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La Sumisión Del Mafioso (Jaque Al Corazón)

La Sumisión Del Mafioso (Jaque Al Corazón)

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / CEO / Mafia
Popularitas:5.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

Un contrato de sangre. Un matrimonio obligado. Un pecado imposible de ocultar.
Para su padre, ella es solo una pieza de ajedrez en un juego de poder. Para Arturo Rial, el hombre con el que debe casarse por obligación, ella es un frío contrato de negocios.
Pero todo cambia cuando aparece el hermano mayor de Arturo, un hombre que no conoce la palabra "no". Él no quiere un acuerdo; la quiere a ella. Entre los rincones oscuros de la mansión, él la marca, la reclama y la convierte en su mundo, desatando una obsesión que amenaza con destruirlo todo.
En este juego de traiciones, ella es la niña dulce que se convertirá en la caída del hombre más peligroso de la mafia.

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 16

El calor de la chimenea que Vincenzo había encendido apenas lograba disipar la tensión que flotaba en el aire de la cabaña, una tensión tan densa que volvía el oxígeno pesado. Isabella estaba de pie junto al gran ventanal, observando cómo la tormenta golpeaba los pinos exteriores. La cazadora de cuero de Vincenzo todavía colgaba de sus hombros, impregnada de ese aroma a tabaco, lluvia y peligro que se había convertido en su adicción.

—Estás pensando demasiado, Bella —la voz profunda y rasposa de Vincenzo rompió el silencio desde la penumbra del salón.

Ella se giró lentamente. Él estaba sentado en el borde de la gran mesa de madera, con una copa de whisky en la mano, observándola con esos ojos grises que brillaban como los de un lobo hambriento en mitad de la noche. Se había despojado de la camiseta negra; su torso descomunal, marcado por cicatrices de balas y tatuajes de líneas oscuras que subían hasta su cuello, resplandecía bajo los reflejos anaranjados del fuego. Era imponente, una fuerza de la naturaleza destinada a someter todo lo que tocaba.

—Tengo miedo, Vincenzo... —susurró ella, dando un paso titubeante hacia él. El vestido de flores oscuras rozaba sus pantorrillas—. No de ti. Tengo miedo de lo que siento cuando estoy contigo. Siento que me desmorono. Que ya no sé quién soy.

Vincenzo dejó la copa sobre la madera con un golpe seco. Se levantó y avanzó con esa zancada pesada y silenciosa, borrando la distancia entre ambos hasta dejarla acorralada contra el borde del sofá de piel. La diferencia de estatura era abrumadora; Isabella tuvo que inclinar la cabeza completamente hacia atrás para sostenerle la mirada.

—Sé perfectamente quién eres —dijo él, su voz bajando a un registro tan grave que le erizó la piel—. Eres mi Bella. No la muñeca de porcelana que tu padre vendió, ni el trofeo que Arturo quiere lucir. Eres la mujer que va a arrodillarse ante mí porque sabe que soy el único hombre capaz de poseerla por completo.

Vincenzo extendió sus manos grandes y callosas. Con un movimiento lento pero firme, le quitó la cazadora de los hombros y la dejó caer al suelo. Luego, sus dedos subieron hasta los botones traseros de su vestido. Uno a uno, el sonido de la tela cediendo se mezcló con el crepitar de la madera en la chimenea. El vestido se deslizó por su cuerpo, dejándola expuesta en la penumbra, vistiendo únicamente su ropa interior de encaje pálido.

La mirada de Vincenzo la recorrió con una lentitud pecaminosa, deteniéndose en las marcas tenues que sus propios labios le habían dejado los días anteriores. No había prisa en sus movimientos, sino una promesa implacable de dominación absoluta.

—Eres perfecta —gruñó él, atrapándola por las muñecas con una sola mano, elevándolas por encima de su cabeza con una firmeza que no admitía réplica. La obligó a arquear la espalda, exponiendo su cuello y su pecho ante él—. Pero eres demasiado sumisa, niña dulce. Necesito que te entregues por completo. Quiero que sientas el dolor y el placer de pertenecerle a un monstruo.

