NovelToon NovelToon
VINCULO DE SANGRE Y LUZ

VINCULO DE SANGRE Y LUZ

Status: En proceso
Genre:Vampiro / Amor eterno / Fantasía épica
Popularitas:761
Nilai: 5
nombre de autor: Samanta Otero

Voran, un ser de inmortalidad y fuerza inconmensurable, ha evitado el amor por siglos, temiendo que su inmenso poder destruya todo lo frágil y bello.
Él,un vampiro milenario forjado en la soledad y el poder, creía que su corazón estaba tan frío como las montañas que lo ocultaban. Hasta que sus ojos cayeron sobre Ginia, una joven humana cuya pureza y bondad eran un bálsamo en su oscura existencia.
Él la observa desde las sombras, temiendo que su propia naturaleza la destruya, pero incapaz de mantenerse alejado.... Una tormenta los une en un encuentro predestinado, un vínculo inquebrantable comienza a forjarse. Pero el amor entre la luz y la oscuridad tiene un precio, y la intimidad puede ser un acto tan peligroso como la guerra. El miedo a dañarla se cierne sobre cada roce,cada mirada, cada anhelo de intimidad¿Podrá Voran superar su miedo a dañar a la mujer que ha despertado su alma? Cuando lo imposible suceda, ¿podrá Ginia soportar el peso de un amor que desafía la vida y la muerte!?

NovelToon tiene autorización de Samanta Otero para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LA VERDAD QUE QUEMA EN EL ALMA

Dentro de la cabaña, la atmósfera era totalmente distinta a lo que se encontraban afuera. La luz no venía del sol, sino de centenares de pequeñas luces que flotaban en el aire como polvo de estrellas, iluminando cada rincón con una suavidad cálida y mágica. Las paredes estaban cubiertas de telas de colores apagados que olían a incienso y hierbas curativas, y sobre las mesas de madera tallada descansaban frascos de cristal con líquidos de tonos dorados, verdes y azules, que brillaban con una luz propia. En el centro del lugar había una hoguera pequeña que no quemaba, sino que desprendía un calor suave y una luz dorada que envolvía todo como un abrazo.

Itzel se sentó en un sillón tallado en la misma madera de los árboles del bosque, con una postura erguida pero relajada, y les hizo señas con la mano para que se sentaran frente a ella. Ginia y Linda se acomodaron en bancos bajos, pero Ginia no podía estar quieta; sus manos se retorcían entre sí, sus ojos no se separaban de los de la mujer mayor, y cada segundo que pasaba sentía cómo su corazón latía con más fuerza, como si quisiera salirse de su pecho. Sabía que lo que iba a escuchar cambiaría todo, que por fin iba a tener respuestas a todas las preguntas que la atormentaban desde que conoció a Voran, y al mismo tiempo sentía un miedo dulce, una emoción tan grande que le dolía en el pecho.

Itzel las miró una por una, y cuando su mirada volvió a posarse en Ginia, se quedó en ella, profunda y penetrante, como si estuviera leyendo cada pensamiento, cada recuerdo, cada sensación que guardaba lo más adentro de su ser. Su voz, cuando volvió a hablar, era más suave ahora, pero igual de firme, cargada de una sabiduría que parecía venir de tiempos olvidados.

—Lo que hay entre ustedes dos —empezó diciendo, señalando a Ginia sin siquiera tener que nombrarla— no es algo que se pueda explicar con palabras comunes, ni con las leyes de este mundo. Es un lazo que se teje en el alma, desde antes de que sus cuerpos existieran. Es una conexión tan fuerte que atraviesa el tiempo, la vida y la muerte, algo que pocos seres conocen y que pocos pueden soportar sin que los consuma por completo. Él lo sabe, lo siente, y por eso está ahí, afuera, esperando. Porque sabe que lo que tiene que pasar ya no se puede detener, por mucho que quiera.

Ginia tragó saliva, sintiendo cómo las mejillas se le calentaban, y sus manos se apretaron con fuerza.

