Hay personas que llegan a tu vida haciendo ruido, otras que lo cambian todo en el silencio.
Libra nunca imaginó que una conversación sobre Saturno pudiera convertirse en el comienzo de la historia más importante de su vida. Entre recreos, paseos después de clase, chocolates calientes, bancos de madera y amaneceres compartidos, conocerá a Acuario, un chico que tiene la extraña habilidad de encontrar belleza en los pequeños detalles y de hacer sentir especiales a quienes lo rodean.
Mientras el tiempo avanza y el final del curso se acerca, ambos descubrirán que crecer significa aprender a convivir con los cambios, con el miedo a perder lo que amas y con las palabras que, a veces, nunca llegan a decirse.
Porque algunas historias de amor no nacen con un beso.
Nacen con una conversación que parecía insignificante.
Con una fotografía tomada sin avisar.
Con una promesa hecha entre risas.
Con dos personas que, sin darse cuenta, empiezan a convertirse en el hogar del otro.
NovelToon tiene autorización de Susiluu_ para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 10 - El lugar donde siempre volvían
Las personas no se unen por los grandes momentos.
Se unen por la repetición de los pequeños.
Por sentarse siempre en el mismo banco.
Por caminar la misma calle.
Por discutir siempre sobre las mismas tonterías.
Por saber que, aunque el día haya sido un desastre, habrá alguien esperándote al llegar al recreo.
Y, sin darte cuenta, ese lugar deja de ser un rincón del instituto.
Empieza a sentirse como casa.
---
El invierno ya había conquistado las mañanas.
El cielo amanecía gris casi todos los días y el aire frío obligaba a esconder la nariz dentro de la bufanda.
El instituto, sin embargo, seguía teniendo el mismo bullicio de siempre.
Los alumnos corrían por los pasillos cinco minutos antes de que sonara el timbre.
Algunos terminaban los deberes apoyados en una ventana.
Otros intentaban memorizar apuntes a última hora.
Todo parecía un caos perfectamente organizado.
Libra caminaba junto a Capricornio cuando escuchó una voz al final del pasillo.
—¡Apartaos, que no frena!
Le dio tiempo a girarse.
Solo eso.
Acuario apareció deslizándose sobre el suelo con los calcetines, impulsándose como si estuviera patinando.
Pasó entre varios alumnos esquivándolos por centímetros.
Consiguió frenar justo delante de ellas.
Abrió los brazos con una sonrisa enorme.
—Buenos días.
Capricornio negó con la cabeza.
—Un día vas a acabar en dirección.
—Lo importante es que hablarán de mí.
—Hablarán con tus padres.
—También vale.
Libra soltó una risa.
—¿No sabes comportarte como una persona normal?
Él fingió pensarlo.
—No.
—Era una pregunta retórica.
—Pues te he respondido igual.
---
Las clases pasaron deprisa.
Quizá porque todos esperaban el recreo.
Quizá porque los viernes siempre tenían otro sabor.
Cuando sonó el timbre, el grupo ocupó su rincón de siempre.
Ya nadie preguntaba dónde iban.
Ni hacía falta esperar a los demás.
Todos terminaban allí.
Como si existiera un hilo invisible tirando de ellos.
Leo llegó con una bolsa llena de chucherías.
—He traído provisiones.
—¿Has atracado una tienda? —preguntó Escorpio.
—No preguntes cosas cuya respuesta pueda incriminarme.
Las bolsas comenzaron a pasar de mano en mano.
Uno cogía una gominola.
Otro un regaliz.
Capricornio protestaba porque siempre desaparecían las de fresa primero.
Acuario se inclinó hacia Libra.
—Cierra los ojos.
Ella lo miró desconfiada.
—Ni de broma.
—Confía un poco.
—Precisamente contigo...
Él levantó las manos.
—No voy a hacer nada.
Libra suspiró.
—Como me pongas una araña en la mano...
—¿De dónde voy a sacar una araña?
—Contigo nunca se sabe.
Terminó cerrando los ojos.
Escuchó cómo él se acercaba.
Notó una mano frente a ella.
—Abre la boca.
—Esto suena fatal.
—Hazme caso.
Dudó un segundo.
Después obedeció.
Sintió una nube de azúcar deshaciéndose sobre la lengua.
