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AMOR BAJO LAS SOMBRAS

AMOR BAJO LAS SOMBRAS

Status: Terminada
Genre:Oficina / Romance / Intrigante / Aventura / Completas
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Tras una dolorosa traición amarosa, Jane Macdogal ha cerrado las puertas de su corazon y se ha refugiado por completo en su trabajo como directora de una prestigiosa revista de moda en Nueva York. Sin embargo, su mundo se tambalea cuando el dueño de la empresa le anuncia un auditoria de emergencia para vender la compañia. El encargado de revisarlo todo es Adam Preston, un misterioso y actractivo experto en financias que revoluciona la vida de Jane desde su desastroso primer encuentro en el aeropuerto. Obligados a convivir dia y noche, y tras un accidentado viaje a la semana de la moda de París, la innegable atracción fisica da paso a un secreto mucho mas peligroso. Lo que comenzaba como una simple revision de numeros se convertira en una carrera a contrareloj para salvar la empresa. En un juego donde las apariencias engañan y los enemigos acechan en las sombras, Jane y Adam deberan aprender a confiar el uno en el otro si quieren salvar la empresa y sus propias vidas.

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO SIETE. PRIMEROS INDICIOS

Eran las siete de la mañana cuando mi despertador comenzo a sonar, me levante rápido abrí el armario y elegí para hoy un traje pantalón de color azul marino y una camisa blanca sencilla, con unos zapatos blancos de medio taco.  Entre al baño y me asee, me puse un maquillaje suave y me vesti.

Llegue a la cocina y como era de costumbre Adam ya estaba levantado con el desayuno a punto.

- Buenos días Jane\, ¿Cómo ameneces? ¿Qué tal tu pie?

- Buenos días Adam\, pues he descansando bien y mi pie esta ya recuperado. (no pude evitar sonrojarme al recordar la situación que vivimos en la noche anterior).

- ¡celebro que todo este bien! Ten he preparado un café cargado\, hoy será un día intenso en la oficina. (es increíble que sonrojada se vea todavia mas hermosa).

Terminamos de desayunar, bajamos al garaje y salimos en mi coche hacia la oficina.  En verdad hoy nos esperaba un dia agotador, primero teníamos junta con los jefes de los departamentos para que conocieran a Adam y pusieran a su disposición todo lo que necesitara, despues debía enseñarle la empresa y al final de la mañana tenia la reunión con el equipo de redacción para organizar el especial de la semana de la moda si había sido todo un acierto ese café cargado.

Llegamos a la oficina deje a Adam en mi despacho y fui a buscar a Rose a su oficina.

- Hola Rose\, ya estoy de vuelta

- Amiga moria de ganas por verte para saber que tal han sido estos dos semanas en Paris\, con ese monumento de hombre al lado\, jajaja

- ¡Uf\, que te digo\, además de ser guapísimo y tener un cuerpo de infarto\, es un hombre muy atento\, la verdad me sentí en las nubes con el!

- ¿No me digas que os habéis acostado?

- No mujer\, que dices\, lo que paso es que nos toco compartir la habitación porque por un error informatico solo se reservo una\, me toco verlo en calzon por eso le vi el cuerpo.

- Ja ja\, no puedo creerlo\, espero que salgamos a cenar y asi me cuentes al detalle todo.

- ¡claro amiga! Pero ahora ves a la sala de juntas\, deja todo preparado y avisa a los demás yo voy a buscar a Adam y vamos para alla.

La junta dio comienzo con la presentación por parte de cada gerente de la manera en que su departamento desarrollaba el trabajo asi como del personal que formaban sus equipos, tan solo faltaba por ver los informes y las cifras del departamento de contabilidad, pero como siempre una vez más, el responsable Arthur Jones llegaba tarde.  Estaba por ofrecerle a Adam hacer un receso en la reunión y salir a visitar la empresa cuando la puerta de la sala se abrió abruptamente y un arrogante Arthur la atravesó.

- ¡Buenos días\, Arthur Jones! (saludo a Adam tendiendo su mano)

- Mas bien\, ¡Buenas tardes! pues llega media hora tarde\, ¿usted es? (pregunto Adam aprentando firmemente su mano)

- El director de contabilidad\, mucho gusto en conocerlo señor Preston\, aquAí le traigo el estado de cuentas de la empresa y demás informes financieros para que se ponga al dia con nuestras cifras actuales\, cualquier duda estare en mi despacho.

Dicho esto salió de la sala sin dar tiempo a que Adam pudiera contestar, la verdad nunca me había gustado Arthur, era un hombres sombrío, se pasaba el día en su despacho, ese lugar era como un templo para el, nadie entraba en el salvo su secretaria o el señor Stone y cuando salía siempre acostumbraba a cerrar con llave.  Era una persona altanera que siempre trataba a todos como si fueran de un rango inferior y era muy parco en palabras.  De algún modo contaba con una especie de inmunidad era como el protegido de nuestro jefe y nadie se atrevia nunca a llevarle la contraria.