—¿Es cierto todo lo que dicen? —preguntó ella, con la voz temblando un poco, pero llena de urgencia—. ¿Todo lo que me dijiste? ¿Lo que siento es real? ¿Lo que sueño, lo que me pasa cuando lo veo, cuando pienso en él... todo es verdad? Porque yo... yo no puedo explicarlo. Es como si mi cuerpo entero le perteneciera, como si cada parte de mí lo conociera de antes, como si lo estuviera buscando toda mi vida sin saberlo. Y lo que siento... es algo tan grande, tan intenso, que a veces me da miedo, pero a la vez no quiero que se vaya nunca. Quiero todo de él, Itzel. Quiero estar con él, quiero estar cerca, quiero sentirlo, quiero que seamos uno solo. No entiendo por qué es tan difícil, por qué hay algo que nos separa cuando lo que sentimos es más fuerte que cualquier cosa.

Hizo una pausa, y bajó la mirada por un instante, como si le costara mucho decirlo, pero luego la levantó de nuevo, con los ojos brillantes de emoción y deseo, sin ocultar nada, sin tener miedo de mostrar lo que llevaba dentro.

—En mis sueños... es tan real que a veces no sé si estoy despierta o dormida —siguió contando, con la voz cada vez más fuerte, como si se estuviera liberando de un peso que la había cargado mucho tiempo—. Lo veo claro, lo toco, lo siento cerca. En mis sueños somos libres, no hay barreras, no hay miedos. Él me abraza, me toca, me dice cosas que me hacen sentir que soy la persona más especial del mundo. Sus manos recorren mi cuerpo, su boca se acerca a la mía, y yo lo quiero todo, todo lo que me ofrece. Quiero sus caricias, quiero su calor, quiero que me haga suya, quiero esa intimidad que siento que nos pertenece solo a nosotros. Me despierto cada mañana con el corazón acelerado, con el cuerpo lleno de sensaciones que todavía no se han ido, y siento una necesidad tan grande que me muero por estar con él de verdad. Me enloquece, Itzel. Estoy completamente perdida por él, no pienso en nada más, no quiero nada más que estar a su lado, compartir todo con él, entregarle todo lo que soy. No me importa lo que sea, no me importa lo que haga falta, solo quiero que sea mío, y que yo sea suya, para siempre.

Las palabras salieron de su boca con tanta fuerza, con tanta verdad, que llenaron toda la cabaña, haciendo que el aire se sintiera más denso, más cargado de emoción. Linda la miraba con los ojos muy abiertos, escuchándola con asombro y ternura, pero Ginia no le prestó atención, estaba mirando a Itzel, queriendo que le dijera si todo eso era posible, si algún día podría ser realidad.

Itzel asintió despacio, con una expresión seria pero llena de comprensión.

—Lo que sentís, mi niña, es el alma hablando —le respondió con suavidad—. Ese vínculo del que te hablo hace que lo que soñás se convierta en parte de tu realidad, porque su energía está tan unida a la tuya que nada de lo que pasa entre ustedes puede ser falso. Lo que vivís en tus sueños no es solo imaginación, es una parte de lo que están destinados a vivir, es una muestra de lo que es posible cuando no hay límites ni miedos. Él también lo siente, él también lo vive, aunque lo demuestre de otra forma, aunque lo guarde en lo más profundo de su ser por una razón que es tan noble como dolorosa.

Se quedó callada un instante, mirando hacia el fuego que danzaba con llamas de colores suaves, y luego volvió a hablar, con una voz que sonaba grave y llena de explicaciones.

—Voran es lo que llaman los antiguos un ser de la noche, una criatura con una existencia muy larga, con poderes que superan cualquier comprensión humana. Tiene una fuerza que no tiene medida, una energía que es más poderosa que cualquier fuerza de la naturaleza. Y esa fuerza, esa capacidad de hacer y deshacer las cosas, es lo que lo hace distinto a todo lo que conocés. Él te ama, Ginia, te ama con una pasión que podría destruir mundos si se lo permitiera, y por eso es que se controla con toda su voluntad, con todo su ser. Cada vez que está cerca tuyo, cada vez que te mira, que te toca, que siente tu energía cerca de la suya, siente cómo todo lo que es, todo lo que siente, se despierta con una intensidad que es difícil de contener. Él te desea tanto como vos lo deseás a él, su cuerpo, su alma, todo lo que es, te pertenece tanto como vos le pertenecés a él. Pero él tiene miedo. Tiene un miedo que viene del amor mismo. Porque si alguna vez pierde el control, si alguna vez se deja llevar por todo lo que siente, por todo lo que quiere hacer, por todo lo que le pide su corazón y su cuerpo... podría hacerte daño. No por maldad, ni por ganas, sino porque su fuerza es tan grande que, sin querer, sin darse cuenta, podría lastimarte gravemente, o incluso quitarte la vida. Y eso es lo que más le duele, lo que más le atormenta: que el ser más importante para él sea también el único que él podría dañar. Por eso se mantiene al límite, por eso se aleja cuando cree que es necesario, por eso hace un esfuerzo que ningún otro ser sería capaz de hacer: controlar su propia naturaleza, su propio instinto, solo para protegerte.

