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¡Me Case Con Él Ceo Despiadado! Contrato Con El Heredero Equivocado.

¡Me Case Con Él Ceo Despiadado! Contrato Con El Heredero Equivocado.

Status: En proceso
Genre:CEO / Romance / Matrimonio arreglado
Popularitas:6.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Celeste A. Godoy

Para salvar a su madre del desalojo, Harper acepta un matrimonio por contrato de dos años con Jeremy, el heredero del imperio multimillonario Salvatore. Pero en la noche de bodas, el novio huye con el dinero, activando una cláusula oculta que la vincula legalmente al temido CEO de la corporación: Mason Eliot Salvatore, el hermano mayor.
Convencido de que ella es una cazafortunas, Mason la recluye en su penthouse bajo reglas implacables. Sin embargo, la dignidad de Harper desafía su frialdad, transformando el cautiverio en una atracción adictiva. Cuando los enemigos de la familia arman una red de mentiras para acusarla falsamente, Harper firma el divorcio, renuncia a millones y desaparece.
Al descubrir la verdad, el oscuro magnate de Wall Street enfrenta la peor de sus condenas: la ausencia de la única mujer que rompió su armadura. Dispuesto a perder su orgullo y caer de rodillas, Mason emprenderá una cacería desesperada para recuperar a la esposa que nunca debió dejar ir.

NovelToon tiene autorización de Celeste A. Godoy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 6: ¿MI NUEVO ESPOSO?

Harper Jones

El silencio dentro de la suite se volvió insoportable, denso y helado como el agua de un pozo en invierno. El aire que respiraba parecía cargado de electricidad estática, un aire pesado que me quemaba la garganta a cada segundo.

Mi mano, entumecida y temblorosa, se clavaba en la cinta de seda de la bata, sujetando la tela contra mi pecho con la vana ilusión de que aquella tela delgada pudiera protegerme del hombre que acababa de cruzar la puerta.

—¿Quién... quién es usted? —repetí, apoyando la espalda contra el marco del baño de mármol. Sentí el frío de la piedra atravesar la seda, pero el frío real Venía de los ojos del desconocido.

El hombre no respondió de inmediato. Caminó dos pasos más hacia el centro de la habitación, desabrochándose con un movimiento lento y deliberado los botones de su pesado abrigo de paño negro.

Se lo quitó sin prisa y lo dejó caer sobre la silla de cuero más cercana. Cada uno de sus movimientos transmitía una fuerza contenida, una elegancia peligrosa, como la de un gran felino que sabe que su presa está completamente acorralada en un espacio cerrado.

Bajo el abrigo vestía un traje a la medida de tres piezas en color carbón. Era alto, fácilmente superaba el metro noventa, con hombros anchos que llenaban la penumbra de la suite y una constitución física impecable.

Su piel era de un tono canela cálido que contrastaba de manera impactante con la luz de la luna que entraba por el gran ventanal. Pero lo que me dejó paralizada, lo que hizo que el corazón me diera un vuelco de pánico absoluto, fue la expresión de su rostro.

Líneas duras, rectilíneas, cortadas con la precisión de un bisturí. Una mandíbula marcada por una sombra de barba de tres días y una boca de labios finos apretados en una línea implacable. Y luego estaban sus ojos.

Azules. Un azul tan claro, tan gélido y despejado que parecía hielo puro reflejando el sol de un páramo desierto. No había en ellos la torpeza, ni la arrogancia infantil de Jeremy. Había un intelecto afilado, una frialdad calculadora y una ira oscura, latente, que hervía bajo la superficie de su autocontrol.

—Veo que mi abuelo no se molestó en darte todos los detalles de la familia a la que le vendiste tú vida, Harper —dijo.

Su voz no era solo grave; tenía un timbre profundo, una resonancia baja que retumbó en las vigas de madera del techo y me erizó el vello de los brazos. Pronunció mi nombre como si lo estuviera probando en su boca, como un juez que lee el nombre del reo en una sentencia de muerte.

—¿Su... su abuelo? —balbuceé, pestañeando rápidamente mientras intentaba encajar las piezas en mi mente saturada—. Usted es... un Salvatore.

