Miranda Moreno tiene un objetivo del que no piensa desviarse: casarse con el hombre más poderoso del país. Lo que comienza como un plan cuidadosamente calculado podría convertirse en el mayor riesgo de su vida, porque el poder siempre tiene un precio... y el corazón no sigue estrategias.
NovelToon tiene autorización de Yajaira MG para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 21 - La propuesta
....
El ambiente cambió de inmediato.
—Fallecieron cuando yo tenía seis años. Desde entonces crecí en un orfanato.
Por unos instantes, el silencio se apoderó de la mesa.
—Lo siento mucho, hija —dijo Victoria con sinceridad.
—Gracias.
Nicolás dejó lentamente los cubiertos sobre el plato.
—Entonces... no vienes de una familia adinerada.
Miranda lo miró sin perder la calma.
—No.
Nicolás apoyó los antebrazos sobre la mesa.
—¿Y no será eso lo que te gusta de mi hermano?
Todos dirigieron la mirada hacia él.
—¿Su dinero?
Valentina habló enseguida.
—Nicolás tiene razón.
Miró fijamente a Miranda.
—¿Esas son tus verdaderas intenciones?
Cristóbal frunció el ceño.
—Valentina...
Pero Miranda levantó una mano, pidiéndole en silencio que no interviniera.
Respiró hondo y sonrió con tranquilidad.
—Entiendo perfectamente por qué piensan eso.
La mesa quedó en absoluto silencio.
—Si yo estuviera en su lugar, probablemente también desconfiaría.
Nicolás la observó con atención.
Miranda continuó.
—Pero hay algo que me llama la atención.
Todos esperaron sus siguientes palabras.
—Parece que ninguno de ustedes cree que Cristóbal tenga los suficientes atributos para conquistar a una mujer.
Cristóbal levantó las cejas, sorprendido.
Miranda mantuvo la serenidad.
—Porque, si descartan de inmediato cualquier otro motivo y concluyen que solo podría interesarme su dinero... entonces están diciendo que él no tiene presencia, personalidad o cualidades suficientes para que una mujer se fijé en él.
Nicolás abrió la boca para responder, pero ella continuó.
—Y, sinceramente, después de conocerlo, no comparto esa opinión.
El silencio volvió a instalarse.
Fue Sebastián quien lo rompió.
—Basta.
Su voz firme hizo que todos lo miraran.
—En esta familia podemos expresar nuestras dudas, pero nunca faltarle el respeto a un invitado.
Victoria asintió.
—La señorita Moreno está en nuestra casa y merece el mismo trato que cualquiera de nosotros.
Alejandro miró a sus hermanos menores.
—La desconfianza es válida, pero las conclusiones precipitadas no.
Isabel tomó la mano de Miranda por debajo de la mesa.
—No les hagas caso. Cuando quieren proteger a Cristóbal, a veces exageran un poco.
Valentina suspiró.
—No pretendía ofenderte.
—Ni yo juzgarlos por cuidar a su hermano —respondió Miranda con una sonrisa educada.
Cristóbal, que había permanecido en silencio observando la escena, no pudo evitar sentir una profunda admiración.
Miranda no había levantado la voz.
No se había mostrado a la defensiva.
Y, aun así, había logrado responder con inteligencia y elegancia, dejando a todos sin argumentos.
Por primera vez esa noche, Sebastián sonrió con evidente aprobación.
Aquella joven tenía carácter.
Y eso era algo que respetaba profundamente.
......................
Antes de que sirvieran el postre, Miranda dejó la servilleta sobre la mesa y miró a Cristóbal.
—¿Podría indicarme dónde está el tocador?
—Claro.
Cristóbal se levantó de inmediato.
—Si me disculpan un momento.
Ambos salieron del comedor.
Él la condujo por el amplio pasillo hasta el baño de visitas.
—Es aquí. Te espero afuera.
Miranda asintió y cerró la puerta.
Apenas quedó sola, apoyó ambas manos sobre el lavabo.
Su respiración se aceleró.
