"La Emperatriz Renacida" narra el brutal regreso de Leticia, una huérfana de los barrios bajos convertida en déspota de la moda, quien reencarna como la humillada Adelfa Sterling en una novela rosa. Armada con una astucia letal, frialdad despiadada y tres hijos genios, Leticia desmantela a quienes la oprimieron en su vida pasada y presente, tejiendo una intriga de venganza y poder que reescribe el destino de los inocentes y los villanos por igual.
NovelToon tiene autorización de Lewis Alexandro Delgado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
El Plan de los Pequeños Genios segunda parte.
Mientras tanto, Luna aprovechaba para acariciar con mucha dulzura el rostro de Leonel, fingiendo ser una niña cariñosa y obediente, pero en realidad observando cada detalle de la casa, cada habitación, cada rincón, guardando toda la información en su pequeña mente maestra. Su plan estaba funcionando a la perfección.
De repente, la tranquilidad se rompió con la llegada inesperada de una mujer que caminaba con paso firme y una expresión de superioridad en el rostro. Era Marisa, la amiga íntima de Julieta, que había acudido a la mansión sin ser invitada, llena de orgullo y arrogancia.
—¡Leonel! —gritó desde la entrada, con voz fuerte y llena de malicia—. ¿Por qué no sales a recibirme como es debido? Además, ¿quiénes son estos mocosos tan odiosos que están aquí? ¡Quítalos de en medio, que dan mala espina! Traigo un recado importante de parte de Julieta, tú prometida la mujer más elegante y poderosa de esta ciudad.
En cuanto escucharon esas palabras, Luna y sus hermanos intercambiaron una mirada llena de complicidad y malicia.
Luna se acercó a Marisa con una sonrisa dulce pero llena de sarcasmo, y dijo con voz melosa:
—¡Ay, miren hermanos! —exclamó señalándola con el dedo—. ¡Apareció la famosa bruja de Hansel y Gretel! ¡La que asusta a los niños y se come los dulces! ¡Qué placer tenerla aquí con nosotros!
Los trillizos:
Los dos hermanos rieron a carcajadas y asintieron con energía.
—¡Tienes toda la razón, hermana! —dijo Santiago, señalando con la mirada el atuendo de Marisa—. ¡Y mira cómo está vestida! ¡Parece una tarántula negra y grande! ¡Viste de oscuro, huele mal y tiene una cara tan fea que da miedo verla! ¡Seguro que viene a hacer alguna travesura, como las que hacen las brujas malvadas!
Marisa se puso roja de la vergüenza y la ira, pero antes de que pudiera responder, Luna fingió sentirse triste y comenzó a llorar con fuerza, agachando la cabeza y sollozando. La sirvienta que estaba cerca, al verla tan afligida, se acercó rápidamente para consolarla y la llevó hacia la cocina, diciéndole que todo estaría bien. Pero lo que nadie sabía era que todo había sido un plan cuidadosamente calculado por Luna.
Mientras estaban en la cocina, Luna vio que una de las empleadas estaba preparando café para Marisa y ella, que siempre tenía un plan B en su mente, decidió cambiar sus intenciones. En su bolsillo llevaba un pequeño frasco con un laxante muy potente, que había robado días antes, y sin que nadie se diera cuenta, abrió la tapa y vertió todo su contenido dentro de la taza de café que Marisa iba a tomar.
Poco después, Marisa, que seguía esperando que Leonel le diera atención, se acercó a él y le extendió la taza con una sonrisa fingida.
—Toma, Leonel —dijo con voz dulce y falsa—. Toma este café, está muy rico.
Leonel miró la taza y luego a Marisa, y dijo con firmeza y desprecio:
—Toma tú el café y lárgate de esta casa. No eres bienvenida aquí, y menos si vienes a traer recados de esa mujer tan vil y despreciable como Julieta. Sal de mi vista antes de que acabe contigo.
Marisa, ofendida y enfurecida, tomó la taza de café de un tirón y se lo bebió todo de un solo trago, sin sospechar nada malo. Luna, que estaba cerca, esbozó una sonrisa de satisfacción que nadie notó.
