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El bebé que nunca fue de mi esposo

El bebé que nunca fue de mi esposo

Status: Terminada
Genre:Doctor / Vientre de alquiler / Amante arrepentido
Popularitas:23.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Angel_fr_Hell

Valeria Montes dedicó cinco años a cuidar al hombre que amaba. Cuando Adrián por fin se recupera, descubre la verdad: él se casó con ella para conseguir que el prestigioso profesor Gabriel Ferrer lo operara y ahora planea divorciarse, entregarle el bebé a su amante y dejarla con las manos vacías.
Pero Adrián ignora algo: el embrión implantado en Valeria no lleva su material genético. Todo apunta a Gabriel, el brillante y distante cirujano que fue su mentor… y que jamás logró olvidarla.
Decidida a proteger a su hijo, Valeria reúne pruebas, recupera los bienes que los Del Valle le arrebataron y presenta el divorcio. Sin embargo, escapar no será fácil. Su matrimonio sostiene un fideicomiso millonario, y la familia de Adrián está dispuesta a todo para impedir que se marche.
Mientras antiguos crímenes salen a la luz y varios accidentes revelan un patrón mortal, Gabriel regresa para protegerla. Esta vez, Valeria no piensa soportar otra humillación.
Adrián creyó que ella nunca lo abandonaría. Su amante creyó que podría reemplazarla. Ambos estaban equivocados.

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Capítulo 23

Capítulo 23 — Adrián Del Valle, divorciémonos

Adrián Del Valle encontró a Valeria Montes en el salón de la abuela, tomando café con la anciana como si nada en el mundo se hubiera roto.

—Abuela —empezó él, entrando con una sonrisa tensa—, vine a…

—Tú te callas. —La voz de la abuela cayó sobre él como un mazo—. Ven aquí. Arrodíllate y explícame qué demonios es todo lo que sale de ti en cada pantalla de esta ciudad.

Adrián Del Valle se detuvo en seco. Valeria Montes bajó la taza y compuso una expresión de recato dolido, la de una esposa que sufre en silencio.

—Tres años casado —continuó la abuela, temblando de rabia— y le pagas a esta niña, que se ha deslomado por esta familia, revolcándote con una cualquiera arruinada delante de todo el país. ¿Sabes lo que has hecho? Has manchado el apellido Del Valle. El apellido que tu bisabuelo levantó con las manos. Y encima ahora la empresa se tambalea por tu culpa.

—Abuela, fue un montaje, yo…

—¡No me insultes! —La anciana golpeó el brazo del sillón—. Vi la fotografía. Todos la vimos. No me trates como a una vieja senil. —Respiró hondo, y su voz se volvió de hielo—. Te lo advierto una sola vez, Adrián. Como no arregles esto y como no trates a Vale como se merece, tocaré tu parte de la herencia. Y sabes que puedo.

Fue entonces cuando entró Mónica Salazar, alarmada por los gritos.

—Madre, no sea tan dura con Adrián —dijo, apresurándose a interponerse—. Los hombres jóvenes cometen errores. Y al fin y al cabo, Valeria Montes tampoco es que sea…

—¿Tampoco es que sea qué? —La abuela clavó los ojos en ella, y Mónica Salazar tragó las palabras—. ¿Tú vas a venir a hablarme de méritos, Mónica? Tú, que criaste a un hijo ajeno como propio y le diste a esta familia una hija, y jamás supiste ganarte ni la mitad del respeto que esta niña se ganó en tres años. Cállate y siéntate, o vete.

Mónica Salazar se puso lívida. Los hombros le temblaron de humillación, pero no se atrevió a replicar. Se sentó en el borde de una silla, con el odio hirviéndole por dentro.

—Escuchen todos, y que quede claro de una vez. —La abuela se puso de pie, apoyada en su bastón, y su figura menuda pareció de pronto inmensa—. Valeria Montes es la esposa de Adrián Del Valle y la madre de mi primer bisnieto. Cuando yo falte, será mi sucesora al frente del patrimonio y del Grupo Del Valle. Eso no lo decide un escándalo ni lo decide ninguno de ustedes. Lo decidí yo, y antes que yo lo decidió el abuelo. En persona. Así que a quien le pese, que se aguante.

Valeria Montes escuchó aquello con la mirada baja, pero por dentro se le encendió una chispa. «Antes que yo lo decidió el abuelo. En persona.» Otra vez esa frase. Como si en su presencia en la familia Del Valle hubiera algo más que una boda concertada. Como si su lugar allí escondiera una raíz que ella no alcanzaba a ver.

