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La Extra Y El Demonio.

La Extra Y El Demonio.

Status: Terminada
Genre:Demonios / Reencarnación / Fantasía épica / Completas
Popularitas:4.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

En una era de antiguos reinos y secretos ancestrales, Astrid D'Avalon, heredera de un linaje con profundos lazos con lo místico, se encuentra en el umbral de un destino marcado por la reencarnación. Tras una muerte injusta, su alma renace en un mundo donde las sombras danzan y los demonios tejen intrigas. Decidida a reescribir su final y el de quienes la rodean, Astrid busca una vida alejada de las complicaciones que una vez la atraparon.

Sin embargo, el destino tiene otros planes. Su camino se cruza con el enigmático Mason Dryad, un ser con un poder formidable y un pasado envuelto en misterio

NovelToon tiene autorización de Leydis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 08

El camino se volvió más peligroso cuando un grupo de Imps, liderados por el astuto Faelan, intentó emboscarla, atraídos por la energía de su reencarnación.

La alianza con Faelan resultó ser una cuerda floja sobre un abismo. El guardián aceptó guiarlos hacia las Tierras Altas, donde se decía que los antiguos ritos de despertar podían llevarse a cabo, pero su actitud hacia Astrid era de una sospecha constante, y hacia Mason, de un odio apenas contenido.

Caminaban por el "Sendero de las Osamentas", un paso estrecho entre montañas donde el viento aullaba como almas en pena. Astrid se sentía cada vez más débil; la proximidad de Faelan y Mason parecía estar drenando su energía, como si su alma de reencarnada fuera un banquete del que ambos seres, aunque de bandos distintos, se alimentaran involuntariamente.

—Te mueves como alguien que aún tiene los pies en el mundo de los muertos —comentó Faelan, sin mirar atrás—. Tu alma está mal anclada a este cuerpo. Es una luz demasiado brillante para una vasija tan frágil.

—Hago lo que puedo —respondió Astrid, limpiándose el sudor de la frente. El aire en las alturas era escaso y frío—. Al menos no paso mis días escondido bajo el agua esperando a que el mundo se acabe.

Faelan se detuvo y la miró de reojo. —El agua protege. La superficie solo ofrece traición. Deberías saberlo mejor que nadie, princesa caída.

Antes de que Astrid pudiera responder, un sonido sibilante llenó el aire. Era como el frotar de miles de patas de insectos sobre piedra seca. Del techo de las cuevas que bordeaban el sendero, empezaron a caer pequeñas figuras humanoides, de piel curtida y ojos rojos como brasas. Eran Imps, criaturas de caos que se alimentaban de la magia residual.

—¡Emboscada! —gritó Astrid, pero ya estaba rodeada.

Los Imps no eran grandes, pero su número era abrumador. Chilla-ban y se lanzaban con garras afiladas, buscando la piel expuesta de Astrid. Ella intentó usar el pequeño cuchillo que Mason le había dado, pero un Imp se le subió a la espalda, tirando de su cabello con una fuerza sorprendente.

—¡Atrás, alimañas! —Faelan blandió su lanza, creando un arco de agua a presión que cortó a varios Imps por la mitad, pero por cada uno que caía, tres más aparecían de las sombras.

Astrid sintió un pinchazo en el brazo; un Imp la había mordido, y una sensación de parálisis empezó a extenderse desde la herida. Cayó de rodillas, el pánico nublando su visión. Vio a Faelan luchar, pero el guerrero parecía más interesado en probar su propia fuerza que en protegerla realmente. De hecho, por un segundo, Astrid vio una chispa de cálculo en los ojos plateados de Faelan: si ella moría aquí, la energía de su alma se liberaría, y quizás él podría capturarla para despertar al Kraken bajo sus propios términos.

—¡Mason! —gritó ella, su voz rompiéndose.

