En medio de una guerra que destruyó mundos, un niño será preparado para proteger un Imperio y una heredera será enviada a la Tierra para sobrevivir.
Mientras que él creció para aceptar su destino, ella creció sin saber quién era realmente ni por qué el universo parecía perseguirla en silencio.
Pero la mayor batalla que librarían ambos no sería por un trono, sería por el amor.
A lo largo de sus vidas, amarán con una intensidad que los llevará a tocar el cielo y a enfrentarse a pérdidas que marcarán su historia para siempre.
Descubrirán que no todo amor basta, que no siempre es suficiente querer quedarse, y que hay destinos que se interponen incluso cuando nadie está dispuesto a rendirse.
Mientras fuerzas antiguas despiertan y el poder que duerme en ellos reclaman su lugar, tendrán que decidir qué significa realmente ser fuerte, porque gobernar un imperio es sencillo comparado con proteger aquello que amas, aun cuando amar también tenga un precio.
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2. El universo perdió el rastro de Kaleask
La lluvia golpeaba suavemente los ventanales del transporte aéreo mientras la capital imperial de Andovia desaparecía detrás de capas de neblina metálica y anuncios funerarios suspendidos sobre los cielos del planeta.
Millones lloraban la muerte de una princesa que seguía viva. Dentro de la nave reinaba un silencio insoportable. Anymza mantenía a la pequeña Kaleask entre sus brazos, envuelta cuidadosamente con mantos oscuros que ocultaban los débiles destellos amatistas que aparecían sobre su piel cada ciertos minutos.
La bebé dormía ajena al caos que había provocado desde el instante en que nació. Firniah observaba aquellos destellos sin lograr apartar la mirada. La llave seguía viva dentro de ella.
Lord Nahor permanecía de pie cerca de la entrada principal del transporte, revisando constantemente las lecturas de rastreo y las rutas de navegación clandestinas que había preparado para ellos.
- “Las exequias ya comenzaron”, informó Nahor.
Anymza cerró los ojos, escuchar aquello seguía doliendo. Su hija estaba siendo enterrada frente a todo Andovia mientras ella escapaba del planeta como una criminal. Firniah apoyó una mano sobre el hombro de la reina.
- “Es la única forma de salvarla”, dijo Firniah. La reina bajó lentamente la mirada hacia la bebé.
- “Lo sé”, respondió Anymza, pero saberlo no hacía que doliera menos.
La Tierra era un planeta absurdamente tranquilo. Eso fue lo primero que pensó Firniah cuando la nave atravesó la atmósfera terrestre. No existían flotas de guerra orbitando el cielo. No había rastros energéticos de destrucción. No podían sentir los ecos de las piedras jalistas.
Era un mundo pequeño, lejano e ignorado, perfecto para esconder aquello que podía alterar el equilibrio del universo entero. La misma razón porque muchos años atrás, ellos mismos estuvieron ahí para encontrar las propiedades de las piedras jalistas; regresar bajo esas nuevas circunstancias era aterrador.
La nave descendió durante la madrugada sobre una región montañosa cubierta de bosques y neblina.
Anymza observó el paisaje desde la ventanilla mientras abrazaba más fuerte a Kaleask.
- “Meriselva en la Tierra”, susurró Anymza.
Aquel lugar conservaba antiguos fragmentos energéticos protegidos por guardianes que llevaban décadas ocultos entre humanos.
Cuando descendieron de la nave, el aire frío envolvió inmediatamente a la pequeña princesa. Entre los árboles apareció lentamente una figura alta cubierta con ropas sencillas.
Era Kafor, quien caminó hacia ellos apoyándose sobre un bastón tallado con antiguos símbolos de Meriselva. Sus ojos verdosos se detuvieron inmediatamente sobre la bebé, y su expresión cambió, no por sorpresa, por preocupación.
- “Entonces Zoter realmente lo hizo”, murmuró Kafor. Firniah asintió lentamente.