Pasaron solo unos minutos, y de repente, Marisa comenzó a sentirse mal. Se tocó la frente y dijo con voz temblorosa:
—¡Dios mío, tengo sudores fríos! Me siento muy mal, me duele muchísimo la barriga… ¡ay, qué cosa tan extraña me pasa!
En ese momento, comenzó a emitir ruidos extraños, sonoros y desagradables, que se escucharon claramente en toda la sala. Empezó a soltar pedos sin poder evitarlo, con un sonido tan fuerte que todos se taparon la nariz con las manos, sintiendo un olor tan fuerte y desagradable que casi los hacía vomitar. La mujer, avergonzada hasta la médula, corrió lo más rápido que pudo hacia el baño, sin mirar a nadie, dejando a todos mirándola con asco y risa contenida.
Los pequeños se abrazaron a Sultán, que también parecía divertido con la situación, y salieron corriendo por la puerta trasera, escapándose sin que nadie se diera cuenta de su partida. Cuando Leonel y el mayordomo se dieron cuenta de que ya no estaban, el mayordomo miró a su jefe y dijo con sorpresa:
—Señor Leonel, ¿Son ideas mías o esos dos niños se parecen muchísimo a usted cuando era pequeño? Y esa niña… es idéntica a la señorita Adelfa. Tienen la misma mirada, la misma astucia y esa forma de ser que solo ella tiene. ¡Es increíble, señor!
Mientras tanto, mi automóvil llegó a la mansión de Leonel, y los pequeños salieron de sus escondites para que yo no los descubriera, corriendo hacia el jardín con una expresión de inocencia que me hacía dudar de que fueran capaces de todas las travesuras que hacían. Yo bajé del coche, con mi vestido elegante y mi mirada imponente, y entré en la casa con paso firme.
Al verme, Leonel me miró con una mezcla de sorpresa y deseo, y dijo con voz grave:
—Adelfa, ya estás aquí. Has venido personalmente a ver a esos tres hombres que están en mi sótano, ¿Verdad? Y supongo que has venido a cobrar la deuda pendiente que tienen contigo.
Yo asentí con la cabeza y respondí con una frialdad que helaba el ambiente:
—Exacto. Y no necesito que nadie me diga qué hacer. Que el mayordomo saque a esa mujer que se quedó allí, que ya ha cumplido su función.
Bajamos juntos al sótano, y allí, encadenados a las paredes, estaban los tres hombres que habían destruido la reputación de mi madre, la dueña original de este cuerpo, y que habían cometido todo tipo de maldades y abusos contra mujeres inocentes. Eran hombres despiadados, criminales que creían que podían hacer lo que quisieran sin recibir castigo.
—Mira lo que tenemos aquí —dije con una sonrisa malvada, mirándolos fijamente—. Estos tres seres viles han manchado el nombre de mi difunta madre, han destruido vidas inocentes y han hecho lo que les ha dado la gana sin que nadie se atreviera a detenerlos. Pues hoy, aquí y ahora, voy a cobrarles con creces cada una de las maldades que han hecho.
Luego, me dirigí a los hombres de seguridad que estaban presentes y ordené:
—Quítenles la mordaza. Quiero que escuchen bien lo que voy a decir, porque lo que les va a pasar es lo que se merecen.
Cuando les quitaron las mordazas, yo saqué de mi bolso un pequeño frasco con un líquido oscuro y brillante, y dije con voz firme:
—Esto es un veneno muy potente, y solo yo tengo el antídoto. Si lo toman, sufrirán un dolor terrible que no podrán soportar, y morirán lentamente si no reciben el remedio a tiempo. Pero yo no quiero que mueran todavía. Quiero que paguen por sus crímenes. Así que les voy a dar la oportunidad de salvar sus vidas, pero solo si hacen exactamente lo que yo les diga.
porfis no te olvides de actualizar, gracias y perdona el abuso y fastidio.
un abrazo 🤗
solo que le cambiaron el nombre😬🫣🤔🤔