Mia es una joven que tiene muchos planes y sueños junto a su novio. Siente que todo se le viene encima cuando La familia de el la rechaza cuando se enteran que es huérfana, lo peor es cuando se entera que su novio siempre estuvo comprometido con otra.Con todo en contra ella logrará volverse una mujer sobresaliente pero algo no estaba en sus planes que una noche conoce a un hombre que la desestabilizaria en todos los sentidos, Será capaz Mía de darse otra oportunidad con el tío del que ella creyó un día era el amor de su vida?
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Centro comercial
Entro al departamento suspirando y subo las escaleras lo más lento que puedo. Al llegar, veo que por las prisas su abrigo quedó tirado. Lo recojo y noto que él todavía sigue en el balcón.
Mis vecinas están afuera, cosa que no hacían, y quizás fue por lo que gritó Karla.
—Creo que estuvo mal que vinieras. Te dije que nadie debía enterarse… Quizás deberías irte. Puedo llamar un taxi —le digo.
Él camina hacia mí, quedando muy cerca. Se inclina y, automáticamente, cierro los ojos esperando un beso que no llega. En su lugar, siento cómo me quita de las manos su abrigo y camina fuera del cuarto.
Solo maldigo por la jugada que me hizo.
Cuando bajo hasta la puerta principal, ya no está. El imbécil solo vino por su abrigo. Quiere jugar… bien, puedo estar mucho tiempo sin tener sexo —me digo, tratando de convencerme—. Podría llamarlo y decirle que se acabó, pero quedaría como una ardida.
Cierro con seguro y subo a mi cuarto. Solo logró que Karla se fuera.
Me acuesto en la cama, tomo una almohada grande que meto entre mis piernas y termino quedándome dormida.
Me despierto cuando suena la alarma. Voy al baño y abro la regadera, bañándome con agua fría para terminar de despertar.
Me sirvo cereal mientras hablo con Pati por videollamada.
—Ya solo queda esperar para saber cuándo será la reunión —me dice Pati, sonriente.
—¿Y esa alegría? ¿Solo porque colaboraremos con Arqui-Tech?
—No, Mía. ¿Sabías que no hay fotos del dueño? Solo los socios saben quién es.
—Lo sé. Hace años intenté buscarlo, pero no hay información alguna.
—Te envío el contrato que me pidió para el abogado.
—Gracias, Pati —le digo, terminando la videollamada.
Recibo la información mientras termino el cereal. Luego subo a terminar de arreglarme.
Esta vez me pongo una camisa de manga larga, ajustada dentro del pantalón, y unas botas que me llegan hasta las rodillas. Iré a ver otra obra, y no quiero ir como la otra vez, en vestido y zapatillas.
Subo a mi carro, reviso que lleve todo y conduzco hasta la construcción. Cuando bajo, los de Arqui-Tech ya están ahí.
La mirada de todos se posa en mí cuando camino hacia ellos, y para colmo, ahí está el mismo de la entrevista.
—Qué bueno que no somos enemigos, si no, qué incómodo sería —me dice riendo. No le encuentro la gracia.
Le sonrío forzada y me acerco hasta donde están los planos. Reviso bien y regreso a mi carro por las mejoras que hice. Se los muestro y explico los cambios; parece que les gusta la idea.
Veo que no se van, y me pone nerviosa que él no deje de observarme.
Después de unas tres horas corrigiendo detalles —porque como todo, tiene cosas que ajustar—, notamos que el área donde estamos no les favorece, así que replanteo algunos aspectos. Los de Arqui-Tech aún no se van.
—Señorita, para usted —me dice el otro arquitecto que está para apoyarme, como en la otra obra. Es uno de los enviados por Arqui-Tech.
Recibo el bote de agua dándole las gracias. La tapa truena cuando lo abro: señal de que no se ha abierto antes. Soy muy cuidadosa con eso… ya me pasó una vez, y no pienso conseguir a otro como el patán de anoche. Cuando me doy cuenta, ya estoy pensando en él.
Regreso al trabajo y, cuando ya es tarde, todos se van a comer.
—Hay un puesto de comida, por si gusta. Ahí vamos a comer —me dice el arquitecto—. No creo que sea de su agrado, pero solo quería que supiera —añade, nervioso.