La respuesta no fue un grito, sino un silencio absoluto. El tiempo pareció detenerse. La temperatura cayó tanto que el aliento de los Imps se congeló en el aire. Astrid sintió una presión en el pecho, una oscuridad tan densa que era casi sólida.

Mason Dryad apareció detrás de ella como si se hubiera materializado a partir de las sombras proyectadas por las rocas. No desenvainó su espada; no era necesario. Simplemente extendió sus manos y un torrente de energía negra, con vetas de un púrpura eléctrico, estalló desde su cuerpo.

El efecto fue devastador. Los Imps que estaban a centímetros de Astrid simplemente se desintegraron, convertidos en ceniza negra antes de que pudieran soltar un último chillido. La onda expansiva de oscuridad golpeó las paredes del desfiladero, haciendo que la piedra se agrietara. Faelan tuvo que clavar su lanza en el suelo para no ser arrastrado por la vorágine.

Astrid, atrapada en el centro de la tormenta, sintió que el mundo se desvanecía. La energía de Mason no era cálida; era un vacío hambriento que parecía querer absorber incluso su propio miedo. Vio el rostro de Mason por un segundo: sus ojos ya no eran ámbar, eran dos pozos de negrura absoluta, y su expresión era la de una deidad enfurecida que no reconoce aliados ni enemigos.

Cuando la energía finalmente se disipó, no quedaba ni un solo Imp vivo. El silencio que siguió fue más aterrador que el ataque inicial. El suelo estaba cubierto de una fina capa de ceniza oscura que se pegaba a la ropa de Astrid.

Mason se giró hacia ella. La negrura en sus ojos retrocedió lentamente, volviendo a su color ámbar habitual, pero su respiración era pesada, y un rastro de esa energía oscura todavía bailaba entre sus dedos.

—¿Estás herida? —preguntó él. Su voz sonaba distante, como si viniera de muy lejos.

Astrid intentó ponerse de pie, pero sus piernas cedieron. Estaba temblando incontrolablemente. La imagen de Mason desatando ese poder, la absoluta falta de misericordia y la magnitud de la oscuridad que habitaba en él, la habían dejado en estado de shock. No era solo miedo a los Imps; era el terror de darse cuenta de que el hombre que la protegía era capaz de borrar la existencia misma con un pensamiento.

—Tú... tú los mataste a todos... —susurró ella, mirando sus manos manchadas de ceniza—. No quedó nada.

—Eran un estorbo —respondió Mason, su tono volviendo a ser el habitual, frío y distante—. Y tú eres demasiado descuidada.

Faelan se acercó, limpiando su lanza con un gesto brusco. Miró a Mason con una mezcla de respeto y un odio renovado.

—Ese poder no pertenece a este mundo, Dryad. Estás jugando con fuerzas que consumirán a la chica mucho antes de que lleguemos al ritual.

Mason lo miró con desprecio. —Ella sobrevivirá porque yo así lo decido. Ahora, muévete, Guardián. No tengo paciencia para tus juicios morales.

Astrid se abrazó a sí misma, sintiendo que el frío del desfiladero se instalaba en su corazón. Estaba a salvo, pero a un precio que empezaba a comprender: la protección de un demonio era tan peligrosa como el ataque de un enemigo.

Mason intervino en el último momento, su poder liberando un torrente de energía oscura que disipó a los atacantes, pero dejó a Astrid temblando.

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Adrianis López
Que protagonista tan inútil y ridícula
Lelu 🇺🇾
maravillosa!!! 🥰🥰🥰 historia fantástica!! 👏👏 Redacción y ortografía impecables!! 😁 agradezco infinitamente el haber compartido tu trabajo 🥰🥰😍
Lelu 🇺🇾
🤣🤣🤣🤣🤣🤣 pobre Astrid!!! De Guate-mala a Guate-peor🤣🤣🤣🤣
Mónica Aulet
Que quería que los dejara vivos para tomar el té? todavía que la salva se queja porque los mato a todos
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