—Soy tuya... haz lo que quieras conmigo —lloró ella en un susurro desbocado, completamente rota por la pasión. La culpa que la había atormentado en la mansión Rial se evaporó por completo bajo el calor abrasador de Vincenzo. En esa cabaña no había contratos, solo dos cuerpos reclamando su derecho de sangre.

Vincenzo la cargó en vilo con una facilidad pasmosa, haciendo que ella enredara sus piernas alrededor de su cintura sólida como una roca. La llevó hacia la gran alfombra de piel que descansaba frente al fuego de la chimenea. Al dejarla caer, se posicionó sobre ella, cubriéndola por completo con su masa muscular e imponente.

El beso que siguió fue una ejecución en toda regla. Vincenzo se apoderó de sus labios con una ferocidad destructiva, devorando sus jadeos y exigiendo una rendición total al estilo de las obsesiones más oscuras. Su lengua reclamó cada rincón de su boca mientras sus manos grandes bajaban por sus caderas, enterrando los dedos en su carne pálida, marcando su territorio a fuego directo sobre la piel.

Isabella se entregó enterita, perdiendo el control de sus propios sentidos en una espiral de deseo prohibido. Cada caricia de Vincenzo era ruda pero cargada de una devoción salvaje; la trataba como a una reina que debía ser conquistada y sometida en su propio trono de sombras. Ella arañó la espalda tatuada del gigante, gimiendo entre sus labios mientras el fuego de la chimenea iluminaba el acto más puro de traición de su vida.

—Dilo otra vez, Bella —exigió él, deteniendo el beso por un segundo para morder con suavidad el lóbulo de su oreja, con la respiración entrecortada golpeando su piel húmeda—. Di quién es tu dueño.

—Tú... Vincenzo. Solo tú —jadeó ella, con las lágrimas de una liberación absoluta corriendo por sus mejillas.

Vincenzo sonrió en la penumbra, una expresión de triunfo absoluto que consolidaba su victoria sobre Arturo. Continuó devorándola en la oscuridad de la cabaña, borrando cada rastro de la inocencia de Bella y reemplazándola por una adicción irreversible que la encadenaría a él para siempre.

Afuera, la tormenta seguía rugiendo, pero dentro de las paredes de piedra, el verdadero heredero de la mafia acababa de coronar a su reina en un altar de puro pecado y sumisión. El juego de Arturo se había terminado antes de empezar; Vincenzo ya había cobrado el premio más valioso, y no planeaba devolverlo nunca.

1
Maria Mongelos
Gracias querida escritora por estos capítulos 💕
Maria Mongelos
Y Arturo en que terminó, porque mientras siga vivo hay peligro
Maria Mongelos
Esta muy buena la historia 💕
Maria Mongelos
Bebé en camino en medio de esta guerra de poder, quieren lastimar a Bella porque es el punto débil de Vincenzo
Maria Mongelos
Pobre Arturo se quedó sin nada
Maria Mongelos
Isabella ya no es la sumisa de Arturo, es la mujer que necesita Vicenzo a su lado
Maria Mongelos
Arturo cree que puede vengarse de su hermano, no lo conoce bien, Vincenzo le va a dar su merecido
Maria Mongelos
Pobre Bella, donde fué a parar
Maria Mongelos
Está muy linda esta historia 💕
Nairobis Cardozo Portillo
Vicenzo ojos bien abiertos Arturo te entregó a los enemigos
Elisabeth Figueroa
👏👏👏👏👏👏/Smile//Smirk/
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️🔥🔥
Maria Mongelos
Esto está muy intenso
Maria Mongelos
Vicenzo es el heredero por derecho, esta reclamando algo que suyo
Nairobis Cardozo Portillo
Buenísima historia 👏👏👏
Nairobis Cardozo Portillo
👏👏👏👏
Maria Mongelos
Vincenzo toma lo que quiere sin pedir permiso, en este caso la presa es Isabella
Maria Mongelos
Ya está muy buena esta historia
Maria Mongelos
Isabela se metió en la boca del lobo y ese es Vincenso
Nairobis Cardozo Portillo
👏👏👏👏👏
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