando la distancia, abre sus brazos preguntando con los ojos si puede abrazarme.
— No.
Mi respuesta lo hace rechistar y sin previo aviso me abraza, intento apartarlo, pero no parece querer cortar ese abrazo.
— Deja de negarte, sé que lo necesitas —dice dando pequeñas palmadas a mi espalda como un tipo de consolación.
Al final me rindo quedándome quieta sin intención de corresponder su gesto.
— Cambiaste bastante y solo fueron unos cuantos meses, ¿Dónde quedó el chico tímido de antes? —Pregunto mientras mi cabeza instintivamente se recarga sobre su hombro, sintiendo un sentimiento cálido en mi interior ante esa muestra de afecto que aunque lo niegue, realmente lo necesitaba.
— Solo conocí a gente nueva y socialicé.
— ¿Gente nueva? ¿Insinúas que nosotros no fuimos tan buenos amigos para hacerte socializar? —Le reclamo apartándome de él frunciendo nuevamente el ceño.
— No dije eso —niega con las manos mientras ríe.
— Olvídalo, acabas de amargar mi día —me cruzo los brazos para luego caminar un poco más por la carretera mirando al frente.
— Oye, Cristani —me llama dando unos pasos para alcanzarme.
— Exage...
Un sonido se escucha a mis espaldas, después el silencio nuevamente.
Me doy la vuelta preparando mi mejor carcajada para burlarme si se había caído, pero lo que encuentro hace que mis párpados tiemblen.
— Ryan —corro hacia el chico, su cuerpo yace inmóvil sobre el frío concreto y no parece respirar. Me Inclinó tomándole el pulso y asegurándome de que realmente está bien.
— Ryan, ¿me escuchas?
No hay respuesta, con cuidado levanto su cuerpo del suelo y lo llevo hacia un tronco donde lo recargo.
— Deja de esconderte, sé que estás ahí —mi voz resuena en voz alta por el lugar, no recibo respuestas ni siquiera un movimiento más.
Mientras me concentro en despertar al chico frente a mí, una aguja vuela en mi dirección directo a mi cuello, pero antes de llegar pierde fuerza y cae al suelo dejando ver el campo de fuerza que me rodea.
La misma aguja se eleva al aire nuevamente, esta vez cambia de dirección, con una velocidad impresionante corta cualquier hoja que encuentra en su camino y se aproxima a la persona desconocida, quien por fin hace otro movimiento, sus pasos se oyen a solo unos metros lejos.
— Cobarde —murmuro con reproche parándome, la espada que tantos meses ha estado escondida en mi cuerpo aparece con esa energía sobresaliendo de ella, manteniendo esa aura asesina, y con un ligero movimiento de cabeza vuela para interceptar a aquel que se esconde detrás de esos árboles.
Dos espadas compactan por unos segundos luego el cuerpo del desconocido cae sobre el suelo mientras la espada lo apunta. Observo como de su cuerpo desprende energía espiritual de ¿inmortales?, sin esperar camino detrás de él.
— Despierta a mi amigo y puede que te deje con vida. De lo contrario no me culpes por ser despiadada.
El otro al verse acorralado se levanta y corre hacia mí, la mitad de su rostro cubierto, dejando solo sus ojos a la vista.
Esos ojos llenos de frialdad me parecen conocidos.
Saca una daga y se eleva al aire apuntandome dispuesto a claverme aquello.
Retrocedo al instante evitando que llegue a mi cuerpo y vuelve a intentar herirme, cada ataque más rápido y casi desesperado.
Ataques que evado con movimientos ágiles aun manteniendo mi velocidad.
— Que molesto —murmuro duplicando mi espada para poder empezar a atacarlo, ahora él pelea contra mí y contra mi espada.
Solo fue cuestión de minutos para tenerlo sin armas atrapado entre mis dos espadas y sin poder huir.
—Lastimaste a mi amigo y eso no lo paso por alto.
Una pequeña daga aparece en mi mano mientras me acerco a él.
— No debiste molestarme —agrego jugando con el filo del metal, los ojos del desconocido se abren cuando la lanzó hacia él. Le rosa el cuello, apenas unos milímetros de cortar la piel de esa parte.
— ¿Tan difícil es dejarme en paz? No me agrada cuando...
— ¿Cristani?
Me giro de inmediato al escuchar la voz Ryan, estaba despertando.
Mi rehén aprovechó el momento y se elevó al aire para escapar.
Camino hacia Ryan sin antes chasquear los dedos y las dos espadas se unen siguiéndolo. Solo bastaron unos segundos para que el sonido de un cuerpo cayera entre las hojas secas a unos metros se escuchara.
— ¿Estás bien? ¿No te duele nada? —Le pregunto a mi amigo extediéndole la mano para ayudarlo a levantarse.
— Estoy bien, solo sentí mi cuerpo cansado y todo se volvió oscuro.
— Tu cuerpo no debe haberse acostumbrado a esa rutina.
Él ríe un poco recargandose contra el tronco del arbol.
— Supongo que fue porque no he comí nada cuando salí.
Negué con la cabeza ante sus palabras y luego de regañarlo por olvidar comer, volvimos al pueblo.
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Un capítulo más.
Espero nos disculpen si no es entendible la historia. Es que se nos dificulta al escribir en primera persona.