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La Esposa del Exmilitar

La Esposa del Exmilitar

Status: En proceso
Genre:Romance / Venganza / Amor tras matrimonio / Mujer poderosa / Juego de roles / Mujer despreciada
Popularitas:157.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Bella

La noche de su compromiso, Estrella Navarro cayó al mar. Su prometido salvó a otra mujer y la dejó atrás.

Quien la rescató fue León Reyes, un exmilitar serio y reservado al que todos subestiman. Al día siguiente, Estrella rompe con el hombre que la traicionó y se casa con León por el civil.

Su familia cree que perdió la cabeza. Su ex quiere recuperarla. Su hermana presume una tecnología que no le pertenece.

Pero Estrella no es la mujer débil que todos creían. Ella es la verdadera creadora de ASTRA.

Y León tampoco es un hombre cualquiera.

Cuando los secretos salgan a la luz, quienes la humillaron van a entender algo demasiado tarde: Estrella no se arruinó al casarse con él. Se salvó.

NovelToon tiene autorización de Bella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

Capítulo 8

Valeria salió del penthouse de Diego con la sonrisa hecha pedazos.

Él estaba borracho.

Estaba herido.

Y aun así la rechazó.

En el auto, cerró los ojos y apretó los dientes hasta que le dolió la mandíbula.

No importaba.

Solo era una derrota temporal.

Muy pronto, el mundo entero sabría que ella era la mujer detrás de ASTRA. Subiría al escenario, recibiría los aplausos, tendría a Diego a su lado. Y Estrella, casada con un pobre técnico, tendría que verla desde abajo.

—Todavía no terminó —murmuró.

A la mañana siguiente desperté en la habitación principal de la casa de León.

Por unos segundos no reconocí el techo.

Luego recordé todo.

El mar.

El acta matrimonial.

La casa antigua.

León.

Una sonrisa se me escapó antes de poder detenerla.

Me estiré, me lavé la cara y bajé. Al llegar a la escalera, el olor a desayuno me envolvió.

En la cocina, León estaba de espaldas, con un mandil oscuro, preparando huevos en el sartén. La luz de la mañana le marcaba los hombros y la cintura. Se veía distinto al hombre frío de la puerta, distinto al esposo que me cubrió con una manta.

Se veía doméstico.

Y peligrosamente atractivo.

Antes, en el departamento de Diego, el desayuno aparecía servido por empleadas. Todo perfecto, todo distante.

Ahora había un hombre cocinando para mí.

La sensación era nueva.

Muy cálida.

León volteó como si hubiera sentido mi mirada.

—¿Despertaste? Ya casi está.

—¿Te ayudo?

—Siéntate y come.

No me dio margen.

Poco después puso en la mesa huevos, pan tostado, leche y fruta cortada. Sencillo, nutritivo, cuidado.

—Tengo que salir —dijo mientras se sentaba frente a mí—. ¿Qué quieres comer al mediodía? Puedo pedir que te manden algo.

—¿Vas al trabajo?

—Sí.

Por un momento recordé que mi esposo era ingeniero. Yo había pasado la mañana anterior imaginando cómo mantenerlo y luego casi lo olvidé entre tanto caos.

—No te preocupes por mí —dije—. Voy a comer con unos amigos.

No preguntó quiénes ni por qué.

Solo asintió.

—Si necesitas algo, me llamas.

Esa forma de dar espacio sin dejar de cuidar me gustó más de lo que quería admitir.

—Está bien.

Probé los huevos.

—Están buenísimos.

León sonrió apenas.

Cuando terminó de recoger, subió a cambiarse. Al bajar, llevaba un traje oscuro perfectamente cortado.

Me quedé mirándolo.

No parecía un empleado común.

Parecía el dueño de la sala de juntas.

—Me voy.

Me levanté y lo acompañé hasta la puerta.

—Maneja con cuidado.

Él se detuvo un segundo, como si esa frase le hubiera tocado algo.

—Sí.

Cuando el auto salió del portón, subí a cambiarme. Yo también tenía trabajo.

La aparición repentina de una versión pirata de ASTRA obligó a mi equipo a reunirse de emergencia.

Tomé una laptop, documentos y salí.

El lugar era una oficina temporal en un edificio discreto del centro. Nada ostentoso. Justo como necesitábamos.

Al entrar a la sala, tres personas se pusieron de pie.

Bruno Serrano.

Mateo Vega.

Ximena Paredes.

Jóvenes, brillantes, cansados de trabajar en secreto.

—Jefa.

—Siéntense.

Dejé mi bolsa en la silla principal.

—Bruno, dime qué tenemos.

