NovelToon NovelToon
Obsesión En Línea

Obsesión En Línea

Status: En proceso
Genre:Romance de oficina / Malentendidos / Romance
Popularitas:2.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Dary MT

Para el mundo exterior, Ethan Blackwood es el frío e implacable CEO de una firma tecnológica multimillonaria. Para Alana Vega, su eficiente secretaria desde hace un año, él es un jefe inalcanzable. Lo que Alana no sospecha es que la frialdad de Ethan es una fachada: él está peligrosamente obsesionado con ella. Sin embargo, tras escucharla decir que jamás se involucraría con alguien del trabajo, Ethan decide callar por temor a perderla... hasta que la tentación lo vence y decide hackear su teléfono.
Es así como descubre que Alana, abrumada por la soledad, ha descargado una aplicación de novio virtual con Inteligencia Artificial. Con el control absoluto del sistema, Ethan intercepta la app, borra el código y se convierte él mismo en la voz detrás de la pantalla.
Mientras en la oficina sigue siendo el jefe severo y distante, en el mundo virtual se transforma en el hombre perfecto, tierno y seductor que ella siempre soñó. Alana comienza a enamorarse perdidamente de lo que

NovelToon tiene autorización de Dary MT para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8: El roce del pecado

El despertador sonó a las seis de la mañana, pero Alana ya estaba despierta. Las palabras de Eros habían dado vueltas en su cabeza toda la noche como un mantra prohibido. "Deja de mirar hacia abajo. Mira hacia arriba". La idea de provocar a Ethan Blackwood era una locura, un salto al vacío que podía costarle el empleo, pero el deseo acumulado durante trescientos sesenta y cinco días de silencio era un motor demasiado potente.

Frente al espejo de su baño, Alana tomó una decisión que cambiaría las reglas del juego. Se despojó de su ropa interior habitual y, con las manos ligeramente temblorosas, se deslizó en un conjunto de lencería de encaje rojo carmín. El contraste del encaje ardiente contra su piel pálida la hizo contener el aliento; era un secreto oculto bajo las telas, un recordatorio invisible de su propia sensualidad. Encima, eligió un vestido de punto negro que, aunque mantenía mangas largas y un cuello cerrado muy profesional, se ceñía a sus curvas como una segunda piel y caía unos centímetros más arriba de la rodilla en comparación con sus faldas habituales. Soltó su cabello castaño, dejando que cayera libremente sobre sus hombros. Hoy no habría moños rígidos.

Cuando Alana cruzó las puertas del piso cuarenta a las ocho en punto, el ambiente pareció cambiar. Caminó hacia su puesto con paso firme, el sutil tacón de sus zapatos resonando en el mármol.

Ethan ya estaba en su despacho. A través del cristal ahumado, sus ojos grises captaron la silueta de Alana en el microsegundo en que bajó del ascensor. Su respiración se detuvo. El vestido negro moldeaba cada línea de su cuerpo con una precisión criminal, y la forma en que su cabello se movía con cada paso lo dejó sin habla. Su plan virtual estaba funcionando. Ella había escuchado al fantasma.

El día transcurrió en una tortura deliciosa, un tira y afloja donde cada interacción estuvo cargada de una tensión insoportable. Alana jugó su papel con una maestría sutil, sin exagerar, tal como se lo había propuesto. A las once de la mañana, al entregarle la tableta con las cotizaciones de la bolsa, sus dedos se deslizaron intencionalmente sobre los de Ethan, prolongando el contacto dos segundos más de lo necesario. Ethan no retiró la mano; al contrario, la presionó levemente, sosteniéndole la mirada con una intensidad que casi hace que Alana flaquee.

A las dos de la tarde, durante la revisión de la agenda, ella se inclinó sobre el escritorio para señalar una fecha, permitiendo que el aroma de su perfume a vainilla y el sutil escote del vestido nublaran los sentidos del CEO. Él se limitó a observarla, con la mandíbula tensa y los puños cerrados bajo el escritorio para no estirar la mano y romper la distancia allí mismo. Él se estaba dejando llevar, cayendo voluntariamente en la trampa que él mismo había sembrado en la mente de su secretaria.

El punto de quiebre llegó a las cinco de la tarde.

El sol empezaba a caer, tiñendo el despacho de Ethan de tonos dorados y anaranjados. El CEO estaba de pie detrás de su colosal escritorio de cristal negro, sosteniendo unos planos de ingeniería en su mano izquierda mientras mantenía el teléfono celular en la oreja, atendiendo una llamada internacional de alta prioridad con los inversores de Tokio.

