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TU NOMBRE EN MI ANILLO

TU NOMBRE EN MI ANILLO

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / CEO / Posesivo
Popularitas:4k
Nilai: 5
nombre de autor: Mahary Garcia

Valeria Bellucci jamás imaginó que terminaría casada con el hombre más poderoso y frío de la ciudad.

Acorralada por las deudas de su familia, acepta un matrimonio por contrato con Enzo Ricci, un CEO multimillonario conocido por destruir a cualquiera que se interponga en su camino.

Las reglas eran simples: — No enamorarse.
— No interferir en la vida del otro.
— Mantener la apariencia de un matrimonio perfecto.

Pero vivir bajo el mismo techo con un hombre obsesivo, dominante y lleno de secretos hará que Valeria descubra que detrás de aquella mirada fría existe un pasado capaz de destruirlos a ambos.

Lo que comenzó como un simple acuerdo terminará convirtiéndose en una guerra de celos, deseo y sentimientos prohibidos.

Porque algunos contratos pueden firmarse con tinta…
pero otros terminan grabándose en el corazón.

NovelToon tiene autorización de Mahary Garcia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 9 - LO ÚNICO QUE ME QUEDA

El hospital olía exactamente igual que siempre.

Antiséptico, café frío y miedo.

Apreté ligeramente los dedos alrededor del vaso de agua que Clara me había obligado a llevar desde la mansión mientras observaba las puertas cerradas del área de cirugía.

Mi padre estaba ahí dentro.

Y aunque el doctor Salvatore había asegurado que las probabilidades eran buenas, eso no lograba tranquilizarme.

Porque cuando la vida de alguien que amas depende de una puerta cerrada… las estadísticas dejan de importar.

El reloj marcaba las seis diecisiete de la mañana.

Todo había ocurrido demasiado rápido.

Apenas amaneció, Enzo prácticamente movilizó medio hospital. Médicos entrando y saliendo, enfermeras corriendo por los pasillos, llamadas constantes, especialistas revisando documentos.

Parecía imposible que una sola persona tuviera tanto poder.

Y aun así, ahí estaba él.

Sentado a mi lado en la sala privada del hospital como si llevara horas despierto.

Perfectamente vestido.

Perfectamente tranquilo.

Perfectamente Enzo Ricci.

Pero algo en él era diferente esa mañana.

Tal vez la manera en que observaba discretamente mi rostro cada ciertos minutos.

O quizá el hecho de que no había recibido ni una sola llamada de trabajo desde que llegamos.

Como si, por alguna razón, realmente quisiera quedarse ahí.

Conmigo.

La puerta de la habitación privada se abrió lentamente.

Y el corazón se me detuvo apenas vi a mi padre entrar empujado en una camilla.

Su rostro estaba más pálido que nunca.

Más delgado.

Más cansado.

Pero aun así sonrió apenas al verme.

—Mírate… —murmuró con voz débil—. Parece que no dormiste nada.

Mis ojos comenzaron a arder inmediatamente.

Intenté sonreír.

—Tú tampoco te ves muy bien.

Él soltó una pequeña risa cansada.

La misma risa que escuché toda mi vida.

Dios.

No estaba preparada para perderlo.

Mi padre giró lentamente la cabeza hasta encontrarse con Enzo.

Y entonces su expresión cambió completamente.

Porque todavía seguía sin creer quién estaba frente a él.

—Señor Ricci…

Intentó incorporarse ligeramente, nervioso.

Enzo se levantó inmediatamente.

—No se esfuerce, señor Bellucci.

La voz de Enzo sonó calmada. Respetuosa.

Y eso me sorprendió.

Mi padre observó unos segundos el elegante traje oscuro de Enzo antes de negar lentamente con la cabeza.

—Todavía siento que estoy soñando.

Lo dijo intentando bromear.

Pero había algo triste detrás de esas palabras.

Culpa.

Mi pecho se apretó inmediatamente.

Porque yo sabía perfectamente qué estaba pensando.

Todo esto era culpa suya.

Eso creía él.

La fábrica quebró bajo su dirección. Las deudas crecieron. Los inversionistas abandonaron la empresa. Y después vino el infarto.

En menos de un año perdió prácticamente toda su vida.

Y aun así seguía intentando sonreír por mí.

—Papá… —murmuré acercándome.

Él tomó lentamente mi mano.

Sus dedos estaban fríos.

Demasiado fríos.

—Perdóname, Vale.

Sentí un nudo formarse inmediatamente en la garganta.

—No digas eso.

Pero él siguió hablando.

—Te dejé sola con todo esto… con las deudas… con la fábrica…

—No me dejaste sola.

—Sí lo hice.

Sus ojos comenzaron a llenarse lentamente de lágrimas.

Y verlo así me destruyó.

Porque mi padre jamás lloraba.

Jamás.

Ni siquiera cuando mamá murió.

Ni siquiera cuando perdió la empresa.

Pero ahora parecía roto.

Completamente roto.

—Escúchame bien —dijo intentando respirar con calma—. Si algo sale mal hoy…

—No va a salir mal.

Mi voz salió demasiado rápido.

Demasiado desesperada.

Él sonrió apenas.

—Déjame hablar.

Negué inmediatamente sintiendo lágrimas acumulándose en mis ojos.

No quería escuchar eso.

No quería.

Pero mi padre siguió sosteniendo mi mano con fuerza.

—Tú eres lo mejor que me pasó en la vida, Valeria.

La garganta comenzó a cerrárseme completamente.

—Papá…

—Prométeme algo.

Lo miré intentando no llorar.

—¿Qué?

Él respiró profundamente antes de hablar.

—No dejes que el miedo controle tu vida como me pasó a mí.