Él conectó la computadora al proyector. En la pantalla apareció el anuncio de Castellanos Tech: presentación oficial de ASTRA, tres días después, con Valeria Navarro como responsable técnica.

—La información pública es poca —dijo Bruno—. Han blindado todo. Pero los datos que sí muestran coinciden con nuestras características centrales en más de un ochenta por ciento.

Mateo golpeó la mesa con los dedos.

—No puede ser una coincidencia.

Ximena apretó los labios.

—Si salen primero, la narrativa pública será de ellos.

Los miré a los tres.

Vi rabia.

También miedo.

—Calma. Lo de afuera no es el verdadero ASTRA.

La frase cambió el aire.

Bruno levantó la mirada.

—Pero tienen algo fuerte.

—Sí. Y por eso quiero saber de dónde salió. No vamos a gastar nuestra primera bala sin entender qué versión tienen, qué huecos arrastra y quién se las dio.

—¿Entonces esperamos a la presentación?

—Sí. Todos monitoreando. Nada de contacto externo. Nada de filtraciones. Nadie menciona mi nombre.

Los tres asintieron.

Esa tarde volví a la casa antes que León. Él me avisó que regresaría tarde.

A las ocho y media yo estaba en la sala, revisando código y notas antiguas, cuando escuché un motor deportivo afuera.

Me quedé quieta.

No podía ser.

Luego vinieron los golpes al portón.

—¡Estrella! Sé que estás ahí. Sal. Tenemos que hablar.

Diego.

Cerré la laptop.

Durante unos segundos pensé en ignorarlo. Pero su voz volvió, más fuerte, con esa mezcla de alcohol, rabia y falsa tristeza que podía volverse escándalo si no lo frenaba.

—¡Estrella! ¿Con qué derecho me haces esto?

Fui al patio.

Detrás del portón, Diego estaba con la corbata floja, el cabello un poco desordenado y los ojos encendidos. A unos metros, su asistente esperaba incómodo junto al coche.

—Vete —dije a través de la reja.

Diego levantó la cabeza de golpe.

—Por fin sales.

—Estoy casada. Deja de venir.

—¿Casada? —soltó una risa amarga—. ¿Con ese ingeniero? ¿De verdad crees que te merece?

—No tienes derecho a opinar.

—¿No? Me quitó a mi prometida.

—Tú me perdiste.

La frase lo golpeó, pero no lo detuvo.

—Sé que sigues amándome. Estás dolida, quieres castigarme. Lo entiendo. Pero vuelve conmigo.

Su voz bajó, intentando ser suave.

—Puedo perdonar lo del acta. Puedo fingir que nada pasó.

Qué generoso.

Antes de que respondiera, unas luces iluminaron la entrada.

Una camioneta negra se detuvo.

León bajó.

Traía un traje gris oscuro, como si acabara de salir de una reunión formal. La noche le marcaba el rostro serio.

—Señor Castellanos —dijo—. ¿Qué hace aquí a esta hora?

Diego giró hacia él.

Durante un instante se quedó callado.

León no parecía un ingeniero común. Había algo en su postura, en su mirada, que obligaba a medir distancia.

Diego recuperó el desprecio rápido.

—¿Un simple ingeniero vestido así? ¿Ahora juegas a ser ejecutivo?

León alzó apenas una ceja.

—¿Hay algún problema con que un ingeniero use traje?

—No finjas. Crees que con eso Estrella te va a mirar mejor.

Ya no pude más.

Abrí la puerta pequeña del portón y salí.

Antes de que Diego entendiera mi intención, caminé directo hacia León, me puse de puntas, le rodeé el cuello y le di un beso en la mejilla.

Fue rápido.

Pero claro.

Después me quedé a su lado y le tomé el brazo.

—Diego, míralo bien. A él quiero ahora.

Diego se quedó rígido.

Sus ojos se llenaron de una rabia oscura.

Luego sonrió, como si necesitara convencerse de algo.

—Infantil. Lo haces para provocarme.

—No. Lo hago porque puedo.

Le arreglé a León la solapa del saco, con una calma que ni yo sabía de dónde salía.

—Tal vez no tenga tu dinero ni tu apellido, pero cuando mi vida estuvo en peligro, él saltó por mí. Tú no. Esa diferencia no la compras.

Diego apretó los puños.

—Estrella...

—Buenas noches.

Entré con León.

El asistente de Diego dio un paso.

—Señor...

Diego no lo escuchó.

Miraba nuestras espaldas con una mezcla de odio y promesa.

Mañana, pensó, Castellanos Tech se convertiría en el centro del mundo tecnológico.

