Abran Kozlov tiene veintiséis años, una fortuna en petróleo y el título más peligroso de Rusia: Pakhan de la Bratva. Para el mundo, es un billonario implacable que comanda un imperio de refinadoras y plataformas en el Mar del Norte. Para sí mismo, es un hombre destrozado. A los quince años, la crueldad más extrema le arrancó la inocencia y le dejó el cuerpo cubierto de cicatrices que ningún traje logra ocultar. Desde entonces, se refugia en el alcohol, en la violencia y en el silencio, incapaz de permitir que nadie se acerque a lo que queda de su alma.
Melina Wisbech es la hija de Eros, líder de la Cosa Nostra americana, y la única mujer que jamás tembló frente al Don de hielo y sangre. Cuando la vida los obliga a compartir el mismo techo en la mansión de San Petersburgo, lo que empieza como choque de orgullos se transforma en una atracción que ninguno de los dos puede controlar. Melina descubre las cicatrices que Abran esconde, y en lugar de retroceder, decide quedarse. Él, por primera vez, encuentra en ella la fuerza para soltar la botella, enfrentar sus demonios y creer que merece ser amado.
Pero la redención tiene un precio. Enemigos de la Bratva resurgen con sed de venganza, un traidor opera desde las sombras de la propia familia, y cada beso robado en la oscuridad es una declaración de guerra contra quienes juran destruirlos. Mientras Abran y Melina luchan por su amor, la familia Kozlov enfrenta atentados, traiciones y pérdidas que pondrán a prueba hasta los lazos de sangre más fuertes.
En un universo donde la lealtad se paga con balas y el amor nace entre ruinas, Abran tendrá que elegir: seguir siendo el monstruo que el mundo espera, o convertirse en el hombre que Melina y sus hijos merecen.
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Razones para Continuar
Después de agarrar el vaso de agua en la cocina y presenciar la escena de Ayla siendo arrastrada por Maksim, Abran subió las escaleras de vuelta al cuarto. Cerró la puerta con llave, dejando el bullicio de la mansión atrás, y le entregó el vaso a Melina.
La joven embarazada tomó un trago largo, se acomodó en las almohadas y miró al novio con los ojos brillando de curiosidad.
—Abran... —llamó ella, dándole una palmadita al colchón para que se acostara a su lado—. ¿Tú sabías lo de Xavier y Luna?
Abran se acostó, acomodándola en sus brazos con naturalidad, y esbozó una sonrisa discreta:
—Sí, ya sabía, Xavier me contó todo sobre ellos dos.
Melina levantó las cejas, impactada por la complicidad de los primos, y soltó una risita ahogada:
—Pues sí... ¿Y sabes lo que Xavier le dijo a ella hoy temprano? ¡Le dijo que lo esperara en la bañera... y desnuda!
Abran soltó una risa baja y ronca, sacudiendo la cabeza:
—Déjalos que se diviertan, krasotka. Xavier casi le da un infarto hace unos meses... De verdad necesita relajarse.
Melina frunció la frente en el mismo instante, volteando el rostro para mirarlo con preocupación:
—¿¡Qué!? ¿En serio? ¿Casi le da un infarto? ¡Abran, Xavier solo tiene veinticinco años!
La mirada de Abran se volvió más densa, rescatando la memoria del drama que la familia había enfrentado en secreto.
—Fue por culpa de Flora, su hermana —explicó él, bajando el tono de voz—. Ella estaba saliendo con un tipo allá en Texas... Pero no sabía que era un Texas Ranger, un policía encubierto. Se armó un problema gigantesco. Ese policía solo usó a Flora para conseguir información confidencial del cartel de mi primo.
Melina se cubrió la boca con la mano, asustada.
—Y lo peor —continuó Abran, los ojos azules chispeando de rabia—. Después de que usó a Flora de todas las formas posibles, casi la mata. Xavier se volvió completamente loco con eso. Flora todavía se está recuperando de todo lo que pasó, tanto física como psicológicamente.
—Dios mío... No supe nada de eso —murmuró Melina, con el corazón apretado por la prima.
—Nadie supo, solo la familia se enteró de lo que pasó, no le contaron a nadie más para proteger a Flora.