Ginia escuchaba cada palabra con el corazón apretado, sintiendo cómo el dolor de él llegaba hasta ella, cómo entendía lo que pasaba, pero al mismo tiempo, su amor y su deseo eran más fuertes que cualquier miedo. Las lágrimas se le llenaron los ojos, pero no eran lágrimas de tristeza, sino de una emoción tan grande que le partía el alma.

—¿Y eso es todo? —preguntó, con la voz rota pero firme—. ¿Solo por eso tenemos que estar separados? ¿Solo por eso no podemos estar juntos como queremos? Yo no tengo miedo, Itzel. No me importa su fuerza, no me importa lo que es, no me importa nada. Yo lo quiero a él, con todo lo que es, con todo lo que puede hacer, con todo lo que siente. Yo estoy dispuesta a todo, a cualquier riesgo, a cualquier cosa, con tal de estar con él. Prefiero un minuto a su lado, sintiéndolo, amándolo, que una vida entera sin él. ¿No se da cuenta de que mi amor es más fuerte que cualquier peligro? ¿No entiende que yo confío en él, que confío en que nunca me haría daño a propósito, que su amor por mí es más grande que cualquier fuerza que tenga?

Se levantó de golpe, no podía estar sentada, necesitaba expresar todo lo que llevaba dentro, necesitaba que lo supiera, necesitaba que él lo escuchara, aunque estuviera afuera escuchando cada palabra.

—Yo lo conozco, Itzel —siguió diciendo, caminando de un lado a otro por la cabaña, con los brazos abiertos como si quisiera abrazar el mundo entero—. Lo conozco mejor que nadie. Sé que es bueno, sé que es noble, sé que su corazón es puro y grande. Y sé que su amor por mí es tan verdadero como el mío por él. Entiendo que su fuerza es poderosa, pero también sé que él la puede controlar, porque si puede controlar todo lo que siente, si puede mantenerse firme cuando lo desea más que nada, entonces también puede controlarse cuando estamos juntos. Yo no quiero que se frene, yo quiero que se deje llevar, yo quiero que se entregue, como yo me entrego a él. Quiero sentir su fuerza, quiero sentir su pasión, quiero que me demuestre lo mucho que me ama con cada caricia, con cada beso, con cada momento que compartimos. No quiero que me proteja alejándose, quiero que me proteja estando a mi lado, cuidándome, amándome, siendo mi refugio y mi hogar.

En ese momento, se escuchó un ruido suave afuera, como si una rama se hubiera roto, y Ginia se quedó en silencio, inmóvil. Su respiración se aceleró, sus ojos se abrieron mucho, y sintió cómo una corriente eléctrica la recorría entera, una señal inconfundible de que él estaba ahí, de que la estaba escuchando, de que cada palabra que decía llegaba hasta él, como si el vínculo que los unía se hubiera vuelto un camino directo entre sus almas.

Itzel sonrió, una sonrisa triste pero llena de esperanza, y asintió con la cabeza.

—Lo escucha —dijo ella en voz baja, pero Ginia la escuchó claramente—. Cada palabra, cada sentimiento, cada deseo. Y lo que escucha lo está partiendo el alma, porque su amor es igual al tuyo, igual de grande, igual de puro, igual de fuerte. La lucha que lleva dentro es más grande de lo que nadie puede imaginar, pero escuchar lo que vos sentís, escuchar que no tenés miedo, que lo amás sin reservas... eso es lo que puede cambiar todo. Eso es lo que puede romper las barreras que él mismo se ha puesto.

