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El Papá De Mi Alumno

El Papá De Mi Alumno

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido
Popularitas:3.6k
Nilai: 5
nombre de autor: liligacaño

Después de perder al amor de su vida, él juró que su corazón quedaría enterrado junto a su esposa. Convertido en padre soltero, su único motivo para seguir adelante es su pequeño hijo… hasta que un nuevo comienzo los lleva a un lugar inesperado.
Ella es una dulce y dedicada profesora de preescolar, amante de los niños y de las pequeñas historias felices que se construyen día a día en su aula. Su vida es tranquila, organizada… hasta que él aparece.
Desde la primera mirada, algo cambia. Lo que comienza como simples encuentros en la hora de salida, se convierte en una conexión imposible de ignorar. Pero no todo es tan sencillo: el pasado aún duele, las heridas no han sanado del todo y el mundo no siempre acepta lo que no entiende.
Entre risas infantiles, dibujos de colores y miradas que dicen más que mil palabras… nace un amor que ninguno de los dos estaba buscando.
¿Podrá un corazón roto volver a amar?
¿Y hasta dónde estarán dispuestos a luchar por un sentimiento que no debía existir?
Un

NovelToon tiene autorización de liligacaño para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4 — Cada vez peor

El lunes comenzó más pesado de lo normal.

Apenas entré al salón, intenté concentrarme completamente en los niños. Necesitaba dejar de pensar en Alejandro y en todo lo que me hacía sentir con solo mirarme. Y, a pesar de que llevaba una semana sin verlo, seguía dando vueltas en mi cabeza.

Pero claramente el universo estaba empeñado en complicarme la vida.

A media mañana, la coordinadora apareció en la puerta del salón.

—María José, el papá de Samuel vino a traer unos documentos y quiere hablar contigo un momento.

Sentí cómo el corazón me dio un pequeño salto.

Respiré profundo antes de salir.

Y ahí estaba él.

Camisa blanca arremangada, reloj elegante y esa expresión tranquila que parecía desarmarme sin ningún esfuerzo.

—Buenos días, profesora —dijo con una leve sonrisa.

—Buenos días… señor Alejandro.

Intenté sonar normal, pero mi voz salió más suave de lo que esperaba.

Él me entregó unos papeles.

—Son unos documentos que faltaban en la carpeta de Samuel.

—Perfecto, muchas gracias.

Por un segundo ninguno habló.

Y el silencio empezó a sentirse peligroso.

—Vi las fotos de tu publicidad deportiva —comentó de repente—. Te quedó muy bien la campaña.

Abrí los ojos sorprendida.

—¿La vio?

Alejandro soltó una pequeña risa.

—Sí… creo que medio internet la vio.

Sentí calor en las mejillas.

—Gracias.

Él me observó unos segundos más y luego bajó un poco la voz.

—Aunque deberías tener cuidado.

Fruncí el ceño confundida.

—¿Por qué?

—Porque cualquier hombre podría enamorarse viéndote así.

El corazón casi se me detuvo.

Nos quedamos mirando fijamente durante unos segundos hasta que escuchamos la voz de una profesora acercándose por el pasillo.

Alejandro reaccionó primero y dio un paso atrás.

—Bueno… ya debo irme.

Asentí rápidamente.

—Sí, claro.

Pero antes de irse volvió a mirarme.

Y esa mirada me dejó completamente nerviosa.

El resto del día no pude concentrarme igual.

Cada vez que recordaba sus palabras sentía mariposas en el estómago.

“Cualquier hombre podría enamorarse viéndote así…”

Dios mío.

Cuando terminó la jornada, salí agotada del colegio. Caminé hacia el parqueadero mientras revisaba mi celular, pero al levantar la vista me encontré nuevamente con Alejandro apoyado en su camioneta.

Mi respiración se detuvo.

Él sonrió apenas me vio.

—No te asustes, profesora. Solo vine por Samuel… aunque admito que también quería verte.

Sentí cómo mi corazón empezó a latir demasiado rápido.

Ese hombre era un problema.

Y lo peor era que cada vez me gustaba más.

Intenté ignorar lo que acababa de decirme y señalé hacia la entrada del colegio.

—¿Y Samuel no se va en la ruta?

Alejandro metió las manos en los bolsillos del pantalón y negó suavemente.

—Sí, pero hoy la ruta se varó, entonces vine por él.

—Ah… ya entiendo.

Por un momento volvió ese silencio incómodo entre nosotros.

Uno peligroso.

Porque cada vez que nos quedábamos solos terminábamos mirándonos más de la cuenta.

—¿Y tú ya vas para tu casa? —preguntó él.

—Sí, estoy muerta del cansancio.

Alejandro sonrió apenas.

—Se nota.

Lo miré confundida.

—¿Tan mal me veo?

Él soltó una risa baja.

—No. Ese es justamente el problema… que incluso cansada te ves demasiado bonita.

Sentí el calor subir inmediatamente a mis mejillas.

Definitivamente este hombre iba a acabar con mi estabilidad emocional.

Bajé la mirada intentando disimular mi nerviosismo.

—Usted coquetea demasiado, señor Alejandro.

—¿Y tú siempre te pones así de nerviosa cuando alguien te dice algo bonito?

Levanté la mirada de golpe.

—Yo no estoy nerviosa.

Él arqueó una ceja claramente divertido.

—Claro que no.

Antes de que pudiera responderle algo, escuchamos la voz emocionada de Samuel corriendo hacia nosotros.

—¡Papá!

