Una mujer atrapada en un matrimonio que dejó de hacerla feliz conoce a otra mujer que despierta en ella un amor inesperado, obligándola a enfrentarse a sus miedos, sus secretos y a las consecuencias de elegir entre la vida que construyó y el amor que jamás se atrevió a imaginar.
NovelToon tiene autorización de Adriana05 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 13: Nadie sale de aquí
—¡Nadie sale de aquí!
La voz retumbó por el túnel como una sentencia.
Victoria sintió que el corazón se le detenía.
Lucía apretó su mano.
Sebastián levantó la cabeza.
La hermana de Lucía retrocedió hasta pegarse contra la pared.
Y Arturo...
Arturo sonrió.
No fue una sonrisa de alivio.
Fue la sonrisa de alguien que acababa de recuperar el control.
—No... —susurró Lucía.
Victoria la miró.
—¿Quién es?
Lucía no respondió.
Otro disparo atravesó el túnel.
¡PUM!
Las luces se apagaron.
Todo quedó completamente oscuro.
—¡Victoria! —gritó Sebastián.
—¡Estoy aquí!
—¡Lucía!
—¡Con ella!
—¡No se separen!
Se escucharon pasos corriendo.
Gritos.
Un golpe seco.
Después otro disparo.
Victoria sintió que alguien la sujetaba del brazo.
—¡Suéltame!
Intentó soltarse, pero una mano le cubrió la boca.
El terror la paralizó.
Entonces escuchó una voz junto a su oído.
—Si quieres vivir, no grites.
Victoria reconoció aquella voz.
Abrió los ojos.
Era Daniel.
Él retiró lentamente la mano de su boca.
—¿Daniel?
—No hagas ruido.
—¿Qué haces aquí?
—Vine por ti.
Victoria lo miró con rabia.
—¿Para salvarme?
Daniel tragó saliva.
—Sí.
—¿Como aquella noche?
El rostro de Daniel cambió.
—Victoria...
—¿También vas a decirme que no recuerdas?
—Recuerdo demasiado.
Ella sintió que algo se quebraba dentro de su pecho.
—Entonces dime la verdad.
Daniel miró hacia el túnel.
—Ahora no.
—¡Ahora sí!
—¡Victoria, si hablo, nos matan a todos!
Ella se quedó en silencio.
A unos metros, Lucía gritó:
—¡Victoria!
—¡Estoy aquí!
Daniel la sujetó.
—¡No!
—¡Es Lucía!
—Precisamente.
Victoria lo empujó.
—¡No vuelvas a tocarme!
Daniel retrocedió.
En la oscuridad, una luz apareció al fondo.
Una linterna.
Después otra.
Y otra.
Hombres armados comenzaron a entrar.
Victoria sintió que la sangre se le congelaba.
Daniel susurró:
—Ya llegaron.
—¿Quiénes?
—Los hombres que llevan diez años buscando esa memoria.
Victoria miró hacia el lugar donde había dejado la USB.
Pero ya no estaba.
—¿Dónde está?
Daniel no contestó.
—¿Dónde está la memoria, Daniel?
—No la tengo.
—¡Entonces alguien la tomó!
Una voz surgió desde la oscuridad.
—Yo la tengo.
Todos se quedaron inmóviles.
La hermana de Lucía apareció sosteniendo la pequeña memoria USB.
—Y si alguien intenta acercarse... la destruiré.
Arturo soltó una carcajada.
—Siempre tan parecida a tu madre.
La joven levantó el arma.
—No vuelvas a llamarme hija.
Victoria abrió los ojos.
—¿Hija?
Arturo la miró.
—Sí, Victoria.
Lucía se interpuso.
—No le creas.
—¿Por qué?
—Porque Arturo ha mentido toda su vida.
Arturo sonrió.
—¿Quieres que le cuente la verdad sobre ti, Lucía?
Ella palideció.
—No.
—¿Quieres que le diga por qué desapareciste?
Victoria miró a Lucía.
—¿Por qué?
Lucía cerró los ojos.
—Victoria...
—¡Dímelo!
Arturo disfrutaba cada segundo.
—Porque yo tenía a su hermana.
La joven bajó lentamente el arma.
—No.
Arturo continuó:
—Y Lucía aceptó desaparecer de tu vida para mantenerla viva.
Victoria miró a Lucía.
—¿Es verdad?