Después de conocer al desagradable señor Jones decidi finalizar la junta, estaba ansioso por comenzar a revisar los informes que me había dado, me dirigi a la oficina que habían prestado, mande a mi secretaria que me encargara almuerzo, me quite la chaqueta, me sente en la mesa abri la carpeta y comencé a escudriñar hoja por hoja, dato por dato todas las cifras que allí se me daban.  Lo primero que observe es que las cifras mensuales eran excesivamente fluctuantes había diferencias de cientos de dólares de un mes a otro y eso no era normal, desde luego que las ventas no eran iguales cada mes y eso suponía unas variables pero no en cifras tan grandes a lo sumo algunos dólares pero no tanto como lo que mostraban las cifras, algo no cuadraba en los datos.  Pase el resto del dia sumergido en los informes, había muchos datos confusos pero lo que mas llamó mi atención fue descubrir una cifra inusualmente alta y que se repetía mes a mes, necesitaba cuanto antes los libros contables para poder ver al detalle de donde salía ese dato, por lo que rápidamente telefonee al despacho de Arthur.

- Buenas tardes\, habla con Rachel Adams secretaria de contabilidad ¿en que puedo ayudarle?

- Buenas tardes\, ¿podría ponerme en contacto con el señor Jones? Dígale que le habla el Sr Preston.

- ¡ Un momento por favor no se retire! (La secretaría presiono una línea de teléfono y aviso a su jefe quien le dijo que le pasara la llamada)

- Señor Preston\, ¡que sorpresa tan agradadable! usted dira en que puede ayudarle este humilde servidor.

- Dejese de ironias\, ambos sabemos que no nos agradadamos menos despues del comportamiento que mostro usted en la junta.  Lo que necesito es que me haga llegar a la máxima brevedad posible los libros de contabilidad\, los informes que me ha mandado son muy escuetos y yo necesito repasar mas afondo las anotaciones.

- ¿me esta diciendo que los informes que le prepare no están bien? ¿qué no son suficientes para usted? Mire tengo mas de treinta años llevando contabilidades para que pretenda usted venir a decirme que no hago las cosas bien siendo que usted no es mas que es un simple niñato a mi lado.

- Mire Arthur deje de hacerse el ofendido y prepáreme lo que le he pedido\, mi trabajo es comprobar que esta empresa esta bien para que mi jefe la pueda adquirir sin problemas\, por lo que yo tengo acceso libre a todo lo que necesite ello incluye la documentación que le esto solicitando asi que ocupese de prerarla y enviármela a la mayor brevedad posible y no me obligue a tener que recurrir a su jefe para que el mismo le obligue.

- Esta bien\, le prepare todo y se lo hare llegar con mi secretaria el lunes a pimera hora. (colgó el teléfono antes de que Adam pudiera siquiera replicar algo de lo que le había dicho)

Me quedé mirando la pantalla unos segundos, como si esperara que el Sr. Stone reapareciera para darme alguna explicación más, pero solo quedó el silencio de la llamada terminada y el leve zumbido de la ciudad colándose por la ventana entreabierta. Adam seguía de pie, apoyado en el marco de la puerta, con el ceño fruncido y esa expresión suya que nunca sabía si era de concentración o de fastidio.

-No le gusta que le lleven la contraria -comenté, intentando romper la tensión.

Adam soltó una risa seca, sin humor.

-No, desde luego. Pero esto nos da poco margen de maniobra. -Se pasó una mano por el pelo, visiblemente molesto-. Necesito esos informes cuanto antes. ¿Crees que tu secretaria podrá conseguirlos sin levantar sospechas?

-Por supuesto. Rose es discreta y sabe moverse entre la burocracia mejor que nadie. -Me crucé de brazos, intentando sonar más segura de lo que me sentía-. ¿Qué vas a buscar exactamente?

Adam se acercó y bajó la voz, como si temiera que las paredes pudieran escuchar.

-Quiero ver los movimientos de los últimos dos años. Hay demasiadas partidas que no cuadran, Jane. Contratos con empresas fantasma, pagos duplicados, proveedores que nadie conoce. Algo no encaja y tengo la sensación de que Stone lo sabe perfectamente.

Sentí un escalofrío recorrerme la espalda. No era la primera vez que sospechaba que algo raro pasaba, pero escucharlo en voz alta lo hacía demasiado real.

-¿Y si tienes razón? ¿Qué va a pasar con la revista? -pregunté, bajando la voz casi a un susurro.

Adam me sostuvo la mirada, serio.

-Eso depende de lo que encontremos. Pero te prometo que no voy a dejar que nadie os arrastre con ellos. -Sus palabras sonaron firmes, casi como una promesa personal.

Asentí, sintiendo un extraño alivio. Por primera vez desde que todo esto empezó, no me sentía sola.

-Entonces, ¿por dónde empezamos?

Adam sonrió apenas, esa media sonrisa que parecía reservada solo para los momentos en que bajaba la guardia.

-Por el principio. Esta noche quiero que me ayudes a revisar los archivos que tengas en casa. Mañana, si puedes, pídele a Rose que recopile todo lo que encuentre sobre los proveedores y los contratos de publicidad. Yo me encargaré de hablar con el departamento financiero.