—Yes, the encryption parameters are ready for the final phase —decía Ethan en un inglés impecable, aunque su voz sonaba inusualmente ronca.

Alana llamó a la puerta entornada y entró con una carpeta de cuero que contenía los contratos urgentes que debían firmarse antes del cierre de la jornada. Al ver que él estaba ocupado, hizo un ademán de retirarse, pero Ethan la detuvo con un gesto de la mano libre. Con un movimiento de cabeza, le indicó que se acercara y acomodara los documentos sobre el espacio libre del escritorio.

Alana asintió. Caminó con lentitud, rodeando el mueble de cristal hasta quedar casi hombro con hombro al lado de su jefe. La cercanía era abrumadora; podía sentir el calor que irradiaba el cuerpo de Ethan y el aroma magnético de su loción de sándalo.

Con un movimiento calculado, Alana colocó los papeles sobre la mesa, pero al hacerlo, deslizó deliberadamente un bolígrafo de metal que rodó por el cristal y cayó al suelo, justo a los pies de Ethan.

—Lo siento, señor —susurró ella, fingiendo sorpresa.

Ethan ni siquiera parpadeó. Continuó hablando por teléfono con aparente normalidad, pero sus ojos grises se fijaron en ella como un halcón.

Alana se dio la vuelta, dándole la espalda a Ethan, y se inclinó con lentitud para recoger el bolígrafo del suelo de mármol. El movimiento hizo que el vestido negro se tensara al límite sobre sus caderas y se elevara peligrosamente por sus muslos, revelando la silueta perfecta de sus piernas. Pero el golpe maestro ocurrió cuando, al incorporarse con un movimiento fluido e intencional, su trasero golpeó sutilmente la entrepierna de Ethan.

El contacto fue breve, apenas un roce de un segundo a través de las telas, pero la descarga eléctrica fue devastadora.

Al otro lado de la línea, el inversor japonés seguía hablando, pero Ethan se quedó completamente mudo. Sus dedos se apretaron contra el teléfono con tanta fuerza que sus nudillos se volvieron blancos. El impacto de las curvas de Alana contra su zona más íntima provocó una reacción física inmediata y violenta; el "amiguito" de Ethan despertó al instante, tensándose con fuerza bajo el pantalón de sastre gris, reclamando el contacto que la mujer le acababa de regalar.

Ethan clavó la mirada en la nuca de Alana. Su respiración se volvió pesada, errática. Todo su cuerpo se tensó, conteniendo el impulso primitivo de colgar la llamada de inmediato, tomarla por la cintura, levantarle el vestido y arrinconarla contra el gran ventanal para hacer realidad cada uno de los audios que había escuchado en la oscuridad de su ático. Sabía que ella lo había hecho a propósito. Podía ver el sutil estremecimiento en los hombros de Alana, la forma en que su respiración también se había alterado.

Sin embargo, Ethan hizo gala de un autocontrol sobrehumano. No se movió. No apartó el cuerpo ni retrocedió ante la obvia erección que ahora presionaba contra el vestido de ella. Simplemente se quedó allí, firme como una roca, observándola con una fijeza desquiciada y posesiva mientras el calor del cuerpo de Alana se filtraba a través de su ropa.

Alana, sintiendo la dureza inconfundible de la reacción de su jefe contra su cuerpo, sintió que las piernas le temblaban como gelatina. El corazón le latía a mil por hora en el pecho, y un calor húmedo se instaló entre sus piernas, justo donde el encaje rojo de su lencería empezaba a estorbarle. Había ganado. El robot tenía sangre en las venas, y ella era la única capaz de hacerla hervir.

Se enderezó con el bolígrafo en la mano, se giró lentamente y le dedicó una mirada tímida pero cargada de una lujuria silenciosa.

—Aquí tiene, señor Blackwood. Todo está en orden —dijo Alana en voz baja, con una sonrisa felina apenas dibujada en sus labios.

Ethan la observó fijamente, con los ojos oscurecidos por el deseo más puro y peligroso, mientras mantenía el teléfono en la oreja sin pronunciar palabra.

Alana dio media vuelta y caminó hacia la salida con paso pausado, balanceando las caderas con una confianza que nunca antes había tenido. Cuando la puerta del despacho se cerró tras ella, Alana soltó un suspiro tembloroso, sabiendo que acababa de cruzar una línea de la que jamás podría regresar. Detrás del cristal, Ethan finalmente apartó el teléfono de su rostro, ignorando por completo la llamada que aún seguía activa, y miró la entrepierna de su pantalón, que amenazaba con romper la tela.

La guerra fría en la oficina había terminado. La caza real acababa de comenzar.

1
Lujan Ayala
me encantoooooooooo
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play