—Mason —respondió, dando otro paso hacia mí. La luz de las torres de Manhattan iluminó un ángulo de su rostro, acentuando la severidad de sus facciones—. Mason Eliot Salvatore. El hermano mayor de Jeremy. El hombre que realmente maneja la corporación a la que entraste a gritar esta mañana.

Mason Salvatore.

Las piezas colapsaron dentro de mi cabeza con el impacto de una bomba. Había escuchado su nombre mil veces en las noticias financieras de la televisión mientras limpiaba oficinas a altas horas de la noche. El heredero principal. El hombre de negocios implacable a quien la prensa apodaba "el Dragón de Wall Street". El estratega frío que había multiplicado la fortuna familiar por diez mientras su hermano menor gastaba millones en fiestas y escándalos en los periódicos.

—Si usted es Mason... ¿dónde está Jeremy? —exigí, apretando la espalda contra el mármol, intentando sostenerle la mirada a pesar de que las piernas me temblaban como hojas al viento—. Yo ... yo firmé el acta de matrimonio con Jeremy esta tarde en el juzgado. ¡Él es mi esposo! ¡Él tendría que estar aquí!

Una sonrisa amarga, carente de cualquier atisbo de calidez o humor, se dibujó en los labios de Mason.

—Jeremy ya está volando hacia Europa —dijo, metiendo una mano en el bolsillo de su pantalón mientras con la otra se aflojaba el nudo de la cravata oscura con una lentitud tortuosa—. Cobró un cheque de diez millones de dólares que le extendió mi abuelo a cambio de renunciar a sus derechos hereditarios sobre el holding. Firmó la sesión de sus activos, armó sus maletas y huyó para no volver a poner un pie en Nueva York en los próximos cinco años.

—¿Qué? —el aire se me congeló en la garganta. Sentí un vértigo horrendo que me obligó a agarrarme del borde de la puerta para no caerme al suelo—. No... no, eso es imposible...

—El acta de matrimonio que firmaste esta tarde tenía una adenda —interrumpió Mason, y su voz se volvió aún más fría, dura como el acero—. Una cláusula de sustitución de heredero principal en caso de deserción voluntaria de la parte contrayente masculina. Mi abuelo diseñó ese documento para asegurar que la alianza se mantuviera en la línea directa de la familia, no con un idiota que destruía las acciones del grupo. Jeremy firmó la cesión de sus derechos de matrimonio antes de subirse al coche hacia el aeropuerto.

El mundo pareció detenerse por completo. Las palabras de Mason retumbaban en las paredes como un eco ensordecedor.

Horacio Salvatore no me había dado una elección entre dos carpetas. Me había tendido una trampa perfecta desde el primer segundo en que pisé su despacho. Él sabía que Jeremy no cumpliría el contrato, sabía que su nieto menor aceptaría el dinero para huir.

Toda la farsa del matrimonio con Jeremy había sido solo un señuelo, una cortina de humo para encadenarme legalmente al verdadero heredero del imperio: el hombre que estaba de pie frente a mí en la penumbra de esta suite.

—Ustedes... ustedes son unos monstruos —susurré, y la voz se me quebró por el dolor y la humillación—. Son unos demonios. Me engañaron. Horacio me mintió en mi propia cara...

—Nadie te obligó a firmar, Harper —espetó Mason, y por primera vez la frialdad de su voz se agrietó para dejar ver una furia hiriente, un desprecio visceral que me golpeó en el pecho como un puñetazo—. Nadie te puso una pistola en la cabeza para que aceptaras la carpeta burdeos. Viniste a nuestra torre, hiciste un espectáculo en el vestíbulo, usaste a tu madre enferma como chantaje emocional y le pusiste precio a tu dignidad. Cinco millones de dólares y una casa gratis. Eso fue lo que pediste a cambio de dos años de tu vida.

—¡Eso no es verdad! —grité, dándole un paso al frente, la rabia estallando en mi interior contra el pánico que me ahogaba—. ¡Yo no chantajeé a nadie! ¡Ustedes nos quitaron la casa! ¡Tus alguaciles sacaron el tanque de oxígeno de mi madre a la acera a las cuatro de la mañana! ¡Ella estaba agonizando! ¡Cualquier hija en mi lugar habría hecho lo mismo para salvar a su madre de la muerte!