—¿Por qué no debería de serlo?
—No creo que usted haya comido o coma en lugares así…
—Gracias por ponerme al tanto —le digo, y lo veo entrar al puesto de comida.
Voy a mi carro por mi cartera y noto que los de Arqui-Tech se alejan.
Entro al puesto y ordeno mi comida. Los trabajadores me hacen espacio, ya que son muchos. Comen y conversan sobre sus familias.
Cuando termino, pago y regreso a donde están los planos. Todos vuelven a sus tareas. Ya es muy tarde, así que me despido y subo a mi carro para regresar al departamento.
Me gusta lo que hago, y por eso lo hago con una sonrisa en el rostro. Cuando llego, noto el carro de Karla. Me sorprende ver que está estacionado diferente a como lo dejó anoche.
Bajo con las cosas para trabajar en ello y, al entrar, me asusto y tiro todo: mi amiga está en la sala viendo tele.
—¡Lo siento, Mía! No quise asustarte.
—¿Cómo entraste? —le digo, con la mano en el pecho, tratando de normalizar los latidos.
—Bajo el tapete encontré esto —me muestra una llave que ni yo sabía que estaba ahí.
—¿Ya tienes rato aquí? —le pregunto, y ella niega.
—Como media hora. Quise darte tu tiempo con el galán. Ya dime quién es.
—¿No lo viste ayer?
—No, estaba algo lejos y no pude verle bien la cara. Miguel no me dejó verlo mucho tiempo, más cuando una de tus vecinas gritó si ese era el tipo del que hablaba yo cuando dije que así te gustaban a ti. Por cierto… ¿a qué horas se levantaron? ¿Te preparo tu desayuno y te lo llevo a la cama? ¿Hubo mañanero? Dime, Mía.
—No, nada de eso. Solo vino por su abrigo… imagino que lo necesitaba para el trabajo.
—Mía, no te enojes, pero le dije a nuestro padre que Mario te sigue molestando —me dice, y suspiro.
—Solo lo ignoraré.
—Mía, sabes que seguirá molestando hasta que hagas algo, ¿verdad?
—Lo sé. Créeme que yo soy la más interesada en que se vaya de una vez por todas. Solo vine a bañarme. Iré donde compré este departamento. Ellos no tenían por qué dar mi información.
Subo a bañarme, y ella ya está lista cuando bajo.
—Vamos juntas, y después podemos pasar al centro comercial.
—Ok —le digo, y salimos las dos. Nos vamos en mi carro y llego directo con la persona que me vendió el departamento.
—¿Sabía que es un delito dar mi información? A menos que se trate de algo requerido por la policía, usted no tenía por qué divulgarla. Le pediré que no lo vuelva a hacer, porque este es el primer aviso.
—Sí, señora. Lo siento. El señor se presentó como su novio, y dijo que quería darle una sorpresa a su novia… o sea, usted. Solo quise colaborar con lo que él me contó. Se veía muy triste.
—Queda advertida —le digo, y ella asiente. Le pregunto sobre la llave.
—Se me olvidó decirle que siempre dejamos una ahí, por si a usted se le olvida la suya. Puede cambiarla de lugar si desea.
Salgo, y Karla aún sigue en el carro. Llegamos a la plaza, y ella se va directo a la tienda de ropa interior.
Me muestra un conjunto de "maestra sexy".
—Hoy seré la maestra de Miguel, y tendrá que darme muuucho amor para poder pasar de clases —se ríe, y yo niego con la cabeza.
Me llama la atención un conjunto completo con ligueros en las piernas.
Niego, sacando esa idea de la cabeza.
Mi amiga sigue eligiendo más y yo me acerco a comprar solo bragas de las que uso normalmente. No voy a cambiar mi ropa interior común solo por un hombre que, en una semana o dos, ya ni recordaré.
Elijo varios colores y los echo a la canasta. Me gusta un vestido corto, transparente, para dormir. Lo tomo y lo pongo en la canasta sin que mi amiga lo note, y voy directo a la caja a pagar. La espero en la puerta.
Miro a la gente pasar mientras Karla sale, y entonces veo a una niña y un niño corriendo, casi de la misma edad. Pero eso no es lo que llama mi atención…
Es Mario.
Va de la mano de su esposa.