Miró su reflejo en el espejo y, por primera vez en toda la noche, dejó caer la máscara.
—¿Qué se creen esos dos? —murmuró con rabia.
Apretó la mandíbula.
—Me pusieron en evidencia delante de toda la familia...
Cerró los ojos unos segundos.
Respiró profundamente varias veces hasta recuperar la calma.
No podía permitirse perder el control.
Se acomodó el cabello, retocó ligeramente su maquillaje y volvió a sonreír frente al espejo.
Solo entonces salió del baño.
Cristóbal seguía esperándola en el pasillo.
Al verla, dio un paso hacia ella.
—Lo siento.
Miranda levantó la vista.
—No pensé que Nicolás y Valentina fueran a hablarte de esa manera.
Ella esbozó una sonrisa tenue.
—No te preocupes.
Cristóbal negó con la cabeza.
—Sí me preocupo.
Hizo una breve pausa.
—Quiero que sepas que yo no creo nada de eso.
Sus ojos permanecieron fijos en los de ella.
—Pero... dime una cosa.
Miranda aguardó en silencio.
—¿De verdad no te importa que sea 12 años mayor que tú?
Ella sostuvo su mirada durante unos segundos.
—¿A qué viene esa pregunta?
Su voz sonó tranquila.
—Dejaste muy claro que era imposible que hubiera algo entre nosotros.
Cristóbal bajó la mirada un instante.
—Lo sé.
Cuando volvió a levantarla, había determinación en sus ojos.
—Y también te dije que esta noche sería mi último intento.
Miranda sintió un ligero vuelco en el pecho.
Él le ofreció el brazo con una pequeña sonrisa.
—Vamos por ese postre.
Hizo una pausa antes de añadir:
—Porque la noche... todavía no ha terminado.
......................
Después del postre, todos regresaron a la sala para continuar la velada.
Las conversaciones llenaban el ambiente cuando, de pronto, Cristóbal se puso de pie.
Su expresión era serena, pero sus manos delataban un ligero nerviosismo.
Todos guardaron silencio.
—Quiero decir unas palabras.
Las miradas se dirigieron hacia él.
Cristóbal buscó a Miranda con la vista.
—Hace unos días estaba convencido de que lo nuestro sería un error. Pensé que la diferencia de edad y que trabajarás para la empresa era un obstáculos demasiados grandes.
Hizo una breve pausa.
—Pero tú me hiciste entender que la edad, cuando los sentimientos son sinceros, no es más que un número.
Miranda permanecía inmóvil, observándolo.
Cristóbal respiró hondo.
—También quiero que mi familia, las personas más importantes de mi vida, sean testigos de lo que ocurrirá esta noche.
Lentamente metió la mano en el bolsillo interior de su saco y sacó el pequeño estuche que había comprado esa misma día.
Lo abrió con cuidado.
Dentro brillaba una elegante joya.
Luego dio unos pasos hasta quedar frente a Miranda.
—Sé que hace apenas un mes y algunos días nos conocemos. Sé que para muchos puede parecer una locura.
Sonrió con ternura.
—Pero llevo un mes intentando demostrarte cuánto significas para mí. Te envié flores, regalos, te invité a salir... y rechazaste cada uno de esos detalles.
Las comisuras de sus labios se elevaron apenas.
Sostuvo el estuche entre sus manos.
—Espero que este regalo sí sea de tu agrado.
Entonces, sin apartar la vista de ella, se arrodilló.
En la sala solo se escuchó un murmullo de sorpresa.
Cristóbal tomó aire una vez más.
—Miranda Moreno... quiero pedirte que seas mi esposa.
El silencio era absoluto.
—Sí, es pronto, lo sé. Pero tendremos tiempo para conocernos mientras organizamos nuestra boda. Solo quiero que me permitas demostrarte, cada día, que mi interés por ti es verdadero.
Le tendió el anillo.
—¿Aceptas casarte conmigo?
Miranda sintió que todos los ojos estaban puestos sobre ella.
Y, por un instante, el tiempo pareció detenerse.