Huyó para escapar de un matrimonio arreglado, pero el destino tenía preparados cinco caminos que cambiarían su vida para siempre.
NovelToon tiene autorización de Giulian Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 8: Una fotografía entre miles
El lunes amaneció con una intensa lluvia sobre Puerto Azul.
Las gotas golpeaban los ventanales del Café del Puerto mientras Marta acomodaba los últimos panes recién horneados.
—Parece que hoy tendremos menos clientes —comentó.
Nica terminó de secar una taza y sonrió.
—O más... cuando llueve, todos buscan un café caliente.
Marta soltó una carcajada.
—Cada día entendés mejor este negocio.
Nica se encogió de hombros.
—Supongo que voy aprendiendo.
Ya no se sentía como la chica perdida que había bajado del autobús días atrás.
Ahora conocía los nombres de muchos clientes, sabía preparar los pedidos sin equivocarse y hasta disfrutaba el ritmo acelerado del café.
Aquel pequeño lugar comenzaba a convertirse en su hogar.
Mientras tanto, a unas pocas cuadras de allí...
Un hombre permanecía sentado dentro de un automóvil gris.
Sobre el asiento del acompañante había varias fotografías.
En todas aparecía la misma joven.
Nica saliendo de la pensión.
Nica caminando por la playa.
Nica entrando al Café del Puerto.
El hombre tomó una de las imágenes y la comparó con una fotografía antigua que llevaba en una carpeta.
Era una imagen de una revista de negocios.
La portada mostraba a la familia Beaumont durante la inauguración de un nuevo edificio.
Nica sonreía junto a sus padres y sus hermanos.
El investigador observó ambas fotografías durante largos segundos.
—No puede ser una coincidencia...
Pero todavía tenía dudas.
La joven de las revistas era elegante, siempre impecable y rodeada de guardaespaldas.
La chica de Puerto Azul usaba zapatillas gastadas, llevaba un delantal de cafetería y sonreía con una tranquilidad que jamás había visto en la heredera Beaumont.
Decidió guardar las fotografías.
Aún no llamaría a nadie.
Necesitaba estar completamente seguro.
En el café, el trabajo no se detenía.
La lluvia había hecho que el local estuviera lleno.
—¡Dos chocolates calientes!
—¡Tres cafés para la mesa cuatro!
—¡Nica, una mano acá! —gritó Marta desde la cocina.
—¡Ya voy!
Corría de una mesa a otra sin dejar de sonreír.
Cuando por fin tuvo un momento para respirar, la puerta volvió a abrirse.
Él.
El mismo hombre de los ojos grises.
Sacudió el paraguas antes de entrar.
—Buenos días.
—Buenos días.
—¿Mucho trabajo?
—Demasiado.
Él sonrió.
—Eso es bueno para el negocio.
Nica asintió mientras anotaba el pedido.
—Lo de siempre.
—Ya ni preguntás.
—Porque ya sé la respuesta.
Él soltó una pequeña risa.
—Tenés buena memoria.
Mientras preparaban el café, Marta observó la escena desde lejos.
Se acercó lentamente a Nica.
—Ese joven viene todos los días.
—Sí...
—Y siempre se sienta en la misma mesa.
Nica fingió no darle importancia.
—Capaz le gusta la vista.
—O capaz le gusta otra cosa.
—¡Marta!
La mujer comenzó a reír mientras regresaba a la cocina.
Al terminar el almuerzo, el café quedó casi vacío.
El hombre cerró su computadora y llamó a Nica con un gesto.
—¿Podés sentarte un momento?
Ella miró alrededor.
No había clientes esperando.
Aceptó.
—Decime.
Él la observó durante unos segundos antes de hablar.
—¿Sos feliz?
La pregunta la tomó completamente por sorpresa.
Nadie se la había hecho jamás.
Ni sus padres.
Ni sus hermanos.
Ni sus profesores.
Siempre le preguntaban qué iba a estudiar, qué empresa dirigiría o cuándo asumiría responsabilidades.
Pero nunca si era feliz.
Bajó la mirada.
Una sonrisa sincera apareció en su rostro.
—Sí.
Era una respuesta pequeña.
Pero completamente verdadera.
Él también sonrió.
—Se nota.
Nica sintió una extraña paz.
Aquel hombre hacía preguntas diferentes.
Preguntas que la obligaban a mirar dentro de sí misma.
Y eso le gustaba.
Esa noche, al regresar a la pensión, encontró un pequeño sobre debajo de la puerta de su habitación.
No tenía remitente.
Frunció el ceño y lo abrió con cuidado.
Dentro solo había una hoja doblada.
Con una única frase escrita a mano.
"Algunas personas nunca dejan de buscar lo que perdieron."
Nica sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo.
Miró inmediatamente hacia el pasillo.
No había nadie.
Apretó la hoja entre sus manos.
Por primera vez desde que llegó a Puerto Azul, tuvo la sensación de que su pasado acababa de encontrar el camino hacia ella.
Continuará...