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Layla, La Pincesa Guerrera De Al-Jazair

Layla, La Pincesa Guerrera De Al-Jazair

Status: En proceso
Genre:Pareja destinada / Romance paranormal / Época / Aventura
Popularitas:481
Nilai: 5
nombre de autor: Tatiana.

En los años de mayor esplendor de Al-Jazair, cuando la paz reinaba absoluta tras la gran victoria de Karim y Amara, el palacio real brillaba con una luz que parecía no pertenecer a este mundo. Los jardines eran eternamente verdes y floridos, las fuentes cantaban día y noche, y la gente vivía segura y feliz bajo el gobierno sabio y justo del Rey Zayn y la Reina Elena. Todos conocían y amaban la historia de su hijo mayor, Karim, el príncipe que había salido en busca de su destino, había vencido a la oscuridad y había traído la luz definitiva. Su nombre se contaba en canciones, en libros y en historias que las madres contaban a sus hijos antes de dormir.
Pero había otra historia, la de alguien que vivía en la misma sombra de esa gloria, alguien que tenía la misma sangre, la misma magia, pero un espíritu completamente distinto y salvaje. Era Layla, la hija pequeña de Zayn y Elena, nacida años después que su hermano.

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LA PRINCESA QUE NO QUERÍA SER PRINCESA.

En los años de mayor esplendor de Al-Jazair, cuando la paz reinaba absoluta tras la gran victoria de Karim y Amara, el palacio real brillaba con una luz que parecía no pertenecer a este mundo. Los jardines eran eternamente verdes y floridos, las fuentes cantaban día y noche, y la gente vivía segura y feliz bajo el gobierno sabio y justo del Rey Zayn y la Reina Elena. Todos conocían y amaban la historia de su hijo mayor, Karim, el príncipe que había salido en busca de su destino, había vencido a la oscuridad y había traído la luz definitiva. Su nombre se contaba en canciones, en libros y en historias que las madres contaban a sus hijos antes de dormir.

Pero había otra historia, la de alguien que vivía en la misma sombra de esa gloria, alguien que tenía la misma sangre, la misma magia, pero un espíritu completamente distinto y salvaje. Era Layla, la hija pequeña de Zayn y Elena, nacida años después que su hermano, nombrada así en honor a aquella fiel sirvienta que tanto ayudó a la familia real en tiempos difíciles.

Layla tenía dieciocho años, y desde el momento en que vino al mundo, dejó claro que no sería como las demás. Mientras que las mujeres de la corte crecían aprendiendo a bordar, a cantar, a bailar con elegancia y a hablar con voces suaves y medidas, Layla pasaba sus días de una forma muy distinta. Alta, esbelta y de movimientos ágiles y felinos, tenía el cabello negro como la noche profunda que le caía en ondas hasta la cintura, y unos ojos de un color avellana intenso, brillantes, inteligentes y llenos de fuego, que parecían ver más allá de lo que los demás veían. Su belleza era salvaje, impactante, nada que ver con la dulzura delicada que se esperaba de una princesa; ella irradiaba fuerza, decisión y una libertad que desafiaba cualquier norma.

Desde niña, Layla odiaba las fiestas de la corte, los vestidos pesados llenos de bordados y joyas, y las reglas estrictas que le decían cómo debía comportarse, caminar o hablar. Mientras sus compañeras soñaban con bailes, bodas y encontrar un buen partido, Layla se escondía en la biblioteca real, no para leer poemas de amor, sino para devorar libros de estrategia militar, de anatomía, de hierbas medicinales y de geografía de tierras lejanas. Se escapaba a los establos para hablar con los caballos y aprender a domarlos, o se iba al campo de entrenamiento de los soldados, donde observaba con atención absoluta cómo manejaban las espadas, los arcos y las lanzas.

Al principio, los guardias intentaron echarla, diciéndole que ese no era lugar para una princesa, pero Layla tenía una forma muy especial de conseguir lo que quería: no gritaba ni se enfadaba, simplemente se quedaba allí, mirando, aprendiendo, hasta que un día, tomó una espada de práctica y demostró que su destreza era mayor que la de muchos de ellos.

—¡Vuestra alteza, eso es peligroso! —le decían, asustados.

—La vida es peligrosa si no sabes defenderte —respondía ella con calma, mientras hacía movimientos precisos y rápidos con el arma, como si fuera una extensión de su brazo—. ¿Acaso mi hermano Karim ganó sus batallas usando vestidos y abanicos? No. Las ganó con fuerza, con inteligencia y con valor. ¿Por qué yo no puedo hacer lo mismo?

Su madre, la Reina Elena, la miraba con una mezcla de preocupación y orgullo. Conocía esa rebeldía, esa necesidad de ser más, esa magia que corría por sus venas y que en Layla se manifestaba de una forma diferente: no era la magia brillante y sanadora de la familia, sino una magia más silenciosa, más ligada a la naturaleza, a las plantas curativas, a la resistencia y a la agudeza mental.

—Hija mía —le decía Elena a menudo, acariciando su cabello mientras la veía limpiar sus propias heridas tras una práctica dura—. Eres especial, lo sabemos. Pero aquí, en la corte, la gente no entiende estas cosas. Te ven como la hermana pequeña del gran héroe, y esperan que seas dulce y tranquila. Temen que tu forma de ser rompa el equilibrio.

—¿O que demuestre que puedo ser igual de grande que él, aunque de forma distinta? —respondía Layla con una sonrisa desafiante—. Karim tiene su historia, madre. Pero ¿cuál es la mía? Todo el mundo dice "la hermana del Rey". Nadie dice "Layla". Quiero que mi nombre valga por mí misma.

Su padre, el Rey Zayn, aunque la adoraba y sabía que tenía un talento inmenso, estaba preocupado por su futuro. Había empezado a recibir propuestas de matrimonio de príncipes y nobles de reinos vecinos, hombres ricos, educados, de gran linaje, que veían en Layla una gran recompensa por su belleza y su sangre real. Para ellos, ella era un trofeo, una esposa que adornaría sus salones y daría hijos fuertes. Pero Layla rechazaba a todos, uno tras otro, con argumentos tan inteligentes y contundentes que dejaba a los pretendientes sin palabras y a la corte con la boca abierta.

—Este príncipe quiere que viva encerrada en su castillo, sin salir, sin ver nada —decía ella tras una visita—. Ese otro cree que, porque sé curar heridas, seré su enfermera personal. Y el último… bueno, el último se quedó dormido mientras yo le explicaba cómo funcionan las corrientes de los ríos para mover molinos. Aburrido, lento y débil. No, gracias.

El rumor empezó a correr: La princesa Layla es difícil. Es rara. No se comporta como una dama. Nadie será suficiente para ella.

Y eso era exactamente lo que Layla pensaba. No quería a nadie que fuera "adecuado", nadie que encajara en las normas estúpidas de la corte. Ella quería alguien que la entendiera, que la igualara, que no le tuviera miedo a su fuerza ni a su mente. Y sabía que ese hombre, y su propio destino, no estaban dentro de los muros de palacio. Estaban fuera. Más allá de las fronteras, en esos lugares que ella leía en sus libros y que tanto anhelaba conocer.

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