- “No tuvo otra opción”, dijo Anymza. Kafor observó los pequeños destellos amatistas que atravesaban las mantas.
- “La llave despertará por completo cuando crezca. Y cuando eso ocurra, el universo volverá a buscarla”, advirtió Kafor. Anymza sintió que el miedo volvía a cerrarle el pecho.
- “Por eso necesitamos esconderla”, dijo la reina de Andovia. Kafor guardó silencio unos segundos antes de asentir.
- “Entonces deben convertirla en alguien más”, manifestó Kafor.
Kafor los llevó dentro de las antiguas estructuras protegidas por los guardianes de Meriselva, que llegaron a la Tierra muchísimos siglos antes.
Kafor ayudó a bloquear parcialmente la energía de Kaleask para impedir que pudiera ser detectada a través del universo.
- “No podrán ocultarla para siempre”, advirtió Kafor.
Firniah observó las proyecciones holográficas flotando frente a ellos. Las familias humanas, las ciudades, los posibles refugios, hasta que un rostro apareció suspendido en el aire.
Era Richard Bonté. Anymza sintió inmediatamente un nudo en la garganta. Firniah la miró en silencio. Richard no era un desconocido.
Era Rein, hermano menor de Anymza. Años atrás había sido sentenciado a dejar Anfovia, al participar manipulado en un atentado hacia el entonces príncipe Firniah, antes de que su hermana se casase con el heredero al trono, creyendo que la estaba protegiendo. Lord Nahor lo ayudó a desaparecer y construir una nueva identidad en la Tierra.
Ahora vivía como un humano más, dirigía una importante empresa textil dedicada a la moda juvenil y estaba casado con Sabrina Harrison, una ex bailarina de ballet profesional. Y acababan de convertirse en padres.
- “Él jamás la pondría en peligro”, dijo Anymza en voz baja. Kafor asintió lentamente.
- “Además, su sangre ayudará a estabilizar parcialmente la conexión energética de la niña”, expresó Kafor.
Firniah observó la imagen de Richard abrazando a su pequeña hija recién nacida. Durante un instante creyó que quizá el universo todavía podía ofrecerles algo de compasión, pero estaba equivocado.
La lluvia caía violentamente aquella noche sobre la carretera.
Las luces de emergencia humanas iluminaban el vehículo destrozado entre las barreras metálicas.
Firniah descendió primero. El impacto había sido brutal.
Richard y Sabrina permanecían inconscientes dentro del automóvil, los equipos médicos de emergencia tenían muchas dificultades para llegar al lugar.
Anymza salió lentamente de la nave sosteniendo a Kaleask. Y entonces vio a la bebé. La pequeña niña había muerto en el instante del accidente.
Anymza sintió que algo se quebraba dentro de ella, porque aquella tragedia también acababa de destruir a una familia inocente.
Firniah observó a Richard inconsciente entre los restos del vehículo. El hermano de Anymza jamás sobreviviría emocionalmente a aquello.
La reina bajó lentamente la mirada hacia la pequeña Kaleask dormida entre sus brazos. Después volvió a mirar a la niña fallecida, y comprendió lo que debía hacer. Aunque eso la perseguiría el resto de su vida.
Horas después, Richard despertó lentamente dentro del hospital. La cabeza le dolía. Todo estaba borroso. Entonces escuchó un bebé llorando, giró el rostro inmediatamente. Sabrina lloraba mientras abrazaba a su hija recién nacida, completamente viva.
Richard sintió que el pecho le colapsaba de alivio.
No recordaba muchas cosas del accidente. Sólo fragmentos, pero su hija seguía allí y eso era suficiente.
Ninguno de los dos recordó jamás el verdadero rostro de la niña que habían perdido, porque Anymza utilizó una antigua habilidad mental para borrar ese recuerdo.
Y así, el universo perdió el rastro de Kaleask de SawA. La princesa heredera de Andovia murió aquella noche. Y Yamileth Ann Bonté nació en la Tierra.