Mason dio dos pasos rápidos, acortando la distancia entre nosotros con una agilidad impresionante. Se detuvo a menos de medio metro de mí. Su presencia era sofocante, un muro de músculo, autoridad y un perfume caro a sándalo que inundó mis sentidos, bloqueando todo lo demás.

—Ahorrate las lágrimas y el drama de la víctima, Harper —dijo, mirándome desde su enorme estatura con un odio manifiesto—. He visto a docenas de cazafortunas como tú a lo largo de mi vida. Mujeres que usan su carita triste, su belleza pobre y sus historias de miseria para meterse en la cama de un Salvatore y sacarnos millones. Creíste que Jeremy era la presa fácil, ¿verdad? Creíste que podrías manipular a un chico de veinticuatro años para sacarle hasta el último centavo antes del divorcio.

—¡Eso es una mentira! —las lágrimas de frustración quemaron mis ojos, pero me negué rotundamente a dejar que cayeran frente a él. Apreté los puños a los lados de mi cuerpo, encarándolo a pesar de que el corazón me latía tan rápido que me dolía el pecho—. ¡Yo no quería nada de su maldito dinero! ¡Le dije a tu abuelo que le pagaría cada centavo de la deuda si nos devolvía la casa! ¡Él fue quien me impuso este matrimonio de mierda!

—Mi abuelo es un viejo manipulador que está obsesionado con la imagen pública de la empresa —respondió Mason, inclinándose ligeramente hacia mí, sus ojos azules ardiendo como dos llamas heladas—. Él cree que un matrimonio austero con una mujer del pueblo va a limpiar los escándalos de la familia ante los inversores. Cree que te puede controlar. Pero cometió un error al meterme a mí en su juego.

Su mano se movió con la rapidez de un rayo. Antes de que pudiera reaccionar o dar un paso atrás, sus dedos largos y fuertes se cerraron suavemente, pero con una firmeza de hierro, alrededor de mi mentón.

El contacto de su piel contra la mía me envió una descarga eléctrica que me recorrió la columna vertebral. Intenté apartarme con un tirón brusco, pero su agarre no cedió ni un milímetro. Me obligó a levantar la cabeza, a mirarlo directamente a esos ojos azules que me escudriñaban con un hambre oscura y un desprecio absoluto.

—Suéltame... —dije entre dientes, sintiendo cómo el miedo y la indignación se mezclaban en un nudo ciego en mi garganta—. No me pongas una mano encima.

—Tienes la piel suave para ser una chica que limpia suelos, Harper —murmuró él, ignorando mi orden. Su pulgar rozó la línea de mi labio inferior con una caricia que no tenía nada de suave; era la caricia de un dueño comprobando la textura de su nueva adquisición—. Y ese cabello rojo... entiendo por qué mi abuelo pensó que podrías ser un buen trofeo para los periódicos. Tienes esa belleza salvaje y peligrosa que vuelve locos a los hombres.

—¡Dije que me sueltes! —retorcí mi cuello con rabia, logrando liberarme de su mano. Dure un paso atrás, respirando agitadamente, con la bata de seda subiendo y bajando sobre mi pecho.

Mason no intentó sujetarme de nuevo. Se limitó a mirarme con esa superioridad aplastante, bajando la vista por el escote de mi bata de seda, donde el nudo de la cinta empezaba a aflojarse por el forcejeo.

—¿Recibiste el mensaje del despacho legal antes de que viniera? —preguntó, cruzándose de brazos sobre el pecho.

El frío volvió a adueñarse de mis entrañas. Recordé las letras en la pantalla de mi teléfono: Consumado físicamente dentro de las doce horas... de lo contrario, el contrato quedará automáticamente inhabilitado... la cobertura médica de Mary Jones será revocada.

—Sí... —mi voz apenas fue un hilo de aire descompuesto.

