Ella es maltratada por su familia hasta que un golpe en la cabeza cambia su personalidad y saca su lado más despiadado
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capitulo 7
Te la puliría manteniendo esa arrogancia de Gael:
—¿Saben que ser esposa secundaria significa ser una concubina, verdad? —pregunté.
La expresión de todos cambió.
Gael se arrodilló frente a mí.
—Lo sé. Pero te juro que estoy haciendo esto porque tu hermana me lo suplicó.
Lo miré en silencio.
De repente, golpeé la mesa con tanta fuerza que todo lo que había sobre ella cayó al suelo.
—No acepto.
Gael levantó la mirada.
—Aine...
—Si quieres casarte con ella, no voy a detenerte. Pero nuestro compromiso termina aquí.
Me levanté de mi asiento.
Ya no quería escuchar una sola palabra más.
Antes de irme, me detuve.
—Ah, por cierto.
Todos me miraron.
—Ella no es mi hermana. Ni siquiera es noble. Así que dejen de llamarla mi hermana.
Me di la vuelta y comencé a caminar.
Pero Gael se levantó rápidamente y me abrazó por detrás.
—Por favor, no seas así. Somos novios desde niños. ¿No puedes ser más comprensible?
Me quedé quieta.
Luego giré ligeramente la cabeza y lo miré.
Sonreí.
—No.
Sus brazos se aflojaron.
—No puedo, Gael.
Me aparté de él y salí de la habitación.
Gael se quedó mirándome.
Él solo asumió que estaba enojada.
Pensó que, después de unos días, se me pasaría.
Pero no estaba enojada.
Había dejado de amarlo.
Lo amé durante toda mi vida.
Le fui fiel incluso cuando todos los demás me hicieron sentir que no valía nada.
Y ni siquiera eso fue suficiente.
Cuando regresé al palacio, encontré un carruaje esperándome.
Reconocí inmediatamente a la persona que estaba dentro.
Era mi tío.
—Hola —dijo al verme—. Tenemos una reunión con el emperador.
Me quedé inmóvil.
¿Con el emperador?
Mis manos comenzaron a temblar.
No quería cruzarme con aquel loco.
Pero necesitaba ese edicto imperial para poder obtener el control completo sobre el dinero de la mansión.
Respiré profundamente.
—Bien. Vamos.
Subí al carruaje.
Mientras tanto, en el ducado Lee...
Gael seguía convencido de que todo aquello era simplemente una rabieta.
—¿Crees que ella aceptará? —preguntó su madre.
Gael sonrió con seguridad.
—Claro que sí. Solo está un poco enojada y decepcionada.
Se acomodó tranquilamente en su asiento.
—Se le pasará. Después de todo, somos amigos desde la infancia.
Su madre lo observó.
Gael suspiró.
—No me dejará por nada del mundo. Me ama demasiado.
Lo dijo con absoluta seguridad.
Había pasado tantos años recibiendo el amor incondicional de Aine que había terminado creyendo que era algo que le pertenecía.
No comprendía que precisamente ese amor que había dado por sentado...
Era el mismo que acababa de perder.
—Pero si ella se casa en lugar de tu hermanastra, ¿crees que el príncipe te la devolverá así como si nada? —preguntó su madre.
Gael guardó silencio.
Yo sabía perfectamente por qué estaba preocupada.
No era por mí.
Era por el futuro y el estatus de su hijo.
Aunque mi padre fuera un duque, sin el apoyo de la familia de mi madre su posición no significaba demasiado.
Toda su familia había caído en desgracia debido a una traición cometida por los suyos.
Y mi hermanastra tampoco tenía el mismo estatus que yo.
Ella era hija de un simple plebeyo.
Su madre, además, era una concubina que jamás podría convertirse en esposa principal debido a la deshonra que cargaba sobre su nombre.
Yo, en cambio, era la hija legítima.
Una noble por derecho de nacimiento.
Gael finalmente levantó la mirada.
—Lo pensé.
Su madre esperó su respuesta.
—Incluso investigué bastante antes de tomar esta decisión. No veo ningún problema.
Tomó tranquilamente su taza de té y bebió un sorbo.
—El príncipe menor es conocido por ser despiadado. Dicen que odia a todo el mundo.
Su madre permaneció en silencio.
—También se rumorea que jamás ha tocado a una mujer.
Gael dejó la taza sobre la mesa.
—Así que no creo que vaya a hacer una excepción por ella.
En su cabeza, todo estaba perfectamente organizado.
Él tendría a mi hermanastra como esposa principal.
Y después, de alguna manera, conseguiría que yo aceptara convertirme en su segunda esposa.
Creía que tendría a las dos.
Creía que podía tenerlo todo.
Pero su madre no parecía convencida.
—Hijo, piensa con claridad. Ella ya dijo que no va a aceptar.
Gael suspiró.
—Solo está haciendo un berrinche.
—Gael…
Él tomó la mano de su madre.
—Madre, Aine es caprichosa y consentida. La conozco desde que éramos niños.
Sonrió con absoluta confianza.
—Cuando la traiga de vuelta a casa y vuelva a mimarla, se le pasará.
Su madre lo observó en silencio.
Gael no lo sabía todavía.
Pero había cometido un error.
No había comprendido que Aine no estaba haciendo un berrinche.
Había dejado de amarlo.