—¿Y ese policía? —preguntó Melina, la curiosidad y el instinto de la mafia hablando más fuerte—. ¿Qué pasó con él?
Abran esbozó una sonrisa fría, la respuesta saliendo sin ninguna vacilación:
—Murió, sirvió de alimento para los caimanes de Xavier allá en el rancho.
Melina tragó saliva, entendiendo la furia del primo.
—Después de todo ese lío y del estrés absurdo de ver a su hermana al borde de la muerte, el corazón de Xavier no aguantó —concluyó Abran, acariciando el cabello de Melina—. Se puso muy mal del corazón, quedó en un estado pésimo por el sufrimiento de Flora. Entonces, verlo detrás de Luna ahora... es una señal de que por fin está volviendo a vivir.
Abran comenzó a alejarse despacio de la cama, quitando las cobijas con cuidado. Sintiendo la falta del calor de su cuerpo, Melina volteó el rostro hacia él, los ojos curiosos:
—¿A dónde vas?
Abran esbozó una sonrisa de lado, mirándola con un cariño inmenso:
—¿Qué tal un baño de bañera? ¿Un masaje para relajarte? Puedes escoger dónde quieres el masaje... piernas, espalda, lo que quieras. Mi mamá me enseñó, así que soy muy bueno en eso.
Melina sonrió, acomodándose en la cama mientras pensaba en la oferta tentadora:
—Quiero masaje en la espalda baja... No sé por qué, pero me está doliendo bastante. Creo que el líquido amniótico aumentó ahora que sabemos que son dos bebés ahí dentro... Y también quiero masaje en los pies, me pusieron tanto suero que los tengo súper hinchados.
Hizo una pausa, mirándolo a los ojos con atención:
—¿Y tú? ¿Qué quieres tú?
La sonrisa de Abran disminuyó un poco y su mirada cargó una leve pizca de tristeza y vulnerabilidad:
—Yo... quería tomar, pero no voy a tomar.
Melina no lo pensó dos veces. Se levantó de la cama, caminó despacio hasta la cómoda del cuarto y agarró una cajita de chicles. Volvió junto a él y le ofreció la cajita:
—Come un chicle... Puede ayudar con la ansiedad de las ganas. O... ¿prefieres tomarte una copa?
Abran miró el chicle y después a ella, negando suavemente con la cabeza:
—No quiero tomarme ninguna copa. Vamos primero con el chicle. Si no funciona, ahí sí me tomo una copa.
Melina pensó por un segundo, los ojos brillándole con una idea cariñosa:
—Puede ser una copa más grande... ¡Podemos diluirla con agua! Así, poco a poco, vamos quitando el alcohol y poniendo más agua hasta que ya no lo necesites.
Abran la miró maravillado, jalándola por la cintura con delicadeza:
—Amor... eres increíble, ¿sabías? Tus ideas son fantásticas.
Melina sonrió con dulzura, acariciándole el rostro:
—Yo solo cuido lo que es mío y a quien amo.
El corazón de Abran dio un salto en el pecho. La jaló un poco más cerca, la mirada desbordando emoción:
—Entonces... ¿me amas?
—Sí —respondió Melina sin vacilar, mirándolo bien al fondo de los ojos—. Te amo desde que supe lo que es querer a alguien de verdad.
Abran soltó una risa baja, provocándola con ese humor tan típico de él:
—Yo también te amo... desde que eras una bebé cagona.
Melina abrió los ojos como platos y le dio un golpe sin fuerza en la cabeza, soltando la carcajada:
—¡Oye! ¡Eso no fue nada romántico!
Abran se rio junto con ella, pero pronto su expresión volvió a quedar profunda y completamente enamorada. Sujetó el rostro de Melina con las dos manos, juntando sus frentes con cariño:
—Te amo desde el primer día en que te vi, krasotka. Quiero cambiar por ti, por ellos... Me devolviste algo que no tenía desde hace mucho tiempo: esperanza y ganas de estar vivo. Ya pensé muchas veces en rendirme con todo, pero pensaba en mi familia y no podía tener ese valor... Y hoy veo que seguir adelante fue la mejor decisión de mi vida. Estoy tan feliz... En tan poco tiempo, todo cambió por tu culpa, mi diabla.