—Entonces sabes perfectamente a qué vine esta noche, Harper —dijo Mason, y su tono se volvió implacable, desprovisto de cualquier atisbo de duda—. No vine a discutir sobre la moralidad de mi abuelo ni sobre tu trágica historia en Brooklyn. Vine a asegurarme de que el contrato que firmaste sea legalmente indestructible. Vine a reclamar la cláusula que pagamos con la casa de tu madre y la cuenta del hospital.

—No... —negué con la cabeza, sintiendo cómo el horror se apoderaba de mí. Mi cuerpo entero empezó a temblar—. Jeremy se fue... tú no eres mi esposo. Yo no firmé un contrato para acostarme contigo.

—Firmaste un contrato con la Corporación Salvatore, y yo soy el dueño absoluto de esa corporación —dijo él, dando un paso lento hacia mí, acorralándome de nuevo contra la pared de mármol—. Tienes dos opciones esta noche, Harper. Exactamente dos, igual que las carpetas que te puso mi abuelo sobre la mesa.

Se detuvo tan cerca que podía sentir el calor que emanaba de su cuerpo en medio del aire frío de la habitación.

—Opción uno: abres esa puerta, te quitas esa bata de seda y te vas de vuelta a Brooklyn a buscar a tu madre a la calle. Revocaré la orden médica en cinco minutos. Mi departamento legal volverá a embargar la casa y mañana por la mañana no tendrás nada. Ni dinero, ni techo, ni madre.

Tragué saliva. Las lágrimas amenazaron con ahogarme.

—¿Y la segunda opción? —pregunté, aunque ya sabía la respuesta. Sabía que la trampa se había cerrado sobre mi cuello y que no había salida.

Mason extendió la mano hacia mi cintura. Con un movimiento lento, casi elegante, tomó la punta de la cinta de seda de mi bata. Miró fijamente a mis ojos verdes mientras tiraba de la tela, deshaciendo el nudo que me mantenía cubierta.

—Opción dos: cumples con la cláusula. Te quedas en esta habitación, te entregas a mí y aseguras la vida de tu madre por los próximos dos años —susurró, y su aliento cálido rozó mi mejilla, haciéndome estremecer de terror y de algo más oscuro, un fuego desconocido que me asustó aún más—. No hay términos medios, Harper. No hay piedad para los chantajistas. Tú elegiste venderte... y yo vine a reclamarte.

La bata de seda se abrió por el centro, dejando al descubierto la piel blanca de mis hombros y las curvas de mi cuerpo bajo la tenue luz de la luna.

Me quedé allí, congelada, desarmada, sintiendo el aire frío de la noche acariciar mi piel desnuda mientras el hombre más poderoso y despiadado de Nueva York se preparaba para reclamar su adquisición.

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Yudith flores
Así se habla 😌
Eli Cardona💘💘
Así se habla niña 👋😞
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Me encanta que Harper mantenga su temple de acero frente a la crueldad con que la tratan. Quiero ver a Masón sufrir por el amor de esta diosa 🤭
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰: ¡Eso!, alocate bebé 😌
total 2 replies
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Joder. Lo odio, pero me gusta /Scream/
Celeste Godoy: LO DISEÑÉ TAN BIEN AL DESGRACIADO😅❤️👌
total 1 replies
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Odio al tipo, más me alegraría inmensamente que el caiga primero y sepa lo que rogar /CoolGuy/
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
"Fenomenal" no estoy segura de que sea la palabra adecuada para describir tú historia, pero hasta entonces seguiré buscando más adjetivos /Smile/
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Él es cruel
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Eso es mi vida /Ok/
Joana Rosas
perfecta 💯🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻
Joana Rosas
perfecta 💯🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
No puedo, lo odio tanto. Son unos desgraciados
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Noo!! estoy llorando /Whimper/
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
😦
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
¿Quién es este tipo? 👀
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
¡Eso mi vida!, ¡no te dejes pisotear!
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Joder, me encanta /Smile/
Liney Atencia
bravo mujer 👏😭🤭
jerinson
madre ella no
jerinson
claro es una temblarera 🥰
jerinson
debo decir que es una historia que he leído en mi vida más increíble
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