Guardó la observación, como guardaba todo, para más tarde.

La abuela se giró hacia ella, y el tono se le dulcificó por completo.

—Vale, hija. Levanta esa carita. Dime tú misma qué quieres que haga con este inútil.

Y Valeria Montes, con la voz quebrada en el punto exacto, los ojos brillantes de lágrimas contenidas, dijo:

—Abuela… yo no quiero causar más problemas. —Se llevó la mano al vientre, temblorosa—. Creo que lo mejor para todos es que Adrián y yo… —hizo una pausa perfecta, como quien reúne coraje para lo imposible— nos divorciemos.

El salón enmudeció.

—¿Qué? —Adrián Del Valle dio un paso hacia ella, el rostro descompuesto—. Vale, no. No digas eso.

—Es lo justo —siguió ella, dejando resbalar una lágrima con una precisión de actriz consumada—. Tú amas a otra. Yo no quiero atarte. Ni quiero que mi hijo crezca viendo a su padre despreciar a su madre. Prefiero irme. Criarlo yo sola. No les pediré nada.

—¡De ninguna manera! —La abuela golpeó el suelo con el bastón—. ¡Aquí no se divorcia nadie! —Se volvió hacia Adrián Del Valle con una furia renovada—. ¿Ves lo que has provocado? ¡Has empujado a esta niña, embarazada, a querer marcharse! Arrodíllate ahora mismo y júrale, delante de mí, que vas a cambiar. Que vas a cuidarla. Que no volverás a acercarte a esa mujer. ¡Júralo!

Adrián Del Valle miró a la abuela, miró a Valeria Montes, y algo en él —el cálculo del heredero, sí, pero también otra cosa más turbia, más nueva— lo hizo doblar la rodilla.

—Vale —dijo, y por un instante su voz sonó casi verdadera—. Perdóname. Sé que fallé. Sé que no te merecí. Pero no me dejes. Voy a cambiar. Te lo juro por nuestro hijo. Voy a ser el marido que debí ser desde el principio.

Valeria Montes lo miró desde arriba, con las lágrimas todavía prendidas en las pestañas, y por dentro sintió una calma absoluta, glacial, casi divertida.

Ahí estaba. El hombre que la había tratado como a un mueble durante tres años, arrodillado, suplicando. No por amor. Por miedo a perder al heredero, a la empresa, al favor de la abuela. Y aun así se atrevía a jurar por su hijo, cuando ni siquiera sabía si ese niño era suyo, cuando había querido usar el vientre de ella para gestar el hijo de otra.

Dejó que la escena durara lo justo. Dejó que él creyera que la conmovía. Que la abuela creyera que había logrado remendar la grieta.

—Está bien —susurró al fin, dócil, secándose las lágrimas—. Lo intentaremos. Una última vez.

Adrián Del Valle le tomó la mano, aliviado, convencido de que la había recuperado. La abuela suspiró, satisfecha. Mónica Salazar, en su rincón, rechinó los dientes.

Y Valeria Montes, dejándose sostener la mano por el hombre al que ya había condenado, pensó con una serenidad de cuchillo:

Arrodíllate cuanto quieras, Adrián Del Valle. Jura por lo que se te antoje. Nada de lo que digas va a cambiar lo que ya decidí. Este matrimonio se acaba. Solo que voy a elegir yo el día, y va a dolerte más de lo que imaginas.

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Flor María Rivas
Excelente historia la ame de principio a fin
Flor María Rivas
Enamorada de principio a fin ,muchas gracias por compartir esta larga historia Pero valió la pena cada capítulo leído , bendiciones para ti espero seguir encontrando más de esto 🥰un abrazo solo me faltó un poco de si al final el único nieto vivo logro encontrar la felicidad y su propio camino lejos del apellido del Valle ...
Wendy Marte
tanto de lo mismo y tanta alga novela , pq si quiere salir de esa familia lo haga punto , tanto joder y buscar cosas no se le has perdido
Wendy Marte
la abuela no es fácil, quiere valeria el bebé por el fideicomiso
Tere Jimenez
muchas felicidades increíble tu novela me quedo muy interrogada entre capitulo ahora que pasará
Tere Jimenez
está muy interesante ojalá y nos regales más capitulos
Yuleima Lucena
más capítulos esta emocionante
Yuleima Lucena
excelente
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