Abrió los ojos.
Era una de sus chucherías favoritas.
Las nubes rosas.
Acuario sonreía como un niño orgulloso de haber preparado una sorpresa.
—¿Cómo sabías que me gustan?
Él se encogió de hombros.
—Siempre coges esas primero.
Libra se quedó completamente quieta.
No era la golosina.
Era el detalle.
Se había fijado.
Entre tantas conversaciones, tantas bromas y tanto ruido...
...se había fijado.
Y eso valía mucho más que cualquier regalo.
---
—¿Qué pasa? —preguntó él al verla callada.
—Nada.
—Mientes.
—¿Por qué dices eso?
—Porque cuando te emocionas hablas menos.
Ella bajó la mirada para esconder una sonrisa.
Cada vez era más difícil ocultarle lo que sentía.
Y eso empezaba a asustarla.
---
Después del recreo tuvieron Educación Física.
Los dos grupos coincidían en la misma pista, aunque con profesores distintos.
Mientras el profesor explicaba el ejercicio, Libra notó una mirada.
Levantó la cabeza.
Acuario estaba al otro lado de la pista.
Le hizo un gesto exagerado de saludo.
Ella negó con la cabeza, divertida.
Disimuló para que el profesor no la viera.
Él aprovechó un descuido y levantó el pulgar.
Como preguntando:
"¿Todo bien?"
Libra respondió exactamente igual.
Un gesto pequeño.
Ridículamente pequeño.
Pero suficiente para arrancarle una sonrisa durante toda la clase.
---
Al terminar, el profesor dejó diez minutos libres antes de volver al aula.
Algunos alumnos aprovecharon para sentarse.
Otros siguieron jugando.
Libra se quedó bebiendo agua junto a la fuente.
Escuchó unos pasos acercándose.
—¿Cansada?
Era Acuario.
—Un poco.
—Eso es porque corres poco.
—O porque no estoy loco.
Él apoyó la espalda contra la pared.
Por primera vez en mucho tiempo no hizo ninguna broma.
Solo observó el patio.
Había algo tranquilo en aquel momento.
Como si el mundo hubiera bajado el volumen durante unos minutos.
—¿Sabes qué es lo que más me gusta de los viernes? —preguntó él.
Libra negó con la cabeza.
—Que durante dos días no hay instituto.
Ella soltó una risa.
—Pensaba que ibas a decir algo bonito.
—También.
La miró.
Esta vez directamente.
Sin sonreír.
—Pero luego llega el lunes.
Libra esperó.
—Y volvemos a vernos.
No supo qué responder.
Notó cómo el corazón empezaba a latir demasiado deprisa.
Porque aquella frase había sonado diferente.
No era una broma.
No era una pulla.
Era una verdad dicha con una naturalidad que desarmaba.
Antes de que pudiera contestar, sonó el timbre.
El momento desapareció.
Como tantos otros.
—Venga, borde.
—¿Qué?
—No llegues tarde.
—Pesado.
Él empezó a alejarse.
Libra se quedó inmóvil unos segundos.
Observándolo caminar.
Con las manos en los bolsillos.
Saludando a cualquiera que se cruzaba.
Siempre sonriendo.
Siempre haciendo que todo pareciera fácil.
No sabía qué estaba ocurriendo entre ellos.
Ni si aquello tenía algún nombre.
Solo sabía que, cada vez que él estaba cerca, todo parecía más ligero.
Y cuando se marchaba...
El instituto volvía a ser solo un instituto.
---
Aquella noche, mientras se preparaba para dormir, abrió el cajón de su mesilla.
Dentro estaba el pequeño Saturno.
Lo sostuvo entre los dedos.
Después recordó la nube de azúcar.
La conversación junto a la fuente.
El "volvemos a vernos".
Y comprendió algo que llevaba semanas intentando ignorar.
No era el llavero.
Ni las chucherías.
Ni las bromas.
Era la forma en la que él convertía los detalles más simples en recuerdos imposibles de olvidar.
Sin darse cuenta, Acuario estaba haciendo algo que nadie había conseguido antes.
Estaba construyendo un lugar dentro de ella.
Un lugar al que siempre querría volver.
Y los dos ignoraban que, algún día, ese mismo lugar sería el que más dolería abandonar.