Entonces Estrella tendría que arrepentirse.

Dentro del jardín, el valor se me empezó a bajar.

Miré de reojo a León.

—Lo de hace un momento... ¿te molestó?

—No.

—Fue sin pedir permiso.

—No me molestó —repitió.

Luego bajó la mirada hacia mí.

—Pero la próxima vez, no uses nuestro matrimonio para demostrarle nada a alguien que ya no importa.

Me quedé quieta.

No sonó a reclamo.

Sonó a protección.

Como si me dijera que no necesitaba pelear por mi lugar.

—Entiendo —dije—. Igual mi elección no está equivocada.

León sonrió apenas y me tomó la mano.

Esa noche, después de bañarme, bajé por agua.

León estaba en la sala con una camiseta blanca sin mangas. La tela se ajustaba al pecho y dejaba ver sus brazos fuertes, definidos. Ya no era el hombre de traje. Parecía alguien que acababa de salir de entrenar, de una vida más dura que una oficina.

Me quedé mirando más de la cuenta.

Él lo notó.

—Ropa vieja. Cómoda.

Me aclaré la garganta.

—¿De verdad estuviste en fuerzas especiales?

—Sí.

—¿Y por qué acabaste como ingeniero?

Me sirvió agua.

—La tecnología siempre me gustó. En este tiempo, también es una forma de poder.

—¿Trabajas con código todo el día?

—Inteligencia artificial y seguridad.

Abrí los ojos con una admiración que no tuve que fingir del todo.

—Entonces sí eres de los que viven pegados a la computadora.

León me tocó la cabeza, divertido.

—Eres muy curiosa.

Me calenté de inmediato.

—Solo pregunto.

—Un día te llevo a la empresa.

—Me gustaría.

Por un segundo quise decirle quién era yo. Que no era una aficionada curiosa, que ASTRA era mío, que entendía de inteligencia artificial tanto como cualquiera de sus colegas.

Pero aún no.

Mientras el sistema no estuviera seguro, mi identidad debía seguir cerrada.

—Buenas noches —dije, abrazando el vaso.

—Buenas noches.

Subí las escaleras y, al girar, lo vi todavía mirándome.

El corazón me falló un latido.

En su cuarto de trabajo, minutos después, León abrió un archivo cifrado sobre la presentación de Castellanos Tech.

La dirección era clara: pretendían vender ASTRA a socios internacionales.

Su mirada se enfrió.

Marcó un número.

—Mañana debemos asegurar la cooperación con Castellanos Tech.

Del otro lado, Elías respondió:

—Entendido.

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JZulay
ay....🤦🏼🤷🏼...ahora sí estás de malas...!!! 🙊
JZulay
🤭🤣🤣🤣🤣 ....sus lágrimas quedaron en shock !!!! 🤭
JZulay
🤭😂😂😂😂😂....qué pena
JZulay
uuuiiii....qué excitante !!! 🤔🤦🏼🤭😂😂😂
JZulay
ni puede ni quiere Salvarte 🤔🤭😅😅
JZulay
🤦🏼...niña....no hay como consolarla , porque ud se lo buscó 😤
JZulay
madre mía 😯🙊!!!!
te cayeron a 🍍 piña ....👀
coge... 👊🏼... ese es el hombre que tú querias 😶‍🌫️
para más tarde
carajo, cambien al traductor.
JZulay
👏🏼👏🏼👏🏼....bien dicho
🤣🤣🤣🤣🤣🤣
JZulay
😯🙊...mira . 👀... el amor de tu vida en momentos de crisis , dándote cariñitos
Mar Sol
Por fin les llegó la hora a esos dos, Valeria y Diego, el descaro de quedarse con algo que no les pertenece, los hace delincuentes, como tal, deben pagar.
JZulay
/Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/ Valeria....Valeria 🤭
Andrea Nardelli
exyraordinaria exelentemente escrita
Mirla Loyo
qué lecturas ésta?🥺🤦‍♀️
JZulay
show Time !!!! /Doubt/
JZulay
exactamente sin evidencias, ya están condenados...🤔
pero como Uds responden al amo que paga sus cuentas 🤷🏼
Mirla Loyo
ésta lectura va a ser así en adelante?🤦‍♀️ tanto esperar para ésto?🤬
JZulay
estos últimos capítulos dificulta una poco su comprensión
Mirla Loyo
éste capítulo estuvo como un tocadiscos en revolución 33🤣🤣🤣 no entendí un carajo 🤔🤣🤣
Rosario Velazquez Romero
escritora está terriblemente mal este capitulo
NovelToon
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