Un chico marcado por 10.000 voces zarpa en un mar maldito para escribir el final de todas las historias.
Nicolás solo quería ser libre. Pero cuando las historias de los muertos lo eligieron, tuvo que pelear contra piratas, monstruos hechos de arrepentimiento y su propio destino.
Ahora con "El Colmillo Carmesí" en la mano debe decidir: ¿salvar el mundo de historias o dejar que todo se queme?
Fantasía épica, aventura y piratas. Para lectores que aman un buen viaje en el mar.
NovelToon tiene autorización de Fernando Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 16: La Isla del Tiempo Detenido
El barco se detuvo solo.
No porque Marco lo frenara. Se detuvo porque el tiempo se detuvo.
"Capitán", dijo Marco. Pero su voz se quedó congelada en el aire. Como letras flotando.
Nicolás se tocó la cara. Podía mover las manos. Pero todo lo demás estaba quieto.
El mar. Las olas. Las gaviotas. Todo congelado a mitad de vuelo.
"La Isla del Tiempo Detenido", dijo la voz del Colmillo. La única que se movía. "Aquí la gente se quedó atrapada en el peor día de su vida."
"1/10 del Volumen 2", escribió Nico en su cuaderno. La tinta sí corría. "Bajemos."
Los 51 desembarcaron. Caminaron entre estatuas.
Porque eso era la isla. Un museo de dolor congelado.
Una mujer con un pastel en las manos. Mitad sonriendo. Mitad llorando.
Un hombre con una carta. A medio abrir.
Un niño con una mochila. A medio camino de la escuela.
"2/10", escribió Héctor. "Todos están en un bucle."
Nico se acercó a la mujer del pastel. Le tocó el hombro.
La mujer parpadeó. Y el tiempo volvió 3 segundos.
"Feliz cumpleaños, mi amor", dijo. Y se congeló otra vez.
"Se murió su hijo", susurró Héctor. "Ese día."
Nico sintió un nudo. "3/10. Tenemos que ayudarlos a seguir."
Pero cuando intentó escribir, la Pluma no salía tinta.
"El tiempo no deja escribir sobre él", dijo el Colmillo. "Primero tienes que romper el reloj."
En el centro de la isla había una torre. Gigante. Sin manecillas. Solo un ojo gigante en el centro. Parpadeando.
"Rojosangre", dijo Nico. "Otra vez."
El ojo se abrió. Y de adentro salió él. Hecho de arena de reloj.
"Portador", dijo. Cada palabra tardaba 10 segundos. "Aquí nadie sufre. Porque aquí nadie cambia. Es perfecto."
"4/10", escribió Nico rápido. "Es una cárcel."
"Es piedad", dijo Rojosangre. "¿Para qué seguir viviendo si lo peor ya pasó?"
Tiró arena. Y 10 escritores se congelaron. A mitad de un paso.
"¡No!" gritó Nico. Pero su grito también se congeló.
Entonces entendió.
No podía mover el tiempo. Pero podía mover las historias.
Sacó el cuaderno. Y escribió sobre la mujer del pastel.
"Capítulo 16: La Isla del Tiempo Detenido.
Había una vez una madre que perdió a su hijo. Y se quedó el día de su cumpleaños para siempre. Hasta que un día entendió que él no querría verla triste para siempre..."
Cuando terminó la frase, la mujer parpadeó.
El pastel se cayó. Y ella lloró. De verdad.
"Mi niño...", sollozó. "Me dirías que siga, ¿verdad?"
Y el tiempo alrededor de ella avanzó. Un día. Un mes. Un año.
Se hizo mayor. Arrugada. Pero sonriendo.
"5/10", dijo el Colmillo. "Así."
"¡Todos a escribir!" gritó Nico. Aunque su voz salió lenta. "¡Escriban finales!"
Los 41 escritores que quedaban libres entendieron.
Corrieron por la isla. Cada uno con un cuaderno.
Uno escribió sobre el hombre de la carta: "Y al final la abrió. Y decía: Te perdono."
Otro sobre el niño: "Y llegó a la escuela. Tarde. Pero llegó. Y fue el mejor día."
Cada historia escrita hacía que una persona descongelara.
"6/10", "7/10"...
Rojosangre gritó. Tiró más arena. Pero ya era tarde.
Nico subió a la torre. Frente al ojo.
"El tiempo no se detiene", escribió en el ojo con la Pluma. "Solo duele. Y el dolor pasa."
El ojo lloró arena. Y se rompió.
"CRACK"
Todo el tiempo de la isla volvió de golpe.
20 años en 1 segundo.
La gente envejeció. Lloró. Se abrazó.
"8/10", "9/10"...
Cuando terminó, la isla ya no era un museo. Era un pueblo.
Con casas nuevas. Con niños corriendo.
La mujer del pastel se acercó a Nico. Ahora era una abuela.
"Gracias", dijo. "Mi hijo me hubiera querido así."
Nico asintió. No podía hablar. Tenía un nudo en la garganta.
"10/10", dijo el Colmillo. "Isla completada."
Antes de irse, Nico miró atrás.
La torre rota. El reloj tirado.
Y 200 personas viviendo. Por fin.
En el barco, los 10 escritores congelados volvieron. Confundidos.
"¿Qué pasó?" preguntó uno.
"El tiempo", dijo Nico. "A veces hay que dejarlo pasar."
"17/20 del total", dijo el Colmillo. "Quedan 4."
"¿Siguiente?" preguntó Marco.
"La Isla de los Sueños Robados", dijo Nico. "Donde la gente ya no sueña."
Guardó el cuaderno. Miró sus manos.
Ya no temblaban.
Porque había aprendido algo:
No puedes cambiar el pasado.
Pero sí puedes escribirle un final nuevo.
Y eso es lo más parecido a viajar en el tiempo.