Samuel salió prácticamente disparado del colegio y Alejandro se agachó para abrazarlo.

Y por alguna razón esa escena me golpeó más de lo que esperaba.

Porque Alejandro se veía increíble siendo papá.

Atento.

Cariñoso.

Paciente.

Samuel empezó a contarle algo sobre unas pinturas que había hecho en clase mientras Alejandro lo escuchaba con una sonrisa tranquila.

Y yo me descubrí observándolos demasiado.

Samuel entonces me miró emocionado.

—Profe, ¿viste que hoy hice un dinosaurio gigante?

—Sí, te quedó hermoso.

—Papá dijo que lo vamos a pegar en mi cuarto.

Alejandro levantó la mirada hacia mí.

—Es artista igual que su profesora.

Sentí otra vez ese cosquilleo absurdo en el estómago.

—No exageres.

—No estoy exagerando.

Dios.

¿Por qué ese hombre tenía que mirarme así?

Samuel comenzó a buscar algo en su maleta mientras hablaba sin parar y Alejandro aprovechó esos segundos para acercarse un poco más.

No demasiado.

Pero sí lo suficiente para ponerme nerviosa.

—¿Puedo preguntarte algo? —dijo en voz baja.

Tragué saliva.

—Depende.

Él sonrió apenas.

—¿Por qué intentas huir cada vez que hablas conmigo?

Abrí los ojos sorprendida.

—Yo no huyo.

—María José…

La forma en que dijo mi nombre hizo que el corazón me temblara.

—Me hablas seria, me evitas la mirada y te pones nerviosa cada vez que me acerco.

Intenté mantener la calma.

—Tal vez porque eres el papá de uno de mis alumnos y esto es un colegio.

Alejandro sostuvo mi mirada unos segundos.

—¿Y si no fuera el papá de Samuel?

Maldita sea.

No supe qué responder.

Porque el problema no era el colegio.

El problema era él.

Era la manera en que me miraba.

La facilidad que tenía para hacerme perder el control.

Y sobre todo… lo mucho que me gustaba estar cerca suyo.

Samuel volvió a acercarse con una hoja en las manos.

—¡Mira, papá!

Alejandro se apartó un poco y volvió a concentrarse en él.

Yo aproveché para respirar.

Necesitaba urgentemente recuperar la cordura.

Samuel empezó a despedirse de mí con emoción.

—Chao, profe. Nos vemos mañana.

—Nos vemos mañana, hermoso.

El niño subió a la camioneta y Alejandro cerró la puerta antes de volver a mirarme.

—Entonces… ¿seguirás ignorándome?

Sentí el corazón acelerarse otra vez.

—Yo no te ignoro.

Él sonrió lentamente.

—Perfecto. Entonces ya puedo invitarte a salir sin que pongas esa cara de pánico.

Casi me atraganto con el aire.

—¿Qué?

Alejandro soltó una risa divertida al ver mi reacción.

—Era broma… por ahora.

Lo miré completamente nerviosa.

Y él parecía disfrutar demasiado eso.

Se acercó un poco más antes de hablar otra vez.

—Descansa, profesora.

Después me sostuvo la mirada unos segundos más y finalmente subió a la camioneta.

Yo me quedé inmóvil viendo cómo se alejaba del parqueadero.

Y cuando desapareció, solté el aire lentamente.

Dios mío.

Esto ya se estaba saliendo completamente de control.

Llegué a mi apartamento todavía pensando en él.

Otra vez.

Como siempre.

Intenté distraerme preparando algo de comer, luego me puse una pijama cómoda y me senté en la cama con el celular en la mano.

No debía pensar tanto en Alejandro.

No debía emocionarme por simples coqueteos.

Y definitivamente no debía sentir mariposas cada vez que recordaba cómo pronunciaba mi nombre.

Suspiré frustrada y abrí TikTok intentando distraerme.

Grave error.

Porque el primer video que apareció fue justamente uno de la campaña deportiva que había grabado la semana anterior.

Y los comentarios no ayudaban en absolutamente nada.

“Esa profesora está demasiado hermosa.”

“Ahora entiendo por qué los papás sí van a las reuniones.”

“Si yo fuera el esposo me muero de celos.”

Cerré la aplicación inmediatamente.

—No, no, no… qué vergüenza.

Pero entonces mi celular vibró.

Y el corazón me dio un salto absurdo incluso antes de mirar la pantalla.

Alejandro: “Creo que TikTok acaba de confirmar que yo tenía razón.”

Me quedé congelada mirando el mensaje.

Y unos segundos después llegó otro.

“Buenas noches, profesora.”

Sentí una sonrisa inevitable formarse en mis labios.

Ese hombre era un peligro.

Y lo peor de todo…

era que ya no estaba segura de querer alejarme de él.

1
Maria Garcia
ay no vieja envidiosa que Alejandro la saqué de su casa y cuide amaría jose
Maria Garcia
Alejandro abre los ojos y cuída.y alluda amaría José te BA a necesitar y despide atu cuñada y suegra mandalas avolar
Maria Garcia
ayno pinche vieja de Valentina ojalá y todo le salga mal y Alejandro las saque de su casa
Rosana Ochoa
para leer la segunda parte por q lo cortas así como la busco
Maria Garcia
si que descubra aValentina y que se de cuenta que lo quiere separar de ella
Maria Garcia
si por fin están juntos
Maria Garcia
si que vien que se dejen de jugar
Maria Garcia
si que se balla de esa casa y viva aparte sin cuñada ni suegra que las mande avolar
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