Linda se levantó también, y se acercó a Ginia, poniéndole una mano en el hombro con ternura.

—Ginia... —le dijo suavemente—. Yo sé lo que sentís, yo veo lo que pasa entre ustedes, y sé que es algo único. Quizás Itzel tiene razón, quizás hay una forma de que puedan estar juntos sin peligro, quizás solo hace falta que él entienda que tu amor es la mayor protección que pueden tener.

Pero Ginia no escuchaba a nadie más, sus ojos estaban fijos en la puerta de la cabaña, esperando, sintiendo que algo iba a pasar, que el momento que tanto esperaban estaba llegando. El silencio se hizo más profundo, pero ahora no era un silencio de miedo, sino de expectación, de emoción, de la calma antes de la tormenta de sentimientos que iban a vivir.

Voran, afuera, entre los árboles, escuchaba cada una de sus palabras, y sentía cómo su propia alma respondía a cada una de ellas. Las palabras de Ginia llegaban hasta él como una música, como una luz que iluminaba cada rincón de su ser, disipando un poco de la oscuridad y el miedo que lo habían acompañado durante tanto tiempo. Escuchó cómo le decía que lo amaba sin miedo, que estaba dispuesta a todo, que confiaba en él más que en nada en el mundo, y sintió cómo su corazón, que ya no latía como el de los humanos, se llenaba de una emoción tan intensa que le dolía en el pecho.

Quería entrar, quería correr hacia ella, quería tomarla en sus brazos, quería decirle todo lo que sentía, quería entregarse por completo, dejar que todo lo que guardaba dentro saliera a la luz. Pero su voluntad era fuerte, y sabía que no podía hacerlo todavía. Sabía que si salía ahora, si se acercaba, todo lo que había luchado por controlar durante tanto tiempo podría salirse de sus manos, y no quería correr ese riesgo. No quería hacerle daño, no quería arruinar lo que tenían antes de que siquiera pudiera empezar a ser como ellos querían.

Se apoyó contra un árbol fuerte, cerró los ojos y apretó los puños con fuerza, sintiendo cómo el deseo lo quemaba por dentro, cómo cada fibra de su ser le pedía que fuera hacia ella, que la tomara, que le demostrara con hechos lo que sus palabras decían. Su cuerpo estaba tenso, sus sentidos estaban al máximo, podía oler su aroma, podía sentir su energía, podía imaginarla a su lado, mirándolo con esos ojos llenos de amor y pasión que lo volvían loco.

—Te amo —susurró en silencio, como si ella pudiera escucharlo, aunque estuviera dentro de la cabaña—. Te amo más que a mi propia existencia, más que a cualquier cosa que haya tenido o que pueda tener. Y sé que lo que sentís es verdad, sé que lo que tenemos es único, y por eso mismo es que quiero cuidarte, por eso es que quiero que estés a salvo. No quiero que nada te pase, no quiero que nada te haga daño, ni siquiera yo. Esperame, mi vida. Esperame un poco más, y todo lo que soñás, todo lo que deseás, va a ser realidad. Te lo prometo, te lo juro por todo lo que soy.

Mientras tanto, adentro de la cabaña, Ginia seguía ahí, con el corazón lleno de una emoción tan grande que le parecía que iba a estallar. Sabía que él estaba cerca, sabía que lo que sentían el uno por el otro era más fuerte que cualquier obstáculo, y en lo más profundo de su alma tenía la certeza de que, tarde o temprano, todo lo que deseaban iba a hacerse realidad. El camino que tenían por delante iba a ser difícil, lleno de pruebas y de momentos de tensión, pero ella sabía que mientras estuvieran juntos, mientras se amaran con esa fuerza que los unía, nada ni nadie podría separarlos jamás.

Itzel los miraba a las dos, y una sonrisa llena de sabiduría apareció en sus labios. Sabía que el destino de ellos ya estaba escrito, y que lo que venía iba a ser una historia que quedaría grabada para siempre, una historia de amor tan hermosa y tan intensa que atraparía a cualquiera que la conociera, una historia que superaría cualquier prueba y que sobreviviría al paso del tiempo

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play