-De acuerdo. -Inspiré hondo, intentando tranquilizarme-. Pero prométeme que si las cosas se ponen feas, me lo dirás. No quiero descubrirlo por sorpresa.

Adam asintió, y durante un instante, el ambiente se suavizó. Nos quedamos en silencio, compartiendo una complicidad inesperada.

-Jane -dijo de pronto, con voz más suave-. Sé que esto es mucho para ti. Si en algún momento quieres parar, dímelo.

Negué con la cabeza, más decidida de lo que esperaba.

-No pienso dejar que nadie destruya lo que hemos construido. Ni la revista, ni mi vida.

Adam me miró con una intensidad que me hizo apartar la vista, de pronto consciente de la cercanía entre ambos. Carraspeó y se apartó, dándole un respiro a la tensión.

-Bien, entonces pongámonos a trabajar.

Esa noche, mientras repasábamos papeles y archivos hasta entrada la madrugada, supe que algo había cambiado. Ya no era solo una cuestión de salvar la empresa. Era una lucha personal, y Adam y yo estábamos en el mismo bando.

Y aunque no quise admitirlo en voz alta, sentí que, por primera vez en mucho tiempo, no me importaba tener a alguien cerca.

—¿por dónde empezamos? —completé la frase, sosteniéndole la mirada con determinación.

Adam se quedó pensativo un momento, sopesando mis palabras. La tensión en sus hombros pareció aflojarse un poco al ver mi disposición a colaborar. Se acercó un paso más, lo suficiente como para que pudiera percibir el sutil aroma de su colonia, un detalle que me descentró por una fracción de segundo antes de obligarme a recuperar la compostura.

—Por ahora, mantengamos la calma —respondió él en voz baja, recorriendo el despacho con la mirada—. Si Jones va a entregarnos los libros contables oficiales el lunes, tenemos el fin de semana para revisar minuciosamente los balances mensuales que ya tengo. Quiero cruzar las fechas de esas fluctuaciones tan sospechosas con los eventos o lanzamientos principales de la revista.

—Eso puedo hacerlo yo misma —me ofrecí de inmediato, cruzándome de brazos—. Conozco de memoria el calendario de publicación de los últimos tres años. Sé perfectamente qué meses tuvimos mayores costes de imprenta o cuándo se dispararon las inversiones en publicidad por los especiales de moda. Si hay un desfase que no se justifica con la actividad real, lo detectaremos enseguida.

—Perfecto. Eso es exactamente lo que necesito —asintió Adam, y una sonrisa genuina, desprovista de la ironía habitual, iluminó su rostro—. Sabía que eras la persona indicada para esto, Jane. Tu jefe pensó que te ponía a mi lado como una distracción o un freno, pero se ha equivocado por completo.

El elogio hizo que mis mejillas cobraran un ligero tinte rosado, y para ocultar mi turbación, caminé hacia mi mesa para recoger mi bolso y las llaves del coche. El reloj de la pared ya marcaba pasadas las ocho de la tarde, y el cansancio acumulado del viaje y de la intensa jornada laboral empezaba a pasar factura.

—Será mejor que nos marchemos ya —dije, tratando de sonar profesional—. La oficina está prácticamente vacía y no quiero que el servicio de seguridad o el propio Jones nos vean merodeando por aquí a estas horas.

Adam asintió en silencio, se colocó la americana con la elegancia que lo caracterizaba y me siguió hacia la salida. Mientras bajábamos en el ascensor hacia el aparcamiento subterráneo, el silencio entre los dos se volvió denso, cargado de una electricidad diferente a la del trabajo. Recordé mi firme resolución de la noche anterior: tenía que pedirle que se marchara a un hotel. La complicidad que estábamos desarrollando debido a la investigación ponía en serio peligro las barreras que yo misma había levantado para proteger mi corazón.

Al subir al coche, las luces de Nueva York empezaron a desfilar ante nosotros a través de las ventanillas. El tráfico era denso, lo que me obligó a concentrarme en la conducción, agradeciendo el silencio sepulcral que se había instalado en el habitáculo. Sabía que el fin de semana en el apartamento iba a ser una prueba de fuego para mi fuerza de voluntad.

Llegamos al edificio, estacioné en mi plaza del garaje y subimos en el ascensor hasta el piso. Al abrir la puerta de casa, la familiar calidez de mi hogar me recibió, pero la presencia de Adam lo cambiaba todo. Él dejó su maletín sobre el mueble del recibidor y se volvió hacia mí, aflojándose la corbata con un gesto cansado que, muy a mi pesar, me pareció increíblemente atractivo.

—Jane, sobre lo de anoche... —comenzó a decir, dándose la vuelta para mirarme a los ojos con una intensidad que me hizo dar un paso atrás de forma instintiva.

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Marta Weiss
Una novela distinta ,corta y llevadera. Adelante, sigue con la escritura, que Dios te colme de bendiciones 😘
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