El silencio llenó la habitación.

Incluso Enzo permanecía completamente quieto detrás de nosotros.

Mi padre bajó lentamente la mirada.

—Pasé tantos años intentando salvar la empresa… intentando mantener vivo algo que ya estaba muriendo… que olvidé vivir contigo.

Las lágrimas finalmente comenzaron a caer por mis mejillas.

—No digas eso…

—Es verdad.

Sonrió tristemente.

—¿Recuerdas cuando querías estudiar arte?

Parpadeé sorprendida.

No esperaba eso.

—Papá…

—Yo te convencí de estudiar administración porque quería que ayudaras con la empresa.

Su voz se quebró ligeramente.

—Y mira cómo terminó todo.

El pecho comenzó a dolerme.

Porque era verdad.

Yo quería estudiar arte.

Fotografía.

Diseño.

Cualquier cosa menos negocios.

Pero después de la muerte de mamá, la fábrica se convirtió en todo para mi padre.

Y yo no soportaba verlo solo.

Así que renuncié a mis propios sueños para ayudarlo.

Nunca se lo reproché.

Nunca.

Pero escucharlo decirlo ahora hizo que algo dentro de mí se rompiera.

—No me arrepiento —murmuré.

Y era verdad.

Porque aunque nuestra vida nunca fue perfecta… él siempre me amó.

Siempre hizo todo lo posible por mí.

Incluso cuando estaba destruyéndose lentamente por dentro.

Mi padre cerró los ojos apenas unos segundos antes de volver a mirar a Enzo.

Y entonces ocurrió algo que no esperaba.

—Cuídala.

El silencio cayó inmediatamente sobre la habitación.

Mi respiración se detuvo.

Enzo tampoco pareció esperar aquello.

Mi padre sostuvo la mirada de él con dificultad.

—Mi hija merece alguien que la proteja… alguien fuerte.

Sentí el corazón apretarse incómodamente.

Porque si él supiera la verdad…

Si supiera que todo aquello era un contrato…

Dios.

Enzo guardó silencio unos segundos.

Después respondió con voz tranquila.

—No permitiré que le pase nada.

Y la manera en que lo dijo hizo que algo extraño recorriera mi pecho.

Porque sonó sincero.

Demasiado sincero.

Una enfermera entró finalmente a la habitación.

—Debemos llevar al paciente ahora.

Sentí el pánico regresar inmediatamente.

No.

No todavía.

Mi padre volvió a mirarme y levantó lentamente una mano hacia mi rostro.

Secó una lágrima de mi mejilla igual que hacía cuando era niña.

—Oye…

Intentó sonreír.

—Todavía no me pienso morir.

Solté una pequeña risa entre lágrimas.

—Más te vale.

Él sonrió otra vez.

Y por un instante volvió a parecer mi papá de siempre.

El hombre que me llevaba helado después de la escuela.

El que cocinaba horrible pero lo intentaba igual.

El que se quedaba despierto toda la noche cuando yo enfermaba.

La única familia que me quedaba.

Las enfermeras comenzaron a mover la camilla lentamente hacia la salida.

Y sentí el pecho completamente vacío mientras lo veía alejarse.

—Te amo, Vale —murmuró antes de desaparecer por las puertas del quirófano.

Después las puertas se cerraron.

Y el mundo entero quedó en silencio.

No recuerdo exactamente cuánto tiempo permanecí inmóvil mirando aquellas puertas.

Minutos.

Tal vez horas.

Solo sabía que no podía respirar correctamente.

El miedo me estaba consumiendo viva.

Me dejé caer lentamente sobre una silla intentando controlar el temblor de mis manos.

Pero era imposible.

Porque una parte de mí seguía pensando lo peor.

“¿Y si no despierta?”

La idea me atravesó como un cuchillo.

Cerré los ojos con fuerza intentando apartarla.

Pero entonces sentí algo cálido rodeando mis manos.

Abrí lentamente los ojos.

Enzo estaba frente a mí.

Sus dedos sostenían los míos con firmeza.

Y aquella simple acción casi me destruyó emocionalmente.

Porque nadie me había sostenido así desde mamá.

—Va a salir bien —dijo con calma.

Mi respiración se quebró inmediatamente.

—¿Y si no?

Él guardó silencio unos segundos.

Después se sentó frente a mí sin soltar mis manos.

—Cuando tenía quince años —murmuró lentamente— mi madre pasó ocho horas en cirugía.

Parpadeé sorprendida.

Nunca hablaba sobre sí mismo.

Jamás.

Sus ojos grises permanecían fijos sobre nuestras manos.

—Los doctores dijeron que probablemente no sobreviviría.

Había algo extraño en su voz.

Algo más vulnerable.

Más humano.

—¿Sobrevivió?

El silencio respondió primero.

Y entonces entendí.

Mi pecho se tensó.

—Lo siento…

Enzo levantó lentamente la mirada hacia mí.

Y por primera vez desde que lo conocía… parecía completamente cansado.

—Aprendí algo ese día.

Tragué saliva lentamente.

—¿Qué cosa?

Su expresión se endureció apenas.

—Que no importa cuánto dinero tengas… hay cosas que no puedes controlar.

El silencio volvió a envolvernos.

Pero esta vez era distinto.

Más íntimo.

Más real.

Y por primera vez desde que lo conocí… dejé de ver únicamente al empresario frío e intocable.

Porque detrás de Enzo Ricci parecía existir alguien más.

Alguien roto también.

1
ERICA ESTRADA PEREZ
Aque se refiere jajaja jajaja jajaja y🤭 doble sentido será por un niet@
Alix Sarmiento
está muy buena esta trama
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