Lucía comenzó a llorar.
—Sí.
—¿Por eso me dejaste?
—Sí.
—¿Por eso me hiciste creer que no me amabas?
—Sí.
—¿Por eso me viste casarme con Daniel?
Lucía bajó la mirada.
—Sí.
Victoria sintió que no podía respirar.
—¿Y nunca pensaste en buscarme?
—Todos los días.
—¡Entonces debiste volver!
—¡No podía!
Lucía dio un paso hacia ella.
—Cada vez que intentaba acercarme, Arturo me recordaba que podía matar a mi hermana.
La hermana de Lucía cerró los ojos.
—Yo no sabía que ella hacía todo esto por mí.
Victoria la miró.
—¿Tú eres la razón por la que Lucía desapareció?
—Sí.
Lucía negó con la cabeza.
—No. Tú fuiste la razón por la que sobreviví.
Victoria se acercó.
—Lucía...
Pero antes de que pudiera abrazarla, Daniel habló.
—Todavía falta una parte.
Victoria giró.
—¿Qué parte?
Daniel respiró profundamente.
—La del accidente.
El túnel quedó en silencio.
Arturo dejó de sonreír.
Daniel miró a Victoria.
—Yo no provoqué ese accidente.
Victoria apretó los puños.
—Eso ya lo dijiste.
—Pero sí hice algo.
Lucía lo miró con desconfianza.
—¿Qué hiciste?
Daniel respondió:
—Cambié el auto.
Victoria se quedó inmóvil.
—¿Qué?
—El automóvil que supuestamente debía manejar esa noche no era el mismo.
Sebastián avanzó.
—¿Por qué?
—Porque descubrí que los frenos habían sido manipulados.
Todos quedaron en silencio.
Victoria sintió un escalofrío.
—¿Y aun así subiste al auto conmigo?
Daniel cerró los ojos.
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque pensé que podía controlarlo.
Sebastián lo agarró del cuello.
—¡Pudiste matarla!
—¡Lo sé!
—¡Pudiste matar a mi hermana!
—¡Lo sé!
Daniel cayó de rodillas.
—¡Y llevo diez años viviendo con eso!
Victoria lo observó.
No sabía si odiarlo.
No sabía si creerle.
Entonces la madre de Victoria, herida, habló desde el suelo.
—No fue Daniel.
Todos voltearon.
Ella respiraba con dificultad.
Victoria corrió hacia ella.
—Mamá.
—Escúchame...
—¿Tú sabías que los frenos estaban manipulados?
La mujer cerró los ojos.
—Sí.
Victoria se quedó sin palabras.
—¿Y por qué nunca me lo dijiste?
—Porque si recordabas aquella noche... ibas a buscar al verdadero responsable.
—¿Quién?
Su madre miró hacia Arturo.
Arturo dejó de sonreír.
—No la escuches.
—¡Dime quién fue!
La madre de Victoria tembló.
—Fue Julián.
Victoria retrocedió.
—¿Mi padre?
—Sí.
Sebastián negó con la cabeza.
—Eso no tiene sentido.
—Tu padre recibió órdenes.
—¿De quién?
La mujer miró a Arturo.
—De él.
Arturo soltó una risa amarga.
—Qué conveniente.
—Tú le ordenaste provocar el accidente.
Arturo negó.
—No.
—Sí.
—Mientes.
—Tengo pruebas.
La hermana de Lucía levantó la USB.
—Yo también.
Arturo se quedó quieto.
La joven sonrió por primera vez.
—Pensaste que habías destruido todas las copias.
—¿Cuántas tienes?
—Una.
—Dámela.
—No.
Arturo levantó su arma.
—Entonces morirás.
Lucía se puso delante de ella.
—Primero tendrás que matarme.
Victoria se colocó junto a Lucía.
—Y después a mí.
Sebastián se puso a su lado.
—Y a mí.
Daniel también avanzó.
Arturo los miró uno por uno.
—Qué escena tan conmovedora.
De pronto...
¡PUM!
Un disparo.
Daniel cayó al suelo.
—¡DANIEL!
Victoria corrió hacia él.
Lucía gritó:
—¡No!
Daniel se llevó una mano al abdomen.
La sangre comenzó a extenderse.
Victoria cayó de rodillas.
—¡Daniel!
Él intentó respirar.
—Estoy... bien.
