La caja apareció el día del funeral de su abuela.
Dentro había cientos de cartas con fechas imposibles, nombres desconocidos y secretos que jamás debieron existir.
Cuando Luna abre una de ellas, despierta en una vida diferente. Una donde es cantante. Otra donde nunca nació. Otra donde alguien la ama desesperadamente.
Pero cada carta tiene un precio.
Con cada viaje, un recuerdo desaparece.
Y cuando descubre una carta escrita por ella misma desde el futuro, comprende una aterradora verdad:
Alguien está borrando historias.
Y ella podría ser la siguiente.
✨ "Toda historia tiene un final. Algunas tienen más de uno."
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Capítulo 8: La Mujer Detrás de la Puerta
Luna permaneció inmóvil.
Su mano seguía apoyada sobre la puerta.
Su respiración era apenas un hilo.
Y al otro lado...
Estaba ella.
La mujer sonreía.
La misma sonrisa.
Los mismos ojos.
El mismo rostro.
Pero algo era diferente.
Había tristeza en su mirada.
Una tristeza tan profunda que parecía imposible de describir.
Luna retrocedió lentamente.
El corazón golpeaba con fuerza contra sus costillas.
No podía ser real.
No podía existir otra versión de ella.
Y sin embargo estaba allí.
A pocos centímetros.
Esperándola.
La nota seguía pegada contra el vidrio.
"NO ABRAS LA OCTAVA CARTA."
De repente los golpes cesaron.
El silencio invadió la casa.
Luna volvió a mirar por la mirilla.
La mujer seguía allí.
Pero ahora parecía nerviosa.
Miraba constantemente hacia la oscuridad de la calle.
Como si algo la estuviera persiguiendo.
Como si el tiempo se estuviera agotando.
Entonces levantó nuevamente la hoja.
Y escribió algo más.
Las palabras aparecieron lentamente.
"NO TENEMOS MUCHO TIEMPO."
Luna sintió un escalofrío.
La mujer no estaba actuando.
No parecía una amenaza.
Parecía aterrada.
Durante varios segundos ninguna se movió.
Separadas únicamente por una puerta.
Dos versiones de la misma persona.
Dos desconocidas.
Dos extrañas.
Finalmente Luna reunió valor.
—¿Quién eres?
Por supuesto, la mujer no podía escucharla.
Pero pareció comprender la pregunta.
Tomó otro papel.
Y escribió:
"Soy quien queda cuando todo termina."
Luna sintió que el estómago se revolvía.
Aquella respuesta no aclaraba nada.
Solo generaba más preguntas.
La mujer escribió nuevamente.
"Ya cometimos este error."
"Muchas veces."
Las palabras hicieron que el corazón de Luna se acelerara.
Porque coincidían con lo que había dicho el hombre de negro.
Con los recuerdos perdidos.
Con los ciclos.
Con las otras versiones.
Todo parecía conectado.
Y eso era precisamente lo que más miedo daba.
De repente la mujer levantó la vista.
Sus ojos se abrieron con terror.
Miró detrás de ella.
Hacia la oscuridad de la calle.
Y Luna supo inmediatamente que algo estaba mal.
Muy mal.
La mujer comenzó a escribir apresuradamente.
Tan rápido que apenas podía sostener el marcador.
"ÉL YA VIENE."
Luna tragó saliva.
No necesitaba preguntar quién era.
Lo sabía.
El hombre de negro.
Entonces ocurrió.
Las luces de la calle comenzaron a apagarse.
Una por una.
La primera.
La segunda.
La tercera.
Como si una sombra invisible avanzara lentamente.
Acercándose.
La mujer comenzó a retroceder.
Su expresión estaba llena de desesperación.
Y entonces escribió una última frase.
Una frase que cambió todo.
"NO ES EL VILLANO."
Luna abrió los ojos.
Confundida.
¿No era el villano?
Pero antes de que pudiera pensar más, algo ocurrió.
La mujer desapareció.
Simplemente desapareció.
Como si jamás hubiera estado allí.
Como si alguien hubiera borrado su existencia.
La puerta principal se abrió sola.
Lentamente.
Con un largo crujido.
El aire frío entró en la casa.
Luna sintió que cada músculo de su cuerpo se tensaba.
Porque ya sabía quién estaba allí.
No necesitaba verlo.
Lo sabía.
Y entonces una voz resonó desde la oscuridad.
—No deberías hablar con ella.
Luna cerró los ojos.
—¿Por qué?
—Porque siempre intenta cambiar las cosas.
El hombre de negro apareció lentamente.
Vestido como siempre.
Elegante.
Impecable.
Tranquilo.
Como si nada pudiera alterarlo.
—¿Quién era?
—Tú.
—Eso ya lo sé.
—Entonces sabes suficiente.
La frustración explotó dentro de Luna.
—¡No sé nada!
El silencio llenó el recibidor.
Por primera vez el hombre pareció comprender cuánto estaba sufriendo.
Y eso hizo que algo cambiara.
Por primera vez no sonrió.
—¿Quieres la verdad?
La pregunta tomó a Luna por sorpresa.
—Sí.
—¿Toda la verdad?
—Sí.
El hombre permaneció en silencio durante varios segundos.
Luego caminó hasta una silla.
Y se sentó.
Como alguien que estaba a punto de contar una historia muy larga.
Muy antigua.
—Hace mucho tiempo encontraste la caja.
—Ya lo sé.
—No.
No lo sabes.
Luna sintió un escalofrío.
—¿Qué quieres decir?
—La primera vez no ocurrió en esta vida.
El silencio fue absoluto.
—¿Qué?
—La primera vez ocurrió antes de que nacieras.
Aquellas palabras parecían imposibles.
Absurdas.
Y aun así...
Algo dentro de ella reaccionó.
Como si una parte olvidada de su mente reconociera aquella idea.
—Eso no tiene sentido.
—Las historias no obedecen las mismas reglas que las personas.
El hombre observó la oscuridad a través de la ventana.
Y continuó.
—La caja no elige personas.
Elige historias.
—No entiendo.
—Tú no eres importante porque te llamas Luna.
Eres importante porque tu historia nunca termina.
El reloj marcó las cuatro de la madrugada.
Pero nadie parecía notarlo.
El mundo entero parecía suspendido.
Detenido.
Esperando.
—¿Qué ocurre cuando abro todas las cartas?
El hombre guardó silencio.
Demasiado silencio.
—¿Qué ocurre?
—Recuerdas.
Luna sintió miedo.
—¿Y después?
El hombre la observó directamente.
Y por primera vez ella vio algo extraño en sus ojos.
Tristeza.
Una tristeza inmensa.
Como si hubiera presenciado la misma tragedia una y otra vez.
—Después vuelves a elegir.
—¿Elegir qué?
La respuesta llegó lentamente.
Como si incluso para él fuera difícil decirla.
—Si quieres seguir existiendo.
El corazón de Luna se detuvo.
—¿Qué?
—Esa es la decisión que siempre tomas al final.
La habitación pareció volverse más fría.
Más oscura.
Más pesada.
Y entonces el hombre pronunció unas palabras que hicieron que toda la realidad de Luna se derrumbara.
—Porque la verdad es que nunca desapareciste.
La mujer de 1954 no desapareció.
La niña de la estación no desapareció.
Las otras versiones tampoco.
Todas siguen existiendo.
Todas viven dentro de ti.
Luna sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
Porque por primera vez comprendió algo aterrador.
Tal vez nunca había sido una sola persona.
Tal vez...
Siempre había sido muchas.
Y la Octava Carta estaba esperando para mostrarle exactamente quién era.
Continuará...