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Debajo De Tu Sombras

Debajo De Tu Sombras

Status: En proceso
Genre:Época / Mundo de fantasía / Mitos y leyendas
Popularitas:489
Nilai: 5
nombre de autor: Maria del Rosario González

Sinopsis
Emilia Velázquez, una joven universitaria apasionada por las novelas románticas, descubre que le quedan pocos meses de vida y acepta la oferta de una misteriosa hechicera para reencarnar en el mundo de su novela favorita, ocupando el cuerpo de Ester, la villana destinada a la desgracia. Mientras lucha por adaptarse a un reino lleno de conspiraciones, magia, dragones ancestrales y peligros ocultos, intentará cambiar un destino que no le pertenece. Sin embargo, todo se complica cuando un extraño encuentro con el príncipe dragón Derek provoca un intercambio de cuerpos que amenaza con alterar el equilibrio de ambos mundos para siempre.

NovelToon tiene autorización de Maria del Rosario González para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8: Un cuerpo que no era suyo

Oscuridad.

Silencio.

Vacío.

Durante un tiempo imposible de medir, Emilia sintió que flotaba entre las estrellas.

No existía arriba ni abajo.

No existía el tiempo.

Solo una inmensa corriente de luz que la arrastraba hacia un destino desconocido.

Entonces llegó el dolor.

Un fuerte mareo sacudió todo su cuerpo.

Y de pronto...

Abrió los ojos.

Un enorme candelabro de cristal colgaba sobre su cabeza.

Las paredes estaban decoradas con elegantes tapices color vino.

Las cortinas negras bordadas en hilos dorados cubrían ventanales gigantescos.

Una suave fragancia floral impregnaba el ambiente.

Emilia parpadeó varias veces.

Confundida.

—¿Dónde...?

Intentó incorporarse.

Pero se detuvo inmediatamente.

Algo estaba mal.

Muy mal.

Sus manos.

No eran sus manos.

Sus dedos eran más largos.

Más delicados.

Su piel era increíblemente blanca.

Temblando, levantó ambas manos frente a su rostro.

—No...

Su respiración comenzó a acelerarse.

Saltó de la cama.

Sus piernas estuvieron a punto de fallar.

Tropezó con una alfombra y casi cayó al suelo.

Apenas logró sostenerse.

—¿Qué está pasando?

Miró alrededor frenéticamente.

La habitación era enorme.

Parecía sacada directamente de un palacio.

Había muebles lujosos.

Espejos decorados.

Estanterías.

Vestidores.

Todo era completamente desconocido.

Entonces sus ojos encontraron un espejo de cuerpo completo.

Y el mundo se detuvo.

Frente a ella estaba una joven de extraordinaria belleza.

Cabello negro como la noche.

Ojos rojos brillantes.

Labios delicados.

Figura elegante.

Vestida con un camisón de seda negra.

Emilia retrocedió.

—No...

Volvió a acercarse.

El reflejo hizo lo mismo.

—No puede ser...

Llevó una mano a su rostro.

La imagen repitió el movimiento.

Las lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos.

—Soy... Ester.

La realidad cayó sobre ella como una montaña.

Había ocurrido.

Realmente había ocurrido.

Ya no estaba en la Tierra.

Ya no era Emilia Velázquez.

Había reencarnado.

Y ahora ocupaba el cuerpo de la villana de su novela favorita.

Un fuerte golpe en la puerta la hizo sobresaltarse.

—¡Lady Ester!

Una voz femenina sonó desde afuera.

—¿Se encuentra bien?

Emilia se congeló.

¿Qué debía hacer?

¿Responder?

¿Esconderse?

¿Gritar?

La puerta volvió a sonar.

—¿Lady Ester?

—S-Sí.

Respondió nerviosamente.

La puerta se abrió.

Una joven sirvienta ingresó rápidamente.

Llevaba un uniforme elegante en tonos grises.

Su cabello castaño estaba recogido en una coleta.

—Buenos días, milady.

La muchacha hizo una reverencia.

—Su padre desea verla durante el desayuno.

Emilia intentó mantener la calma.

—Entiendo.

—¿Se encuentra bien?

—Claro.

—Parece un poco pálida.

—Dormí mal.

La sirvienta asintió.

—Prepararé su vestuario.

Antes de que Emilia pudiera protestar, la joven abrió un enorme armario.

Y casi le da un infarto.