—¡No estás bien!
Lucía se acercó.
—Tenemos que sacarlo de aquí.
Arturo levantó nuevamente el arma.
Pero antes de disparar, se escuchó otro sonido.
Un teléfono.
Todos se quedaron inmóviles.
El teléfono de Victoria estaba sonando.
Ella lo sacó con manos temblorosas.
En la pantalla apareció un número desconocido.
Contestó.
—¿Bueno?
Al otro lado no hubo respuesta.
Solo respiración.
—¿Quién habla?
Entonces escuchó una voz.
Una voz que conocía.
Una voz que llevaba diez años enterrada en sus recuerdos.
—Victoria.
Ella dejó de respirar.
—No...
Lucía la miró.
—¿Quién es?
Victoria no podía hablar.
La voz volvió a escucharse.
—Si estás escuchando esto, significa que Arturo falló.
Victoria empezó a llorar.
—No puede ser...
Sebastián se acercó.
—¿Quién es?
Victoria levantó la mirada.
—Mi padre.
Todos quedaron paralizados.
—Eso es imposible —dijo Sebastián—. Papá está muerto.
La voz continuó:
—No confíes en Arturo.
Victoria temblaba.
—¿Dónde estás?
—Donde comenzó todo.
—¿Dónde?
Silencio.
Después:
—En la casa donde aprendiste a tener miedo.
La llamada terminó.
Victoria miró a su madre.
La mujer comenzó a llorar.
—¿Qué casa? —preguntó Sebastián.
La madre de Victoria no respondió.
Victoria sintió que una memoria aparecía en su mente.
Una habitación.
Una puerta roja.
Una niña llorando.
Un hombre gritando.
Y una mujer diciendo:
"No dejes que Victoria recuerde."
Victoria se llevó las manos a la cabeza.
—¡No!
Lucía la abrazó.
—¡Victoria!
—¡Lo recuerdo!
—¿Qué recuerdas?
Victoria miró a su madre.
—La casa.
Su madre cerró los ojos.
—No...
—¡Tú me llevaste ahí!
—Victoria...
—¡Tú me encerraste!
—¡Era para protegerte!
—¡¿De quién?!
Su madre levantó la mirada.
Y dijo algo que dejó a todos sin respiración:
—De tu hermana.
Victoria se quedó inmóvil.
Lucía miró a su hermana.
La joven comenzó a llorar.
—Yo no quería hacerte daño.
Victoria retrocedió.
—¿Qué pasó aquella noche?
Nadie respondió.
Entonces Arturo habló.
—Ahora ya lo sabes.
Victoria lo miró.
—¿Qué?
Arturo sonrió.
—El accidente nunca fue el principio.
Se acercó lentamente.
—Fue el final de algo que comenzó mucho antes.
Victoria sintió un escalofrío.
—¿De qué?
Arturo señaló a la hermana de Lucía.
—De la primera vez que ella intentó matarte.
La joven negó desesperadamente.
—¡Eso es mentira!
Pero Victoria ya no sabía a quién creer.
Su madre lloraba.
Lucía estaba paralizada.
Sebastián miraba a su hermana.
Daniel agonizaba en el suelo.
Y Arturo...
Arturo acababa de revelar la pieza que faltaba.
La verdad que durante diez años todos habían intentado ocultar.
Victoria miró a la joven.
—¿Intentaste matarme?
Ella comenzó a llorar.
—No.
—Entonces dime la verdad.
La joven levantó lentamente la mirada.
—Yo no intenté matarte.
Hizo una pausa.
—Intenté salvarte.
Victoria no entendió.
—¿Salvarme de quién?
La joven miró detrás de ella.
Todos voltearon.
En la entrada del túnel había aparecido un hombre.
Victoria sintió que el mundo se detenía.
Era un hombre mayor.
Con el cabello canoso.
El rostro más delgado.
Pero aquellos ojos...
Victoria los reconoció.
El hombre dio un paso hacia ellos.
—De mí.
Victoria dejó escapar un grito.
—Papá...
Julián Herrera estaba vivo.
Y detrás de él había una docena de hombres armados.
Arturo palideció.
Por primera vez en diez años...
Arturo parecía tener miedo.
Julián levantó su arma.
Miró a Arturo.
—Se acabó.
Arturo respondió:
—No.
Julián sonrió.
—Todavía no.
Y disparó.