Sinopsis
Lyra creció creyendo que era una loba común dentro de la Manada de la Luna Plateada.
Toda su vida soportó humillaciones, desprecios y el rechazo de quienes consideraba su familia. Cuando finalmente encontró el amor y la confianza, fue traicionada de la forma más cruel.
La noche de la Luna Sangrienta, Lyra murió.
Pero la muerte no fue el final.
Al abrir los ojos, despertó cinco años en el pasado, antes de que comenzaran las conspiraciones que destruyeron su vida. Ahora recuerda cada mentira, cada traición y cada rostro que sonrió mientras planeaba su caída.
Esta vez no será una víctima.
Sin embargo, cuanto más intenta cambiar el destino, más descubre una verdad imposible: ella no es una loba cualquiera.
Es la heredera perdida de la primera estirpe de lobos.
La legítima reina.
Y el temido Rey Licántropo, un hombre que debería ser su enemigo, parece haberla estado esperando durante siglos.
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CAPITULO 5
No me gustaba sentirme observada.
Y después de lo ocurrido con el instructor y la visita de Kael, tenía la sensación de que algo estaba cambiando.
Algo que no podía ver.
Pero que estaba ahí.
Esperando.
—Deberías dejar de caminar en círculos.
Miré alrededor de mi habitación.
—No estoy caminando en círculos.
—Llevas diez minutos haciendo exactamente eso.
Suspiré.
Quizás tenía razón.
Solo quizás.
Me dejé caer sobre la cama.
—Necesito respuestas.
—Yo también.
—No es justo.
—¿Qué cosa?
—Que aparezcas en mi vida después de años de silencio y tampoco sepas nada.
Nyra se quedó callada unos segundos.
—Lo siento.
La sinceridad de su voz me sorprendió.
—No era un reproche.
—Lo sé.
Y por primera vez desde que despertó, sentí su tristeza.
Como si realmente le doliera no poder ayudarme.
—Vamos a descubrirlo juntas.
Hubo un pequeño silencio.
—Juntas.
Una sonrisa apareció en mis labios.
Era extraño.
Solo llevábamos unas horas hablando.
Y aun así ya no me sentía sola.
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Esa misma tarde tomé una decisión.
Si quería respuestas, tendría que buscarlas yo misma.
Y había un lugar perfecto para empezar.
La biblioteca de la academia.
El enorme edificio de piedra se encontraba en la parte más antigua del campus.
Cuando era niña me encantaba venir.
Podía pasar horas leyendo historias sobre manadas, guerras y antiguas leyendas.
Nunca imaginé que algún día buscaría respuestas sobre mí misma.
Empujé la puerta.
El aroma a libros viejos llenó el aire.
—Me gusta este lugar.
—¿También lees?
—¿Crees que llevo quince años atrapada sin hacer nada?
—Buen punto.
—Gracias.
Caminé entre los estantes.
Historia.
Política.
Territorios.
Guerras.
Nada parecía útil.
Hasta que vi una sección olvidada al fondo.
Libros antiguos.
Muy antiguos.
—Por ahí.
—¿Por qué?
—No lo sé.
Solo siento que debemos mirar.
Seguí la corazonada.
Porque sinceramente, mis ideas se estaban agotando.
Tomé uno de los libros más viejos del estante.
Una nube de polvo me golpeó la cara.
—Puaj.
—Elegante.
—Cállate.
—Jamás.
Abrí el libro.
Las páginas estaban amarillentas.
Algunas incluso parecían a punto de romperse.
Comencé a leer.
Y entonces algo llamó mi atención.
La Casa Lunar.
Fruncí el ceño.
Nunca había escuchado ese nombre.
Seguí leyendo.
Según el texto, mucho antes de las manadas actuales existió una familia que gobernó todos los clanes.
Una familia bendecida directamente por Athea.
Una familia de reyes.
Mi corazón comenzó a acelerarse.
—Nyra.
—Lo estoy leyendo contigo.
—Esto es raro.
—Muy raro.
Pasé la página.
Pero antes de continuar, una sombra apareció sobre el libro.
—No deberías leer eso.
Casi salto del susto.
Levanté la cabeza.
Era el anciano bibliotecario.
No recordaba su nombre.
Pero sí recordaba haberlo visto muchas veces.
—¿Por qué?
Sus ojos se movieron hacia el libro.
Y algo parecido al miedo cruzó su rostro.
—Porque esas historias pertenecen al pasado.
—Solo estoy leyendo.
—Hay conocimientos que traen problemas.
Eso definitivamente no era una respuesta normal.
—Es solo historia.
—No.
Su voz sonó firme.
Demasiado firme.
—Es mucho más que eso.
Mi corazón empezó a latir con fuerza.
—¿Qué significa eso?
El anciano pareció darse cuenta de que había hablado de más.
—Nada.
Cerró el libro de golpe.
—Es hora de que regreses a tu dormitorio.
—Pero...
—Ahora.
Lo observé.
Confundida.
Porque aquello no tenía sentido.
Era solo un libro.
¿Verdad?
—Lyra.
La voz de Nyra sonó seria.
—¿Qué?
—Mira su mano.
Bajé la vista.
Y entonces lo vi.
El anciano estaba temblando.
No de enojo.
De miedo.
Un miedo real.
Como si el simple hecho de verme con aquel libro fuera suficiente para asustarlo.
Y por primera vez desde que regresé al pasado...
Comprendí algo.
No era la única que escondía secretos.
Y algunos de ellos parecían llevar mucho tiempo enterrados.
Demasiado tiempo.