Decenas de vestidos ocupaban el interior.

Negros.

Rojos.

Morados.

Plateados.

Todos increíblemente hermosos.

Todos increíblemente caros.

—Por los cielos...

Murmuró.

—¿Dijo algo, milady?

—Nada.

Absolutamente nada.

Treinta minutos después.

Emilia caminaba por los pasillos del ducado.

O al menos lo intentaba.

Los zapatos de tacón eran una tortura.

El vestido pesaba demasiado.

Y cada persona que encontraba la saludaba con absoluto respeto.

Aquello era surrealista.

Los enormes corredores estaban decorados con cuadros familiares y lámparas mágicas flotantes.

Todo parecía salido de un sueño.

O de una película.

—Respira, Emilia.

Se dijo mentalmente.

—No entres en pánico.

Pero era difícil.

Muy difícil.

Finalmente llegó al comedor principal.

El salón era gigantesco.

Una mesa larguísima ocupaba el centro.

Y en uno de los extremos se encontraban sentados Adolfo y Emma.

Sus nuevos padres.

El corazón de Emilia comenzó a acelerarse.

Los reconoció inmediatamente.

Tal como los describía la novela.

Adolfo era un hombre atractivo y elegante.

Su cabello oscuro estaba perfectamente peinado.

Sus ojos transmitían inteligencia.

Y ambición.

Mucha ambición.

Emma era una mujer hermosa.

Refinada.

Con una sonrisa amable que ocultaba pensamientos difíciles de leer.

—Ester.

Dijo Adolfo.

—Llegas tarde.

Emilia casi responde "lo siento".

Pero recordó algo.

Ester jamás se disculpaba.

Jamás.

—Solo unos minutos.

Respondió intentando sonar tranquila.

Emma la observó cuidadosamente.

—¿Dormiste bien?

—Más o menos.

—Pareces diferente.

El comentario casi provoca que Emilia se atragante.

—¿Diferente?

—Más tranquila.

Adolfo levantó una ceja.

—Es verdad.

Emilia sonrió nerviosamente.

—Quizás estoy madurando.

Ninguno pareció convencido.

El desayuno continuó.

Y poco a poco Emilia comenzó a recordar los detalles de la historia.

Aquella familia estaba involucrada en la conspiración contra el rey.

Adolfo deseaba casar a Ester con Eduardo.

Emma ayudaba a mover los hilos políticos.

Y la verdadera Ester colaboraba.

O al menos lo haría en el futuro.

—El compromiso avanza favorablemente.

Dijo Adolfo.

Emilia casi escupe el té.

—¿Qué compromiso?

Emma pareció sorprendida.

—Con el príncipe Eduardo.

—Ah.

Maldita sea.

Lo había olvidado.

—Claro.

Ese compromiso.

Adolfo la observó extrañado.

—¿Te golpeaste la cabeza?

—No.

—Porque estás actuando raro.

—Solo estoy cansada.

Respondió rápidamente.

Por suerte, la conversación cambió de tema.

Pero Emilia comprendió algo importante.

Debía actuar con cuidado.

Mucho cuidado.

Porque cualquiera podía descubrir que ya no era la verdadera Ester.

Aquella tarde permaneció sola en su habitación.

Necesitaba pensar.

Procesar.

Comprender.

Se sentó frente al espejo.

Observando el rostro que ahora era suyo.

Era hermoso.

Pero extraño.

Completamente extraño.

Y entonces ocurrió algo inesperado.

Una lágrima descendió por su mejilla.

Luego otra.

Y otra más.

No eran lágrimas de Ester.

Eran lágrimas de Emilia.

Porque por primera vez comprendió lo que realmente había perdido.

Su mundo.

Su familia.

Su hogar.

Su madre.

Su padre.

Vivian.

—Los extraño...

Susurró.

Abrazándose a sí misma.

Lloró durante varios minutos.

Sola.

En silencio.

Hasta que finalmente logró calmarse.

Entonces levantó la mirada.

Y tomó una decisión.

—Si voy a vivir aquí...

Susurró.

—Haré las cosas diferentes.

No seguiría el camino de la villana.

No destruiría vidas.

No causaría sufrimiento.

Cambiaría la historia.

Cambiaría su destino.

Y también el de quienes la rodeaban.

Sin saberlo, aquella decisión acabaría alterando el futuro de todo el continente.

Incluyendo el destino de un príncipe dragón que todavía no conocía.

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